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Libro PDF Amor por accidente – Krista E. Mollet

 Amor por accidente – Krista E. Mollet

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Anny abrió la boca para decir algo sin pensar, pero la volvió a cerrar cuando escuchó el bufido de la madre de Neil y giró el cuello hacia ella. La mujer ya ni la miraba,
sino que tenia toda su atención en el médico, con los brazos cruzados y expresión de estar a punto de matar a alguien.
—Va a ser difícil salir de esta —musitó Anny en voz muy baja para que nadie pudiera escucharla.
—¿No acabas de decir que está débil y es mejor que no reciba visitas?
El médico sonrió con paciencia.
—Sí, lo he dicho.
La mujer volvió a bufar.
—¿Y ella puede entrar pero su familia, ¡su madre! no puede?
El médico se mantuvo sereno pese a que el tono y la expresión de la mujer se hicieron más peligrosas.
—Señora Dawman, relájese, no he dicho en ningún momento que no pueda ver al paciente, solo que moderen las visitas y la cantidad de personas a la vez —Hizo
una pausa con una nueva sonrisa—. Además, él ha pedido que entre ella primero.
La mujer volvió a bufar.
—Ha intentado matarle y ella puede verlo primero. ¡Es el colmo!
—No intentaba matarle —se defendió Anny por octava o noven vez. Ya ni se acordaba—. Fue un accidente.
A quien había intentado matar era a otro. Pero ese no era el mejor momento para decirlo en voz alta. Posiblemente era mejor no decirlo nunca en voz alta.
—¿Me acompañas?
El médico señaló con una mano la puerta de la sala de espera y Anny se apresuró a salir de allí, segura que se lanzarían contra ella en cualquier momento si
permanecía dentro mucho más tiempo.
—Está bien, ¿verdad?
—No va a morirse —aseguró el médico—. Perdió el conocimiento por el golpe en la cabeza pero tras las pruebas y la recuperación de consciencia, eso no le traerá
ningún problema. Lo peor es el brazo. Tardará un tiempo en volver a usarlo. Pero nadie se muere de algo así.
Se detuvo frente a una puerta y antes de abrirla volvió a girarse hacia ella.
—La policía me ha pedido un informe y han pedido hablar con Neil —dijo suavemente—. Cuidado con lo que dices adentro.
Y abrió la puerta, dejándola entrar antes de cerrarla a su espalda.
Sin sangre, Neil era un hombre apuesto, incluso con un a gran escayola en el brazo y varios vendajes por la cabeza y el pecho desnudo. Su cabello rubio caía por
debajo de su cuello y sus ojos celeste la miraban con una pizca de arrogancia.
Automáticamente, Anny supo que no se llevarían bien.
—Así que eres tú quien ha intentado matarme.
Anny puso mala cara y se acercó vacilante hasta el borde de la cama, recordando las palabras del médico de que tuviera cuidado con lo que decía, ¿habría alguna
posibilidad de que pudiera salir de esa sin que la encerrasen en la cárcel?
—Fue un accidente —repitió una vez más. Llevaba repitiéndolo tantas veces que comenzaba hasta a creérselo ella.
—Muy desafortunado, al menos para mí.
—Lo siento —dijo a regañadientes, sosteniéndole la mirada sin ningún problema—. ¿Vas a presentar cargos?
—Me has atropellado en lo que a mi me ha parecido que era un atropello intencionado, ¿crees que debería presentar cargos? Es evidente que si no hago algo al
respecto igual la próxima vez no tengo la misma suerte, ¿no te parece?
—No sé de lo que me estás hablando.
Maldita sea, vaya que si lo sabía. Y todo por un maldito error.
—Dime, ¿cuál es el problema que tienes conmigo? —Anny enarcó una ceja. Para ser alguien que acababa de ser operado, su capacidad cerebral estaba de auge. Neil
se sentó en la cama y se colocó con esfuerzo, usando una sola mano, la almohada en la espalda—. Pensaba que igual eras una amante furiosa, pero no te conozco, así que
no parece ser el caso.
Una ex amante querría decir ese despreciable presuntuoso. Anny respiró con fuerza y se recordó, con esfuerzo, que intentaba evitar pasar un largo tiempo en
prisión.
—No soy una amante despechada —No tenía un gusto tan retorcido en hombres, aunque admitía que tenía un puntazo aquel hombre. Su musculoso cuerpo, su piel
bronceada, su mirada… su arrogancia innata, el tono de su voz… ¿en qué estaba pensando?—. Es más, es la primera vez que te veo.
—¿Entonces qué problema tienes conmigo?
—Ninguno.
—¿E intentaste atropellarme porque…?
Anny respiró con fuerza y tras unos segundos de reflexión en los que ninguno de los dos apartó la mirada, dijo:
—No era a ti a quien quería atropellar.
Ya está; ya lo había dicho. Que ahora sucediera lo que tuviera que suceder.
—¿No era yo? —su voz no cambió—, ¿entonces a quién querías atropellar?
Anny volvió a respirar con fuerza.
—A mi jefe.
Neil la miró sorprendido.
—¿Acoso?
—Me despidió.
—¿Querías matarlo porque te despidió?
Anny miró a su alrededor y se acercó a una de las sillas acolchadas que había en un extremo de la pared y la acercó a la cama, sentándose a su lado.
—Necesitaba el trabajo, él lo sabía, me usó mientras el negocio no era bueno, y ahora me cambió por una secretaria con quien comparte también la cama. ¿No tengo
derecho a estar furiosa?
Neil se movió incómodo y trató de ajustarse mejor las almohadas de la espalda, haciendo una mueca de dolor.
—Tienes derecho —dijo él con una sonrisa arrebatadora—, pero matarlo…
—¡No pretendía matarlo! Solo quería asustarlo un poco… pero se me escapó de las manos y al final… resultó esto.
Su voz fue apagándose poco a poco y se quedaron en silencio hasta que Neil se echó a reír.
—Vale, lo siento —terminó él, tratando de dejar de reír pero conteniendo mal la risa—, pero recuérdame que nunca se me ocurra contratarte.
Anny apretó los dientes con fuerza.
—¿Vas a mantener la denuncia?
Neil dejó de reír completamente y esbozó una sonrisa tan arrogante como su mirada, pasándose la mano para apartarse el pelo de la cara.
—Me caes bien…
—Gracias.
Anny suspiró aliviada. Después de todo iba a salir ilesa de toda esa historia.
—No me las des aún —aseguró él manteniendo la sonrisa y la mirada fija en ella—. Habrá un precio.
Demasiado bonito para ser verdad después de todo. Anny controló la ira y apretó los puños sobre sus pernas para morderse la lengua.
—¿Qué precio? Te recuerdo que no tengo trabajo y no dispongo de dinero.
Era obvio que nadie intentaba atropellar a quien le ha despedido si se bañaba en billetes.
—Según tengo entendido, mi encantadora familia está fuera… —parecía disgustado—. Y como verás esa situación es por tu culpa.
Trató de mostrar la escayola.
—¿Y qué quieres que haga? ¿Los mando fuera?
Neil sonrió con desden.
—Has conocido a mi madre, ¿verdad?
Desafortunadamente…
—Sí, estaba en la sala de espera, con el resto de tu familia… Muy preocupada.
—Seguro que lo estaba —¿Había amargura en su voz?—Y dime, ¿crees que podrías echar a una mujer así solo pidiéndoselo?
Anny enarcó una ceja y guardó silencio un momento.
—Posiblemente no.
—Ni tú ni nadie —aceptó Neil con un suspiro, volviendo a acomodarse toremente las almohadas—. Pero necesitaré ayuda durante pase wl tiempo de esto —
levantó el brazo escayolado—. Y ahí es donde entra tu precio.
Anny volvió a ponerse a la defensiva, pasando de mirar la escayola a mirar sus ojos.
—¿Y es…?
—Diremos que no fue un intento de asesinato —sonrió divertido y Anny se recordó que no quería pisar la prisión—. Tú eres mi novia, mi pareja más
correctamente. Vivimos juntos y lo sucedido fue una negligencia de ambos. Ya se me ocurrirá algo. Y tú me cuidarás ese tiempo, así que mi madre tendrá que mantenerse
lejos de mi casa y yo me ahorraré sus cuidados. Estoy seguro que te puedes hacer una idea de lo que estoy hablando.
Anny pasó eso por alto y decidió centrarse en la parte más importante, o la única importante, al menos para ella, y miró alucinada a Neil, esbozando una sonrisa
que no sabía muy bien qué transmitía.
—Estás de broma, ¿verdad?
—¿Tengo cara de estar de broma?
Anny respiró con fuerza y se cruzó de brazos, sin dejar de mirarlo en ningún momento.
—La respuesta es no.
—Bien —aceptó Neil sin inmutarse—. Si yo tengo que estar varios meses soportando los agobiantes cuidados de mi madre, yo seguiré con la denuncia. No sería
muy razonable que solo yo tuviera que sufrir las consecuencias de tus actos, ¿no te parece?
Anny se levantó bruscamente, echando la silla hacia atrás y ésta cayó al suelo, haciendo un ruido seco.
—Por mí te puedes pudrir en el infierno.
—Nos pudriremos los dos.
Anny bufó y se dio la vuelta, pero cuando llegó a la puerta y agarró el manillar, se detuvo y lo apretó con tanta fuerza que sintió dolor en la mano y con rabia abrió
la boca.
—¿Y qué tendría que hacer? —murmuró, conteniendo mal la rabia, sin darse la vuelta.
Maldita sea, maldita sea….
—Lo típico —dijo él en un tono que hacía que Anny apretara con más fuerza el manillar—. Vivirás conmigo, así que, darme de comer, ayudarme a bañarme y
vestirme, llevarme al trabajo… —¿Quería una novia o una sirviente?—. Y, por supuesto, me complacerás en la cama.
Capitulo 3
Neil escuchó a medias a su madre, algo sobre lo mal hijo que era, lo poco que se juntaba con su familia, lo denigrante que había sido por su parte que le ocultase la
existencia de Anny. ¡Incluso viviendo juntos! Se había llevado dramáticamente la mano a la boca como si hubiera estado llorando. Un drama muy bueno, por supuesto,
pero conocía a su madre desde hacía más de treinta años y ya hacía varios años que había entendido que la mujer que tenía frente a él, perfectamente arreglada y con olor
a jazmín, era puro hierro; sin corazón diría sino hubiera sido porque sabía que quería a su familia con locura, demasiado tal vez, al punto de la obsesión y con claras
dosis dispuesta al agobio si se le permitía. Ese era el motivo por el que él había decidido limitar sus visitas y llamadas… hasta ahora.
Desde el accidente era imposible evitarlos. Se habían pegado a él como si quisieran compensar el tiempo que había estado evitándolos y no había tenido un instante
de paz, aunque la presencia de Anny había ayudado bastante, muy forzada al principio, sobre todos cuando todos se enteraron de que era su pareja y llevaban varios
años viviendo juntos. Habían pasado de la sorpresa a la negación y después a los reproches. Incluso le habían llegado a preguntar si tenían algún hijo y también se le
había pasado comentarlo. Su madre, por supuesto, había hecho alarde de su habitual acidez y lengua viperina.
—¿Me estás escuchando?
Neil apartó de mala gana la mirada de Anny que increíblemente voluntariosa, desde el primer encuentro con su madre al llegar a su piso tras el alta en el hospital, se
había puesto a pasar el aspirador por todo la casa, tomando especial interés en ponerlo a toda potencia cuando llegaba al salón.
—¿Qué decías?
Su madre farfulló algo y giró el cuello para lanzarle una significativa mirada a Anny, quien evitó encontrarse con su mirada, girándose completamente hacia el otro
lado.
—¿No puede pasar el aspirador en otro momento?
—¿Por qué no se lo dices tú? —la desafió Neil, señalando a su supuesta novia con la cabeza, quien, aunque pretendía no escuchar nada, le lanzó una airada mirada;
una de tantas, ya que desde que había aceptado su propuesta, no había dejado de mirarle con ira.
Era uno de tantos aspectos que iba conociendo de ella y que le gustaba disfrutar provocándola. Estaba bastante guapa con el ceño fruncido, soportando sus exigentes
e infantiles mandatos y también discutía mucho, por todo, aunque se mantenía callada y con una falsa sonrisa cada vez que llegaba alguien de su familia, a excepción de
su madre, con quien tras varios intentos por ser amable y de demostrar una paciencia admirable, había terminado explotando y discutía como si fueran suegra y nuera de
verdad.
Neil había llegado a escuchar barbaridades en sus discusiones, incluso al punto de declarar cada una de ellas sus derechos sobre él. Anny se había metido tanto en su
papel que él no había podido evitar recordarle sus derechos maritales, algo que una caliente Anny le había soltado que si llegaba a tocarla le estamparía los cinco dedos
de la mano en su perfecta piel de la cara. Después lo había echado para prepararse su cama improvisada en el sofá.
Anny había dejado bien claro que no tenía intenciones de acostarse con él. De ninguna manera, había dicho ella exactamente y hasta había asegurado que prefería
pasar el resto de su vida en prisión antes de tener sexo con él.
Neil se había reído y había dejado estar el tema, sin darle muchas vueltas, pero no negaba que tras esas semanas, lo que había pretendido ser una broma no se había
convertido en algo mucho más real.
La deseaba.
Esa era la palabra. No era la primera vez que imaginaba inclinándose para besar su piel blanca que sobresalía en su cuello, apartar aquellos cabellos trigo y deslizar
sus manos por aquellas formas que se abultaban tras la ropa.
No solo eso, la quería en su cama, bajo su cuerpo, y quería hacerle el amor.
Pero su inicio no había sido el más adecuado para hablar de algún tipo de relación más intima. Y también sabía que él no se hubiera fijado en ella antes si no sr
hubiera visto obligado a hacerlo tras el accidente. Habían estado trabajando juntos durante años, en el mismo edificio de oficinas, en varias puertas de distancia y estaba
seguro que debían de haber coincidido en algún momento, pero solo tenía un vago recuerdo de ella. No es que no fuera guapa, simplemente no destacaba.
—¿Me estás escuchando?
Neil volvió a mirar a su madre, la expresión de mal humor que se le había implantado en la cara e inclinó la espalda hacia él.
—A ella la ves todo el día, Neil, al menos podrías hacerme un poco de caso cuando vengo a verte.
Neil percibió que Anny se agachaba y ponía mayor potencia en el aspirador.
—Lo siento, madre…
La mujer volvió a bufar.
—¿No tenías una empleada que te hacía las labores?
—Eso…
Realmente la seguía teniendo; Anny también se había encargado de ponerla en su lugar, siguiendo con el juego de ser su pareja y habían decidido que se tomara un
tiempo de vacaciones, ya que Berta conocía bastante bien su solitaria vida y era un peligro que hablase con su madre y revelase la verdad.
—¿Ya no viene?
—Como ves, Anny es una perfecta ama de casa.
Cuando le interesaba, por supuesto.
—Pero tengo la impresión de que siempre se pone a pasar el aspirador cuando vengo yo.
Era bastante evidente, desde luego, pero aunque no lo habían hablado, suponía que a Anny le importaba poco que lo fuera.
—¿Tú crees?
—Además, no entiendo por qué ella no trabaja…
Neil también se sobresaltó cuando el aire del aspirador le dio directamente en la cara y volvió a mirar a la furiosa Anny, que bajaba en ese momento el aspirador y lo
detenía con un pie, lanzándolo al suelo y se enfrentó a ellos con las manos en las caderas.
—No trabajo porque no quiera, señora.
Y el tema del despido la seguía irritando a pesar de que el tiempo seguía pasando, algo que había empezado a preocuparle a Neil. ¿Con su jefe mantenía únicamente
una relación física? Esa obsesión porque la hubieran sustituido por una mujer con quien se habían liado era un poco sospechosa, al punto que le molestaba la ide de que
hubiera tenido una relación con el hombre que trabajaba tan cerca de él.
—Si quieres trabajar, deberías salir y buscar uno. ¿En qué estás especializada? Puedo ayudarte, tengo muchos contactos.
Anny se mantuvo callada y lo miró de reojo. Posiblemente se moría por tragarse su orgullo y aceptar la ayuda de su madre, pero ellos ya tenían un acuerdo y dado
que su madre haría cualquier cosa con tal de que Anny se encontrara fuera de la casa cuando ella llegaba… o peor aún, posiblemente así ella podría estar allí todo el día y
ocupar el lugar de Anny.
—Mamá —intervino él con un suspiro moviendo la espalda para coger una mejor postura—. Necesito a Anny. Ella ya está buscando un trabajo solo porque le
apetece trabajar y no estar todo el día en casa, pero no olvides que no necesita trabajar.
—¡No digo que lo necesite! Pero es joven y evidentemente se aburrirá en casa todo el día.
—No creo que eso te preocupe mucho.
—Me preocupe o no, tengo derecho de decir lo que quiera, ¿no?
—Hablar puedes, pero no de mí.
Su madre bufó y Neil carraspeó para intervenir, peo las dos le miraron furioso.
—Ya vale. Me está doliendo mucho el brazo y también conseguiréis que tenga dolor de cabeza.
Intentó ajustarse los exagerados almohadones que su madre le había puesto cuando había llegado y las dos se adelantaron a ayudarle, lanzándose miradas de
advertencia.
—¿Te importa? —soltó Anny de mal humor, arrancándole el cojín de las manos a su madre y comenzó a quitar algunos de los que aún seguían en su espalda—.
Creo que con esto también terminará con dolor de espalda.
Su madre bufó y comenzó a quitarle los cojines a Anny y a volver a ponérselos a él en la espalda.
—¡Me van a decir ahora qué es lo que necesita mi hijo! ¡Es lo que faltaba!
—Madre, por favor —la cortó Neil, quitándole los cojines y dándoselos a Anny que sonrió victoriosa a la huraña de su madre—. Ella ya sabe lo que me gusta y
para ser honestos, e gusta ser mimado y cuidado con ella.
La expresión de su madre fue un poema, pero la de Anny no fue peor. Había ensanchado la sonrisa y ni siquiera se apartó cuando Neil se atrevió a pasar una mano
por la parte de atrás de su cuello y le acercó la cara, besándola suavemente en los labios sin que ninguno de los dos llegara a cerrar los ojos.
—¡Ya vale! Si lo que queréis es que me vaya, me voy, pero deberíais tener un respeto. ¡Soy tu madre, no una amiga de la calle!
Les lanzó una mirada molesta a los dos y se levantó, cogiendo el bolso antes de alejarse hasta la puerta y cerrarla con un portazo.
Capitulo 4
Anny esperó a oír la puerta para apartarse de Neil tras terminar de acomodarle los cojines en su espalda.
En más de una ocasión lo que había deseado era apretar su brazo herido hasta escucharlo suplicar, gritar de dolor y ver una expresión de agonía en su rostro. Era lo
que quería y más desde que había comenzado a darse cuenta que el hombre arrogante que le había obligado a servirle de criada y novia ante su familia, era un hombre
bastante amable, incluso había comenzado a disfrutar de sus comentarios sarcásticos y sus sonrisas traviesas. Le gustaba su compañía y hasta disfrutaba de esos
momentos tranquilos donde disfrutaban de una cena o un desayuno. Incluso esas películas a su lado, riendo o comentándolas mientras comían palomitas o aperitivos
habían empezado a ser especiales y mientras pasaba el tiempo temía que esa comodidad se transformara en algo más… un sentimiento que no se iría tan fácilmente una
vez Neil se curara y tuviera que dejar la casa.
Y llevaba peor la retorcida idea de Neil de que le ayudara a bañarse. Había asegurado que le costaba mucho asearse con una mano. Al principio, Anny había
aceptado, con aires mientra lo trataba como a un completo inútil y no dejaba de decirle lo que tenía que hacer. Más bien había hablado tanto porque pese a que no era el
primer hombre al que veía desnudo, ni siquiera era el segundo, el impresionante cuerpo desnudo de Neil le había incomodado bastante y había tratado de mantener su
mente ocupada en otra cosa, sobre todo en otra que no fuera su flácido miembro entre sus piernas.
Pero ahora comenzaba a sentirse mal cada vez que lo tocaba… y suponía que la próxima ducha iba a ser un infierno si un simple beso, dado para despistar a su
madre, le había perturbado de esa manera.
—Iré a preparar la cena.
—Aún es pronto —Neil la detuvo, agarrándola del brazo y tiró de ella, acercándola a sus piernas—. Quédate un rato conmigo.
Anny miró sus ojos celeste desde arriba y soltó su brazo. Puede que comenzara a gustarle, puede que terminara amándolo, pero no pensaba convertirse en su
desahogo sexual ahora que no podría llamar a alguna de sus amigas o amantes o aquello que un hombre así no dudaba que tuviese aunque no quisiera comprometerse con
alguna novia. Ni aunque lo deseara como lo hacía en ese momento. Era una mujer adulta y sabía controlar sus impulsos.
—Mejor haré la cena. Cuando tienes hambre te vuelves insoportable.
Se dio la vuelta y se encerró en la cocina, abrió el frigorífico y mientras sacaba algo de carne, apoyó la cabeza en la puerta del frigorífico, agradeciendo sentirlo frío y
algo húmedo.
—¿Qué estás haciendo?
Anny se apartó sorprendida de oir la voz de Neil a su lado y cerró la puerta del frigorífico sin girarse.
—Nada, como ves.
Se acercó a la encimera y agarró un cuchillo, cogiendo una zanahoria con otra mano.
—¿No puedes dejar eso para otro momento?
—Imposible —dijo Anny dispuesta a no girarse y mirarlo—. Cuando su alteza tenga hambre, es mejor que tenga hecha la comida.
—Tengo hambre de otra cosa, Anny —Anny sintió como los brazos de Neil la rodeaban la cintura y se giró con el cuchillo en alto, encarándose a un sonriente Neil
que no dudó en soltarla.
—Vale, vale, lo que tú digas —se llevó la mano sana a la cabeza, sin dejar de sonreír y caminó hasta la salida—. ¿Espero a que termines para darme una ducha?
—Báñate solo —soltó Anny de mal humor, girando de nuevo la cabeza. No iba a ayudarlo. No esta vez; ese juego se terminaba. Para ella ya había dejado de ser un
juego y si continuaba terminaría quemándose. Era suficiente de todo aquello—. Apáñatelas solo y búscate a alguien más. Además, tengo suficiente con hacerte la cena.
¡No soy tu criada!
Anny esperó a que Neil dijera algo, que se lo ordenase o, incluso, que la arrastrara al cuarto de baño como ya había hecho las primeras veces cuando ella se negó a
ayudarle a lavarse, pero lo único que escuchó fue como se cerraba la puerta de la cocina y como los pasos de Neil se alejaban por el pasillo.
Furiosa, Anny dejó el cuchillo sobre la encimera y apoyó las manos en ella, agotada.
—No puedo más con esto.
Suspiró decaída y casi dio un salto cuando escuchó el sonido del móvil y fue a cogerlo al salón, asegurándose de escuchar el sonido del agua que provenía del cuarto
de baño y agarró su móvil, comprobando que Morgan, su amigo ahora y un antiguo novio hace años era quien llamaba.
—¿Morgan?
¿Ocurría algo? Llevaban más de ocho meses sin verse y por lo general nunca se llamaban, sino que se veían casualmente en la calle e iban a tomar algo. Que la llamase
ahora…
—Ey, nena, ¿qué es de tu vida?
¿Una mierda?
—Bien… ¿ocurre algo, Morgan?
—Fui a buscarte al trabajo, pero no sabía que te hubieras cambiado de trabajo.
Anny se sentó cansadamente en el sofá y arrugó en la mano un papel que la madre de Neil había dejado olvidado. ¿Cambiarse? Ella no se había cambiado de trabajo,
la habían despedido ¡Despedido! Y lo que tenía ahora no era un trabajo, era una explotación.
—Ya no trabajo allí, pero aún no me has dicho para qué me buscabas.
—Tenemos que hablar. He estado pensando y me preguntaba si nos podríamos darnos una oportunidad… nos llevamos bien y siempre hemos sido compatibles.
Además, ¿no crees que ya es hora de formar una familia?
Anny se quedó completamente en blanco y tras unos segundos comenzó a reír como una histérica.
—¿Eres idiota? Has vuelto a dejarlo con tu novia, ¿no?
—¿Qué te hace pensar en eso? Además, lo digo porque sé que aún me quieres.
Anny siguió riendo pero sin tantas ganas. Estaba harta que todos creyeran que podían decir qué era lo que pensaba o no.
—Morgan, en serio, tu egocentrismo apesta —¿No había tenido ya bastante de sus infidelidades? Ya ni recordaba cuando había dejado de quererlo como para
plantearse reiniciar una relación con él… no… bastante tenía con el hombre que se estaba dando una ducha en ese momento y constantemente te le desviaba la atención
a ese punto—. Ni en sueños volvería a salir contigo como para pensar en hacer una familia. De gente así ya he tenido suficiente con el estúpido de mi exjefe —y de
quien era culpa la situación en la que se encontraba—, así que intenta resolver tus problemas por una vez sin inmiscuir a nadie. Deberías pensar en hacerte un hombre.
—¿No estás siendo un poco dura conmigo?
Anny bufó.
—Tengo muchas cosas que hacer, anda y ve a morir a otro lado.
No dejó que Morgan terminara de hablar; le colgó el teléfono y suspiró dramáticamente antes de girarse, dando un vuelco cuando vio a Neil detrás de ella, con el pelo
empapado y el albornoz a medio atar. Varias gotas caían por su pecho y se deslizaban al interior de la tela.
—¿Tu novio?
Anny hizo una mueca, apartando la vista de la piel desnuda del hombre.
—No seas ridículo tú también. Si tuviera novio hace ya semanas que me hubieras fastidiado la relación. ¿O crees que hay algún hombre en el mundo que soporte que
su novia viva con otro tío y que ni siquiera lo vea a él. ¡Y ya no hablemos del sexo! ¡Mierda! ¡Estaba frustrada sexualmente y la culpa la tenía el hombre que tenía
delante.
Neil siguió frotándose el cabello con la toalla que tenía en la mano y la observó con una sonrisa traviesa.
—No hace falta que te pongas así, lo sabes, ¿verdad? Si necesitas algo, yo estoy dispuesto a cubrir cada una de tus necesidades.
Anny lo miró como si pretendiera asesinarlo y después se dio la vuelta, furiosa, caminando de vuelta a la cocina y esta vez se llevó el teléfono con ella.
—Tienes suerte que esta vez no tenga el cuchillo en la mano.
La risa de Neil la acompañó al interior de la cocina.
Capitulo 5
Neil no volvió a pedirle que le ayudara a ducharse y Anny tras unos días de alivio, comenzó a ver esa actitud mucho más agobiante que la anterior.
La actitud de Neil no había cambiado especialmente. Mezclaba esa amabilidad con un leve distanciamiento y Anny había comenzado a creer que Neil simplemente
intentaba evitarla, o evitaba tocarla, ya que desde ese día no habían vuelto a tener ningún tipo de contacto.
También había empezado a trabajar de nuevo y ella se veía obligada a acompañarle a su oficina, la misma donde ella había estado trabajando, a unas puertas de
distancia y algunas veces había escuchado las voces de Samuel y su nueva secretaría en varias ocasiones pero no había llegado a verlo directamente nunca, incluso había
tenido suerte al entrar y salir del ascensor, o puede que esa suerte hubiera venido de subir y bajar las escaleras.
Neil se había reído de ella, por supuesto, pero Anny había terminado por ignorarle y había aceptado de buena gana las labores que Neil le había dado para que se
ocupase mientras le esperaba. Prefería trabajar a estar sin hacer nada, siempre prefería ocupar la cabeza en algo que no fuera Neil, porque últimamente lo único que
parecía haber en su cabeza era ese maldito hombre.
—¿Tienes un segundo, Anny?
Anny levantó la cabeza de la pantalla del ordenador y se quitó despacio las gafas, percibiendo la hostilidad que emanaba de Adriana. Desde que había aparecido el
primer día, esa mujer había sido la única que no había visto bien su presencia junto a Neil. Anny suponía que la mujer, por la cercanía con la que se veía con Neil, que
había esperado convertirse en algo más que una amiga o una compañera de trabajo, algo que por la actitud de Neil, Anny confiaba que no fuera a ser nunca así.
—¿Qué ocurre? —respondió a la defensiva, dispuesta a enseñar las uñas si era necesario.
Puede que Neil no la hubiera presentado como novia dentro de la oficina, pero a menos que él le dijera lo contrario, se suponía que los dos seguían con esa farsa y si
tenía que usarla a su beneficio… solo esperaba que Neil la respaldara y no la dejara como mentirosa, algo que le haría mucho más daño del que ella quería creer.
—¿Desde cuando conoces a la madre de Neil?
Esa familiaridad con la que se refería a Neil y a su familia la molestaba, pero Anny tenía el tacto de morderse la lengua, incluso ignoró la manera con la que Adriana
se cruzó de brazos.
—¿La madre de Neil?
¿Cómo sabía ella que conocía a la madre de Neil? ?Se lo habría dicho Neil? Pero no tenía mucho sentido, y más si tenía en cuanta que aquella mujer no parecía saber
lo que les relacionaba a Neil y a ella.
—Ha venido a buscarte.
—¿Qué? —Anny se puso de pie de golpe y dejó caer algunos sobres que tenía en el filo de la mesa y miró espantada hacia la puerta del despacho de Neil—. ¿Neil
sigue reunido?
Adriana se encogió de hombros sin cambiar la actitud.
—¿No eres tú siempre la que está pegada a él? lo sabrás mejor que nadie.
Anny enarcó una ceja y volvió a morderse la lengua esta vez con más fuerza.
—¿Dónde está? —preguntó, mirando a su alrededor.
—En la sala de espera. No le ofrecí nada —añadió entornando los ojos—. No sabía si iba a quedarse o no mucho tiempo.
Anny no respondió. Echó una rápida mirada al despacho de Neil y caminó decidida a la sala de espera, deseando que esa mujer decidiera marcharse pronto y no
desear iniciar una pelea en publico. Puede que fuera rica, pero sus modales daban bastante que desear.
Como Adriana había dicho, la madre de Neil esperaba en la sala de espera, pero no sentada como habia previsto, sino de pie, al lado de la ventana y no trató de
sonreír al verla.
—Has tardado mucho en venir y como comprenderás, no tengo todo el tiempo del mundo.
Parecía que venía a discutir. Anny volvió a morderse la lengua, convencida de que si seguía mordiéndosela terminaría comiéndosela.
—¿Y a qué se debe tu visita? Supongo que ya te habrán comunicado —miró a Adriana significativamente ya que la había seguido hasta allí—, que Neil se encuentra
reunido.
—No es a él por quien he preguntado, ¿verdad?
—Es cierto —aceptó Anny de mala gana, aún mirando a Adriana que seguía toda la conversación descaradamente—, ¿y por qué me buscabas?
Las dos mujeres se miraron fijamente y la madre de Neil sonrió de una manera demasiado siniestra.
—¿Qué motivo tendría que el de querer visitar a mi querida nuera?
Anny hizo una mueca, pero no tan rápida como la que debió poner Adriana a su espalda que la madre de Neil la miró cuando hasta hacía un momento ni se había
percatado de su presencia.
—¿Neil se ha casado? Imposible…
—Es una conversación privada, joven.
Anny no llegó a verle tampoco en esa ocasión la cara a Adriana, pero sí sintió la felicidad contenida de que la mirada glacial de la madre de Neil hubiera sido dirigida a
la otra chica. Hasta ahora sólo se las había dedicado a ella y ya comenzaba a hartarse.
—Así que ahora Neil quiere que también estés con él en la oficina, ¿no?
—Eso parece —Anny también cruzó los brazos alrededor del pecho y le sostuvo la mirada a la mujer.
—Vamos a comer algo, estoy desfallecida.
—¿Ahora?
Anny miró con aprensión la puerta y después volvió a mirar a la mujer.
—¿Prefieres hablar aquí?
¡Esa mujer era un diablo!
Anny entornó los ojos y sopesó las posibilidades de que se hubiera enterado de lo que realmente había entre su hijo y ella y asintió débilmente con la cabeza. Sería
lo que tuviera que ser, pero ella no huía.
—De acuerdo. Hay un restaurante por aquí cerca.
—Conozco uno muy bueno.
Capitulo 6
Anny se sentó frente a la mujer y esperó paciente y con una sonrisa a que la madre de Neil volviera del cuarto de baño. Mientras esperaba, decidió mandarle un
mensaje a Neil, diciéndole vagamente donde se encontraba y con quien estaba y lo envió, segura de que Adriana consideraba que contarle a Neil donde se encontraba era
en desbeneficio para la mujer, no diría nada.. y la abandonaría a su suerte con una alimaña.
—¿Para qué querías verme?
Anny no dudó en preguntarlo nada más la madre de Neil apareció y movió la silla para sentarse frente a ella, levantó una mano para llamar al camarero y la miró,
poniendo las manos sobre la mesa.
—No seas impaciente. ¿No habíamos acordado en comer primero?
Anny entornó los ojos recelosa. No se habían llevado bien desde el principio y esa pretensión de tratar de ser amable —aunque fuera a su sutil manera—, le parecía
muy sospechosa.
—¿Y Neil?
—¿Pero qué os pasa? ¿No sois capaces de estar un momento el uno sin el otro? Tendréis tiempo suficiente para estar juntos, así que ahora, comamos.
—Madre, ¿no es un poco cruel ir a comer sin invitar a un pobre lisiado?
La mujer puso mala cara y levantó la cabeza para mirar a Neil, que por el aspecto revuelto de su cabello y por la respiración agitada, Anny imaginó que había ido
corriendo hasta allí. Anny le lanzó una mirada agradecida. Si su madre lo sabía todo, no quería lidiar ella sola con el tema.
Neil se ajustó como pudo el traje y Anny se levantó rápidamente para ayudarle a quitarse la chaqueta, escuchando el bufido de la mujer y varios murmullos en los
que logró escuchar la palabra empalagosos y enfermos. Anny sonrió y Neil le devolvió la sonrisa, haciendo que ella dejara de sonreír rápidamente, con el corazón
acelerado y se sentó en su silla, ya no tan segura de querer estar tanto tiempo a su lado.
—¿Y bien, madre? ¿Qué es lo que querías decirle?
—En fin, ya que es imposible hablaros por separado… pero antes comamos primero.
El camarero les tomó sus pedidos con paciencia y esperaron con una conversación tranquila, con varias punzadas de sarcasmo y varios comentarios más crueles
mientras les traían la comida y comenzaban a saborear de los platos como si realmente fuera una situación de lo más habitual. Cuando les trajeron el segundo plato,
Anny se ofreció a cortar la carne de Neil y sintió la mirada de la mujer fija en ellos.
—¿Pensáis seguir así toda la vida?
Anny siguió cortando la carne sin decir nada.
—Así, ¿cómo?
—¿Cómo dos adolescentes sin responsabilidades?
Anny terminó de cortar el último trozo y se enderezó, lanzándole una fugaz mirada a Neil que miraba a su madre divertido.
—A mí me parece un buen plan.
—¡No seas absurdo, Neil!
—Alguien de la familia debía serlo, ¿no?
—¡Y me ha tocado a mí! —Siguió farfullando algo y miró a su alrededor un momento—. Tengo dos hijos y los dos son iguales.
Neil dejó de sonreír.
—¿Qué le pasa a Rachel?
Su madre bufó.
—¡Ha decidido mandar a los hombres al infierno! Dice que jamás se casará y jamás tendrá hijos.
Hubo un silencio donde Anny comenzó a masticar la carne sin levantar la mirada del plato y solo la levantó cuando Neil comenzó a reírse a carcajadas.
—¿Lo dices solo por eso? Por un momento me había preocupado.
Su madre dejó los cubiertos rudamente sobre la mesa y casi dio un golpe con ellos.
—Puede que para ti no sea importante, pero soy yo la que quiere ser abuela y veo que ninguno de mis hijos está dispuesto a ello.
—¿No estás siendo un poco exagerada?
—Di lo que quieras, pero creo que vosotros ya tenéis edad suficiente como para ir pensando en tener uno, ¿no os parece? Pretendía hablarlo con Anny, ya que
contigo posiblemente sea imposible entrar en razón. ¡Sigues igual de inmaduro!
Anny no se dio cuenta que estaba mirando la escena embobada hasta que se le escurrió el tenedor de la mano y cayó al plato con un ruido aún más estrepitoso que el
de la madre de Neil cuando dejó los cubiertos. Los dos giraron la cabeza para mirarla.
—Lo siento… —murmuró, notando como se le subían el color las mejillas y apartó la cabeza para contener la risa.
¿Así que la madre de Neil había querido hablar con ella para eso? De alguna manera le hacía gracia, pero de la misma manera la ensombrecía el carácter. Un hijo con
Neil… eso era algo imposible. Ni siquiera tenían una relación realmente como para plantearse algo más como un hijo. Suspiró suavemente y trató de concentrarse una
vez más en la conversación que tenían madre e hijo.
—No os estoy pidiendo que os caséis. Eso ya lo he dejado por imposible —hizo un movimiento despectivo con la mano y Neil enarcó una ceja.
—Haces bien en dejarlo por imposible.
Madre e hijo se fulminaron con la mirada y Anny volvió a coger el tenedor, volviendo a comer mientras dejaba a esos dos que siguieran discutiendo.
—Pero estoy hablando de un niño. ¿Es que no se os ha pasado por la cabeza?
Y esta vez la miró a ella. Anny tragó con dificultad el trozo de carne que se había llevado a la boca en ese momento y sonrió débilmente, mirando a Neil en busca de
ayuda. Neil, a su vez, se limitó a encogerse de hombros. ¡Si que iba a servirle de ayuda! Y volvió a mirar a la mujer.
—Bueno… un hijo… es algo serio.
La madre de Neil volvió a bufar.
—¿Qué tenéis veinte años? Ya estáis muy creciditos para dar un paso más en vuestra relación. Os aburriréis solos en algún momento, ¿no?
—Aún no hemos llegado a esa etapa —intervino Neil con una sonrisa arrebatadora y Anny temió que la mujer llegara a levantarse y ponerse a golpearlo.
La comida terminó igual de tensa y cuando Neil acompañó a su madre a coger un taxi, Anny le esperó cerca, junto al coche que ahora conducía ella
Neil se mantuvo callado durante todo el viaje y cuando subió a casa creyó que seguiría igual de callado. Primero fue a la cocina a tomar algo de agua fresca del
frigorífico y con la misma expresión taciturna entró y salió de su habitación y Anny lo vio ir quitándose el jersey. Despacio, se acercó al curto de baño y se apoyó en la
pared, escuchando el sonido del agua al caer en la ducha..
—¿Neil?
No hubo respuesta y Anny se apartó de la pared. No tenía ganas de intentar conversar con él, no tenía ganas de iniciar una conversación y mucho menos hablar de lo
que había ocurrido con su madre. No eran novios, no eran una familia y jamás habría hijos. Incluso ella desaparecería cuando Neil estuviera recuperado. Esa era la
realidad… ¿pero por qué dolía tanto la realidad? Durante ese tiempo se había enamorado de él, lo quería y escuchar a su madre hablar de hijos, de considerarla parte de
la familia le había terminado doliendo más de lo que ella quería reconocer

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