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A solas con el Sr. Darcy – Abigail Reynolds

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Resumen y Sinopsis De 

Por qué no habría ido al desayuno de la boda, al menos por el tiempo suficiente para llenar su estómago? Aparte de un panecillo y una taza de chocolate cuando se
había levantado, Elizabeth no había comido nada en todo el día. “Mejor veo si hay algo que podamos comer antes de que se acabe la luz.”
“Eso me caería muy bien.”
Al menos estaba siendo amable, aún si continuaba mirándola fijamente. Ella empezó a buscar en las repisas y alacenas que revestían la pared. No había mucho, unos
cuantos artículos de vestir simples, un par de zapatos con agujeros gastados a la altura de los dedos, una bolsa de trapos. Una repisa que guardaba cosas pequeñas
hojas secas, flores, corteza y un pequeño cuchillo. Con una mirada hacia atrás, para asegurarse de que el Sr. Darcy estuviera ocupado con el fuego, mordió un pedacito
de corteza, probando el amargor del sauce. Excelente. Ella dio gracias silenciosamente a la mujer de la casa. Una taza y un plato de madera.
La última alacena resultó ser la despensa. Algunas cebollas, un saco de tela de avena y otro de cebada. Nada de eso le ayudaría. ¡Si tan sólo su madre no hubiera
estado tan orgullosa de que ninguna de sus hijas necesitara aprender a cocinar! En ese momento, hubiera dado mucho por unas cuantas lecciones de la Cocinera. Media
hogaza de pan tan dura que hubiera sido dada a los pobres en Longbourn. Quizá ésta había salido de otra casa fina. Más cebollas. ¿Podría la gente vivir solamente de
cebollas? Unas cuantas zanahorias, media docena de manzanas marchitas, y dos nabos. Ella echó un vistazo al Sr. Darcy. Las manzanas serían suficientes, pero se
imaginaba que él tendría que estar realmente muy desesperado para morder un nabo.
En el fondo, medio escondido bajo otro saco, descubrió un pedazo de tela deshilachada enrollada en un bulto. Lo levantó y lo desenvolvió. ¡Carne seca! Ésta era una
agradable sorpresa. Ella difícilmente hubiera esperado que un pobre trabajador pudiera costearse un artículo tan caro.
“Estamos de suerte.” Y le mostró al Sr. Darcy su descubrimiento.
“Realmente.” Él tomó una tira y frunció el entrecejo. “Carne de venado. Aparentemente nuestro anfitrión es un cazador furtivo, o tiene un amigo en el negocio.”
“No va a reportarlo, ¿verdad?”
“Difícilmente podría hacerlo mientras me aprovecho del botín, pero irá contra mi naturaleza.” Miró con enojo el ofensivo artículo.
Elizabeth escondió una sonrisa. “Bueno, no nos moriremos de hambre, pero estará muy lejos de la comida a la que está acostumbrado, a menos de que tenga la
costumbre de subirse a los manzanos en el invierno a recoger las últimas frutas marchitas.”
Él la miró de lado. “Han pasado muchos años desde la última vez que me subí a un manzano.”
“¡Observo que no niega haber probado la fruta prohibida! Sr. Darcy, usted tiene recovecos ocultos. No pereceremos tampoco de sed, a menos de que tenga alguna
objeción a beber de una taza de madera. Hay un barrilito en la esquina que yo diría contiene cerveza ligera.”
La comisura de su boca se elevó. “¡Un verdadero festín! Carne seca, manzanas marchitas y cerveza ligera.”
¿Quién habría esperado que el severo Sr. Darcy poseyera un lado bromista? Debería estar agradecida por ello. Esta situación ya era lo suficientemente difícil sin
tener que escuchar quejas sobre ella. Observándole añadir leña al fuego, ella casi podía creer que él se estaba divirtiendo.
Después de llenar la pequeña tetera que colgaba sobre el fuego con la nieve derretida, cortó en rebanadas las manzanas tan bien como pudo con el pequeño cuchillo,
recogió la substancia de su escaso alimento, y se acercó al bienvenido calor de la chimenea. “Como sólo hay un plato y una taza, me temo que tendremos que
compartir.” Ella le observó a través de sus pestañas, preguntándose cómo tomaría esta pizca final de privación. Si le molestaba, no mostró señales de ello.
Él le ofreció la taza para que ella pudiera tomar el primer sorbo. ¿Por qué tenía que observarla mientras ponía su boca en el áspero borde de la taza? Recogió con su
lengua la última gota de su labio mientras le pasaba a él la taza de regreso. “Está bastante amarga.”
“Era de esperarse.” Mientras bebía de la taza, sus ojos permanecieron fijos en ella.
Su mirada la hizo estremecer. Había compartido una taza con sus hermanas muchas veces, pero de alguna manera ésta se sentía casi indecente, viéndolo poner sus
labios donde habían estado los de ella, pero no había nada que pudiera hacerse. Volteó hacia otra parte avergonzada, hasta que el silencio le recordó que él no podía
empezar a comer hasta que ella lo hiciera, aunque difícilmente podía llamársele silencio dado el aullido del viento. Ella esperaba que la paja del techo se sostuviera, o
estarían en verdaderos problemas.
De alguna manera él se las había arreglado para reacomodar las rebanadas de manzana de manera que lo mejor de la fruta estaba ahora del lado del plato de madera
que le tocaba a ella. A pesar de su hambre, tuvo que forzarse a tomar una y dar una mordida en la suave carne.
Una vez que tuvo libertad para empezar, Darcy atacó el resto de la comida con un saludable apetito, sin dudar en tomar los pedazos de manzana más resecos.
“Estoy atónita, Sr. Darcy. Nunca hubiera esperado que estuviera tan tranquilo en estas circunstancias.” Quizá el golpe en la cabeza le había endulzado el
temperamento.
“Cuando uno tiene suficiente hambre, aún los alimentos más pobres pueden ser apreciados. Esto no me es totalmente desconocido. Hay una pequeña ermita en
Pemberley, no más grande que esta cabaña, que he convertido en mi refugio personal. Naturalmente los muebles, aunque simples, son mejores y siempre hay suficiente
carbón y leña, pero es similar. Somos afortunados de que nuestros ausentes anfitriones cuiden bien de su propiedad. He visto cabañas como esta en las que sería muy
incómodo estar aunque fuera por unas cuantas horas. No en Pemberley, por supuesto. Yo no permitiría algo

Título: A Solas con el Sr. Darcy
Autores: Abigail Reynolds
Formatos: PDF
Orden de autor: Reynolds, Abigail
Orden de título: A Solas con el Sr. Darcy
Fecha: 03 sep 2016
uuid: 39404acc-3ed4-4ed3-8340-e6ec036e4986
id: 251
Modificado: 03 sep 2016
Tamaño: 0.84MB

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