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Libro PDF Cómo seducir a un millonario Robyn Grady

Cómo seducir a un millonario Robyn Grady

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imaginación del autor o son utilizados
ficticiamente, y cualquier parecido con personas,
vivas o muertas, establecimientos de negocios
(comerciales), hechos o situaciones son pura
coincidencia.
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Marcas y en otros países.
Imagen de cubierta utilizada con permiso de
Harlequin Enterprises Limited. Todos los derechos
están reservados.
I.S.B.N: 978-84-687-7803-7
Conversión ebook: MT Color & Diseño, S.L.
Sinopsis
¿Y si al caer en la trampa de Jack, ella no quería
escapar?
El implacable tiburón de las finanzas Jack Reed se
proponía hacerse con Lassiter Media, pero Becca
Stevens, directora de la fundación benéfica de la
empresa, estaba dispuesta a enfrentarse a él con
todos sus medios para salvarla. Le pidió a Jack
que le concediera un a semana para demostrarle el
trabajo que hacía la organización. Becca quería
mostrarle el daño que hacía con su implacable
búsqueda de poder y riqueza, y Jack decidió
seguirle el juego al verlo como la oportunidad
perfecta para llevársela a la cama.
Capítulo Uno
Becca siempre había admirado la figura de Robin
Hood. Pero el hombre que en aquellos momentos
arrojaba una flecha que impactaba en el centro de
la diana no era precisamente su prototipo de héroe
moderno.
Jack Reed no era Robin Hood. Era lo contrario de
todo lo que ella defendía. De cada cosa en la que
creía. Las personas deberían ayudar e incluso
sacrificarse por los que necesitaban ayuda.
Algunos confundían aquel grado de compasión con
debilidad, pero Becca estaba muy lejos de ser una
presa fácil.
Reed bajó el arco y miró a su invitada. Llevaba un
carcaj colgado a la espalda, vaqueros y una
camisa blanca remangada. Era un hombre de
innegable atractivo físico, pero su sonrisa era tan
engreída que Becca sintió ganas de borrársela de
una bofetada. Y quizá lo hubiera hecho si pensara
que serviría de algo.
Jack Reed poseía una casa en su Cheyenne natal,
en el Estado de Wyoming, además de dos
residencias en Los Ángeles: un ático de lujo en un
rascacielos del centro y la espectacular mansión
en Beverly Hills a la que Becca había ido a verlo.
Echó a andar hacia ella sobre un césped
impecable. Se esperaba su visita, pero no iba a
gustarle nada lo que Becca tenía que decirle.
—Becca Stevens, directora de la Fundación
Benéfica Lassiter —se presentó, y señaló la diana
con la cabeza—. Justo en el centro…
Impresionante.
—Practiqué el tiro con arco en la universidad —
repuso él con una voz profunda y varonil, casi
hipnótica—. Intento practicar un poco cada
semana.
—Imagino que no tendrá mucho tiempo libre, con
una agenda tan apretada —dedicarse a desmantelar
empresas y amasar ganancias debía de ser una
ocupación muy exigente—. Le agradezco que me
haya recibido.
Su anfitrión agrandó la sonrisa, obviamente
destinada a desarmar a sus oponentes.
—Los amigos de J.D. son mis amigos.
—Si J.D. estuviera vivo no creo que lo
considerara su amigo en estas circunstancias.
—¿Directa a la yugular, señorita Stevens? —
preguntó él sin perder la sonrisa. Siendo un tiburón
de las finanzas sin duda estaría acostumbrado a
que le hablaran sin tapujos.
—Pensé que querría ir al grano.
—Solo quiero ayudar a Angelica Lassiter a
recuperar lo que le corresponde por derecho.
Becca soltó una fría carcajada y suspiró.
—Lo siento. Es que la idea de que alguien como
usted se sacrifique por los demás me parece…
—Angelica era la única hija de J.D. —la
interrumpió él, endureciendo la expresión.
—Se olvida de Sage y Dylan.
—Ellos son los sobrinos huérfanos de Ellie
Lassiter, adoptados después de que los médicos
les dijeran a Ellie y a J.D. que…
—Conozco la historia, Jack.
—Entonces también sabrás que Angelica era la
favorita de J.D., su carne y su sangre, y que él le
había confiado la dirección de Lassiter Media los
meses anteriores a su muerte. No tiene sentido que
en su testamento tan solo le dejara un ridículo diez
por ciento de las acciones mientras que la mayoría
de los derechos de voto pasan al exnovio de
Angelica —hizo una pausa—, por mucho que J.D.
hubiera elegido a Evan McCain para su hija…
—J.D. quería a Evan como yerno y nadie duda de
su talento para los negocios —Jack Reed echó a
andar hacia la diana y ella lo siguió—. Pero
Angelica confiaba en Evan. Estaban enamorados.
—Traicionada por el hombre con el que iba a
casarse… Trágico, ¿verdad?
—Evan no tenía nada que ver con el testamento de
J.D.
—Puede que sí, puede que no. En cualquier caso,
nada le impedía a Evan devolverle a Angelica lo
que le correspondía. Podría haber hecho lo que se
esperaba de él —torció el gesto—. Sinceramente,
no sé cómo puede dormir por las noches.
Una imagen apareció de repente ante los ojos de
Becca… Jack Reed desnudo en la cama, con las
manos detrás de la cabeza y un brillo de lujuria en
sus penetrantes ojos negros. Sintió un hormigueo
por todo el cuerpo y se le aceleró el corazón.
Si la mitad de lo que publicaba la prensa amarilla
era cierto, no se podían contar las mujeres que
habían sucumbido a la embriagadora fuerza
varonil que Becca sentía que emanaba de él en
aquellos momentos. El efecto era irresistiblemente
seductor, y en el caso de Becca tan apreciado
como un chorro de agua hirviendo sobre una
quemadura de tercer grado.
Intentó mantener la concentración mientras seguían
caminando.
—He venido para rogarte que muestres algo de
decencia, por respeto a la memoria de J.D. No te
metas en esto. Angelica se quedó destrozada por la
muerte de su padre y no está en condiciones de
relacionarse con gente como tú.
—No subestimes a Angelica… Es más fuerte de lo
que crees.
—En estos momentos está desesperada.
Él se echó a reír.
—No te gusta andarte por las ramas, ¿verdad?
—Se rumorea que estás interesado en Lassiter
Media y todo el mundo se está preparando para
una OPA hostil. Los donativos a la fundación están
cayendo en picado y los beneficiarios empiezan a
buscar otras opciones. ¿Sabes por qué?
—Estoy seguro de que vas a decírmelo.
Desde luego que iba a decírselo…
—El nombre de Jack Reed se asocia con la clase
de problemas que cualquier persona en su sano
juicio querría evitar a toda costa.
Él pestañeó lentamente y sonrió como si le
agradara aquella descripción.
—Si Angelica quiere mi ayuda, se la daré.
—Fuiste tú quien la buscó, no al revés —le
recordó ella.
—¿Y qué?
A Becca le latía furiosamente el corazón. Nadie
quería tener a Jack Reed como enemigo, pero ella
tenía que defender sus principios. No podía
permitirse perder aquella batalla. Y además, se
había enfrentado a situaciones peores que aquella
y había sobrevivido.
—Sé lo que estás tramando, aunque Angelica no
pueda o no quiera ver la verdad. Cuando te hayas
aprovechado de ella para conseguir el control
mayoritario de la empresa, le dispararás la
próxima flecha a la espalda y venderás las
acciones de Lassiter Media igual que has hecho
con todas las empresas que has adquirido.
—Así que soy el malo de la película, ¿no?
—En serio, ¿cuánto dinero necesita una persona?
¿Vale la pena traicionar la memoria de tu amigo y
a la familia de J.D.?
—Esto no es por dinero.
—Contigo siempre es por dinero.
Jack apretó la mandíbula mientras arrancaba la
flecha de la diana.
—Entiendo tu posición, pero Angelica y yo vamos
a seguir adelante con esto… Y te aseguro que
vamos a ganar —añadió con dureza.
Becca desvió la atención de la implacable
advertencia que expresaban sus penetrantes ojos
negros a las plumas rojas de la flecha, el astil y la
punta letal. Entonces pensó en la falta de empatía
de aquel hombre y su obsesión por acaparar
riquezas. ¿Cómo era posible que un cuerpo tan
fabuloso albergara un alma tan depravada? ¿Cómo
podía Jack Reed vivir en paz consigo mismo?
Le arrebató la flecha de la mano, la partió en dos
con la rodilla y se alejó velozmente y sin mirar
atrás.
Jack no pudo reprimir una sonrisa al observar el
espectacular trasero de Becca mientras se alejaba
a grandes zancadas.
El instinto le había advertido que se la quitara de
encima cuando llamó a su oficina para solicitar un
encuentro. Cuando Jack se fijaba un objetivo se
comprometía al doscientos por ciento. Nada ni
nadie podía apartarlo de su propósito, por mucho
que en algunos círculos se describiera su empeño
como patológico.
Los mismos círculos insinuarían que sus motivos
para recibir a Becca no eran exactamente
desinteresados y que con toda probabilidad se
valdría de su posición en aquel asunto de los
Lassiter para sacar provecho personal.
Becca desapareció de su vista y Jack volvió a
sonreír.
Menuda mujer…
Su teléfono móvil empezó a sonar. Miró la pantalla
y apartó con el pie la flecha partida antes de
responder.
—Logan, ¿qué pasa?
—Solo quería asegurarme de que todo sigue su
curso.
Logan Whittaker procedía de una familia humilde y
había trabajado muy duro para labrarse una
próspera carrera como abogado. Como socio del
bufete Drake, Alcott and Whittaker en Cheyenne,
Wyoming, se había ocupado de los asuntos de J.D.
Lassiter, incluido el cumplimiento de su última
voluntad. El testamento había supuesto serios
desafíos para Logan, pero también le había
brindado una recompensa inesperada al permitirle
encontrar a su futura esposa.
—Esta mañana he vuelto a hablar con Angelica
Lassiter. Sigue decidida a llegar hasta el final.
—¿Estás seguro? Le he repetido mil veces a
Angelica que el testamento es inimpugnable. J.D.
estaba en su sano juicio cuando redactó las
cláusulas. Evan McCain seguirá como presidente
de Lassiter Media por mucho que Angelica quiera
plantar batalla. Creía que estaba entrando en
razón.
Jack retrocedió hacia la línea de tiro.
—Tiene dudas, como es lógico. Su padre ejerció

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