---------------

El anillo de la calavera – Scott Nicholson

El anillo de la calavera – Scott Nicholson

Descárgatelo El libro Gratis Ya!!

Resumen y Sinopsis De 

El anillo de la calavera – Scott Nicholson

El teléfono baló como una oveja eléctrica en el matadero.
Tenía dos teléfonos, uno en la sala de estar y otro en el cuarto. Quizás eran demasiados para una casa de tres dormitorios, pero le gustaba tener uno cerca en caso
de emergencia.
Julia fue hacia la habitación para poder hablar recostada en la cama, pero recordó el reloj congelado en el tiempo. No podía enfrentarlo en ese momento. Atendió el
teléfono que estaba en la mesa de café y se desplomó en el sofá.
—¿Hola?
—Hola, Julia. La voz del otro lado de la línea rebosaba de alegría y seguridad.
—Mitchell —respondió dubitativa, no sabía si quería saber de él.
—¿Qué hay de nuevo, amor?
Revoleó los ojos y resolló, harta de las típicas y frías demostraciones de cariño. —Nada.
—Perfecto —Se hizo un silencio tan largo como los 1200 km que los separaban.
—¿Novedades? —preguntó finalmente.
—Lo habitual.
Ese era el problema de Mitchell. Lo habitual era siempre algo nuevo para él. —¿Algún caso interesante?
—Sí, justo pensaba en eso. Tengo una joyita entre manos. Una señora dueña de un terreno. Lo heredó de su padre, ha estado en su familia desde la época de la
Reconstrucción. Un terreno feo de 16 hectáreas: mitad pantano, mitad colina. Apareció un urbanizador que le hizo una oferta para construir un centro comercial.
—Justo lo que Memphis necesita —se escuchó diciendo.
Obviamente, Mitchell no captó el sarcasmo. —Exacto. La señora se lo quiere quedar para transformarlo en un jardín orgánico o, Dios no lo permita, en un hábitat
natural. ¡Dios mío! El derecho real de conservación es una herramienta del diablo. En fin, el Consejo Directivo decidió declarar la propiedad de uso comercial, alegando
que…—.
Julia oyó el crujido de los papeles. Seguro que Mitchell estaba en su oficina, ubicada sobre la avenida General Pickett, la famosa zona de estudios jurídicos, y con
vista a la calle Beale. Desde la ventana, observaba las veredas repletas de turistas y músicos callejeros. Casi todos los músicos modernos de blues en Memphis
entendían lo que era un mal día en la bolsa de valores.
—Aquí está —dijo Mitchell entusiasmado. —Esto es un clásico. El Consejo Directivo ordenó que la propiedad se encontraba… cito: «en un área de desarrollo
urbano de vital interés para la jurisdicción extraterritorial de la municipalidad». La propiedad está a casi cinco kilómetros de los límites de la ciudad.
—Pobre señora. ¿Cómo hace para pagarte? —Mitchell facturaba por hora un número alto de más de tres cifras.
Lanzó una carcajada, esa risa escalofriante, embebida en champán burgués. —No le puede pagar a nadie. Está con la Unión de Libertades Civiles. Les venderemos
gato por liebre. El urbanizador se hará cargo de mis honorarios y luego trabajará como asesor para los fiscales de la ciudad.
¡Qué novedad! Mitchell eligió los negocios importantes, los grandes caudales de dinero y un curso legal que se desviaba bastante hacia lo inmoral y lo turbio. Lo
más patético era que la parte más enferma y débil de Julia adoraba esa arrogancia, era una adicción que ni siquiera la distancia podía romper. Era un leonino perfecto.
Habitaba en él ese león voraz que se comía crudas a las geminianas desdichadas.
—Basta de mí —le dijo—, ¿cómo estás?
—Bien —respondió—, de verdad.
—¿En serio?
¿Se lo oía preocupado? Le dio el beneficio de la duda. —Sí. En la oficina son todos muy buenos. Prefiero mil veces cubrir las noticias de la comunidad o de la junta
directiva escolar que trabajar en la escena del crimen.
—Mejor así. Bien sabes que nunca me gustó que estés metida en casos de asesinato y esas cosas. Amo a esta ciudad, pero se ha transformado en el mismísimo
infierno desde que…
—¿Cómo están tus padres? —le preguntó, antes de que comenzara a despotricar acerca del crimen, los impuestos y la clase baja.
—Muy bien. Están pasando unos días en el Martha’s Vineyard. En una de sus cuatro casas de temporada. Navidad en Boca Raton, Pascuas en Santa Monica, Día
de la Independencia en Boulder y Noche de Brujas en algún campo del noreste.
—Envíales saludos de mi parte.
—Serán dados. ¿Sabes? Les encantará saber de ti. Me preguntan todo el tiempo cómo estás. Sabes que te consideramos parte de la familia.

Mira El Vídeo Para Enseñarte como descargar!!

El anillo de la calavera – Scott Nicholson

—Quizás los llame por teléfono —mintió. Si llamaba, mencionarían la palabra que empieza con C. Toda mujer necesita un diamante para asumir el compromiso y
una sortija de oro para sellar el trato. Eso era tan cierto como que el sol sale cada día, lo

Puedes Leer Aquí Abajo En Online!!

Tambien Ya Esta Disponible Para Comprarlo En Tu tienda Favorita!! 

Clic Aquí Para comprar 

Leer en Online El anillo de la calavera Scott Nicholson

[sociallocker]
[popfly]

Descargar 

[/popfly] [/sociallocker]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
---------