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Arcoíris – Ana Alvárez

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Resumen y Sinopsis De 

Arcoíris – Ana Alvárez

No me pongo nerviosa fácilmente.
Tú misma, yo solo te estoy avisando.
A lo mejor ni siquiera me hacen la entrevista… ¡Cuando me vean entrar con esta pinta!
No creas, aquí lo que se valora es la capacidad. Tal vez te pidan que cambies un poco tu forma de vestir para encajar en alguna de las empresas a las que te envíen,
pero aquí dentro no tendrás problema con eso. Rafa es el primero que viste a su aire. Solo si vas a algún banco o sitio parecido tendrás que arreglarte un poco, pero el
sueldo compensa el tener que hacer esas pequeñas concesiones.
¿Son altos los sueldos?
Varía según la capacidad y los resultados, pero aquí nadie se queja. No puedo decirte a priori lo que te pagarán a ti, eso lo decide Rafa después de la entrevista,
pero en general todo el mundo está satisfecho. Y si resuelves un problema especialmente grave, casi siempre hay gratificaciones.
Gracias por informarme de todo esto.
No hay de qué, es mi trabajo.
Carla se concentró en rellenar el formulario y a continuación en el test psicotécnico, que era de lo más elemental; había hecho decenas de ellos a lo largo de su vida.
Después, Verónica la hizo pasar a un despacho contiguo.
En el mismo la recibió un hombre de unos treinta y cinco años, de mediana estatura, ligeramente grueso y de expresión afable. Vestía una chaqueta desabrochada
encima de una camisa de cuadros, sin corbata. Se levantó al verla y le tendió la mano.
¿Carla, verdad? Yo soy Rafa.
Ella respiró aliviada al verle y le estrechó la mano. Le gustó oír Rafa, en lugar de don Rafael, y más aún le gustó el apretón fuerte y amistoso que le dio.
Siéntate y relájate. Esto es una charla informal más que otra cosa. Enseguida vendrá nuestro psicólogo. Él estará presente en la entrevista. No te importa, ¿verdad?
No.
Hay personas a las que no les gusta, pero es norma en esta empresa. No tienes que preocuparte, relájate y sé tú misma.
De acuerdo.
En aquel momento se abrió la puerta y un hombre alto y delgado hizo su aparición. Vestía un traje azul oscuro con una camisa blanca y la corbata correctamente
anudada, que contrastaba con el aspecto un poco desaliñado de Rafa. Cuando se fijó en su cara, Carla sintió que sus ánimos se venían abajo. Incrédula, preguntó:
¿Víctor?
Sí, el mismo. Hacía años que no nos veíamos, ¿verdad?
Sí, desde que empecé la carrera.
Más o menos.
Rafa extendió la mano.
Este es el psicólogo del que te hablé, pero veo que ya os conocéis.
Carla pensó que ya podía marcharse si dependía de Víctor que ella entrara a trabajar en la empresa.
Sí, es el hermano de mi mejor amiga. Nos conocemos desde niños, aunque hacía años que no nos veíamos.
¡Dios, de todos los psicólogos del mundo tenía que haberle tocado este! ¡Ni de coña iba a pasar su examen! Él no podría evitar que sus diferencias de niños y de
adolescentes pesaran en su decisión, por muy imparcial que pretendiera ser. Se habían odiado a muerte durante años y ella se había burlado de él hasta la exasperación:
de su seriedad, de sus incontables horas ante los libros sin salir a divertirse, y lo que era peor, de su sexualidad frustrada de adolescente.
Él también había intentado fastidiarlas a ella y a Irene todo lo que había podido cuando estuvo en posición de ventaja. No, no iba a ser imparcial, no podía serlo.
Víctor se sentó junto a Rafa, frente a ella y comentó:
Podéis empezar cuando queráis. Carla, olvida que yo estoy aquí. Esto es simplemente una charla entre vosotros. Yo mientras estaré echando un vistazo al test que
has rellenado antes.
¿Cómo demonios pretendía que se olvidara de que estaba allí? Le hubiera costado hacerlo con cualquier otro, pero con él sería imposible. Sobre todo porque sabía que
lo tenía en contra desde el principio.
Le observó de reojo; se había recostado contra el respaldo de la silla y aparentemente miraba el test que tenía en la mano, pero ella sentía clavada su mirada como si
fueran alfileres que le pinchaban. Supo que no se le escapaba ni uno solo de sus gestos.
Bueno, Carla, háblame de ti pidió Rafa. ¿Por qué te hiciste ingeniero informático?
Para empezar porque me apasionan los ordenadores y porque creo que tengo una especial facilidad con ellos. Desde niña, en casa ha habido siempre alguno y me
he sentido muy cómoda con ellos. También he sido muy intuitiva, siempre lograba reparar o solucionar los problemas que se presentaban cuando fallaban los demás.
¿Te resultó muy difícil la carrera?
No demasiado. Ya le he comentado que tengo intuición y facilidad. Mis profesores siempre han dicho que tengo una mente lógica y meticulosa con los
ordenadores, aunque en el resto de mi vida no sea igual.
Rafa sonrió mirando su atuendo, pero no dijo nada.
Ya he visto tus notas. Espero que no te moleste que le haya echado un vistazo a tu expediente. Son brillantes.
Gracias. Se me daba bien.
¿Y cómo has tenido tiempo para aprender… dice tu currículum que nueve idiomas?
Sí, en efecto. Nueve. Francés, inglés, italiano, alemán, griego, ruso, árabe, chino y japonés.
¿Y los hablas con soltura?
Los hablo, los leo y los escribo.
¿También el chino y el japonés?
También. Esos me han costado un poco más, pero también. Puede hacerme una prueba si quiere.
Más adelante.
Si me contratan, ¿no?
¿Tienes dudas de ello?
Carla se encogió de hombros y no pudo evitar que su mirada se posara en Víctor, que había terminado de leer el test y la miraba ya sin el menor disimulo.
¿Piensas que Víctor puede poner trabas a tu entrada en la empresa?
No sé…
Él solo está aquí para valorar algunos aspectos de tu personalidad, no para poner objeciones. Soy yo el que tiene que tomar la decisión.
Bien dijo no muy convencida.
Rafa prosiguió la entrevista.
De entre todos los idiomas, ¿cuáles son tus favoritos?
El ruso y el japonés, sin lugar a dudas.
¿Y cómo haces para mantenerlos al día? Porque supongo que el inglés es fácil, hay mucha gente a tu alrededor con quien practicar, y quizás el francés también, pero
los demás…
La conversación me cuesta practicarla, pero todos los días procuro ver alguna película en uno de esos idiomas para recordarlo y que no se me olvide; también leo
libros. Tanto los unos como los otros los saco de la biblioteca de los institutos de idiomas donde los he estudiado. Allí me facilitan las cosas.
Bien, eso es estupendo. ¿Sabes ya a qué se dedica la empresa?
Sí, la chica que me ha atendido me lo ha dicho.
¡Ah, sí! Verónica.
Me ha explicado que el trabajo consiste en encontrar problemas en los ordenadores de otras empresas.
En efecto. Y tenemos clientes en distintos países, de ahí que nos interese especialmente tu dominio de los idiomas, además, por supuesto, de tu capacidad con los
ordenadores.
Comprendo.
¿Tendrías inconveniente en desplazarte fuera del país en caso necesario?
En absoluto. Me encantaría practicar los idiomas en su país de origen. Y hasta ahora no he tenido ni mucho tiempo ni mucho dinero para viajar.
Los viajes podrían prolongarse durante algunos meses.
Sin problemas.
Ni qué decir tiene que los desplazamientos supondrían un amento en el sueldo.
Bien.
Durante el primer año cobrarías unos 1.500 euros con un veinte por ciento de incremento si tienes que salir del país. A partir del primer año, cuando hayas cogido
experiencia, aumentará gradualmente. ¿Está dentro de lo que esperabas ganar?
Sí, por supuesto. Carla recordó que muchos de sus compañeros de carrera estaban vendiendo ordenadores a comisión.
Por mí ya he terminado. ¿Tú quieres preguntar algo? comentó Rafa dirigiéndose a Víctor.
Si no te importa me gustaría hablar con ella en privado.
¿Y tú? le preguntó a Carla levantándose. ¿Tienes algo que añadir?
¿Significa esto que estoy contratada?

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Arcoíris – Ana Alvárez

En lo que a mí respecta, sí. A menos que tú no quieras.
Sí, claro que quiero.
Pues si te parece puedes empezar el lunes, así tienes unos

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