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El guardián de piedra Los guardianes de piedra 1 – Jess Dharma

El guardián de piedra Los guardianes de piedra 1 – Jess Dharma pdf

Sinopsis De 

Libro El guardián de piedra Los guardianes de piedra 1 – Jess Dharma

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alrededor. Eso es lo que le sucedió
a Sárilan y Amanda, dos personas
que nunca olvidarían sus
vacaciones en Grecia…
La leyenda dice que todo
comenzó hace mucho, mucho tiempo,
casi en el comienzo de todo. Hades y
Laya aunque habían nacido como
dioses, crecían como cualquiera de
nuestros hijos, estudiaban, jugaban,
hacían travesuras y se divertían mucho
juntos. A Laya le gustaba imaginar que
sus muñecas eran humanas y que ella
era la diosa a la que veneraban, en
cambio, Hades como buen chico que
era, le gustaba pensar que cuando
creciera le sería otorgado el poder de
la guerra.
— ¡Cuando sea el dios de la
guerra dirigiré a todos tus humanos y
tú serás mi reina! —Decía él sacando
su pequeño pecho para parecer mayor
delante de su amiga.
— ¡De eso nada! Los Humanos
no lucharan cuando yo sea su diosa, y
por supuesto que no me casaré contigo,
no me pienso casar, ja, ja, ja.
Los años pasaron y llego el día
en que les otorgarían sus poderes, pero
al menos para uno de ellos los planes
no saldrían como llevaba toda la vida
planeando.
A Laya le fue otorgado el título
de diosa de los humanos, suyo sería el
deber de protegerlos. Ella había sido
preparada para ocupar ese puesto
desde que tenía uso de razón. Ahora
era el turno de su amigo. Hades
ansioso recibió la mala noticia de qué
sería el nuevo dios del inframundo,
dedicado a guardar en el infierno las
almas humanas más despiadadas y
crueles qué hayan existido.
— ¡No! ¡Tiene qué ser un error,
yo no puedo ser exiliado en el
purgatorio! —su cabeza no paraba de
girar, todo lo qué llevaba planeando
durante años, gobernar la humanidad,
Laya estaría a su lado… él la amaba,
en su edad adulta no se lo había dicho,
pero ella seguro qué lo sabía o no.
— ¡Cómo osas desafiarme! —
gritó Zeus y retumbo cada pilar del
Olimpo.
Sabía qué se tenía qué calmar,
si no refrenaba sus palabras el dios
pondría descargar toda su furia
atronadora.
—No mi señor, disculpad. Haré
como gustes. Si me disculpáis —y con
una reverencia abandono la sala de
actos y dejo a los demás celebrando su
dichoso día.
Laya en cuanto pudo se escapó
y acudió a sus aposentos, sabía qué su
amigo necesitaba un hombro donde
desahogarse. Sabía qué ese día
llegaría, siempre había sido una
persona ávida de poder, pero en los
últimos años había empeorado… se
había vuelto más violento frente al
resto de dioses, y puede ser qué eso
fuese lo qué había hecho cambiar de
opinión a padre.

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— ¿Puedo pasar? —dijo
tocando con los nudillos la puerta de
cristal opaco.
—Siempre. —estaba recogiendo
sus cosas, no levanto la vista para
mirarla, lo qué indicaba qué la
situación estaba peor de lo que
pensaba.
—Lo siento Hades, sé lo
importante qué esto era para ti. —
acarició su fuerte brazo, daría
cualquier cosa por poder absorber
parte de ese dolor qué sabía qué sentía.
—No te preocupes, tú dirigirás
a los vivos y yo a los muertos — soltó
una carcajada, no le gustaba qué ella
se preocupara. Ella siempre seria su
talón de Aquiles. —espero qué te guste
el calor, porque según tengo entendido
allí es sofocante. ¿Cuánto tardaras en
estar lista? —pasó un minuto, dos y al
no tener respuesta levanto la mirada
hacía ella. — ¿Qué te ocurre?
—Yo, yo no voy a ir Hades, eres
mi amigo y te quiero, pero no quiero
pasar la eternidad entre las paredes
del infierno. —se echó a llorar porque
sabía qué le estaba partiendo el
corazón.
—Pero y lo de siempre juntos,
yo te amo Laya, ¿cómo puedes
abandonarme? —La cogió fuertemente
por ambos brazos y la zarandeo—
¡contesta!
—Porque yo no te amo —
mintió.
En ese momento Hades
petrificado parecía tocado por el beso
de Medusa, la miro con odio y
segundos después desapareció del
Olimpo.

Un Hades despechado por el
deshonor recibido por parte del rey de
los dioses, y menospreciado por la
mujer amada, ideo un plan de
venganza. ¿Y de qué manera se puede
hacer más daño a un dios? Con sus
queridos humanos. Fue seleccionando
a los más crueles asesinos entre los
humanos, y pacto con ellos, “en el
momento de tu muerte si te consagras a
mí, te devolveré la vida, es más, serás
inmortal, a cambio tendrás qué estar a
mis órdenes y matar sin misericordia”.
Todos los asesinos estaban satisfechos
de morir, ninguno quería esperar a qué
la muerte llegara buscarlos. Ellos
mismos se despojaban de su vida
mortal, de esa manera estaban a sus
servicios y podían dar rienda suelta a
sus atroces mentes. Les había
bendecido con varias cosas, para estar
fuertes y no morir se alimentaban de
los sentimientos de los seres mortales y
tendrían poderes sobrenaturales,
fuerza, velocidad, hermosura.
Cuando Laya se enteró de lo
que estaba ocurriendo le pidió consejo
a su padre el dios Zeus, no sabía cómo
detener algo así, le superaba. “Hija yo
no puedo intervenir ahora los dos sois
dioses, pero deberías defender a tus
hijos los humanos, ellos te rezan cada
noche y piden tu protección” y así hizo
ella. Creo un ejército de Gárgolas,
esos maravillosos y fuertes seres
mitológicos, para poder combatir a los
raptores, los asesinos de Hades.
Laya y Hades aparecieron
delante de Zeus en el salón del trono en
el Olimpo. Se miraron el uno al otro
con desprecio en la mirada.
—Ahora mismo me da igual
vuestra rivalidad. Estáis aquí porque
los dos sois dioses y habéis decidido
crear una guerra en la tierra, donde
viven mis amados humanos. Y aunque
soy el rey de todos vosotros hay cosas
en las que no puedo intervenir. Los dos
sois conocedores de ello, de no ser así,
hoy no estaríamos aquí. Pero lo que sí
puedo y voy a hacer es poner una serie
de reglas qué más os vale qué cumpláis
porque no tengo ni tiempo, ni paciencia
para más tonterías. ¿He sido
suficientemente claro? —Asintieron—
primera regla y la más importante, los
humanos a parte de los que Hades
convierte o si se enteran por accidente
no sabrán de la existencia de ambos

El guardián de piedra Los guardianes de piedra 1 – Jess Dharma libro
ejércitos, no tienen la culpa de tener
dos dioses caprichosos jugando con
ellos. Segunda, cada uno de vuestros
ejércitos tendrá una debilidad

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