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Acero Fundido – Susana Torres

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Resumen y Sinopsis 

La mañana que a tantos les parecía una hora de ininterrumpida actividad en las calles del distrito de Flatiront, no era más que una experiencia vacía para Arturo
Matas. Un hombre que vivía del éxito de su compañía que claramente se evidenciaba en el lujo de su departamento.
Un pent-house ubicado en el One Madison de la calle 23 de Manhattan que, a pesar de su vista alucinante, no le conseguía recompensa alguna en apreciar su entorno
porque cada aspecto de su vida teñía de gris los escenarios del día a día.
Se encontraba determinado a levantarse minutos antes de que sonase el despertador, pero, al igual que siempre, luchaba con la idea de atender asuntos de negocios.
Está seguro de que es hora de despertarse.
Los sonidos de las ya activa calles de Nueva York intentan llamar su atención, pero nada puede llegar a sus oídos. El sol atraviesa los vidrios reforzados que rodean
su hogar y reflexionan en un adorno de metal pulido que tiene sobre la mesa de noche al borde de su cama.
El brillo y calor que emana de la pequeña estrella de su sistema solar, lo mantiene al tanto de la hora que es, a pesar de no haber abierto los ojos aún.
Planea levantarse sin muchos problemas; el momento de salir a ganarse la vida ha llegado, para eso se ha esforzado tanto, para eso ha dejado de lado cualquier cosa
que pudiese distraerlo de su profesión de ejecutivo importante o a menos así le dicen, que por más de nueve años ha practicado en el puesto de dueño, CEO y
gerente de su propia empresa.
Trata de apagar el despertador con la mano que tiene libre y por fin abre los ojos. Se queda penetrando la ventana con la mirada. Por un momento, como hace cada
mañana, se pregunta «¿qué estoy haciendo?» con la intención de encontrarle sentido a su rutina diaria.
Se levanta y se dirige al enorme baño de su habitación para comenzar el proceso de aseo matutino. Lo importante es arreglarse antes de las siete de la mañana, para
él, el llegar después de esa hora es un retraso; eran las seis cuando se despertó.
Luego de terminar su rutina de limpieza, se arregla con uno de los cientos de traje de etiqueta que siempre usa. Su casa, tan inmensa como solitaria, no está repleta de
la esencia que emana una compañía bien merecida.
Arturo Matas no tiene a nadie a su lado porque, según él percibe, sus ambiciones son claras y la única persona capacitada para entenderlas es él mismo. Las cosas le
han funcionado muy bien hasta ahora con esa filosofía, no había motivos para cambiarla.
Al pisar suelo firme, después de bajar por el ascensor que se conecta con el anexo que le permite ingresar a su hogar, se encuentra con que su coche y quien lo
conduce, no ha llegado. Le busca con la mirada antes de sacar su celular del bolsillo con la intención de llamarlo hasta que se da cuenta que está estacionado en la calle de
al frente. La cruza y luego lo aborda.
Buenos días Tom dijo al cerrar la puerta.
Buenos días señor Arturo. ¿Listo para comenzar el día? le preguntó animado.
Nunca lo estoy. Por favor, llévame lo más rápido que puedas.
Como usted diga, señor Arturo le respondió
Tom no se molestaba al perder el tiempo en hablar con Arturo. Este no era de mucha plática, sin embargo, ocasionalmente le profería alguna respuesta no muy
pedante. Pero, después de todo, la actitud del señor Mata siempre era la misma. Tom arrancó el coche, subió el panel que separaba la vista entre él y su pasajero, y
tomo las calles correspondientes hasta su trabajo.
¡Ah!, Tom, un momento. dijo Arturo.
¿Sí? respondió bajando el panel.
Por favor, si no es mucha molestia, pasa por algún café cercano que quiero desayunar. Le indicó Arturo.
Tom tomó la sexta para dirigirse a la séptima avenida hasta el Seven Grams Caffé. Arturo se bajó, pidió un expreso, unos ponquecillos y se regresó al vehículo.
Una vez adentro, comenzó a consumir su desayuno con la mayor calma del mundo, sin apresurarse, mientras observaba por la ventana del coche las calles de
Manhattan hasta llegar al Rockefeller Centre, en donde tenía una de sus sucursales, que, de hecho, era en donde él administraba todo.
Al llegar a su oficina, le recibe un juego de diferentes papeles, reportes, llamadas y encargos como de costumbre. «¿Dónde está Kyle?» su secretario pensó,
cuestionándose la idea de que Kate la recepcionista le informe de ello cada vez que entre. No duda mucho en tomarlas ya que es su responsabilidad atender tales
casos, a pesar de que su hermano y asistente (Kyle) es quien debe decirle qué tiene pendiente.
¡Buenos días, señor Matas! le dijo Kate antes de indicarle sus encargos.
Buenos días, Kate, avísele a Kyle que ya llegué, que prepare mis cosas respondió Arturo.
No hay problema, yo le hago llegar su mensaje, señor.
Gracias dijo, mientras caminaba hacia el interior del recinto.
Arturo, sólo compartía su tiempo con su hermano menor. Kyle no tenía un trabajo estable hasta que se mudó a Manhattan con la esperanza de que su hermano lo
tomase en cuenta en memoria de aquellos momentos que vivieron en su juventud, eso les decían a todos.
La historia que manejaban aquellos que no fuesen ellos dos, era que Arturo lo contrató como su asistente personal para evitar que su madre le reclamase que no hacía
nada por él.
En efecto, no compartían tanto como muchos habrían de creer, a pesar de que le tenía afecto, no lo demostraba por su hábito de pocos amigos. Nadie se escapaba de
su forma de ser, siquiera Kyle.
Caminó a través del conjunto de cubículos que rodeaban lo que era su oficina actual hasta llegar en donde se encontraba su hermano, sentado, atendiendo unas
llamadas importantes. En lo que este lo ve, cuelga y se levanta para seguirle el paso.
Arturo, llegaste señaló Kyle Tienes un café en tu escritorio junto con los documentos que me solicitaste ayer.
No importa, Kyle, ya desayuné.
Bueno, ¿Qué más da?, ya voy y me lo tomo.
De acuerdo, ¿algo más? preguntó sin detener su paso hasta la oficina.
Del resto, nada fuera de lo ordinario. Estoy esperando a que llegue el encargado de las relaciones públicas, tiene más de dos semanas sin venir y no se ha
comunicado para dar por lo menos una excusa.
Te dije que te ocuparas de eso antes de hoy.
Lo sé, pero debía esperar dos días más para poder hacer cumplir el contrato.
Arturo llegó hasta su oficina, aparto el asiento y se acomodó en él, mientras, Kyle le seguía hablando.
El caso es que ya nos ha ido lo suficientemente mal como para tener que esperar a que David se indigne en regresar al trabajo. ¿ya sabes qué hacer? ¿No? le
inquirió Arturo
Según el contrato que había

Título: Acero Fundido
Autores: Susana Torres
Formatos: PDF
Orden de autor: Torres, Susana
Orden de título: Acero Fundido
Fecha: 17 sep 2016
uuid: 05deb878-c45d-4bf4-9fd1-d45451b2a120
id: 430
Modificado: 17 sep 2016
Tamaño: 0.65MB

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