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Breve historia de la carrera espacial Alberto Martos

 Breve historia de la carrera espacial - Alberto Martos

Breve historia de la carrera espacial Alberto Martos

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dramatismo digno de una película
moderna de anticipación científica. Un
ejemplo claro de esto es aquel en el que
se cuenta, con algunos detalles muy
interesantes y poco conocidos, el
accidente que le costó la vida al
astronauta soviético Vladimir Komarov
(23 de abril de 1967) en la nave Soyuz
1.
El autor del libro manifiesta en su
Introducción que no quiere entrar en la
polémica de si está justificado gastar
tanto dinero en la investigación espacial,
dejando al lector que forme su opinión
sobre este delicado tema. Como

coste de estas misiones, acumulado
hasta ese año, fue de 600 millones de
dólares (valor de 1989). Esta cantidad
quizá pueda parecer elevada, sin
embargo en aquel año era lo que
gastaban los Estados Unidos en un solo
día en la Defensa Nacional. Luego, lo
que puede considerarse que es mucho,
comparándolo con la realidad, es
bastante poco.
España gasta actualmente en
investigación espacial aproximadamente
206 millones de euros al año. Es una
cifra considerablemente elevada, sin
embargo es la centésima parte de lo que
gastamos al año en juegos de azar
(repito, centésima parte). Si en lugar de
juegos de azar tomamos como referencia
lo que se gasta en tabaco (producto que
además de no resolver ningún problema,
puede dar origen a enfermedades muy
graves como el cáncer), la comparación
resultaría aún más esclarecedora. La
conclusión es, de nuevo, que lo que
algunos consideran como mucho dinero
gastado en la exploración espacial en
realidad es muy poco.
Veamos un tercer y último ejemplo.
La misión espacial tripulada que a
finales del año 1993 reparó el
Telescopio Espacial Hubble, uno de los
aportes más importantes a la
investigación científica mundial, costó
800 millones de dólares (valor de aquel
año), que es menos de lo que gasta el
Departamento de Defensa de los Estados
Unidos en dos días. La conclusión
vuelve a ser la misma.
Al hilo de este análisis siempre
estarán los que argumenten que aunque
no sea demasiado lo que se gasta en el
espacio, esas cantidades podrían
invertirse en algo más beneficioso para
la humanidad. Contra este razonamiento
creo que la respuesta más apropiada es
que los seres humanos han llegado a ser
lo que son gracias a un impulso interno
que les hace perseguir la belleza y el
conocimiento, aunque su adquisición no
resuelva problemas urgentes para
nuestra sociedad. El conocimiento que
adquirimos gracias a la investigación
espacial es un nuevo patrimonio de la
humanidad que supera con mucho sus
costes. Basta con mirar los libros que
utilizan los chavales de 10 años en sus
colegios, para encontrar en ellos
historias y fotografías obtenidas gracias
a la aventura espacial.
Pero, volviendo al libro, me gustaría
decir que es un detallado relato de la
llamada “carrera espacial”, en el que se
analizan en paralelo todos y cada uno de
los pasos que, tanto soviéticos como
americanos, daban para poder llegar a la
Luna. Muchas veces eran pasos
adelante, pero en otras ocasionesfueron
tropiezos catastróficos.
En el texto se deja ver, de forma
explícita en algunos casos y de manera
implícita en otros, que había una gran
diferencia entre las dos grandes
potencias espaciales. Los soviéticos
representaban la fuerza bruta,
ejemplarizada en sus potentísimos
lanzadores, mientras que los americanos
utilizaban una tecnología mucho más
avanzada, de la que dan buena fe sus
grandes descubrimientos científicos,
como los cinturones de radiación de Van
Allen, los volcanes de Io, el satélite de
Júpiter, o el resplandor fósil de la
creación, descubierto por el telescopio
COBE.
El libro está notablemente
documentado, con amplia bibliografía y
un sin fin de notas a pie de página que
ayudan mucho al lector. También
contiene un buen número de tablas, unas
veces simplemente numéricas y otras
comparativas. Además se incluyen
muchas figuras y fotografías, algunas de
ellas con gran valor histórico.
Finalmente quiero señalar que el libro
termina con un Apéndice que es
delicioso. En pocas páginas se
condensan, magníficamente explicados,
todos los conceptos fundamentales que
gobiernan la navegación espacial. Vale
la pena leer el libro para llegar a este
apéndice.
Luis Ruiz de Gopegui
Ex director de los programas
de la NASA en España
Introducción
La historia de la carrera a la Luna
constituye un episodio apasionante que
tuvo lugar al inicio de la segunda mitad
del siglo XX. Es decir, de los albores de
la andadura espacial de la Humanidad.
En la mayoría de los relatos que
tenemos a nuestro alcance, esta carrera
se nos ha presentado revestida con un
cariz afablemente deportivo, por cuanto
ambos bandos antagonistas, los Estados
Unidos y la Unión Soviética, parecían
competir olímpicamente por una corona
de laurel representada por la
estampación de su huella sobre la
superficie de nuestro satélite natural.
Esto, sin otro objeto que depositar en
ella emo tivas estelas en pro de la
Ciencia y del progreso de la
Humanidad.
Sin embargo, la desclasificación en
los Estados Unidos de los documentos
político-militares de aquella época y el
derrumbamiento del telón de acero
ocurrido después de la perestroika, con
la subsiguiente nueva política de
transparencia (glasnost) en Rusia, han
mostrado que bajo toda esta trama
idílica subyacían ciertos designios
mucho menos altruistas, tanto en uno
como en otro bando. Los antiguos
aliados de la Segunda Guerra Mundial,
salvaguardias de doctrinas políticas
incompatibles, obraron siempre bajo una
gran desconfianza mutua que les impidió
ponerse de acuerdo a la hora de
repartirse el mundo de la posguerra.
Ante su incapacidad para entenderse por
medios diplomáticos, ambos bandos
incurrieron en la torpeza de respaldar
sus criterios con amenazas implícitas en
la demostración de su superioridad
militar y ello desembocó en una
delirante carrera armamentista que llevó
al mundo al borde de la des trucción
total por estupidez. Estupidez, bien
atestiguada por los planteamientos entre
Kennedy y Krushchev durante la crisis
de Cuba: “Nosotros podemos destruir el
mundo cinco veces y vosotros solamente
tres veces”. Trataremos de mostrar al
lector que la carrera a la Luna no fue
sino el escaparate de tal competencia
armamentista.
En los Estados Unidos, el país
triunfador de esta carrera, cuyo orgullo
había sido herido por los logros
iniciales del sistema político
antagonista, la motivación principal de
la “Conquista de la Luna” obedeció a la
“necesidad” de demostrar al mundo la
supremacía del desarrollo tecnológico
procurado por su sistema político.
Aunque se proclamó a todos los vientos
el espíritu pacífico y el objetivo
científico de sus expediciones Apollo a
la Luna, justificado por la crea ción de
un organismo no militar (la NASA) para
llevar a cabo tamaña empresa, la
realidad fue que la casi totalidad de los
astronautas que se pasearon por la
superficie lunar fueron pilotos militares
(con un sola excepción). La Ciencia fue
el leit motiv que se abanderó para
maquillar intereses políticos y militares.
Prueba de ello es que cuando los
políticos juzgaron reivindicado su
orgullo y los militares se convencieron
de que la Luna no era la plataforma
estratégica adecuada para amenazar a la
Unión Soviética, retiraron su apoyo al

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