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El refugio – Erick Martínez

El refugio – Erick Martínez

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Resumen y Sinopsis De 

Me encontraba en el quirófano del hospital “Cedars Sinai” de Los Ángeles, donde practicaba una extracción de bala, alojada en el abdomen de un paciente con
“HIV”, el cual se encontraba en un crítico estado de salud.
¡Pinzas! pedí estirando mi mano hacia el instrumentista, quien me colocó sobre la mano el instrumento quirúrgico, comenzando a colocarle en una de las
arterias principales para obstruir el flujo sanguíneo y lograr hacer la incisión sin problemas. ¡Bisturí!… ordené, sintiendo como una de las enfermeras me limpiaba la
frente, tratando de quitar el exceso de sudor acumulado en aquella zona de mi rostro.
Comencé a hacer el corte, tropezando las pinzas al escuchar como el electrocardiógrafo empezó a indicar que algo iba mal, soltándose la arteria, la cual se desprendió
ante la presión, bañándome todo el rostro de sangre, donde los presentes se apartaron raudos del paciente, mientras yo me limpiaba el rostro con la mano, tratando de
aclarar mi visión, percatándome de como todos me miraban asombrados, ante lo que estaba ocurriendo, observando cómo lentamente el paciente se sentó en la camilla,
comenzando a vomitar sangre con el rostro desfigurado y en estado de descomposición, hablándome en un tono de voz afectado.
Alégrese, doctor… ahora es inmune a nosotros. Volteé a ver a todos los que me asistían en la operación, los cuales poseían el mismo rostro de cadáver
descompuesto, vomitando sangre y con las pupilas rojas, quienes se abalanzaron sobre mí, haciéndome pegar un brinco sobre la silla, donde me había quedado dormido
después de un almuerzo rápido dentro del laboratorio, escuchando unos quejidos de dolor y la estruendosa voz del sargento Ricco, explicándole a la doctora Susan lo
que había sucedido con su mejor amigo Jhonny, quien era el que se quejaba de dolor.
Le dije al muy idiota que no se apartara del grupo, pero tenías que hacerte el Rambo delante de Alexa… ¿No? preguntó el sargento al adolorido muchacho, al
que habían colocado sobre la camilla, del otro lado del laboratorio, pudiendo ver todo a través de las paredes y la puerta de cristal antibalas y anti ruido, escuchando
todo por medio del intercomunicador que había entre el laboratorio y la enfermería.
Bueno… espero que haya valido la pena alegó Jhonny, tratando de soportar el dolor de lo que parecía ser una herida de bala, dándole la espalda a la enfermería,
girando la silla de oficina justo cuando Ricco posó sus ojos en mí, con una amplia sonrisa.
“Ahí va de nuevo”, pensé al ver como se había dibujado aquella sonrisita pícara que siempre me daba cuando tenía posibilidad de estar junto a mí, o cuando se daba
cuenta que le miraba.
Frente a mí se encontraba una laptop en estado de descanso, donde mi reflejo me mostró a un Christian completamente distinto al de aquel sueño recurrente, ese
donde se entremezclaba el pasado, en el que había sufrido aquel accidente con el paciente de HIV, y el futuro, en el cual dicho paciente terminaba transformado en
zombi, junto a todos los demás.
Hola Doc. La voz de Scahel me trajo a la realidad, donde volví a observar la oscura pantalla de la laptop, contemplando como Scahel se encontraba recostado en
el marco de metal de la puerta de cristal, la cual pensé que había cerrado con el seguro digital.
¿Sargento? contesté secamente, observando como mi barba había vuelto a crecer tan rápido, que ni me había percatado de ello.
Estamos de regreso, sanos y salvos y con buenas noticias, Doc notificó Scahel como si aquello me fuese a hacer sonreír de dicha, o como si esperara alguna
demostración de júbilo, algún indicio que indicara que su regreso al refugio, después de haberse ausentado durante treinta y seis horas, diese algún sentido a mi vida.
Ya veo… ¿Consiguieron suministros?… ¿Más sobrevivientes?… ¿Alguna muestra que me sirva para seguir con mi trabajo? pregunté levantándome de la silla,
rascándome la enmarañada cabellera, la cual también estaba comenzando a crecer.
Aún mejor, Doc. Seguí de espaldas sin deseo alguno de voltear a verle, pulsando “enter” para que la laptop comenzara a funcionar, esperando a que el soldado
concluyera. Conseguimos un centro comercial en el boulevard Wilshire, el cual al parecer, aún no ha sido saqueado por los carroñeros, y creo que hay varias farmacias
en ese lugar. Levanté el rostro, volteando a verle completamente serio, mientras él sonrió, percatándome de que traía una pajilla en la boca, la cual masticaba,
pasándola de un lado a otro entre sus labios.
¿Por qué no investigaron? pregunté, observando como el soldado volteó a ver hacia donde Susan atendía al civil militarizado, el cual siguió quejándose, mientras
Scahel cerró la puerta, dejando su fusil ARK-160 sobre una de las mesas del laboratorio, sin dejar de verlo tan serio como siempre lo hacía, para que se midiera conmigo,
aunque por supuesto eso nunca funcionaba con él.
Ya se hacía tarde, Doc, y los muertos aparecen de noche… ya sabe… Comenzó a hacerse el gracioso, alzando los brazos, haciendo el típico gesto de alguien
que pretendía hacerse pasar por fantasma, moviéndose de un lado a otro, acercándose a mí, preguntándole, después de darle la espalda, volteándole los ojos de mala
gana.
¿Cómo sabes que Billy aún no ha saqueado el lugar? solté, comenzando a abrir la aplicación de la cámara, para documentar lo que había hecho en la mañana,
esperando su respuesta.
Porque todo está sellado, candados, seguros, no había vidrios rotos ni puertas violadas… Su voz se escuchaba cada vez más cerca. Además… enviamos a
este idiota a averiguar si Billy seguía donde le habíamos visto, y en efecto… el balazo en su pierna es señal de que aún se encuentra en el lugar exacto donde nos
topamos con el carroñero, algo raro en él, porque Billy no suele quedarse mucho tiempo en el mismo sitio. Sin duda aquel comportamiento era de evaluar, pero por
ahora lo importante eran los suministros, y sobre todo, los medicamentos.
¿Ya te reportaste con el general Lawrence? Scahel se colocó a mi izquierda, mientras intenté acomodar la cámara en una mejor posición, escuchando su
respuesta completamente fuera de lugar.
Preferí venir a reportarme primero contigo… Christian. Suspiré tratando de controlar el mal humor que amenazaba con salir en alguna de mis ácidas respuestas,
volteándome para verlo con el ceño fruncido y los labios en una dura línea recta.
Mida sus palabras, sargento. Scahel sonrió con aquella odiosa sonrisita retorcida, que lo hacía ver por demás odioso y fanfarrón.
Me estoy midiendo, Doc… si no fuese así, mi respuesta sería otra. Acarició sus labios dándole una rápida mirada a la enfermería, imaginando que trataba de
constatar que no nos estuviesen viendo, girándome para encararle con

Orden de autor: Martínez, Erick
Orden de título: refugio, El
Fecha: 18 ago 2016
uuid: ad475997-9afe-4613-9c58-f3cedddc0060
id: 139
Modificado: 18 ago 2016
Tamaño: 1.99MB

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