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Libro PDF Cumpliendo mi sueño L. Jellyka

Cumpliendo mi sueño  L. Jellyka

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testamento o documento público notarial
nombran un tutor; los sujetos a tutela
deben respeto y obediencia al tutor”
En este libro la palabra ¨familia¨
hace referencia a unas personas
cualquiera viviendo bajo el mismo techo
solo es eso, para no andar explicando
que estas personas viven en casa de esta
otra persona y que no se haga tan
pesado, cada vez que se hace mención
de eso. Nada es absoluto, todo es
relativo. Interprétalo como más te guste.
Para ciertas depravaciones una
crisis económica es como echar gasolina
a un fuego. Cuando comencé mi proyecto
puse varios anuncios en diferentes
lugares y en algún medio de
comunicación. Esperaba tener una
docena de contestaciones, pero conseguí
más de cien. La oferta era clara: “Se
precisa de gente para servicio
doméstico y mantenimiento, buen sueldo
y alojamiento”. Todos ellos se pasaron
por el despacho que había preparado, la
entrevistadora había sido bien
aleccionada sobre que detalles debía
buscar y descartó directamente más de
la mitad. Introduje los datos de los
cuarenta y ocho cuestionarios en el
programa que había creado. Antes de
continuar debo explicar un par de
detalles, dos años antes de esta historia
había pegado el pelotazo de mi vida. Mi
empresa de software había desarrollado
un nuevo programa predictivo para
inversiones en bolsa y los contratos
habían sido multimillonarios. De ser una
persona acomodada pasé a estar en la
lista de los cien hombres más ricos del
país. Mis primeros meses como
millonario fueron una orgía de gasto,
pero después comencé a aburrirme.
Finalmente decidí hacer realidad mis
sueños. Y comencé a diseñar un sistema,
justamente igual que cuando diseñaba un
programa informático. Diferentes etapas
y diferentes herramientas. Haciendo
algunas modificaciones en mi software
predictivo dejó de ser una herramienta
de inversión para ser un sistema de
predicción de reacción humana. Para las
modificaciones tuve que hacer varios
cursos de sociología y psicología pero
nunca había estado tan motivado para
estudiar algo de manera que fue un
placer. En ese nuevo programa introduje
los datos de los cuestionarios y comencé
a trabajar. Eliminé todos los que estaban
por debajo del viente por ciento de éxito
y pasé los datos de los restantes a varias
agencias de detectives para que me
consiguiesen el resto de los datos que
necesitaba. Cuando terminé con todos
los informes empecé a ver los
resultados. (Ah este grupo de personas
las llamaremos familia para darles un
nombre al grupo) Revisé las fotos y
actué según mis preferencias.
La familia era corriente, pero no
por ello dejé de excitarme. El tutor era
un cuarentón con una ligera calvicie y
barriga prominente, la tutorada tenía
diecinueve años y a parte de su juventud
e inocencia no tenía nada excepcional,
pero la tutora… Según el informe tenía
treinta y cinco años, iba vestida de una
forma muy recatada, pero eso no evitaba
que pudiese apreciarse el cuerpo que
tenía. Era todo lo que yo buscaba una
mujer como debían ser de forma natural,
pechos generosos y caderas anchas
ciertamente le sobraban algunos kilos,
pero una pequeña barriguita siempre me
ha resultado más atractiva que unas
costillas marcadas.
– Buenas, soy Gonzalo, yo soy el
dueño de la casa. La agencia me ha
pasado muchos candidatos y tengo algo
de prisa, así que espero me disculpen si
voy un poco rápido. Ustedes eran…
– Los López – contestó el tutor con
un poco de inseguridad en la voz.
– ¡Ah sí! – Fingí buscar los
expedientes entre una gran torre de
papeles y finalmente saqué la carpeta -.
Antonio López, electricista de profesión,
ha trabajado recientemente en un taller
de automoción y actualmente está en un
curso de jardinería pagado por el
ayuntamiento…
– Sí – me interrumpió con
ansiedad – la crisis…
– No se preocupe – le tranquilicé –
. Tiene un currículum muy interesante
para el trabajo. Todas sus áreas de
experiencia serán muy útiles. Lo que no
encuentro por ningún sitio es el historial
laboral de su señora…
– Bueno… Es que ella no ha
trabajado fuera desde hace muchos años.
La familia…
– ¿En nada?
– La casa… – balbuceó ella.
– Ya veo – comenté sacudiendo
ligeramente la cabeza dejando traslucir
una expresión de desilusión. Revisé los
documentos unos segundos más -.
Bueno, creo que podemos darle una
oportunidad… Bien, les voy a informar
sobre las condiciones específicas del
contrato. Voy a encerrarme a desarrollar
un nuevo software y quiero hacerlo en el
más absoluto aislamiento y secreto. Para
ello he comprado una propiedad y me
voy a recluir en ella, necesitaré un
servicio y no quiero alguien en quien no
pueda confiar. Por eso he pedido tantos
exámenes y evaluaciones. La duración
inicial del contrato será de un año,
después si ambas partes están de
acuerdo podría renovarse de forma
anual hasta que termine mi trabajo. La
casa está en una pequeña isla del caribe,
la familia que sea elegida vivirá en la
vivienda del servicio algo apartada de
la general. Las labores de
mantenimiento, que, si son elegidos
ustedes, le correspondería a usted señor
López, serían cuidar del jardín que
rodea la vivienda y mantener intacto el
cercado que lo rodea, también sería la
puesta a punto de la embarcación con la
que contactamos con la isla principal y
el servicio técnico de los generadores.
Tal y como le he dicho ha ganado usted
muchos puntos por su experiencia
laboral. Como supongo que su tutorada
querrá continuar con los estudios tendrá
pagada una beca completa en uno de los
institutos privados más exclusivos del
mundo. El único problema es que tendrá
que ser usted el que use el barco para
llevarla hasta la isla principal que es
donde se encuentra el instituto. La
educación del centro es excelente, los
mejores profesores que el dinero puede
comprar. También tendrá acceso a todos
los servicios de la casa principal
cuando quiera. Tengo piscina, gimnasio
completo, sauna, sala de proyecciones…
Bien por último queda usted, señora
López, si resultan elegidos usted se
encargará del servicio de la casa,
lavandería, cocina, limpieza. No soy
muy caprichoso a la hora de comer pero
de vez en cuando me gusta darme un
gusto y le pediré algún plato en especial.
Durante un segundo posé mi
mirada sobre la mujer, miraba al suelo y
asentía en silencio. El programa no se
había equivocado en eso, estaba
completamente sometida a su marido.
Cogí una tarjeta y escribí una cifra sobre
la parte blanca. Tendiéndosela al cabeza
de familia.
– Esto sería el sueldo que
recibirían al finalizar el año de contrato.
Hay una cláusula que estipula que si
ustedes deciden cancelar el contrato
antes de la finalización tendrán un
recorte del cincuenta por ciento. No
quiero elegir a una familia que me deje
colgado a mitad del año. Espero que lo
entiendan. Si se quedan hasta la
finalización de mi trabajo recibirán una
paga adicional.
– Las condiciones son muy buenas,
estamos deseando empezar – por
supuesto el marido ni se dignó a mirar a
su esposa a la hora de aceptar.
– Bueno, todo esto es si finalmente
son elegidos. Creo que ahora mismo
están ustedes entre las diez mejores
familias, quedan los exámenes de aptitud
y las entrevistas personales con cada
uno de ustedes. Tendrán un cuestionario
independiente para cada miembro de la
familia con diferentes preguntas.
Mecánica y electricidad para usted y
cocina y servicio de mesa para la
señora.
Después del monólogo me levanté
y ellos hicieron lo mismo, tendí la mano
y me la estrechó, no me gustó el apretón
que me dio, una ligera duda y después
aplicó una fuerza excesiva. No había
problemas, porque yo llevaba desde el
principio de mi plan entrenando en el
gimnasio y sin duda podría ponerle de
rodillas apretando pero hice todo lo
contrario.
– ¡Uauh! Un buen apretón señor
López. ¡Me gusta! Espero poder decirle
que han sido elegidos, creo que nos
llevaríamos bien. Y siempre conviene
tener un hombre fuerte cerca – comenté
con una sonrisa.
– Eso espero yo también.
– En un par de días mi secretaria
les dará cita para el examen específico.
De todas formas, lo consigan o no, se lo
diré en persona.
Cuando salieron del despacho
seguí ojeando los papeles. Estaba
decidido sería mía. Hice una llamada a
un amigo y me aseguré de que al día
siguiente el juez se presentase en su casa
con la orden de desahucio. Quería que
estuviesen desesperados cuando
viniesen a la última prueba.
Dos días después comenzaron.
Observé en mi ordenador las imágenes
de la sala donde estaban los López.
Habían entrado a la sala de examen con
evidente nerviosismo, el examen que le
hicieron al marido fue sencillo, tenía
experiencia de sobra para hacerlo
perfectamente. Por otro lado el examen
para su mujer fue bastante más
complicado. Fue una prueba práctica de
cocina, con los platos más exóticos y
complicados que se le pudieron ocurrir
al experto de cocina que estaba llevando
el examen. Tenía que hacer una cena de
cinco platos en dos horas bajo la atenta
mirada del cheff. Fue un desastre cuando
hacía algo mal recibía una reprimenda y
el nerviosismo iba haciendo mella en
ella. Después de dos horas de estrés
continuo se derrumbó y comenzó a
sollozar. Eso hizo que el pobre hombre
se saliera del guion y la consolase y se
apiadase de ella ayudándole a terminar
algunos de los platos. Cuando se reunió
con la familia estaba como un flan y
cuando su marido le preguntó por el
resultado del examen ella contestó con
un escueto “Bien” pero estremeciéndose
al mismo tiempo.
Ahí estaba mi entrada, eso era lo
que yo estaba esperando. Avisé a mi
secretaria y condujo al marido hasta mi
despacho. Me levanté a recibirle con
una sonrisa en los labios.
– Bienvenido Paco, ¿puedo
llamarle Paco?
– Por supuesto señor Gonzalo.
Me gustó que mantuviese la
distancia con el “señor”.
– Su examen ha sido ejemplar
todavía estoy pendiente de que el
examinador me traiga el de su esposa
pero si ha salido la mitad de bien que el
suyo no habrá ningún problema. Es
extraño, ya me tenía que haber llegado –
comenté como para mi mismo -. Bueno
le quería enseñar una presentación de la
casa donde espero que vengan a vivir.
En una pantalla de plasma de
grandes dimensiones reproduje una
presentación con imágenes y videos de
mi “casa”. La isla tenía unos tres
kilómetros de ancho y ocho de largo, la
casa estaba cerca de una ensenada
natural que la protegía de la mayor parte
de los elementos que en esa zona solían
ser bastante terribles. Eran unos
ochocientos metros construidos, con dos
plantas visibles y un sótano del cual no
se comentaba nada en el video, a medio
kilómetro se levantaba la casa del
servicio, un chalet de tres dormitorios
que haría las delicias de cualquier
familia de clase media. Los jardines
rodeaban las dos casas hasta un
perímetro exterior de alambrada, el
resto de la isla era salvaje. El
embarcadero estaba situado en la
ensenada, con un almacén con dique
seco para sacar la embarcación del agua
cuando se acercaba una tormenta. El
suministro eléctrico era mixto,
generadores eólicos y fotovoltaicos y un
generador de diesel que podía mantener
iluminadas las instalaciones durante un
par de semanas.
La presentación hizo que el pobre
Paco casi babease. Salió de mi
despacho flotando y vendiendo la piel
del oso. Y así se lo hizo ver a su
familia. Me fijé que, aunque la tutorada
compartía la alegría, su mujer procuraba
sonreír pero esa expresión no llegaban a
sus ojos que parecían profundamente
preocupados.
Era el momento de jugársela. Era
el todo por el todo. Si la cosa iba mal
seguramente me costaría una buena
indemnización o al menos una bronca
pero lo peor era que habría comprobado
que el programa no era eficaz. Me daba
un ochenta y tres por ciento de éxito de
la operación. Si acertaba en esto podría
pasar a las siguientes fases del plan.
Hice pasar a la mujer.
– Creo recordar que su nombre era
Carmen ¿Verdad?
– S… Si – contestó sin mucha
inseguridad.
-¿Está segura? No la veo muy
convencida de ello.
– Si, mi nombre es Carmen.
– Bueno Carmen, tengo un
problema grave. Su marido ha
conseguido bordar el examen, ha
conseguido la mejor nota de todos los
aspirantes. Me he emocionado tanto que
le he enseñado hasta la presentación de
la casa. Todo porque había pensado que
un examen como ese podía compensar
con creces cualquier resultado mediocre
que tuviese usted. Pero…
En el plasma aparecieron las
imágenes de los platos que había hecho
con el cocinero.
– Esto es… es… ¡UNA
PORQUERIA! – con el grito Carmen dio
un respingo y se encogió.
– No he visto a nadie hacer
semejante chapuza. Al final han tenido
que ayudarla a completar los platos
porque no podía. Su marido carga con la
parte más difícil y usted lo fastidia de
esta manera. Ahora no se como decirle a
Paco que están ustedes fuera. De hecho
he decidido que se lo diga usted. Usted a
fallado así que va a tener que salir y
decirle que olviden las ilusiones y que
vuelvan a su vida normal.
– Pero… pero… – las lágrimas ya
brotaban de sus ojos -. Por favor… por
favor…
No era capaz de formar una frase,
noté como su respiración se aceleraba y
como empezaba a temblar.
– No hay peros que valgan, no hay
favores que hacer. Usted tenía una
simple prueba de cocina y no ha podido
terminarla sin ayuda. Quizá debería
decirle al chico que le ha ayudado que
se venga en su lugar con Paco y su
tutorada mientras usted se queda en su
casa esperando.
– No… por favor.
– No le va a servir de nada llorar.
El trabajo a desarrollar es muy sencillo
y no lo puede desempeñar de manera
que no hay más que hablar.
– ¡Por favor!¡Haré lo que sea!
Tomaré clases, me aplicaré. Deme una
oportunidad.
– ¿Por qué? ¿Por qué tengo que
darle una oportunidad? Su familia no se
merecía lo que usted les ha hecho. ¿Y yo
tengo que solucionarlo?
Me estaba pasando, pero la había
llevado a un estado tal de nervios que ya
no razonaba estaba a punto de llegar a la
histeria. Sin duda el informe del
psicólogo era cierto, tenía muy baja la
autoestima y seguramente su marido la
había maltratado en alguna ocasión.
Cuando rompió a llorar dejé que
cayese de rodillas y se desmoronase.
Primera fase completada.
– Levántese – le dije tendiéndole
la mano y con un tono de voz mucho mas
sosegado.
Ella lentamente me agarró la mano
y se puso en pie. La conduje a uno de los
sillones y me senté a su lado.
– No se como solucionar esto. Si
hay alguna solución se me escapa..
– Por favor. Aprenderé a cocinar.
Puedo hacerlo. Dígame lo que quiera y
yo lo haré.
Después de fingir durante diez
segundo que estaba pensando en algo
puse una cara de preocupación y le dije.
– No es posible, hay una solución,
pero usted es una mujer casada…
– ¿Qué? – estaba confundida-.
¿Cual es esa solución?
– Ya le digo que no es posible…
Hay un puesto más en la casa, pero es
delicado…
– ¿Qué puesto?
– Una vez a la semana… No. No
puede ser.
– ¡Dígamelo! ¡Por favor!
Seguí dudando. Y finalmente.
– Mire, soy un hombre y tengo mis
necesidades. Una vez a la semana una…
profesional vendrá a la casa a… a
darme un masaje y… relajarme. Voy a
pasar mucho tiempo solo y…
Ella se había quedado callada. Yo
fingí estar cohibido por hablar de esos
temas y esperé a que mordiese el
anzuelo.
– Una… profesional…
– Si, por eso le digo que no es
posible, usted es una mujer casada… Si
tuviese más tiempo podría dejar que
tomase clases de cocina y arreglar algo
para dentro de unos meses, pero no me
es posible. Así que siento que tenga que
comunicarle a su marido algo tan
desagradable.
– ¿Y si tomo las clases de cocina
mientras trabajamos para usted? Puedo
aprender…
– No es posible, ya le digo que
quiero una familia completa, si después
pasase algo no me gustaría tener que
hablar con su marido para enviarla de
vuelta a casa y contratar una persona de
última hora.
– Pero…
– No insista, la única opción no es
válida, jamás le pediría a una mujer
casada…
– Lo haré.
En sus ojos vi la decisión. Le
había costado pero al final había elegido
una opción.
– No lo hará. No puede.
– Lo haré, pero será solo hasta que
esté satisfecho de mi trabajo.
– Sería todas las semanas, no
puede ser…
– Si acepta a mi familia para el
trabajo yo haré… ese trabajo hasta que
pueda hacer bien el mio.
Yo no estaba tan seguro, me
parecía que había aceptado demasiado
rápido. No podía ser tan fácil. Aunque
el programa hubiese dicho que
aceptaría.
– Después se echará atrás…
– No lo haré – contestó ella
tercamente-.
– Al final se arrepentirá y tendré
problemas con su marido.
– No se enterará de nada.
– Eso es lo de menos, usted es una
mujer casada, no puede…
– Si puedo – me interrumpió.
Durante unos segundos la miré a
los ojos, ella me mantuvo la mirada.
Lentamente bajé la mirada a sus tetas y
finalmente a sus piernas. Lentamente
extendí la mano y la apoyé en su muslo,
sobre la falda.
– Vamos a comprobarlo, quítate la
chaqueta.
Ella tardó un momento en
obedecer, pero finalmente se despojó de
la chaqueta. Me acerqué a ella mientras
cambiaba mi mano de posición y la
colocaba entre sus rodillas, acariciando
la parte interior de la pierna. Su
respiración sufrió un sobresalto. Con mi
mano izquierda le acaricié el cuello y
lentamente atraje su cabeza para besarla
en los labios. Sin prisa, solo rozando,
sin avasallarla. Tenía que evitar que se
asustase. Me deslicé besando su cuello,
mi mano comenzó a subir por su muslo
levantando la falda. Ella comenzó a
reaccionar, me abrazó acariciando mi
espalda soltando un ligero suspiro.
Cuando llegué a su braguita se
sobresaltó y cerró las piernas atrapando
mi mano. Me separé un segundo de ella
sin sacar mi mano, mirándole a los ojos.
– Estás segura de esto. Todavía
puedes irte, aquí no ha pasado nada.
– Tengo que hacerlo. No puedo
salir ahí fuera y defraudar a mi familia.
Volvió a abrir las piernas
lentamente y pude acariciar sus
braguitas notando unos labios abultados
y calientes.
– Quítate la blusa, déjame verte –
le susurré al oído.
Ella con mucho cuidado comenzó
a desabrocharse los botones mientras mi
mano seguía acariciándola. Cuando se
quitó el casto sujetador color carne
pude apreciar un par de pechos que
podrían levantarle el ánimo hasta a un
muerto. Estaban ligeramente caídos por
la edad pero todavía se conservaban
apetecibles llevé mis labios a ellos y
comencé a jugar con ellos. Sus pezones
estaban tan duros que se podrían haber
usado para tallar diamantes. Con la
punta de la lengua los humedecí y los
acaricié, después usé mis labios y
finalmente los enfrié ligeramente con un
pequeño soplido. Funcionaba, se estaba
excitando, notaba como su humedad
aumentaba. Me incliné sobre ella
obligándola a recostarse en el sofá por
fin pude levantar su falda y meter la
mano por dentro de la braguita. Pasé mi
dedo por encima y rápidamente se mojó
y me centré en acariciar su clítoris que
respondió a mis caricias inflamándose.
Durante unos minutos seguí excitándola
y llevándola hacia el orgasmo, pero
finalmente, antes de que pudiese
terminar reduje el ritmo y me retiré.
– No tenemos tiempo. Tienes que
demostrarme que puedes hacerlo,
Chúpamela y haz que me corra. Si lo
haces aceptaré que cubras los dos
puestos hasta que termines el curso de
cocina.
Dudaba, una cosa es dejarse tocar
y otra muy distinta era realizar una
felación. Finalmente se bajó del sofá y
se arrodilló entre mis piernas. Me
desabrochó el pantalón y bajó la
cremallera, cuando tiró del elástico del
bóxer mi pene saltó apuntando al cielo.
Comenzó a acariciarme, subiendo y
bajando una mano por el tronco y
sobando los testículos con la otra.
– Con la boca – susurré después
de unos segundos de placer.
Acercó su cara y comenzó a
darme besos en el glande, sacando su
lengua acariciando la punta. Yo sentía
que me iba a estallar, estaba tan dura
que podría abrir nueces con ella. El
morbo de la situación, el saber que
había sido yo el que la había llevado a
ello era insoportable. Finalmente
comenzó a metérsela en la boca
cortándome la respiración. Comenzó a
chupar, a subir y bajar con sus labios
mientras, dentro de su boca, su lengua
seguía acariciando mi glande. No duré
mucho y cuando notó que me tensaba
para correrme se la sacó la boca y
comenzó a masturbarme frenéticamente.
Casi toda la eyaculación quedó
contenida en sus manos, pero un chorro
escapó de su control y fue a parar a su
pelo. Le indiqué la puerta del aseo
privado de mi despacho y fue
rápidamente a lavarse. Cuando volvió
trajo una toalla ligeramente húmeda y
me limpió a conciencia. Me abroché el
pantalón y recompuse mi ropa mientras
ella hacía lo mismo. La miré. El semen
seguía en su pelo, no lo había visto. Lo
cogí con mis dedos y se lo limpié con
cariño, después llevé los dedos a sus
labios.
– Chupa.
No tuve que repetirlo, abrió su
boca y chupó mis dedos dejándolos
limpios. Le di un beso asombrándole a
ella que no me preocupase el sabor de
mi propio semen.
– Puedes salir y decirle a tu
marido que has aprobado y que tenéis el
trabajo, si os viene bien mañana mismo
podemos coger el avión.
Ella sonrió, esta vez la sonrisa si
iluminó su cara. Estaba tan contenta que
esta vez fue ella la que me abrazó y me
dio un beso en los labios.
Cuando salió vi la imagen en mi
monitor. Se abrazaban y besaban
saltaban de alegría. Incluso se les
saltaban las lágrimas. Cambié la imagen
y reproduje la grabación de mi despacho
de unos minutos antes. Vi como me la
chupaba, como se esmeraba por
conseguir lo que yo le había pedido. Mi
sueño estaba empezando a cumplirse.
“No te confíes” me dije a mi mismo
mientras el avión descendía para tomar
tierra, “de momento todo va según lo
planeado, pero se puede torcer”. La
familia estaba eufórica, los había
recogido un coche de lujo en su casa y
les había llevado hasta pie de pista. Allí
se encontraron conmigo que les
acompañé al interior del avión. Carmen
evitaba mirarme a los ojos, seguía a su
marido y parecía su sombra. Nada fuera
de lo previsto en el plan. El tutor era el
que más me interesaba en ese momento,
¿le habría contado algo su mujer? No
era probable, solo había un uno por
ciento de posibilidades de que se
atreviese a hacerlo, pero podía ser
posible. No lo parecía, había
recuperado parte del orgullo perdido
por la falta de trabajo y las deudas. Era
un macho a la antigua usanza, era el que
traía el pan a casa y si no podía
conseguirlo significaba que había
fallado como hombre. Ahora yo le había
dado la oportunidad de hacerlo y, por lo
menos superficialmente, parecía
profundamente agradecido, me había
estrechado la mano media docena de
veces y me había prometido que no nos
defraudaría al menos las mismas veces.
De todas formas tenía que encontrar la
forma de interrogar a Carmen para
asegurarme.
Después de una escala para
repostar llegamos al aeropuerto privado
donde nos esperaba mi helicóptero. El
personal de vuelo traspasó el equipaje y
ayudó a la familia a colocarse los
cascos y los cinturones. Cuando
acompañaron a Paco al asiento del
copiloto me miró extrañado.
– ¿No quiere sentarse aquí?
– Prefiero pilotar desde el asiento
del piloto, gracias – contesté con una
sonrisa.
Sacarme la licencia de piloto
había sido un capricho, no era necesario
para mi plan, pero desde luego era
divertido. Si desde el avión el paisaje
había sido precioso, desde el
helicóptero era asombroso, en la playa
el agua era tan clara que se podía ver el
fondo y en la parte más profunda el mar
tomaba un color que solo parecía
posible en un mundo de fantasía.
– Esa es la isla – les comuniqué
cuando estuvimos cerca de nuestro
destino.
La isla tenía forma de “S”
irregular, con la parte inferior mucho

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