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Una única noche – Leila Milà

Una única noche – Leila Milà

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Resumen y Sinopsis De 

Una única noche – Leila Milà

Arnel la traspasó con los ojos s u cuerpo experimentó la misma sensación que la primera vez; un fogonazo de fuego que hacía hormiguear
s u piel sensibilizada. Las pulsaciones s e le disparaban y las pupilas s e le dilataban además de ponerse duro como una piedra has ta el punto de
que, inclus o el maleable jean era un suplicio. Miles de des cargas eléctricas chas quedaban por s u s is tema al igual que s i la chispa es tuviese
prendiendo la llama en el motor de s u moto. Pura química y s eguía s in s aber quién era.
Sonrió muy des pacio, obs ervando todas y cada una de las reacciones femeninas y s e deleitó con el rubor que empezó a enrojecer s us
pómulos . Seguía s iendo una gatita delicios a, melos a, s exy s in s aberlo y algo es quiva.
Parece que no, as í que la pregunta adecuada s ería s i quieres conocerme Entornó los ojos dejándolos en dos rendijas azules que parecían
tras pas arle has ta el alma a Dria.
Tragó atribulada ante tal mues tra de s eguridad y poderío mas culino. Es taba claro que es e po no es taba acos tumbrado a oír un no por
res pues ta. Parecía arrogante y engreído, s u ves menta, aunque parecies e cas ual era de firma, inclus o es a pos e era es tudiada, no había ni un
cabello que no estuviese en el lugar que él hubiese decidido.
Dria s onrió con cierto s arcas mo pintando s us facciones y adelantó el cuerpo hacía el es pacio que los s eparaba, lo miró fijamente, con una
tranquilidad fría y controlada, que por s upues to no s entía, y us ando s u voz más puñetera habló:
Puede que no le gus te la res pues ta Mantuvo la s onris a educada y de nuevo, apoyó la es palda en la s illa, fijando la vis ta en el fondo de
la bebida que volvió a mover con la pajita golpeando el hielo picado.
Con aquello pretendía poner fin a cualquier po deconversaciónn pero él permaneció ahí, impas ible. Al contrario de lo que Dria es peró, en
vez de ofenders e pareció diverrlo, más bien es taba complacido con s u reacción. Sonrió mos trando una perfecta hilera de dientes blancos y s ilbó
pas ando una pierna por encima de la otra frotándos e la barbilla.
Vaya, de nuevo s acas las uñas comentó en un más que decente es pañol.
De forma automática obtuvo la atención de Dria que volvió a fijar la mirada en él de modo s us picaz.
¿Perdón? ¿Cómo que de nuevo, cómo s abe que s oy es pañola?
Creo que s erá mejor pedir un par de rondas más Arnel chas queó la lengua haciendo una mueca, y avis ó al camarero.
Des de luego la noche anterior había hecho jus to lo mis mo, acos o y derribo. A pes ar de que Dria ya es taba algo achis pada, a cada intento
s uyo por aproximars e, ella lo dejaba por los s uelos . Por s uerte, el alcohol hizo s u faena facilitándole las cos as . Para cuando volvió a la carga,
fues e cual fues e el mal que intentas e acallar, la bebida hizo s acar a relucir la mujer alegre, diverda y con ganas de comers e el mundo que
llevaba dentro. Reía, bailaba y s e abrió con él.
Debía andars e con ojo o él mis mo s e des cubriría s i decía algo indebido. Mejor era callar y guardar los s ecretos que le había revelado s u
gatita particular, una que le había robado algo más que una noche, y con la que s e había cas ado en pleno arrebato.
No creo que s ea buena idea, preferiría es tar s ola; gracias .
Vamos , un par de copas no hacen mal a nadie.
Ella pus o los ojos en blanco haciendo que él volvies e a s onreír de aquel modo que hacía que las rodillas de Dria s e aflojas en. ¡¿Se podía s er
más s exy?! Pero s i has ta las palmas de las manos le picaban.
No es toy de acuerdo con es o as í que debo dis crepar.
¿Has oído nunca lo de lo que pas a en Las Vegas , s e queda en las Vegas ?
Una vez más la cara de Dria fue un poema ¡ja! pens ó, y una mierda, dudaba mucho de que un anillo de boda fues e a quedars e allí a menos
que encontras e a s u maridito y lo borras e de la ecuación, eliminando es e bochornos o epis odio junto a los papeles de la boda-divorció, en lo más
profundo del Mediterráneo.
Me llamó Arnel, y es toy s eguro que lo que s ea que te pas e no puede s er tan malo Le alargó la mano habiéndos e guardado antes , con
tiento, el anillo en el bols illo del pantalón.
Era curios o cómo a pes ar de todo, ninguno de los dos s e había quitado la alianza.
Dria s us piró mirando es a mano grande y es tilizada, y terminó por aceptárs ela, viendo como el camarero dejaba varios vas os de chupito s obre
la mes a.
Dria, Dria Hayden.
Un placer, Dria Hayden Sonrió acariciándole el dors o con el pulgar, dis frutando de como ella s e es tremeció al entrar en contacto con él.
La piel tenía memoria, puede que s u mente no lo reconocies e pero s í s u cuerpo. Era fácil s aber s i exis a algo más que una relación entre un
hombre y una mujer por la pos ición de s us caderas al acercars e y el arco de s us columnas . Al menos , para él, el lenguaje corporal no entrañaba
demas iados s ecretos .
Los ojos de Dria s e movieron por s u ros tro de modo erráco, s u res piración s e hizo más profunda y pudo ver como s e endurecía a caus a de la
ajus tada tela del ves do que ceñía s us menudos pechos redondeados . Unos que jus to la noche anterior había tenido entre las manos y
s aboreado jugando con la lengua.
Le había gus tado el tono en el que había pronunciado s u nombre y s onrió al verla frotars e la nuca nervios a o tal vez incómoda, no s abría
decidir.
¿Y ahora quieres decirme que tratas de olvidar o por qué es a cara tan larga, cuando es tás en la ciudad del pecado en uno de los mejores

Pages : 63

Autor : Leila Milà

Comprimido: no

Format :True PDF 

Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

Una única noche – Leila Milà

hoteles ? ¿Mal de amores , trabajo? Probó arqueando una ceja s in s acarle la vis ta de encima, jugaba con ventaja en es a mano.
Creo que no gozamos de tanta confianza como para es o.
Vamos , dis fruta, relájate. Apues to lo que s ea que cuando lo haces eres mucho más divertida

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