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El matrimonio concertado del capo de la Mafia Rusa – Bella Rose

El matrimonio concertado del capo de la Mafia Rusa – Bella Rose

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Resumen y Sinopsis De 

El matrimonio concertado del capo de la Mafia Rusa – Bella Rose

Observó cómo los pétalos de su húmeda abertura se estremecían esperando. No estaba acostumbrado a aquella embriagadora sensación de poder. Ella no tenía
reparos ni fingía. Era osada, y aquello le gustaba.
Ivan aferró su erección y la acercó a Kaylee. Deslizó la punta de su polla por los empapados pliegues de su sexo. Aquella exquisita sensación le hizo gemir y
jadear. Quería hacer que se corriese antes de penetrarla, pero ya no estaba tan seguro. Quería saborear cada ápice de su gozo y embriagarse de su clímax mientras estaba
dentro de ella.
Kaylee arqueó la espalda y gimió. Se aferró al borde de la mesa como buscando anclaje en la tormenta. Ivan colocó la punta de su verga en la apertura y comenzó
a penetrarla poco a poco. La fricción era increíble. Estaba tan tensa y caliente que temió perder el control en el momento en que estuviera completamente dentro.
De repente, ella colocó las piernas alrededor de su cintura y se ensartó en su miembro. Ivan se sorprendió cuando comenzó a restregar sus caderas contra él,
frotando su sexo con el suyo y proporcionándole el más exquisito disfrute que jamás había experimentado con una mujer.
-He dicho que quiero que me folles- le dijo con los dientes apretados. -Fóllame o déjame. ¿Entendido?
Ivan rió, y el sonido de su risa resonó por todo el bar para desvanecerse nada más empezar a embestir a Kaylee con su polla. Su cuerpo se estrellaba contra el de
ella. Sujetó fuertemente sus piernas para introducirse con más profundidad. Los pechos de Kaylee brincaban seductoramente con cada embestida. Se dio cuenta de que
tenía los ojos abiertos y le estaba mirando. El cálido castaño de su mirada destellaba con un fuego lascivo. Sus labios se separaron y él sintió cómo sus músculos
internos se comprimían alrededor de él.
-¡Ivan! Me corro, Ivan. ¡Oh, Dios!
Kaylee gritó y su cuerpo se convulsionó en torno a él. Los músculos de su coño aprisionaron su verga e Ivan no pudo resistir más. Embistió con fuerza,
introduciéndose aún más y derramando su semilla caliente. Ivan se aferró a los muslos de Kaylee y se corrió; su cuerpo continuó estremeciéndose mucho después de
haberle entregado todo lo que tenía.
Se sintió débil como un niño. Le temblaban las rodillas y apenas podía mantenerse en pie. Su mente estaba nublada, como si estuviera colocado. La sensación era
casi eufórica, más fuerte de lo que había experimentado con cualquier mujer.
-Joder- murmuró ella. -Estoy oficialmente alucinada.
Ivan soltó una risotada ante aquella frase tan incongruente con los poéticos pensamientos que revoloteaban en su mente.
-Vaya. Te estás riendo. Es tan…- ella se incorporó y se apoyó en los codos – insultante, de hecho.
Ivan contempló a la joven, preguntándose qué la hacía conmover. -Y, sin embargo, no te sientes insultada.
-Cierto- reconoció ella. -Pero se está haciendo tarde y tengo que cerrar e irme a casa. Mañana tengo que trabajar pronto, necesito dormir.
Sus palabras lo dejaron descolocado. Era consciente de que cada uno iba a irse por su lado, pero no le gustó. -Si vengo a tomar algo mañana, ¿estarás?
-No.
-No. ¿Nada más?
-¿Te refieres a mi número o algo así?- Ella levantó una ceja. -Ha sido cosa de una noche, señor Empresario Ruso. Podría decirse que ambos necesitábamos
desahogarnos.
-Tienes razón.- Él dio un paso atrás y se metió la polla en el pantalón. Mientras se ponía la camisa, notó que Kaylee estaba completamente desnuda salvo por
sus desgastadas deportivas. Estaba increíblemente adorable.
-¿Admirando mi conjunto?- se burló. -Estoy esperando a que te excuses como un caballero para poder buscar mi ropa.
-Veo que me estás echando.- Ivan se sentía extrañamente tenso y molesto. ¿Por qué? Intentó sacudirse aquella sensación. -Estaré en la ciudad unos cuantos días.
Puede que nos veamos.
-O no- dijo ella. -No te preocupes de cerrar cuando salgas. Yo me encargo.
Ivan asintió, tratando de mostrar el mismo desinterés de Kaylee. Se abotonó la camisa y se abrochó los pantalones despacio, dándose tiempo para pensar. Se dio
la vuelta y se dirigió a la puerta del bar, sin mirar ni una sola vez por encima del hombro.
-Adiós, Kaylee- se despidió. -Buena suerte.
-Espero que soluciones tus problemas con el gobierno – dijo ella. -Buen viaje.
Ivan salió del local y cerró la puerta, sintiéndose como si estuviera dejando atrás algo importante.
Capítulo Tres
Kaylee se giró en su estrecha cama y casi se dio de bruces contra la pared. Lo único positivo de aquel minúsculo estudio en un sótano del barrio Sur de Boston,
era que nunca hacía demasiado frío ni demasiado calor. En todos los demás aspectos, aquel sitio era un antro.
La radio de su vecino cobró vida y Kaylee parpadeó y se incorporó. Los dos billetes de cien dólares de su tocador eran la única prueba de lo que había sucedido
la noche anterior. Aquel pensamiento le proporcionó una inyección de energía. Tal vez aquel día no iba a ser tan malo después de todo.
En cuestión de minutos, se enfundó el uniforme, se lavó la cara y se cepilló los dientes. Con un poco de suerte, llegaría al trabajo a tiempo de echar mano de los
restos del desayuno. De lo contrario, tendría que aguantar hasta el almuerzo.
El autobús estaba a punto de alejarse de la acera cuando Kaylee golpeó la puerta. -¡Por favor!- gritó a través del vidrio. -¡Llego tarde!
Calvin, el conductor, abrió la puerta unos segundos, los que tardó Kaylee en subirse y, volviendo a poner el vehículo en marcha, se alejó del bordillo. Kaylee se
apoyó con dificultad en la barandilla mientras buscaba su pase. Tras escanearlo, se acomodó en un asiento.
Quince minutos de viaje, de gente subiendo y bajando, del mismo ritmo de vida que había llevado durante más de cinco años. Algunos días estaba tan asqueada
que le entraban ganas de llorar. Aquel día se sentía un poco aletargada. El recuerdo de Ivan aún estaba muy reciente. Casi tenía miedo de analizarlo.
Al bajarse del autobús, le embargó el mismo malestar que sentía desde la primera vez que vio la Residencia de Ancianos de Nuestra Señora de la Paz. Entonces,
había estado buscando cualquier tipo de cuidados para su madre, siempre que fueran asequibles. Ahora, deseaba poder pagar algo mejor.
-¡Kaylee!- La enfermera Gail Hodges saludó a Kaylee mientras ésta fichaba. -La directora te está buscando.
-Sí,- se animó Kaylee. -Lo sé. Tengo el dinero.
-Chica- Gail frunció el ceño. -¿Has robado una licorería o algo parecido?
Kaylee lanzó una risotada. -Trabajo en un bar, ¿recuerdas? Anoche los clientes dejaron buenas propinas. Al menos uno de ellos.
-Mírate, toda chula.- Gail se puso las manos en las caderas y meneó el trasero. -¿Enseñaste un poco de pierna o algo de escote?
-Ambos- bromeó Kaylee. -Será mejor que me vaya antes de que pierda el trabajo y echen a mi madre.
La risa de Gail siguió a Kaylee por el pasillo. La puerta de la oficina de la directora Peterson estaba abierta. Kaylee llamó y asomó la cabeza en la pequeña sala.
Las paredes eran de un amarillo desgastado que le recordaba a las bacinillas. La directora aseguraba que aquel color calmaba a los clientes.
-¿Kaylee?- Peterson se atusó el cabello en su sensato moño. -Entra. Tenemos que hablar sobre tus deudas.
-Mire, sé que voy atrasada con los pagos de mi madre, pero yo…
La directora la interrumpió. –Hace tres años te contraté para trabajar aquí porque sabía que necesitabas el dinero y que eres la única proveedora de tu madre.- La
directora Peterson levantó la mano como si estuviera dirigiéndose a una audiencia, no sólo a Kaylee. Su expresión de condescendencia hizo que Kaylee sintiera ganas de
golpearla. -Pero tu cuenta tiene treinta días de retraso.
-Lo sé y…
-No podemos permitir que tu madre siga con nosotros a menos que pagues la deuda por completo.- Profirió un largo, y claramente falso, suspiro de pena. –
Tendrás que hacer arreglos para llevarte a tu madre.
Kaylee sacó los billetes del bolsillo y los arrojó sobre la mesa. -¡Ahí tiene! Le dije que pagaría.
-Oh.- La directora abrió y cerró la boca varias veces, como si no supiera qué decir ahora que su discurso había quedado obsoleto. -¿Tienes algún plan para
mantenerte al día con los pagos?
-Por supuesto- mintió Kaylee. No había pensado tan a largo plazo. Ya encontraría una solución. Con el tiempo.
-Entonces voy a actualizar la ficha de tu madre para que refleje tu intención de pagar las facturas a tiempo.- En el rostro de la directora Peterson se dibujó una
sonrisa que reveló su escepticismo ante el hecho de que Kaylee pudiese acceder a esa cantidad de dinero de forma habitual.
-Gracias.- Kaylee sonrió dulcemente antes de darse la vuelta y salir de aquella oficina de paredes amarillo pis. No se sentía más tranquila, a pesar de haber estado
expuesta a aquel color. De hecho, se sentía fatal.
Kaylee se dirigió a la habitación de su madre en la primera planta. El ala estaba decorada en un apagado color salmón. Seguramente para animar a la gente, pero
con ella no funcionaba. La madre de Kaylee seguía en la habitación. Por lo general, a aquella hora, uno de los asistentes la ayudaba a vestirse y a acomodarse en su silla
de ruedas. Aquel día formaba parte de las tareas de Kaylee.
Tras tomar una tostada de la bandeja del desayuno, Kaylee observó a su madre. La demencia ya había hecho mella en su mente. Y el Parkinson estaba
destruyendo lentamente su cuerpo. Kaylee estaba dispuesta a hacer lo que fuera para aliviar el sufrimiento de su madre. La noche anterior había tenido suerte con un
cliente generoso. Claro que, Kaylee también había disfrutado de cada segundo de su tiempo con Ivan el no tan terrible. A veces, lo único que necesitaba era olvidarse de
su vida diaria durante un momento.
***
-¿Ivan? ¿Me estás escuchando?- Jonathan agitó una mano, intentando llamar su atención. -Tienes que encontrar la forma de quedarte en el país. No puedes
seguir dirigiendo el lado estadounidense de los negocios desde San Petersburgo. Ya hay rumores de que tu predecesor, Yakov Rossovich, planea actuar en contra de tus
intereses.
¿De verdad pensaba Jonathan que Ivan no lo sabía? Conocía los rumores, a pesar de que Yakov le había jurado lealtad. Las palabras de Jonathan parecían dar a
entender que Ivan era un ingenuo. Se puso en pie y miró con furia a su contable.
Jonathan retrocedió un paso. -Lo siento. No era mi intención ofenderte.
-Y, sin embargo, sigues despotricando como si tuviera otra opción.- Ivan entrecerró los ojos. -No puedo amenazar al gobierno estadounidense para que me
conceda un visado o legalice mi estancia en este país.
-Hay maneras…- comenzó Jonathan.
Ivan hizo un gesto con la mano, poniendo fin a la discusión. -Creo que el gobierno es consciente de que mi- Ivan trazó en el aire unas exageradas comillas –
negocio consiste en el contrabando ilegal de antigüedades para venderlas en el mercado negro.
-También está la casa de apuestas- señaló Jonathan, con su molesta predilección por los detalles. -Y el poker online. ¡Ah!, y las peleas ilegales.
Ivan levantó una ceja. -Más razones por las que inmigración no ve razón para prolongar mi estancia.
-Conozco gente- musitó Jonathan. -Podríamos conseguirte una esposa.
-¿Perdona?
A Jonathan parecía agradarle aquel tema. -Según la ley, si te casas con una ciudadana estadounidense, podrías quedarte y conseguir un permiso de residencia. Y,
con el tiempo, la ciudadanía.
-En estos momentos no tengo ningún deseo de obtener la ciudadanía, gracias- dijo Ivan en tono seco. –Aunque es una solución interesante.
Jonathan se animó. -Tengo una prima. No es nada fea.
-Nada fea- repitió Ivan con expresión dudosa. La imagen de Kaylee desnuda sobre la mesa con su polla enterrada en su coño caliente le vino inmediatamente a la
cabeza. -Creo que estoy capacitado para elegir a mi propia novia.
-¿Qué?- Jonathan lo miró alarmado. -No conoces a nadie.

Pages : 55

Autor : Bella Rose

Comprimido: no

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Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

El matrimonio concertado del capo de la Mafia Rusa – Bella Rose

-En realidad, sí- Ivan echó un vistazo a su reloj. -Sólo tengo que encontrarla.
Tras dejar a su contable con una expresión de asombro, Ivan salió de la oficina de Jonathan

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