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Cambiando el destino – Gabriela Capellini

Cambiando el destino – Gabriela Capellini

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Resumen y Sinopsis De 

Cambiando el destino – Gabriela Capellini

Pizza. Llevaré cerveza… ¡Te amo! – susurra y me deja un suave beso en los labios, antes de salir.
Termino de vestirme y me miro al espejo. Me encuentro decente para ser una persona que ha dormido menos de lo que quería.
Anoche intente avanzar con mi novela, pero cuando quise darme cuenta, estaba riendo con Matt y tomando café a las 3 am.
Probablemente la cantidad industrial de cafeína que consumo a diario, no es mi mejor amiga para conciliar el sueño. Y que mi novio sea una gran distracción,
tampoco.
Elijo unos jeans claros, mis Vans, una camiseta sin tirantes y mi chaqueta negra. Sé que debería vestirme más formal para visitar la Galería de Arte, pero en casa de
Matt mi guardarropas es limitado. Al menos llegaré en un Porsche, ¡Que revienten los estirados!
De camino al estacionamiento, tengo una breve pero muy emotiva charla con mi hermana. Vaticina torturarme sino llego en veinte minutos.
Por Dios, ¡Qué gran auto! Solo tomar el volante es una gloria. Debo llegar al Soho en media hora, si no deseo sufrir en manos de Jane. Pero, afortunadamente, sé
que soy una gran conductora.
Trato de llegar a tiempo, así que tomo la calle Bowery. Pongo algo de música. The Killers, me acompañan. Voy tatareando desenfadadamente y cuando el semáforo
se coloca en verde, acelero.
Justo en ese momento, un imbécil cruza con la señal en rojo. Por un momento pienso que va a partirme el auto en dos. Freno de golpe y por esa maniobra, el auto
que viene detrás de mí, me embiste.
Cuando me recupero del impacto, corroboro que estoy bien. Pero el auto de Matt… ¡Dios! Va a matarme. Por razones como esta, nunca salgo con un auto que no
me pertenece. ¡Maldito Camaro, que siempre se descompone!
Estoy sentada, todavía sosteniendo el volante, apretando tanto mis manos que mis dedos están blancos. Tengo miedo a bajar y ver los daños.
Todavía no salgo de mis pensamientos, cuando comienzo a ver las luces azules de los oficiales de tránsito. La verdad no quiero multas, ni disturbios, ni nada
parecido. Mi día ya está arruinado, y lo mejor sería desaparecer.
Cuando veo que un enorme hombre se acerca a mi ventanilla, intento ignorarlo. Pero no desiste. Al tercer golpecito en la ventana, bajo la ventanilla.
— Señorita, apárquese por favor – su voz dura no me ayuda con mi pseudo-ataque de nervios.
No tengo idea de quien sea. Pero pongo en marcha mi automóvil y estaciono a un lado. Es mejor dejar fluir el tránsito de la hora pico y dejar de llamar la atención.
Finalmente, logro salir para comprobar los daños. No está nada mal. Solo estropeé una óptica trasera que debe valer unos 3000 dólares ¡Y yo estoy en bancarrota!
Muchas veces me pregunto si he sido muy mala en mi vida anterior, para tener tanta mala suerte en ésta. En estos momentos, estoy segura que sí. No puedo dejar de
tocar los pedazos rotos en el auto de Matt. Esto es malo, muy malo.
De repente siento una mano en mi hombro y alguien me obliga a voltear. Imagino que es el moreno enorme, pero no lo es. Me lo han cambiado por un real dios del
Olimpo. Creo que esta vista es la mejor que he tenido en toda esta semana, o quizás en los últimos diez años.
Un metro ochenta de precioso hombre, con un torso interminablemente largo. Apenas pasa los treinta. Vestido con un traje azul marino de corte Italiano.
Termino de recorrer su cuerpo descaradamente y llego hasta su rostro. ¡Oh, Dios! Creo que he dejado de respirar por un momento. Me obligo a reaccionar ante los
ojos azules oscuro como el Océano en la noche, que me miran fijamente.
No puedo evitar seguir analizándolo. Cabello castaño, puedo adivinar que es ondulado aunque lo lleva muy corto y perfectamente peinado. Su rostro es asimétrico,
casi perfecto, con una barba descuidada que solo lo embellece aun más. Y como si eso fuera poco, coronado por unos labios deliciosos, hechos probablemente solo para
besarlos…
Le he preguntado si se encuentra bien… – murmura y su voz completa a la perfección el hermoso paquete que tengo ante mis ojos.
Estoy pensando que podría culpar a la contusión, excusándome de estar viéndolo como una idiota.

Pages : 185

Comprimido: no

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Idioma :Español

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Cambiando el destino – Gabriela Capellini

Disculpe…Sí, estoy bien. – Niego con la cabeza, sin saber porqué.
Entréguele tus datos a mi chofer, él arreglará el papeleo. Los cargos serán por nuestra cuenta, ya que la hemos golpeado – me mira intensamente

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