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El amor es una M… – Monika Hoff

El amor es una M… – Monika Hoff

Sinopsis De 

Libro El amor es una M… – Monika Hoff

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Dejo de caminar y frunzo el ceño. No estoy segura de que “muy maravillosa maravilla” sea una expresión correcta, pero no se me ocurre nada más con la letra
“m”
Mierda.
Resoplo mientras vuelvo a ponerme en marcha y recrimino a la vocecita interior que todos tenemos en la cabeza. Sí, ya sabéis, esa que siempre nos habla en los
momentos menos oportunos, generalmente para recriminarnos, y a la que nunca le hacemos caso. Al menos yo no se lo hago. Aunque esta vez tendré que darle la
razón (algo que sí suelo hacer cuando un “te lo dije” resuena dentro de mi mente, lo que viene siendo esa vocecilla riéndose de mí cuando yo he vuelto a meter la pata
hasta el fondo, cosa que hago muy a menudo).
A lo que iba, esta vez tendré que darle la razón. EL AMOR ES UNA MIERDA, así, con mayúsculas. Claro que no creo que sea algo que debamos decir en voz alta,
aún menos una librera como yo, que lo que más vendo son novelas románticas, y que me paso el día hablando con los autores y con los lectores de este género sobre
sus novelas (no me estoy tirando ningún farol, muchos de ellos son grandes amigos míos y me animan a intentar conseguir mi sueño: ser escritora).
Ah, ¿pero tienes imaginación para escribir? ¿Qué has fumado para que yo estuviera emparrada y no me haya enterado?
Y más que hablando: debatiendo, criticando, soñando con ese amor de cada una de esas historias, deseando convertirnos en la protagonista de cada una de las
novelas, no pudiendo sacar de nuestra mente a ese hombre tan perfecto: guapo, inteligente, encantador, con esos músculos que…
Joder.
Me paro en seco cuando veo la farola a escasos milímetros de mi cara. Es por esto por lo que mis padres me repetían miles de veces: “Hortensia, deja de soñar
despierta”. Sí, habéis leído bien, no hace falta que volváis los ojos a mi nombre. Hortensia… Lo sé, es horrible, yo también lo pienso.
Pues tan horrible no es si tenemos en cuenta que tú eres horrible. ¿Qué nombre pensabas que te iban a poner? ¿Uno de princesa?
Pero es el precio a pagar por unos padres mayores de un pequeño pueblo montañoso en lo más recóndito de Castilla que…
No viene al caso.
Segunda vez que voy a hacerle caso a la vocecilla. ¿Por dónde iba? Ah, sí. Os prometo…
Espera, espera. ¿A quién demonios le hablas? Estamos solo nosotras dos, y yo lo sé todo de ti, de lo cual no me enorgullezco para nada. Solo de pensarlo quiero
darme una ducha para quitarme esta sensación, pero no puedo. La cosa es que, ¿por qué usas “vosotros”?
Os prometo que yo no sueño despierta, solo que a veces (muchas, quizás) mi mente viaja sola o se pone a imaginarse una historia de esas que nos hacen suspirar
o… Vale, de acuerdo, estaba soñando despierta con el maromo que tenía en la mente y no he visto el inminente ataque de la farola. Le dirijo una mirada despectiva a la
pata de metal (no es que sirva de nada, pero me hace sentirme mejor),…
Si alguien te ve, pensará que eres idiota, lo cual no es nuevo.
… la rodeo y continúo mi camino.
Es viernes por la noche y me dirijo a mi casa, donde pienso encerrarme todo el fin de semana (mañana será Rubén quien esté en la librería. Es mi negocio, librería
— papelería, pero librería suena más importante), sola, compadeciéndome de mí misma mientras aprovecho que nadie más me escucha. Y no os estoy llamando nadie,
pero no me escucháis, me leéis y no sabéis quien soy, así que tampoco es importante). En fin… Algunas gotas de lluvia mojan mi cara y maldigo.
Como si fuera una novedad.
No, no lo es, si hay algo que yo adoro en este mundo es maldecir.
Agarro con fuerza mi bolso contra mi pecho y comienzo a acelerar el paso, todo lo que puedo con semejantes tacones. Dios, cómo los odio, malditos tacones.
Para presumir hay que sufrir.
Resoplo de nuevo y aligero aún más, hasta casi correr. Y es en ese momento, tras escuchar un CRACK, cuando pierdo el control. El bolso, en un movimiento
extraño, golpea mi cara mientras mi cuerpo cede y mis rodillas chocan contra la acera.
Joder. (Sí, lo habéis adivinado, es una de mis expresiones favoritas).
Esto es una m…
Mierda. Puedes decirlo. Esto es una mierda.
La ignoro esta vez. No es fácil cuando la escucho riéndose.
¿Recordáis las escasas gotitas de lluvia que mojaban mi cara?
No nos acordamos porque tenemos Alzheimer y ha pasado tanto tiempo desde que lo dijiste… Pfff.
Bien, pues en estos, ¿qué han sido?, ¿cinco segundos?, ¿seis quizás?, se han convertido en decenas de miles de millones de gotas de agua cayendo con una fuerza
impresionante, todas sobre mí. Y ella sigue riéndose. Me levanto gimiendo y hago una mueca de dolor cuando apoyo el pie izquierdo (ese que se peleó con el zapato de
tacón). Miro mi pantalón roto a la altura de la rodilla y vuelvo a maldecir. Y se ríe aún más.
Echo una rápida ojeada alrededor y veo al causante de todos mis dolores en este momento. El tacón. Vuelvo a maldecir. Me agacho, no sin dolor (maldiciendo), lo
recojo y me pongo de pie de nuevo, no sin dolor otra vez (maldiciendo más todavía). Sus carcajadas es lo único que escucho ahora…
En un ataque de ira de esos repentinos que se adueñan de mi ser y son imposibles de controlar, tiro el tacón con todas las fuerzas de las que dispongo y lo mando
bien lejos. Con tan “buena” suerte que choca contra un coche aparcado en la carretera y la alarma comienza a sonar. Pongo los ojos en blanco. ¿Tenía que dar,
precisamente, con el que tenía alarma?
Corre.
Sin pararme a pensar me deshago de los zapatos, los coloco en la otra mano y salgo corriendo (todo lo que mi herida rodilla me lo permite).
En unos diez minutos estoy cerrando la puerta de mi casa. Me falta el aire a causa del maratón que acabo de correr y entro con medio cuerpo doblado, con la
melena hacia adelante tapando parte de mi cara y arrastrando mi pierna. Y ella aún no ha parado de reír. Eso sin contar que voy dejando litros y litros (no soy
exagerada) de agua a mi paso. La imagen de esa película de terror japonesa (no voy a decir el nombre, no sería correcto, pero era algo de agua) se me viene a la
mente y el miedo comienza a hacer mella. Así que es mejor llevar la mente a un lugar seguro antes de meterme en la ducha. Porque a ver cómo os lo explico, el No
tener imaginación (que yo os repito que NO tengo) no es solo para cuestiones románticas, es para todo. Uno de los mayores problemas a los que No nos enfrentamos
los que NO la tenemos es el poder estar en la ducha, escuchar el mínimo ruido y pensar que un asesino en serie ha entrado en tu casa y ha matado a tu familia (no
importa que vivas sola, esa no es la cuestión, ya me entendéis). Y como eso jamás me pasa a mí…
Todo esto que os acaba de contar se llama “auto convencimiento”.
… pues no tengo por lo que preocuparme y puedo volver a mi fantasía segura de ese último protagonista de la última novela que leí (la cual no os diré), que es tan
perfecto…
Oh, mierda, otra vez no.
…tan guapo, tan…
¡Argh!
¿Qué?
Tápate, bicho, o no te pares desnuda delante del espejo. Qué asco. Estaré traumatizada de por vida. No me podéis ver pero ahora estoy con una expresión como
la del grito de Munch o el muñequito de WhatsApp que refleja tanto espanto.
… con esos abdominales…
Funcionó.
Así que aquí estoy ahora, repantigada en el sofá, con mi pijama rosa de ositos, mi taza de té caliente en las manos y mis gafas puestas pensando en qué hacer para
matar el tiempo, sola…
Estoy aquí.
…sin nadie con quien hablar.
Pfff.
He encendido la televisión, la he apagado. Me he tomado el té entero y sigo sin saber qué hacer.
No, no mires hacia allí.
Observo la preciosa estantería de madera repleta de libros. Me levanto lentamente del sofá y ojeo los títulos. La mayoría ya los he leído, necesito libros nuevos.
Sí, pero no románticos. Y no me veis, pero estoy afirmando con la cabeza.

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El amor es una M… – Monika Hoff

Paso la yema de los dedos por ellos, me paro en uno, lo cojo y me tumbo de nuevo en el sofá. Ya tengo plan para el fin de semana.
Que ibas a acabar así tampoco era una novedad. ¿No te aburres

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