---------------

Cuando el silencio mata – Lester Glavey

Cuando el silencio mata – Lester Glavey

Descárgatelo El libro Gratis Ya!!

Resumen y Sinopsis De 

Cuando el silencio mata – Lester Glavey

Mis ojos volvían una y otra vez hacia el hombre que sostenía a la pequeña Crystal en la tercera fila. Me costaba concentrarme y en los momentos en los que la
congregación repetía los salmos o entonaba algún cántico mi mente volvía de nuevo a la confesión de aquel misterioso hombre. Casi no podía esperar el momento de la
comunión, podría ser una buena oportunidad de ver a Lorenzo más de cerca. Cuando llamé a la congregación sostuve la respiración y con aire ausente me aproximé al
presbiterio con el cáliz en la mano.
Se estaba empezando a formar una larga cola que ya superaba las veinte personas y sin embargo Lorenzo aún no se movía de su banca, parecía estar susurrándole
algo al oído a Crystal mientras le acariciaba el cabello. Cuando faltaban apenas unos cuantos fieles para comulgar, Lorenzo cruzó un par de palabras con las personas
que tenía al lado y les dejó a Crystal a su cuidado, quien se quedó columpiando sus piernas con la mirada al frente.
Lorenzo alcanzó la fila en el último lugar. Tal vez pensaba que al verlo de cerca me daría cuenta que en su rostro tenía grabada la respuesta de todo aquello o que
me diría que me estaban gastando una broma pero lo que observé fue a un hombre de hombros caídos, grandes ojeras y unos intensos ojos que desbordaban infinito
dolor. Cuando alcé la hostia hacia su boca apenas pude contener el mismo temblor que sacudía por igual a mis manos y a mi voz.
El cuerpo de Cristo…
Amén.
Tenía que aceptarlo, sin importar si esto se tratara de una broma de mal gusto o si fuera una amenaza real, Lorenzo no tenía ni idea. Al terminar la misa traté de
abrirme paso hasta él, no sabía para qué.
Con una sonrisa de suficiencia mi sentido común se acomodaba los lentes y entrecruzaba los dedos a la hora de explicar los posibles problemas que eso me podría
acarrear, mientras que mi conciencia lo interrumpía sacudiéndolo por las solapas demandando mi intervención.
Estaba pensando cómo podría entablar una conversación con él cuando una voz a mi espalda me distrajo.
¿Padre Alarcón se encuentra usted bien?
Se trataba de las personas que de vez en cuando nos brindaban ayuda a Carlos y a mí. A veces no nos dábamos abasto para atender todas las solicitudes de
constancias de bautismo, confirmación o matrimoniales, por lo que al menos un par de veces al mes contaba con la ayuda de las tres personas que estaban enfrente de
mí. Una era Doña Inés del Prado, la otra era Alba Iturbide, la cuñada de Doña Inés y Fernando Castellanos, que sólo colaboraba muy de vez en cuando porque aparte
de ayudar en mi iglesia era curador de las ruinas del Convento de Santa Clara.
Claro, Doña Inés, gracias por preguntar, es que hoy es un día especialmente atareado dije tratando en vano de que captara la indirecta.
Comprendo Padre, estábamos preguntándonos con Alba y Fernando, ¿nos necesitará entre semana? dijo con una voz seca pero cantarina.
Eh… sí claro, gracias dije distraído. ¿Podríamos dejar esto para más tarde? Es que me está empezando un dolor de cabeza y quiero tomar algo.
Sin esperar su respuesta giré en redondo. Caminé los pocos pasos que me separaban de la tercera banca sólo para llegar y encontrarla vacía. Recorrí la iglesia
entera de arriba a abajo lo más rápido que la prudencia me lo permitía para no parecer un loco pero no lo encontré. Salí con la esperanza de verlos a lo lejos pero todo
estaba despejado. «Bueno», me dije. Es la forma en la que Dios me recuerda de la posible impertinencia que pude haber cometido.
Padre, disculpe que se lo pregunte una vez más pero usted está muy raro hoy. ¿Está bien? Carlos me miraba de nuevo frunciendo el ceño.
Gracias por preocuparte, es sólo que sufrí un poco de dolor de cabeza pero ya se me pasará seguí con la mentirita que le dijera a Doña Inés momentos antes.
Si usted lo dice… dijo Carlos sin el menor convencimiento.
¿No sabes en dónde está el padre de Crystal? Es que quería hablar con él por lo de su esposa dije improvisando, lo vi muy afectado y creo que podría darle
guía espiritual.
No Padre, lo siento. Pero si quiere podría conseguirle el número del negocio en el que trabaja, es dueño de una ferretería. Hace algunos meses nos pidió colgar
unos volantes en la entrada de la iglesia.
No, no hace falta dije con cautela, eso ya sería como jugar con fuego por el sigilo sacramental.
Después de cerrar la iglesia me fui directo a casa. No tanto porque estuviera ansioso de llegar a descansar sino porque no quería toparme con más personas que me
preguntaran si estaba bien o no. Nunca me había pasado tanto tiempo pensando en una confesión, aunque nunca nadie me había confesado querer matar a alguien.
Esperaba poder meditar al respecto cuando me hallara en mi habitación. Desde hacía unos años mi hermana y mi sobrino vivían conmigo, a raíz de un mal divorcio
y los escasos ingresos de los que disponía Astrid, me había pedido darles alojamiento por un par de meses hasta que pudieran estar por su cuenta, pero los dos meses
se convirtieron para mi deleite en cinco años y contando. Porque si bien era cierto que al entrar mi hermana y mi sobrino por la puerta, había salido al mismo tiempo mi
intimidad pero no sin antes tomar de la mano a mi soledad.
Mi ánimo empezó a cambiar en el momento en el que crucé la puerta, llegué justo a la hora de la cena. Un delicioso aroma inundó mis fosas nasales acompañado
del alegre tarareo de Astrid. Erick al verme soltó un cuaderno que sostenía entre sus manos y corrió hacia mí.
¡¡Tío, tío!!
¿Cómo estas grandulón? Creo que ya me pasaste le dije cayendo de rodillas antes de que llegara a mi lado, cosa que siempre le arrancaba una sonrisa. ¿Bien
portado?
Sí, sí… bueno, todo bien pero me caí de la bici dijo bajando la voz al mismo tiempo que dirigía una furtiva mirada hacia la cocina. Pero no le cuentes a
mamá o me va a regañar otra vez.
Será nuestro gran secreto…
Lo dije bromeando, me salió inconscientemente pero una vez dicho me desinflé como un globo al darme cuenta de la relación que esto guardaba con la confesión.
Gracias a Dios Erick ya daba saltos de vuelta a su habitación y no se percató de mi reacción, no soportaría tener que explicarme de nuevo.
El cree que yo no sé nada al respecto pero vi como se limpiaba la sangre de las rodillas dijo Astrid con voz de reproche pero con una sonrisa de medio lado en
el rostro.
No te preocupes hablaré con él para que tenga más cuidado como yo era el que le había regalado la bicicleta y lo animé a hacer deporte a mi me correspondían
las cuestiones de seguridad. ¿Qué es lo que huele tan rico?
Espagueti con salsa roja dijo con una sonrisa, tu favorito.

Pages : 142

Autor : Lester Glavey

Comprimido: no

Format :True PDF 

Idioma :Español-España 

Descargar : Gratis

Más Libros Aquí !!

Mira El Vídeo Para Enseñarte como descargar!!

Fotos – Imagen

Cuando el silencio mata – Lester Glavey

Entre más lo pensaba más me convencía que el asunto de la confesión se había tratado de una broma de mal gusto. Alguien mal intencionado que se divertía en
hacerme pasar un mal rato, eso era todo. Incluso diría que podría tratarse de alguien que detestara

Puedes Leer Aquí Abajo En Online!!

Tambien Ya Esta Disponible Para Comprarlo En Tu Sitio Favorita Amazon!! 

Clic Aquí Para comprar 

Leer en Online Cuando el silencio mata – Lester Glavey

[sociallocker]
[popfly]

Descargar 

[/popfly] [/sociallocker]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
---------