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Mi error fue creer en cuentos de hadas 1 – Moruena Estríngana

Mi error fue creer en cuentos de hadas 1 – Moruena Estríngana

Libro Mi error fue creer en cuentos de hadas 1 – Moruena Estríngana

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La joven levantó la cabeza del
pecho desnudo de su amante. Lo miró
con cariño, aún con las mejillas
sonrosadas por lo que acababa de pasar.
Se habían amado y había sido mejor que
en sus sueños. No podía creer que el
chico del que llevaba casi toda la vida
enamorada por fin la hubiera hecho
suya. Todo era perfecto. Pronto serían
novios formales, más tarde se
prometerían y un día sería su esposa. No
se separarían jamás.
Le sonrió y él le devolvió la
sonrisa. Estaba igual de cortado que
ella. Había sido la primera vez para
ambos —aunque él ya tenía diecisiete
años y ella quince—, pero no habían
podido refrenar su inocente pasión.
—Estaremos siempre juntos.
La joven le sonrió tras su bella
promesa y él pudo ver el amor y la
ilusión en sus grandes y almendrados
ojos marrones.
—Sí.
No podía decir más, estaba
abrumado por los sentimientos y por lo
que acababa de suceder.
—Tengo que irme… —dijo ella,
mostrando ser la que tenía más cordura
de los dos.
Se vistieron entre risas y besos.
Ninguno quería poner fin a esa noche, no
querían que esa perfección se viera
enturbiada por la realidad.
—Te quiero —le dijo la joven.
Luego le dio un beso y se fue a su
cuarto, que estaba en la zona del
servicio, mientras ya soñaba despierta
con la maravillosa vida que la esperaba
al lado de su príncipe. Porque, a pesar
de que él no le había dicho que la
quisiera, lo había visto en sus bellos
ojos azules.
La joven estaba tan ensimismada en
sus pensamientos que no se percató del
hombre que la observaba con rabia por
ver la felicidad que su hijo había
implantado en la cara de esa niña.
Pero él se encargaría de arrebatar
esa sonrisa. No permitiría que su hijo
fuera más feliz que él. Y con esa idea
llevó a cabo su plan; un plan que
destruiría el futuro de dicha de los dos
jóvenes.
Y así lo hizo. Los sueños de la
joven se vieron rotos en mil pedazos
cuando la crueldad del que era su rey se
cernió sobre ella, pero en el fondo su
corazón, puro y soñador, aún tenía la
esperanza de que su príncipe la salvaría.
En los cuentos siempre sucedía eso: el
príncipe acudía al rescate de la
doncella… Mas esta vez no fue así. Esta
vez el destino quiso que ese día dejara
de creer en cuentos de hadas.
MI ERROR FUE CREER
EN CUENTOS DE HADAS
PARTE I
CAPÍTULO 1
Cuatro años y algunos meses más tarde
MATT
Me llevo la mano a la frente,
cansado. Son más de las doce de la
noche y no he dejado de revisar papeles
desde esta mañana, y ya llevo así varias
semanas. Por más que trato de sanear las
empresas de mi padre para evitar que se
vayan a pique y se despida a toda esa
gente, no sé cómo hacerlo. Mi padre las
gestionó muy mal, aparte de explotar a
los trabajadores, y luego entró en la
cárcel, donde acabó sus días. Todo pasó
a ser mío y no sé cómo encauzarlo. Su
mala gestión ya le hizo perder varias
empresas en el pasado, y ahora me veo
en el lío de intentar salvar las que
quedan.
El título de rey que también heredé
tras su muerte no es más que eso, un
título que no simboliza nada. Si acaso,
la historia de mis antepasados. Pero por
lo demás, solo soy Matt. El palacio
donde vivía mi padre lo he habilitado
como museo de la historia de los
antiguos reyes de este pueblo. No quería
vivir en él; prefería hacerlo lejos de los
recuerdos del tirano de mi padre. Ahora
resido en una pequeña mansión en el
reino de los padres de Liam y desde
aquí dirijo las empresas. Me siento más
cómodo en este pueblo.
Dejo para mañana lo que estoy
revisando y decido irme a la cama.
Cuando entro en mi cuarto,

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mis ojos van
sin querer hacia el dibujo que me hizo
una de mis mejores amigas, Jenna. Al
final conseguí convencerla para que lo
terminara, pese a que a su novio no le
hacía mucha gracia que se recreara en
dar forma a mis músculos. Sonrío al
recordarlo: mereció la pena ver a
Robert morirse de celos por algo tan
inocente. La quiere mucho y me alegro
por ella, porque al final haya encontrado
a alguien que no ate sus alas. Jenna es
muy especial y si hubiera dado con
alguien que no la hubiera entendido,
habría acabado matando su esencia.
Me pongo el pijama y dejo el reloj
en el escritorio, donde veo la invitación
de boda de Dulce y Ángel. Hace unos
años me hubiera parecido increíble este
acontecimiento, casi tanto como el de
que estén esperando un bebé… Aunque
esto aún no nos lo han confirmado, todos
lo sospechamos, pues Dulce no prueba
nada de alcohol y Ángel está demasiado
pendiente de ella, cosa que a Dulce la
altera, y alguna que otra vez acaban
discutiendo para luego hacer las paces
entre besos y abrazos.
Pienso en ellos con cariño. Se me
hace raro ver cómo maduramos y cómo
vamos encauzando nuestras vidas… Yo
no me siento preparado para tener hijos
hoy por hoy, aunque tal vez se deba a
que aún no he encontrado a la mujer con
la que merezca la pena formar una
familia… Sin querer, mi mente evoca a
alguien a quien sí llegué a amar y,
aunque enseguida desecho ese
pensamiento, tras los últimos
acontecimientos no he podido evitar
pensar en ella. Becca.
Busqué a su padre para
comunicarle el fallecimiento del mío y
convocar a su hija a la lectura del
testamento. Me sorprendió mucho que su
padre me dijera que iría él en su lugar, y
más que el notario lo aceptara y no fuera
primordial que ella asistiera en persona.
Una parte de mí sintió alivio, pero
otra… en fin, es mejor dejarlo estar.
Sin embargo, la sorpresa estaba
aún por llegar, pues tras abrir el
testamento y leerlo, descubrimos que no
mencionaba para nada a su esposa. No
le había dejado nada. El padre de Becca
lo escuchó con rabia apenas contenida.
Cuando el abogado le tendió unos
papeles y le dijo «Esto es lo que quería
tu hija», él solo apretó los puños y
asintió. —La anulación del matrimonio de
su hija con el rey Raven —informó con
una sonrisa el abogado de la familia—.
Hace tiempo que llegaron estos papeles,
pero el muy desgraciado no ha sido
capaz de dárselos. Esto anula todo lazo
que tuviera con él.
Lo miré sin comprender nada. ¿La
anulación? ¿Por qué querría Becca
anular su matrimonio si se casó con mi
padre por lo que representaba ser reina?
¿Por qué renunciar a todo? Me quedé tan
descolocado que cuando todos se
marcharon seguía dándole vueltas en la
cabeza, tratando de entender lo que
había sucedido.
Al final llegué a la conclusión de
que era mejor dejar el pasado atrás. Si
su matrimonio con mi padre había
quedado anulado y ella no

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