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De crisálidas y mariposas – Sandra Claros

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Resumen y Sinopsis 

CAPÍTULO 1
Gabby observó fijamente su imagen reflejada en el espejo. Rara vez lo hacía, no era algo que quisiera enfrentar cada mañana, por lo menos con detenimiento; pero
ese día era posible un encuentro con su compañero de estudios Nicholas Underwood para repasar algunos puntos del examen de cálculo, y quería estar más presentable
que el resto de los días.
Se arrepintió de inmediato, gustarle a Nicholas Underwood era una misión imposible para una chica como ella, que por no saber qué hacer con su cabello se lo
recogía en un moño alto que la hacía ver avejentada, sus lentes eran gruesos como fondos de botella por esa maldita miopía hereditaria que si los dejaba de usar la
convertían en un ser aún más lerdo de lo que tradicionalmente era, no podía darse el lujo de quitárselos, se convertiría en el peligro público número uno.
No tengo esperanzas suspiró con desilusión cerrando los ojos a la cruda realidad que le mostraba el espejo.
La ausencia de una madre la había hecho inepta para aplicarse cualquier tipo de maquillaje, a duras penas, cuando tenía catorce años, su padre, Arthur, había tenido
que armarse de valor para hablarle de la menstruación y los tampones; avergonzada tuvo que admitirle que ya era tarde porque hacía más de un año y medio se había
desarrollado y toda la información que necesitaba se la habían dado en la escuela.
Su alergia al frío hizo que se colocara unos gruesos jeans descoloridos y una chaqueta acolchada que la hacía parecer más un esquimal que una típica adolescente
norteamericana.
Nicholas Underwood, en cambio, era tan popular y atractivo que ni de riesgo se hubiera acercado a ella de no ser porque necesitaba de manera desesperada mejorar
sus notas de cálculo. En esa asignatura, Gabby era la mejor; Nicholas era inteligente y bueno en los estudios, pero su vida social y los entrenamientos deportivos no le
dejaban mucho tiempo para sacar a flote una materia tan complicada; y las chicas, siempre quería complacerlas a todas y su imposibilidad para decirles no, le obligaba a
repartirse entre varias al mismo tiempo.
Ello no era algo que le pasara inadvertido a Gabby, quien no perdía de vista esos ojos ámbar desde que estaban en el preescolar, y era más que consciente de que
estaba lejana, muy lejana del perfil de chicas bellas, superficiales y plásticas con quienes andaba Nicholas.
La superficialidad y la plasticidad no la preocupaban, era demasiado inteligente como para poder simularlas si era necesario, pero la belleza no era simulable,
imposible, a menos que tuvieras acceso al mejor espá y cirujano plástico; algo inasequible, imposible para la hija del modesto Jefe de Seguridad del Ayuntamiento de
una pequeña ciudad.
Gabby abordó su vieja motocicleta y por un momento le abrumó la certeza de cómo ese descolorido vehículo se parecía a ella, era todo un trasto, como ella misma
se consideraba, alzó los hombros y pensó que finalmente no importaba, le encantaba su moto por más chirriante y lenta que fuera.
La llegada al salón de clase resultó de lo menos grata, mientras buscaba su asiento observó cómo en el centro del aula Pamela no se soltaba de los labios de
Nicholas, colgaba de su cuello y éste le correspondía el beso en medio de las burlas de sus compañeros.
Babosa exclamó Gabby mirándola sacar su lengua al extremo para lamer los labios de Nicholas y meterla dentro de su boca, a lo que él respondió sacando
también su lengua encontrando la de ella, acariciándose a la vista de todos, en un beso dado más para ser espectáculo que romántico o con afecto. Resonaban los silbidos
burlones, mientras la gran mayoría les aplaudían.
Gabby sintió nauseas, pensando en cómo Pamela había convertido lo que imaginaba con una naturaleza tan inquietantemente sensual, en algo tan grotesco. Le era
difícil culpar a Nicholas.
No seas asqueroso, Nicky le gritó Laura, su hermana, ya ubicada en un asiento al lado de Gabby.
Solo la llegada del profesor impuso el orden y rompió con el beso, del cual Gabby, aún sin gustarle para nada, no había podido despegar los ojos y luego menos lo
pudo sacar de su mente. Le fue difícil concentrarse recordando a ese Nicholas bello, monumental y apasionado con su lengua enrollada en esa, una de sus tantas novias;
tenía que reconocerlo, era grotesco, pero ya no inquietante, sino escalofriantemente sensual.
Gabby comenzó a soñar que era su boca la que le besaba, su lengua la que buscaba y encontraba la suya y él se rendía ante ella apasionado, sin control.
Señorita Kedward, ¿quién fue el primer presidente de los Estados Unidos elegido en el siglo XX? inquirió el profesor, al detectar que Gabby se encontraba en
otro planeta.
Laura le pegó un codazo de manera tan evidente que todos los estudiantes rompieron a reír, Gabby aterrizó al momento, pero era tarde para evitar la vergüenza
pública, tan habitual últimamente en su vida, después de la estrepitosa caída en la cafetería y la lamentable secuela de golpes dados y recibidos en clase de gimnasia,
¿qué importaba otra más?
Roosevelt escuchó que le decía una voz masculina susurrante perceptible solo para ella, una voz tensa y suave que le susurraba la respuesta desde el asiento
de atrás, donde normalmente se sentaba Nicholas Underwood. Ella creyó hasta sentir su aliento cálido, casi, casi sobre su cuello.
Roosevelt contestó Gabby en voz alta, pero temblorosa, ante el asombro del profesor que estaba seguro de haberla cogido in fraganti en un acto de extrema
distracción.
El profesor se alejó bufando contra los alumnos que llevaban el cuerpo pero no la mente a clase, pero al momento continuó con la lección.
Gabby estaba avergonzada, una ola de sangre le recorría el rostro y se quedó allí, mientras se encogía detrás del gran cuaderno en el cual tomaba notas. Arrancó una
hoja y la dobló delicadamente, escribió un “¡Gracias!” grande con la esperanza de que le hubiera quedado expresivo, como si quisiera que esas pocas letras reflejaran
todo lo que sentía por él, y lo pasó con cuidado, sin mirar, a su compañero de atrás.
El papel le fue devuelto casi al instante con un “De nada”, escrito con la caligrafía fuerte pero estilizada de Nicholas. Más abajo, agregaba, “Cálculo, hoy a la tres
de la tarde, en mi casa.”
Ella asintió sabiendo que él le entendería. Una sonrisa se extendió por su rostro ante la perspectiva encantadora y torturante al mismo tiempo, de compartir una
tarde de funciones y logaritmos con Nicholas Underwood. No era muy romántico, pero era a lo más que podía aspirar.
La comunicación era demasiado discreta entre ellos, por pedido expreso de Nicholas; cuando éste le pidió su ayuda en un tono bajo y para ella completamente
seductor.
Gabby, gracias por aceptar ayudarme a no aplazar cálculo, pero por favor, que quede entre nosotros, no es bueno para mi historial cuando quiero optar a un
cupo en Stanford, que se sepa que he necesitado ayuda para esto.
No te preocupes, nadie se enterará le respondió ella con una sonrisa embelesada, hubiera accedido a darle clase hasta de salto de trapecio si Nicholas se lo
hubiera pedido. Pero entonces, para ser discretos, ¿dónde estudiaremos? No puede ser en la escuela.
En mi casa estará bien o la tuya si quieres. Mi familia no se entrometerá en absoluto, sé de mis hermanos tantos secretos que difícilmente podrían traicionarme,
no se expondrían a que yo hablara… le sonrió él con picardía.
Perfecto exclamó Gabby con respiración algo agitada, encantada de que Nicholas por primera vez en toda la historia, desde el preescolar, se percatara de su
existencia. Comenzaremos en tu casa, estaré ahí a la hora que me indiques.
Desde ese día tenían entre una y dos jornadas de estudio por semana, hacía ya por lo menos un mes.
A Nicholas verdaderamente no le convenía para nada que se supiera que tenía sesiones de estudio con Gabrielle Kedward, la poco agraciada aunque inteligente
compañera de estudios, desmodada y oculta bajo esos lentes enormes. ¿Qué pensarían sus admiradoras? Y el séquito de fans de primero y segundo año que lo seguían a
todas partes como si fuera el ídolo a imitar; su popularidad, que ni siquiera sabía para qué la quería, podía verse gravemente afectada. Lamentablemente, tampoco podía
darse el lujo de aplazar cálculo.
*****
Gabby ya no se sentía tan intimidada como la primera vez que vio la mansión de los Underwood. Ahora podía atravesar el sendero de árboles y flores con facilidad
y enfrentarse a la imponente construcción sin amedrentarse. Anna, la madre de Nicholas, la recibió con una sonrisa que le parecía extrañamente compasiva y con Laura
se había empezado a forjar una amistad; Gabby no era de mejores ni de peores amigas, la mala experiencia con la amistad que consideró sincera de Debra y Christopher
la habían aislado y la habían hecho optar por saludar a algunos y dejar pasar a quienes la ignoraban, que eran casi todos, sin profundizar nada, pero con las visitas a la
casa de los Underwood, Laura se había convertido en una verdadera amiga; era difícil levantar muros y mantenerlos ante la franqueza y alegría de ella, aunque eran
diferentes, pues tenían gustos y formas de ver la vida muy distintas, una gran comodidad y afecto que se había generado entre ellas, quizá por algún tipo de afinidad
cósmica que Gabby no identificaba.
Nicholas aún no llega, pero Laura está en su habitación le había dicho Anna.
Gracias señora, le esperaré allí y corrió al piso de arriba.
¡No me digas señora, me haces sentir anciana! le contestó Anna sonriendo, mientras ya ella se perdía al final de las escaleras.
Laura se encontraba frente a su portátil, interactuando en algunas páginas de chat. Lo cerró en cuanto llegó su amiga y la recibió con un abrazo.
¡Gabby! ¿Has venido hoy a la tutoría con Nicholas? Creo que lo vi salir con Pamela.
Me dijo que viniera hoy…
Claro, y tú como siempre, haces lo que él te diga.
No tengo una vida social muy ocupada como para oponerme a un cambio de agenda, Laura.
O como para oponerte a verlo hoy, mucho más pronto que mañana…
Hemos hablado de esto, por favor. ¿Cómo piensas que puedo tener algún interés romántico en tu hermano? Mírame, cuando estudiamos él mantiene la mirada
fija en los textos, debe darle pena echarme una ojeada.
No te subestimes Gabby, a Nicholas lo han rodeado muchas chicas lindas, pero nunca, por más lindas que fueran, le he visto enamorado. Quizá sus gustos no
son como él mismo piensa.
O de pronto es gay y está en conflicto con ello, por eso anda con tantas mujeres completó Gabby entornado los ojos – o de pronto no le gustan de la especie
humana y las prefiere extraterrestres, habrá que esperar hasta la colonización alienígena para saberlo… en fin, Laura, muchas variables pueden haber, menos la de que él,
ni por equivocación, se fijara en mí.
Laura sonreía, su amiga le parecía ingeniosa y extrañamente hermosa, con toda esa ropa y esos lentes, se veía más como un ser asustado, escondido del mundo,
pero no fea, para nada. Solo que nadie le había visto verdaderamente, porque a nadie se le había revelado.
No especules, un chico con una vida sexual con chicas, tan activa como la de Nicholas no puede ser gay, sin duda lo disfruta o no lo haría tanto; pero él tiene
algo, un bloqueo frente a los sentimientos, eso sí. Pero bien, si tienes tan claro que no te interesa, deberías por lo menos dejar de babear cuando lo miras, amiga, a menos
que tengas esperanzas de que él se dé cuenta y te responda de alguna manera, no es muy sutil que beses el piso por dónde camina, sobre todo cuando no lo merece.
Gabby frunció el ceño, la preocupación se apoderó de ella. ¿Qué sentido tenía fingir frente a Laura? Ella era tan perceptiva.
¡Oh Laura!, ¿se me nota mucho cierto? Gabby se lanzó sobre la cama, desesperada, para tomar las manos de su amiga.
Sí, es tan evidente que prácticamente lo he sabido desde el preescolar, y eso que no estaba en ese momento estudiando con ustedes.
¡No, por Dios! Es tan vergonzoso que sea tan notorio dijo Gabby cubriéndose el rostro con las manos.
Laura le retiró las manos de la cara para mirarla a los vidrios de las gafas porque sus ojos no se veían, tratando de calmarla.
No te preocupes, Gabby, él es hombre, tan ignorante de las indirectas como de las directas, ni siquiera lo imagina.
Cierto, a él le debe resultar tan inverosímil, tan innecesario siquiera plantearse algo al respecto dijo descorazonada.
No te ves a ti misma con claridad, solo necesitas cambiar un poco tu visión de ti misma, unas cuantas modificaciones y estarás perfecta, para él o para cualquier
otro, te ocultas debajo de toneladas de ropa y de esas

Título: De Crisálidas y Mariposas (Spanish Edition)
Autores: Claros Patiño, Sandra
Formatos: PDF
Orden de autor: Claros Patiño, Sandra
Orden de título: De Crisálidas y Mariposas (Spanish Edition)
Fecha: 18 sep 2016
uuid: 5b9d6c90-0409-4ae9-bc5a-14bd1a7c69d0
id: 441
Modificado: 18 sep 2016
Tamaño: 1.52MB

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