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Dime que eres tu – Alexia Mars

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Resumen y Sinopsis De 


Dime que eres tu – Alexia Mars

Caroline Johnson aguantó la respiración mientras Ruth, una de las doncellas de la casa, le ajustaba el entallado corsé que empujaba su busto hacia arriba y
estrechaba su cintura en forma de s. Odiaba esa maldita prenda. Se preguntó si algún día las mujeres lucirían más cómodas. Al pensarlo, soltó una carcajada,
imaginándose al bello sexo embutido en pantalones de hombre. Menuda idiotez.
Se dirigió hacia la cama y, con sumo cuidado, se enfundó el vestido de tafetán azul cielo que el modisto parisino Jacques Doucet había diseñado en exclusiva para
ella. El ajustado corpiño de escote bajo dejaba muy poco a la imaginación, mientras que la estrecha falda, que acababa en forma de campana a sus pies, se acoplaba a sus
caderas resaltando sus exuberantes curvas.
Se sentó en la silla del pequeño escritorio y dejó que Ruth hiciese magia con su lacio pelo, tan poco de moda en aquellos días, pues era sinónimo de carácter
caprichoso. La doncella le onduló el cabello y se lo recogió en un alto moño del que desprendió varios mechones.
¡Dios mío, señora! Parece usted un ángelexclamó Ruth emocionada cuando su hermosa ama se puso en pie.
Ante la imagen que le devolvía el espejo, supo que Ruth tenía razón, esa noche causaría una gran conmoción. Se pellizcó las mejillas para darse color y salió de la
habitación dispuesta a arrojarse a los lobos.
Agazapada entre las sombras, una joven la observaba con el ceño fruncido. «La hermosa y perfecta Caroline», pensó con una punzada de envidia mientras
estudiaba sus bellos rasgos y su piel de alabastro. Ocultándose un poco más, la siguió con la mirada mientras descendía con majestuosidad las escaleras que conducían al
vestíbulo de la entrada. Advirtió cómo los delicados dedos asían con fuerza la barandilla mientras sonreía coqueta a su pretendiente, Jeff Martin. Abajo, el pobre idiota
la aguardaba con ojos bobalicones al tiempo que apreciaba sus formas. Qué patético resultaba ver su admiración cuando estaba claro que Caroline lo usaba como un
títere para codearse con la alta sociedad. Jeff era el hijo de un prominente médico y, como tal, tenía las puertas abiertas a los sitios más exclusivos. Hubo un tiempo en
el que esas mismas puertas los recibían con alegría, pero eso fue antes de la llegada de los acreedores. El cabeza de familia había caído en las garras del juego y para
salvarlo, tuvieron que vender el Pearl Hotel, su principal fuente de ingresos. Y así, los Johnson fueron relegados al olvido. Sin embargo, la vanidosa Caroline no lo
aceptó y convirtió a ese perro faldero en su salvación. Siempre conseguía todo cuanto se proponía la muy zorra, incluso tenía al viejo avaro comiendo de su mano.
Maldita fuera una y mil veces, ¿por qué tenía que ser siempre el centro de todo?
Entornó los ojos al contemplar cómo Caroline apoyaba su delicada mano en el brazo de su pretendiente mientras le sonreía y se disculpaba por su tardanza. El
mentecato la perdonó con una suave sonrisa y se adelantó para abrirle la puerta. En la calle esperaba el carruaje de los Martin; la pareja se acercó hasta el vehículo y se
alejaron de su vista.
Con rabia, dirigió sus pasos hacia el cuarto del enfermo y antes de entrar en la recámara, se acercó al cuadro que adornaba el pasillo. Se fijó en la estampa familiar
que ofrecían los Johnson, y su boca se estiró en una sonrisa siniestra; primero sería él y luego le tocaría el turno a la princesa. Trazó una línea alrededor de ese rostro de
facciones delicadas que tan bien había inmortalizado el pintor y soltó una estruendosa carcajada. «Serás la siguiente, zorra», sentenció.
* * *
Jonathan Railey esperaba impaciente en el vestíbulo a que su socio bajase. «Condenado francés pomposo, llegaremos tarde por su culpa», pensó con enfado
mientras miraba de nuevo el reloj. ¿Quién le mandaría a él asociarse con ese gallo de corral presumido? Ni que fuesen a recibir las cálidas caricias de una mujer; era solo
una maldita reunión de negocios. Pero ya se lo imaginaba acicalándose como el buen dandi que era. Perdiendo toda paciencia, comenzó a subir los escalones hacia el
cuarto de Jean-Pierre y cuando iba por la mitad de las escaleras, su estrafalario amigo hizo su entrada triunfal.
¡Vaya! Hasta que por fin apareces, lechuguinodijo Jon al verlo, al tiempo que contemplaba con sorpresa su smoking de chaqueta corta confeccionada en
terciopelo color burdeos, con un solo botón y pantalones del mismo tono. Una camisa blanca, pajarita negra y un chaleco borgoña. Sacudiendo la cabeza. pensó en su
Tuxedo simple de chaqueta y pantalón negro acompañado de una camisa y corbata blanca. Pero qué diantres llevas puesto Jean-Pierre. Vamos a una reunión, ¿lo
recuerdas? No sé en qué estarías pensando para ponerte… ¡Eso!
No seas gazmoño, gringo. Estas prendas son la última moda en Francia. Además, que tú seas un aburrido no quiere decir que el resto también lo tengamos

Pages :121

Tamaño de kindle ebook :1,17 mb  

Autor De La  novela : Alexia Mars

kindle ebooks Comprimido: no

kindle Format : True PDF 

Idioma :Español-España 

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