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Entre llamas – Ginger Vermar

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Resumen y Sinopsis De 


Entre llamas – Ginger Vermar

Cuatro meses pasaron desde que Natalie despertó del coma profundo en que se hallaba sumida y hoy era dada de alta. Con casi diez kilos menos, con un cabello
larguísimo y con los brazos tumefactos producto de tantas medicinas, además de una plétora de recomendaciones, por fin regresaba a casa con su madre.
Ese día llevaba un vestido amarillo que Janet había comprado para ese momento especial. Se veía extremadamente hermosa, considerando todo el tiempo que había
estado internada. Se miró al espejo y, a pesar de su delgadez, aquel vestido realzaba su cintura, revelando unas caderas pronunciadas. Acompañando a este vestido iban
unos zapatos de tacón en tono perla con los que había logrado crecer algunos centímetros. Dio un leve suspiro al imaginarse que a su lado estaba Ana, tomada de su
mano… También creyó ver a su padre reflejado en el espejo… él se había ido y no tuvo tiempo para despedirse. Lo extrañaba… con él todo habría sido tan diferente…
En ese momento Michael ingresó a la habitación. Desde que recobró la conciencia, él había estado a su lado gran parte del tiempo. Era un hombre altivo, contestaba las
preguntas en forma directa y sin consideración, pero inexplicablemente se sentía bien con su presencia.
¿Estás lista, Natalie? vestía su típica bata blanca y lucía una identificación pegada en uno de los bolsillos superiores que decía: Dr. M. Thompson M.-Médico
Cirujano-Psiquiatra.
¿Trabajas desde hace mucho tiempo en este hospital?
Lo suficiente. Desde que elegí mudarme a Londres, he estado en este hospital. ¿Estás lista?
¿Qué significa la «eme» en tu apellido?
Creo que debes preocuparte de otros temas en lugar de las iniciales del apellido de tu médico Natalie esbozó una mueca de fastidio mientras detrás de él llegaba una
enfermera. Adelante dijo a la mujer que empujaba una silla de ruedas. Asiento, señorita Galena Michael había hecho caso omiso al rictus de Natalie.
Puedo caminar respondió casi ofendida.
Reglas del hospital: entras en camilla, sales en silla de ruedas.
Pe… Michael ya la había sentado en la silla y puesto sobre sus piernas el pequeño bolso de mano. Pero no es… con sus treinta años cumplidos, Natalie se
sentía como una quinceañera inexperta al lado de ese hombre tan seguro de sí que a ratos la hacía titubear.
Vamos, yo te acompañaré en ese momento Janet llegó al cuarto y cogió la valija con las pertenencias de su hija.
Caminaron por el pasillo en tanto varias enfermeras se despedían cariñosamente de ella, todas estaban muy emocionadas. Algunas se detuvieron y la besaron en la
mejilla. Otras le regalaron flores y un señor que era el auxiliar de aseo, le obsequió una cajita de chocolates. Se notaba que llevaba mucho tiempo allí y que el personal le
tenía aprecio.
Al entrar en el ascensor vio un gran ramo de rosas rojas dispuesto en la puerta, con una tarjeta blanca escrita a mano con letra cursiva, que decía:
Ahora debemos dar inicio a la búsqueda de tu hija. Con afecto, M.T.M.
Janet tomó el ramo, mientras Natalie leyó un par de veces la tarjeta, mirando luego a su doctor, pero él aparentó no darse cuenta. Presionó los botones del elevador y
este comenzó su marcha hacia los pisos inferiores.
¿Tú escribiste esta nota?
Sí respondió escueto.
¿Por qué? No tienes obligación de ayudarme.
No la tengo, pero sé que es hora de iniciar la búsqueda de Ana, ¿no es así?
¿Quién eres? ¿Por qué tu rostro me es tan familiar?
Es un tema que luego conversaremos. Mañana debes ir a mi consulta particular, la dirección está en el dorso de la tarjeta Natalie volteó la cartulina y en efecto, allí
había una dirección.
Prefiero que lo hablemos ahora.
En este momento no tengo tiempo. Mañana será. Bien, llegamos estaban en el primer piso del hospital y avanzaron hasta la salida. Janet… Natalie… que tengan
buen día. ¡Ah! Señora Galena, debe ser estricta con los ansiolíticos de su hija… muy precisa en la hora que le corresponden y en la cantidad prescrita. Ni más, ni menos
(por ahora). Natalie, mañana a las siete de la tarde te estaré esperando. Que tengas buen día y con su paso distinguido se retiró, momento en el que por fin Natalie
pudo ponerse de pie, mientras un auxiliar del hospital retiraba la silla que acaba de desocupar.
¡Por Dios, qué mareo! Razón tenía el médico en ordenarle que utilizara la famosa silla.
¿Seguro que estás mejor? preguntó Janet. Natalie asintió. Entonces dame diez segundos y traigo el carro. Lo tengo estacionado acá cerca.
Por fin inhalaba el aire del exterior. Sentía que sus piernas no la iban a sostener por mucho tiempo, pero su madre no había demorado en ir al aparcamiento cercano y
traer el vehículo hasta el ingreso. Natalie se sentó de copiloto mientras Janet acomodaba el equipaje en el maletero del city-car, modelo ultraeconómico, que tan buen
servicio brindaba.
Mamá, ¿qué información manejas en relación al médico que me trata? preguntó a Janet cuando habían iniciado la marcha.

Pages : 58

Autor : Ginger Vermar

Comprimido: no

Format :True PDF 

Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

 Entre llamas – Ginger Vermar

¿Te refieres al doctor Thompson? Natalie asintió. Pues no mucha. Lo conozco desde ahora. Es decir, lo he visto en el hospital unas cuantas

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Entre llamas – Ginger Vermar

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