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Amor a plena luz – Corazones en la oscuridad 2 – Laura Kaye

Amor a plena luz - Corazones en la oscuridad 2  – Laura Kaye

Amor a plena luz – Corazones en la oscuridad 2 – Laura Kaye

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Resumen y Sinopsis De 

CAPÍTULO 1
Makenna James se despertó con un grito ahogado, surgiendo de sus sueños como si la estuvieran arrancando de las profundidades marinas. Lo que la había despertado…
Caden gimió a su lado, agitándose contra la almohada; una capa de sudor frío le cubría la frente. El corazón de Makenna ya palpitaba a toda velocidad por el susto,
pero ahora dio un vuelco por un motivo completamente distinto.
Se deslizó hasta su lado y, con las yemas de los dedos, acarició la profunda cicatriz que se alargaba en zigzag desde su sien hasta la parte de atrás de la cabeza. Un
rayo de luz matutina se colaba por la ventana que había junto a su cama, revelando su ceño fruncido y su mandíbula apretada. Dios, cómo odiaba los tormentos que le
infligía el subconsciente.
¿Caden? Caden, no pasa nada. Despierta.
Un par de ojos castaños sorprendidos brillaron de repente, aunque tardaron un poco en enfocar.
¿Pelirroja? Una arruga apareció en el entrecejo de su hermosa cara cuando comprendió lo ocurrido. Mierda, lo siento dijo, con la voz cavernosa.
Makenna sonrió y sacudió la cabeza, todavía acariciándole el pelo corto que rodeaba la cicatriz, como a él le gustaba.
No pasa nada.
La rodeó con los brazos y la colocó sobre su ancho pecho descubierto, de manera que las piernas de Makenna quedaron sobre sus caderas desnudas.
Malditas pesadillas dijo Caden, exhalando hondo. Las odio. Odio que tengas que convivir con ellas.
Ya estoy yo para despertarte contestó. Makenna lo besó, disfrutando como lo hacía siempre del contacto frío de su doble piercing contra los labios. «Porque te
quiero.» Aunque ese pensamiento no lo compartió.
Había comprendido semanas atrás que estaba enamorada de él, perdida e irrevocablemente, pero nunca había expresado el pensamiento en voz alta. Algo en su
interior le advertía que no le comunicara (todavía) lo serios que se habían vuelto sus sentimientos. No era porque no creyese que Caden no sintiera nada por ella. Una
parte de Makenna estaba preocupada: quizás obligar a alguien tan marcado por la pérdida a enfrentarse a cuanto se habían acercado desencadenaría un episodio de
ansiedad. Habían pasado catorce años desde que había perdido a su madre y a su hermano menor, Sean, en un accidente de tráfico en el que Caden había quedado
atrapado y resultado herido. El suceso lo había convertido en una persona claustrofóbica, además de haberle marcado con cicatrices y haberlo dejado solo. El recuerdo
todavía lo torturaba, como demostraba su pesadilla.
No te preocupes por nada añadió Makenna.
Eres demasiado buena para alguien como yo dijo Caden con voz ronca. Se entregó al beso, hundiendo las grandes manos en su cabellera pelirroja, despeinada por
el sueño, y su cuerpo cobró vida bajo el de ella.
No era la primera vez que decía algo parecido y la idea siempre le provocaba un dolor en el centro del pecho. ¿Cómo era posible que no viera lo mismo que ella? Un
hombre fuerte e increíble que había dedicado su vida a ayudar a los demás.
Jamás susurró, al borde del beso. Lo eres todo para mí.
Sus palabras le arrancaron un gruñido desde lo más profundo de su garganta. Caden alzó la cabeza y persiguió sus labios, mordisqueando, lamiendo y tirando hasta
que Makenna empezó a sentirse anhelante y necesitada de más.
Las pesadillas no se presentaban a diario, solían reaparecer cuando Caden estaba estresado por algo. No era difícil adivinar qué era lo que lo tenía preocupado esta
vez: el viaje a Filadelfia para pasar el Día de Acción de Gracias con su padre y sus hermanos. Aquella celebración era lo más cercano a un día sagrado para los James, y
su padre insistía en que sus cuatro hijos regresaran a casa para agradecer todo lo bueno que había en sus vidas, especialmente la familia.
Pero no habría ido sin Caden ni loca. Y menos a sabiendas de que sus padres y su hermano habían desaparecido. Especialmente ahora que su corazón le decía que él
también formaba parte de su familia.
La primera vez que mencionó el viaje, Caden había asumido que pretendía ir sin él, e incluso había dicho que se ofrecería para trabajar aquel día, para que los
compañeros del parque de bomberos que tenían familias pudieran tenerlo libre. Makenna había dejado claro que quería que la acompañara, y jamás le había visto con
semejante cara de pánico y sorpresa como la que había puesto en aquel momento. Era comprensible. Nunca es fácil cuando te presentan a la familia por primera vez.
Pero cuando entendió cuánto significaba para ella que pasaran ese día juntos había accedido, como el hombre cariñoso y dulce que era. Así que sería un fin de semana
con el clan James, lleno de pavo, estofado y fútbol, y dominado por la testosterona.
Caden la agarró del pelo con más fuerza y levantó las caderas bajo ella.
Necesito sentirte desde dentro. ¿Tenemos tiempo? Dime que tenemos tiempo.
Makenna sonrió contra sus labios, el intenso deseo de su voz le había encendido un fuego en las venas.
Si nos damos prisa repuso, al tiempo que frotaba su centro contra el miembro endurecido de él.
Aunque, para ser sinceros, no hacía falta demasiado para convencerla de que se quedase entre los brazos de aquel hombre. Así de enamorada estaba y así de atractivo
le resultaba.
Un sonido parecido a un gruñido resonó en la garganta de Caden.
Los festines de Acción de Gracias hay que disfrutarlos lentamente dijo, volteándolos a ambos y atrapándola contra el colchón. La ayudó a quitarse la ropa
interior y la camiseta del parque de bomberos número siete con su apellido, Grayson, en la parte de atrás. Hacía tiempo que Makenna se la había arrebatado y la usaba
para dormir, para infinita satisfacción de Caden. Entonces se incorporó sobre los brazos, apretando su erección contra el punto donde más falta le hacía.
Makenna asintió.
Estoy de acuerdo, pero preferiría no tener que dar explicaciones a mis hermanos acerca de por qué nos hemos retrasado.
Sería una auténtica pesadilla. Sus hermanos actuarían como una manada de leones peleándose por una presa muerta y no se rendirían hasta obligarla a confesar.
Entonces, como los incordios que podían llegar a ser, se pasarían el día inventándose los detalles truculentos que Makenna no hubiera compartido solo para
abochornarlos a los dos. Ni loca permitiría que eso ocurriera. Caden ya estaba lo bastante nervioso.
Su expresión se ensombreció y entornó los ojos, solo un poco. Lo justo para revelar la ansiedad que el viaje le estaba provocando.
Quiero estar contigo, Caden dijo, intentando recuperarlo de adónde fuera que su mente hubiera viajado. Le acarició la fuerte espalda. Y te necesito. El cómo es
lo que menos importa.
Las sombras desaparecieron de su rostro y, finalmente, asintió y le dedicó una sonrisa torcida.
Bueno, pues tendrá que ser rápido y duro.
«¡Sí, por favor!»
Alargó el brazo, sacó un condón del cajón de la mesita de noche y se sentó para colocárselo.
Rápido y duro, me encanta susurró, contemplándolo. Su mirada recorrió los músculos definidos de su pecho y estómago, resiguiéndolos desde el tatuaje de la
rosa amarilla que tenía en el pectoral izquierdo, hasta el grande tribal negro que le cubría el costado. Cada parte de él (sus tatuajes, sus piercings, incluso sus cicatrices),
le resultaba atractiva hasta morir.
Pues agárrate. Apenas había pronunciado las palabras y ya estaba en posición, tanteando su entrada, abriéndose paso, llenándola con aquella deliciosa sensación
de plenitud que la dejaba sin aliento, deseosa, completa. La rodeó con los brazos y apoyó la mejilla contra la suya. Me encanta, Makenna. Cada puta vez, me
encanta.
Enterrado en su interior, le devoró la boca con un beso ardiente; entonces se apartó, pero mantuvo el rostro justo sobre el de ella. Sus caderas se movían en un vaivén,
embistiendo, tomando velocidad, exigiendo que Makenna albergara más de él, que lo albergara entero. Le robó el aliento, la habilidad de pensar y el corazón, hasta que no
quedó nada en ella que Caden no poseyera de una manera absoluta y completa.
La magnitud de sus emociones la impactó en su totalidad, y no pudo hacer más que aferrarse a su espalda y agarrarlo con fuerza mientras sus caderas volaban contra
las suyas. Aquello era mucho más que magnífico.
¿Cómo era posible que solo hiciera dos meses que estaban juntos?
Se habían conocido al pasar una noche atrapados en un ascensor, completamente a oscuras, y su conexión había sido inmediata y profunda. Una conexión que se
fundamentaba en una conversación que había revelado cuántas cosas tenían en común, y en una atracción física que iba más allá de las apariencias. Las malas situaciones
suelen tener un lado positivo y, en este caso, había sido que la oscuridad le había brindado la libertad de conocerlo sin prejuicios. Y también permitió a Caden conocerla
a ella. Desde entonces, habían sido prácticamente inseparables.
Ahora, Makenna no podía imaginarse la vida sin Caden Grayson.
Y esperaba no tener que hacerlo nunca.
***
Una hora más tarde, Caden estaba sentado al borde del sofá en el acogedor salón de Makenna. Una pierna le brincaba. Sentía una opresión en el pecho. Le dolían los
dientes de tanto apretarlos.
Puto inadaptado social.
Makenna era su polo opuesto: refinada, sociable, capaz de hacer que los demás se sintieran a gusto con su sonrisa cálida y su alegre risa, que no se hacía de rogar. En
los dos meses que habían estado juntos, la pelirroja había recibido con los brazos abiertos a todo su mundo y sus aficiones: invitando a sus compañeros del parque de
bomberos a cenar, animando a su equipo favorito de softball, e incluso mandando una enorme bandeja de bizcocho y galletas de chocolate caseros a su lugar de trabajo.
Joder, a estas alturas, Makenna ya se había ganado a todos sus colegas. A Caden no le cabía duda de que lo miraban y se preguntaban cómo había tenido tanta suerte.
Porque él también se lo preguntaba, desde luego. Cada puto día. Y estaba seguro de que no podía durar. Era imposible. No tenía tanta suerte. O, al menos, jamás la
había tenido.
Sacudió la cabeza y exhaló, frustrado.
En general, Caden era un tipo solitario que solo se encontraba a gusto junto a sus compañeros de trabajo y con un pequeño grupo de viejos amigos. En los últimos
dos meses, Makenna se había abierto paso hacia el interior de aquel diminuto círculo tras haber derribado sus barreras y haber aceptado toda la mierda que había
encontrado detrás. Jamás en su vida había sido tan feliz. Y le estaba costando mucho aceptarlo.
En su experiencia, la felicidad no duraba. No, la felicidad era algo que el mundo te arrebataba cuando menos te lo esperabas, separándote de tus seres queridos y
dejándote solo. Por eso nunca había intentado mantener una relación seria con una mujer. Hasta que había llegado Makenna, que era como una fuerza de la naturaleza
con su honestidad, su optimismo, su aceptación y sus caricias. No había sido capaz de resistir la tentación de tener algo tan positivo, algo que podría traer un poco de
luz a su oscuridad.
Bueno, ya estoy lista dijo Makenna, entrando al salón desde su habitación. Lucía una sonrisa radiante y un jersey de color lavanda sobre unos jeans ajustados y
sugerentes que desaparecían bajo un par de botas altas de cuero marrón. Dios, qué guapa era. El largo pelo ondulado con el que le gustaba juguetear le cruzaba la frente y
se derramaba sobre sus hombros. Sus ojos azules eran como el cielo en una mirada, y eran capaces de ver más allá de todas sus máscaras. Pero en vez de considerarlo
indigno de ella (como se sentía él), lo único que brillaba desde aquellas profundidades turquesa era afecto y aceptación incondicional.
Lo desarmaba. Lo desarmaba de verdad. Porque ella lo miraba y jamás parecía ver los muchos defectos que albergaba en su interior.
Perfecto dijo Caden, levantándose y tragándose el mal sabor de boca. Por un lado, quería conocer a su familia: eran personas importantes para ella y, hasta este
momento de su relación, no se había esforzado demasiado en conocer a sus amigos y a las personas que le importaban. Se lo debía, y quería ser lo bastante hombre (por
una vez) como para entrar en una habitación llena de desconocidos y comportarse como un ser humano normal, joder.
Por otro lado, Caden se encontraba en el polo opuesto de lo «normal». Conocer gente nueva le ponía nervioso, y la charla educada se le daba de pena. Nunca sabía
qué decir, así que siempre terminaba callado o metiendo la pata. En cualquier caso, quedaba como un gilipollas asocial. Aunque adoraba sus tatuajes y sus piercings por
un montón de razones, no podía decir que le disgustara que su apariencia asustara a algunas personas. Porque estar solo era mejor que ser rechazado y abandonado, con
diferencia.

Título: Amor a plena luz (Corazones en la oscuridad 2)
Autores: Laura Kaye
Formatos: PDF
Orden de autor: Kaye, Laura
Orden de título: Amor a plena luz (Corazones en la oscuridad 2)
Fecha: 11 sep 2016
uuid: de29eaaf-51fb-46f0-8b6e-dd9408e371e4
id: 360
Modificado: 11 sep 2016
Tamaño: 1.32MB

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