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¿En tu casa o en la mía? – Luz Guillén

¿En tu casa o en la mía? – Luz Guillén pdf

Sinopsis De 

Libro ¿En tu casa o en la mía? – Luz Guillén

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hombre. Si te gusta… pues vale. Pero si
sólo es sexo… podrías ir cambiando de
pareja de baile de vez en cuando. Dudo
de que a él le importase, Dani.
—No es a él. Es a mí. Con Bruno la
cosa funciona. Es bueno en la cama,
además de amable, inteligente y
simpático.
—Pero no hay nada emocional con
él, por lo que dices. Nada te ata a esa
pseudorrelación. Puedes disfrutar de la
variedad, de la nov…
—No –‒la interrumpió Dani. Con
cierta violencia, levantó la mano en
señal de stop; estaba cansada de oír
siempre la misma cantinela—, no me
vas a convencer. Si quiero sexo en algún
momento, llamo a Bruno y me doy un
buen revolcón. No me apetece gastar mi
tiempo en buscar una pareja sexual de
una noche de la que no estoy segura de
que pueda darme lo que me gusta en la
cama. Con Bruno no tengo que
molestarme en decir cómo, qué y
cuándo.
—Es una relación de lo más extraña
la que mantienes con ese chico. En serio
que no lo entiendo —enfatizó negando
con la cabeza.
—No tienes por qué. A mí me
funciona y es todo lo que importa. —
Apartó la mirada de los ojos de su
amiga y fingió buscar algo entre los
papeles que descansaban sobre su mesa.
—De acuerdo. No voy a volver a
discutir contigo sobre el tema, si no
quieres. Aun así, reconocerás que muy
normal no es —insistió airada.
—¿Y quién te ha dicho que yo
quiero una relación normal? —Alzó los
ojos hasta encontrarse con la mirada
enfurruñada de Merche—. Bruno me da
sexo. Sexo del bueno. No tengo
complicaciones ni implicaciones de
ningún tipo —afirmó decidida.
Merche levantó la barbilla con
chulería, giró sobre sus talones y salió
del despacho de su amiga para dirigirse
al suyo. No entendía a Dani. Llevaba
años manteniendo la historia esa con
Bruno y la situación se conservaba como
al principio. Ella lo llamaba, quedaban,
tenían un sexo fantástico, al parecer, y se
despedían hasta la siguiente llamada de
Dani. Sin preguntas, sin más
acercamiento salvo el puramente
sexual… No, Merche no concebía una
relación así. Una cosa era el sexo
ocasional, pero aquello era algo muy
diferente.
Dani miró la puerta por la que
acababa de salir su amiga y compañera
entrecerrando los ojos. La quería, por
supuesto, pero a veces era muy cargante.
Con el tema de Bruno siempre se ponía
extremadamente pesada. Si no entendía
que prefería a Bruno, un hombre
atractivo que la llevaba al séptimo cielo
en cuanto la tocaba y cuya charla era
siempre interesante, a la incertidumbre
de pasar un rato con un tipo del que no
sabía nada, que podía tener el pito
pequeño y hasta le podían oler los
pies… pues peor para ella. Bruno era
siempre una buena elección. Con él no
había error posible. Por otro lado, nunca
le había pedido pasar a otro nivel.
Bruno tenía tan claro como ella que lo
suyo era sólo y llanamente sexo,
buenísimo, sin nada más que añadir a la
ecuación.
Tanto pensar en su compañero
sexual provocó que se le despertara el
deseo de sentir sus manos sobre su piel,
su boca en sus pezones, su sexo
anclándose en el suyo. Automáticamente,
cogió su teléfono móvil y le mandó un
WhatsApp para quedar con él esa misma
noche.
¿En tu casa o en la mía?
No obtuvo la réplica rápida que
solía recibir al mandar un mensaje como
aquél. Esperó durante una hora, sin
éxito. Mientras los minutos pasaban, iba
alternando las miradas furtivas al
aparato con su trabajo en el ordenador.
Pero no hubo respuesta de Bruno.
Volvió a intentarlo de nuevo. Tal vez no
había recibido el mensaje, aun a pesar
de que se veía como leído.
¿Has recibido mi mensaje? ¿Quedamos esta
noche?

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En los tres años que duraba lo suyo
con Bruno, nunca había tardado tanto
tiempo en obtener una contestación
positiva a su propuesta implícita de
sexo. Le extrañó no recibir un
WhatsApp de vuelta como era
costumbre. Volvió a mirar el silencioso
teléfono. Cuando se convenció de que,
por primera vez desde que lo conocía,
no iba a quedar con él, se consoló
pensando que quizá estaba liado con
algún acontecimiento o ceremonia. Era
extraño que lo hubieran llamado para
cubrir un evento entre semana, pero las
bodas civiles se celebraban de lunes a
viernes y, en alguna ocasión, ya lo
habían contratado para fotografiar algún
que otro enlace de ese tipo.
Pasó el resto de la mañana con peor
humor de como la había comenzado. La
esperanza de una noche caliente se había
esfumado por el momento, pero no se
rindió. Todavía no lo haría. Durante la
tarde volvería a insistir y, si era preciso,
llamaría aun a riesgo de interrumpir su
trabajo.
La jornada había terminado y su
móvil se había mantenido mudo todo el
tiempo. ¿Bruno no había tenido ni un
instante para responderle? Empezó a
preocuparse. Él no era de ese tipo de
hombres desconsiderado y altanero. No.
Era cortés, respetuoso… Seguro que le
había pasado algo grave si no le había
contestado todavía. Era eso o que se le
había caído el teléfono en alguna
alcantarilla.
Antes de salir de la oficina, con la
mesa de su despacho limpia de papeles,
bajó el estor de la ventana, apagó el
ordenador y fue a despedirse de Merche
y del resto de los compañeros; después,
tecleó inquieta el número de Bruno. Lo

¿En tu casa o en la mía? – Luz Guillén gratis

había pospuesto hasta ese momento con
la esperanza de que él diera señales de
vida, pero, al no haber sido así, no le
quedaba otro remedio que llamarlo y
salir de dudas.

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