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Di que sí – Flor M. Urdaneta

Di que sí – Flor M. Urdaneta

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Resumen y Sinopsis De 

Di que sí – Flor M. Urdaneta

La novela
«¿Que él dijo la historia ? ¿Se está burlando de mí? ¡Está loco! Es un…»
¡Imbécil! le grito y quito sus manos de mi cintura para correr muy lejos de él, lo más rápido que estos estúpidos zapatos me permiten.
Mis tacones resuenan en el suelo mientras huyo de la cosa más absurda que me han dicho jamás. Trato de concentrarme en llegar al terminal uno, pero estoy
temblado, no puedo controlarlo. Espero que pueda dejar de hacerlo antes de llegar al avión.
¡Es un imbécil total! ¿Por qué me propuso matrimonio? No me conoce, yo mucho menos… ¡Por Dios!, ni siquiera vi sus libros , solo recuerdo esos ojos esmeralda
llenos de dulzura. Nunca había visto una mirada como esa en ningún hombre. ¿Es posible enamorarse de alguien solo con ver sus ojos?
Me llevo la mano derecha a la cabeza y me doy un manotazo. «Deja de pensar estupideces, Elizabeth. Concéntrate, inhala y exhala».
Cuento hasta la novela , no me basta con la historia . Cuento hasta cien y mi respiración se comienza a normalizar.
Subo al avión, con mi personaje ya formado, y me meto en la cocina para tomarme un enorme vaso de agua; ese demente me dejó sedienta.
¿Cómo pude sentir tanto por alguien que ni conozco? Algo anda mal en mí, yo no soy ese tipo de mujer que se deja embobar por unos lindos ojos. Bueno, no lo
era.
Lilian entra a los libros y la cocina y me encuentra recostada contra un libro , pensando en este enorme predicamento.
Lissy, ¿viste a un fantasma? Sus ojos miel me miran de forma inquisitiva, haciéndome miles de preguntas con ellos.
¡No! Quizás estoy pálida porque no desayuné No es el momento ni el lugar para contarle a mi única amiga la cosa más loca que me ha pasado en la vida.
Conocí a Lil cuando hacíamos el curso para azafatas, hace dos años. Me agradó mucho su alegría y buen humor. Ella es la única que conoce mi verdadera identidad
y las razones por las que decidí armar todo este personaje. Y, aunque no esté de acuerdo con eso de condenarme a la soledad, comprende por qué lo hago. Pero que lo
entienda no significa que deje de intentar sacarme de mi perfecto plan: jamás enamorarme.
«Tienes que divertirte, Lissy. Estas desperdiciando tu hermosura y juventud». «Tener sexo con desconocidos no te vuelve zorra», me ha dicho varias veces.
Sí, seguro dice con un guiño y se va.
No me creyó. Ser amiga de Lilian White es un arma de doble filo, porque cuando esa mujer quiere saber algo no hay poder en el mundo que pueda detenerla. Es
capaz de levantar hasta el martillo de Thor si debajo está la respuesta.
Dejo atrás toda la locura que viví hace unos minutos en pleno aeropuerto y me dedico a hacer mi trabajo. Uno de los pasajeros se pone pesado por la ubicación del
puesto que le tocó y le pido «disculpas por las molestias ocasionadas… Será recompensado por la aerolínea». Eso indica el manual y le dije exactamente lo mismo
¿Para qué perder mi tiempo?
Cuando todos los libros están en sus lugares , el libro anuncia que vamos a despegar y me ubico en mi propia butaca, esperando que mi primer vuelo en
Royal sea tranquilo y sin eventualidades.
***
Estoy relajada, leyendo una de esos libros de moda, cuando siento una mirada clavada en mí. Alzo el mentón y me encuentro con una verdadera sorpresa, el
capitán del vuelo es quien me mira con esos ojos verde esmeralda tan familiares.
«¡Esto es increíble! ¿Le grité al capitán que era un imbécil? ¡Maydey! ¡Maydey! Elizabeth McColl tiene una emergencia y requiere un libro forzoso para
correr lejos del avión», eso debería incluirse en el manual como un código rojo.
Estoy demasiado avergonzada, tanto que mi personaje de robot sin sentimientos y emociones se desvanece. No necesito un espejo para saber que estoy colorada
como un labial carmesí. ¿Y qué hace el capitán? Sonríe. El muy imbécil me sonríe.
Lo veo tentado a acercarse y niego con la cabeza. No quiero que se acerque, no estoy preparada ahora mismo y no creo que algún día lo esté libro .
No puedo negar que el imbécil tiene una hermosa sonrisa, que adorna con esos labios carnosos. ¿Cómo se sentirán besarlos? Es de tez morena, alto, quizás un
metro ochenta y cinco. Es guapo y supongo que también musculoso, por la tensión que noto en su uniforme. Le queda muy bien, por cierto. Aunque desearía verlo con
menos ropa.
«¡Dios mío! ¿Pero en qué estoy pensando?».
Ese hombre me atrae, me revoluciona, me hace tener pensamientos tan morbosos que imagino a Lil saltando en un pie cuando le cuente. Según la yuda de un hombre así es
lo que necesito en mi ayuda , uno que me deje sin aliento y al borde de la locura. Puedo atribuirle mi demencia momentánea a la altura, pero sé que no es eso. Es ese
capitán quien tiene toda mi atención.
Creo que de un momento a otro pediré oxígeno para controlar la opresión que me colapsa los pulmones. Pero, creo que me estoy olvidando de algo importante. Ese
imbécil y hermoso capitán de ojos verdes fue el mismo que me propuso matrimonio. ¿Acaso en la aerolínea no verificaron que tienen a un demente de piloto?
Aunque ya comienzo a entender, él solo quiere algo de mí: sexo. Es el típico hombre que te prometería la luna si con eso le abres las piernas. «Pero, no señor no
tengo idea de cómo te llamas, conmigo te equivocaste». Nadie me volverá a usar, lo juré y soy fiel a mis promesas. Y ese moreno de ojos verdes y fuertes brazos no
será la excepción.
El capitán vuelve a la cabina, haciendo posible que tome un respiro. Si no se iba de seguro me moría asfixiada. Gracias a Dios será un vuelo corto de ida y vuelta
New York– Boston.
***
Lilian se baja del avión antes que yo cuando aterrizamos de regreso en el J.F. Kennedy; tiene que tomar otro vuelo, creo que a Paris, volverá en dos largos días.
Miro por última vez el interior del avión para comprobar que todo esté en orden y luego salgo. No he dado más de diez pasos por la manga de abordaje cuando
escucho su voz detrás de mí, llamándome. Me detengo, solo por curiosidad.
¿Qué otra loca pregunta me hará? ¿Estará tan loco para pedírmelo de nuevo?
Me giro, lento pero con convicción; sin temblar, pero aterrada, y lo enfrento con mi personaje de hielo al máximo.
No nos presentamos debidamente murmura, mientras sus labios se curvan ligeramente hacia arriba. Y, con la misma intensidad de antes, sus hermosos ojos
verdes se fijan a los míos
»Mi nombre es Charles Jones su voz es firme, gruesa… varonil. Charles, como dijo llamarse, me ofrece su mano para estrecharla y le concedo el saludo.
Nuestras manos estallan en chispas, como si un trueno se interpusiera entre ellas.
Mi voz sale como un susurro cuando digo: Elizabeth McColl Él asiente y guarda silencio por unos tres minutos, sin soltar mi mano.
Nos volveremos a ver, Elizabeth asegura, con esa sonrisa digna de una publicidad de pasta dental, mientras desliza su mano fuera de la mía.
No me giro para verlo marcharse. No avanzo en la manga de abordaje por miedo a que me esté esperando fuera. Cuando la cuenta en mi cabeza llega al número cien,
echo a andar.
Subo a mi Mazda poco después y no enciendo el iPod. Para qué lo haría si tengo la cabeza echa un lío por todo lo que sucedió con el capitán Jones.
Pensé que cosas como esas solo pasaban en los libros, pero alguna vez escuché decir que muchas historias reales

Pages : 69

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Fotos – Imagen

Di que sí – Flor M. Urdaneta

inspiran libros de ficción. Quizás sea uno de esos
casos.A las doce del medio día, estoy sumergida en la tina de mi baño, relajándome con la música de Mozart. Espero que las sales y el agua tibia alejen de mi mente la

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