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Club Triple Trouble 2 – Kelly Dreams

Club Triple Trouble 2 - Kelly Dreams

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Resumen y Sinopsis De 

Club Triple Trouble 2 – Kelly Dreams

Kitty dejó escapar un pequeño resoplido mientras le daba la espalda al bar. Ese hombre iba a caer, como que se llamaba Kitty Callahan que Gabriel Falcon iba a ser
suyo esa noche.
Llevaba enamorada de él toda la vida, desde que supo lo que era el amor, su corazón se había empeñado en prendarse de un hombre que no la veía nada más que
como una niña latosa, una mocosa que no hacía más que incordiarle y que se volvía loca de celos cuando veía a alguna de esas estúpidas mujeres de plástico colgadas de
su brazo.
Se lamió los labios y evitó mirarse a sí misma. Sabía que no era un palo de escoba, sus curvas eran generosas, lo habían sido desde que salió de la pubertad y ni las
dietas más famosas del mundo habían podido arreglar eso. Pero entonces, ¿para qué arreglarlo? Ella se sentía bien así, si alguien la deseaba, tendría que hacerlo tal y
como era, pues de lo contrario, no la estarían viendo a ella.
Había aprendido eso por el camino difícil. Después de lo ocurrido esa semana seis años atrás, se había convencido a sí misma para seguir adelante y olvidarse del
imbécil que no la veía ni aunque se desnudase y se pusiera a bailar delante de él.
Ya había sido bastante malo enterarse que su amor de juventud estaba prometido y su boda sería inminente, su joven corazón se había roto en pedazos en aquella
época. Como cualquier adolescente, había pensado que jamás se recuperaría y que terminaría muriéndose de amor por él. Sí, sus pensamientos siempre habían sido un
poco teatrales. Pero entonces, él había descubierto que su prometida le era infiel, solo para verla morir delante de sus narices días después.
El shock había sido enorme para todos, apenas habían empezado a asimilar que ya no habría boda y estaban asistiendo al funeral de la que habría sido la novia.
A pesar del tiempo que había pasado, era incapaz de olvidar esos interminables días pegada a su puerta, hablándole, diciéndole que todo iría bien, que el dolor
pasaría y que podía contar con ella, como amiga, como confidente. Habría dado lo que fuese por que le dijese una sola palabra, por que abriese la puerta y la abrazase
buscando consuelo, pero él se había mantenido en silencio, uno que solo se había roto hacia el final.
Tenía que admitir que había perdido la paciencia, su falta de respuesta, el saber lo que podría estar haciéndose a sí mismo la comía por dentro. Su temperamento
había estallado y la llevó a aporrear la puerta y a decirle la clase de imbécil que era. Lo acusó de querer morirse también, de culparse por algo que no era culpa suya con
tal de sentirse culpable. Le gritó, descargó toda su ira y su frustración, su negativa a aceptar su consuelo solo para que esa maldita puerta se abriese y apareciese frente a
ella.
Pero aquel hombre no era su Gabriel, era apenas una sombra del hombre que amaba. Con el pelo revuelto, ropa de hacía varios días y una barba que hablaba de
falta de higiene, el hombre que poseía su corazón la había arrastrado al interior de la vivienda, la había empujado contra la pared y, después de decirle un montón de
cosas hirientes, la había besado dispuesto a hacerle daño.
Su primer beso con él no podía haber sido más cruel y al mismo tiempo igual de inolvidable. La había asustado, oh sí, la había asustado como el infierno. El olor a
alcohol, el sabor al mismo en su boca y la crudeza de sus manos cerniéndose sobre su cuerpo no era lo que ella esperaba, pero incluso hoy, era incapaz de olvidarlo.
Jeremy había llegado entonces y las cosas se habían ido por el desagüe. Había golpeado a Gabe repetidas veces solo para recibir también los golpes de su hermano,
ninguno escuchó sus gritos, ninguno quiso detenerse cuando lo pidió entre lágrimas. La sangre en la cara de su amado, los golpes en el rostro de su futuro cuñado y todo
provocado por su presencia allí.
Esa noche le había dado la espalda a ambos y a su juventud, había dejado atrás los sueños y aceptado las pesadillas, se había apartado para no herir más al hombre
que amaba, al que a pesar de sus continuos intentos, no había podido olvidar.
Y allí estaba ahora, en el Triple Trouble, un club nocturno que pertenecía al hombre que estaba dispuesta a recuperar, a hacer suyo, aunque fuese solo por una
noche.
Los años que había pasado en la universidad y lejos de la familia la habían desatado un poco, qué demonios, la habían convertido en una verdadera harpía. El sexo
dejó de ser ese sueño de amor de una adolescente y se convirtió en un juego más. Ni siquiera quería recordar cómo había perdido la virginidad; en una fiesta de
fraternidad, con un completo desconocido y en un jodido cuarto de baño. Había querido echarle la culpa al alcohol y su poca tolerancia al mismo, pero ya no era la niña
que había sido y sabía, sin necesidad de pruebas, que la rabia que vivía todavía en ella, la habría empujado a eso y a otras cosas igual de absurdas e irreflexivas.
El que sus tetas hubiesen aparecido en un periódico local junto con las de otras tres compañeras activistas, en una protesta contra el maltrato animal, solo ponía
de manifiesto la clase de locuras a las que había sucumbido.
Pero eso ya había quedado atrás, ahora era una respetable auxiliar de clínica veterinaria, con trabajo fijo desde hacía año y medio y a sus veintisiete años, ya solo le
quedaba una cosa para dejar por fin el pasado atrás; Él.
El que estuviese ese fin de semana en Las Vegas era culpa de su madre. Una amiga de su infancia se había puesto enferma y, fiel a su naturaleza compasiva, había
cogido el primer vuelo para ir a echarle una mano. Estaría en Nevada dos semanas, lo que la había obligado a tener que volar desde Michigan, dónde vivía y trabajaba, a
Nevada para traerle unas cosas que necesitaba para su estancia.
El encontrarse con Jeremy Falcon había sido otra de las sorpresas inesperadas del fin de semana. Había tenido que presentarse, recordándole su nombre, pues en
un primer instante, no la había reconocido. Siempre amable y educado, el tercero de los hermanos Falcon la había invitado a comer no había aceptado un no por
respuesta, con la excusa de ponerse al día y, durante ese intervalo de tiempo, había sido inevitable no preguntar por Gabriel.
A Gabe le va bien le había dicho. Tiene su propia empresa de construcción y, tengo que reconocer, que es un contratista endiabladamente bueno.
Sonrió ante el palpable orgullo en la voz masculina.
Así que, al final se salió con la suya. Ella sabía que la intención de Gabriel era seguir un camino distinto al resto de sus hermanos. No quería trabajar en el
campo de la seguridad, sus metas eran otras.
Jer asintió y la miró con cierta curiosidad.
Sí, siempre ha sido bueno en eso aceptó.
La velada transcurrió en medio de anécdotas, comentarios sobre sus propias vidas y trabajos hasta finalmente recalar en el descubrimiento que la había traído hoy
hasta allí.
Ni siquiera sabía por qué había aceptado la invitación de Jeremy o como habían llegado al hecho de comentar la existencia del club nocturno, el caso es que ahí
estaba. La canción con la que estaba bailando terminó entonces, sonrió de soslayo a los hombres que se habían reunido a su alrededor, despachó un par guiños sin
comprometerse, se quitó manos indeseadas de encima con pericia y se deslizó a través de la sala hacia el bar.
Había llegado la hora de enfrentarse con su pasado.
CAPÍTULO 3
Gabriel Falcon pronunció su nombre mientras se sentaba en uno de los taburetes de la barra del bar.
Kitty Callahan replicó al mismo tiempo, dejándole claro que sabía quién era.
Y yo Jeremy Falcon soltó él girándose en el taburete. Ahora que ya hemos dicho los nombres de los tres, ¿tenemos premio?
Ella se rio, sus ojos chispeaban de diversión y se inclinó sobre la barra, haciendo que ese par de hermosuras destacaran.
Es posible declaró ella, sus ojos clavados en él. ¿Me ofreces una bebida?
¿Qué te apetece tomar?
Sorpréndeme.
¿Un agua con gas?
Ella hizo un mohín y puso los ojos en blanco.
Ponme algo con alcohol.
¿No es muy temprano para eso?
¿Qué edad crees que tengo, Falcon? se insinuó.
¿Edad mental o física?
Es así como recibes a las viejas amistades?
No, es así como recibo a las vecinas mocosas de las que no he tenido noticias en los últimos años le soltó. Entonces buscó bajo la barra y sacó una cerveza de
la nevera. ¿Qué ha sido de tu vida?
Aceptó la cerveza y se la llevó a los labios haciendo un poco de tiempo.
No puedo quejarme, las cosas han salido tal y como quería que saliesen… al menos hasta ahora comentó con gesto misterioso. Vivo en Michigan.
¿Michigan? ¿Y qué te ha traído hasta Nevada?

Pages : 34

Autor De La  novela : Kelly Dreams

Tamaño de kindle ebook :532 kb 

kindle ebooks Comprimido: no

kindle Format : True PDF 

Idioma :Español-España 

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