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Todas las mañanas contigo – Xuso Jones

Todas las mañanas contigo – Xuso Jones

Todas las mañanas contigo – Xuso Jones

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—Espera, espera… ¿Qué dices?
Raquel está sollozando y habla entre hipidos, tanto que a Olivia le está costando horrores entenderla.
—Pa… Pa… Pa… co me… me…
—Raquel, cariño, ¿qué pasa? ¿Papá y mamá están bien?
—No… Pa… Pa… co me… meng…
—Espera. —Olivia sabe que su hermana, al ser tan pasional como es (algo que las diferencia), no reacciona nunca con frialdad, sino poniendo el corazón sobre la

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mesa. Y se ahoga, trastabilla…—. Respira hondo, ¿vale?
—Paco me engaña, Olivia… ¡¡¡Me ha estado engañando durante años y yo, como una gilipollas, no me he dado cuenta!!!
—¿Qué? Pero si con el trabajo que tiene con el camión apenas le da tiempo ni de verte a ti…
—¡Eso me creía yo! —Raquel vuelve a coger aire para no caer de nuevo en el llanto—. El muy cabrón me decía que tenía que viajar cuando se iba a casa de su
amante… Yo matándome a trabajar… ¡Y el muy hijo de puta se lo gastaba todo en ella!
Olivia se ha quedado muda. ¿Paco ha sido capaz de llevar una doble vida? Si siempre pensó que el cerebro apenas le daba para una y sencillita, que su cuñado era el
típico «listo-no-es-pero-sí-buena-persona». Y resulta que ni lo de buena persona.
—Pero ¿cómo te has enterado? ¿No estarás malinterpretando algo?
—¡¿Malinterpretar?! La tipa con la que se ha estado acostando todo este tiempo ha venido aquí y me lo ha contado todo. —Raquel gimotea y se suena los mocos con
gran estruendo—. ¡¡¡Casi he tenido que darle las gracias!!!
—Dios… ¿Y qué has hecho?
—Pues de momento he subido las maletas del sótano, las he llenado con sus mierdas y se las he tirado en la huerta. Lo he llamado para avisarlo y para decirle que un
juez ya determinará cuándo puede ver a los niños.
Varios segundos de silencio ponen en alerta a Olivia.
—¿Raquel? ¿Estás ahí?
—Sí… sí…
A Olivia se le rompe algo por dentro al darse cuenta de que su hermana está llorando en silencio. Raquel es un volcán en erupción, un torbellino de buen y mal genio.
Pero cuando se calla es que ha tocado fondo, como ahora.
—A ver, aunque sea tu hermana pequeña voy a hacer de hermana mayor. —Olivia eleva su mirada al cielo a través de la ventana, como hace cada vez que piensa—.
Deja a los niños con papá y mamá, ¿vale? Diles que… no sé, que has de venir a Madrid a hacer unas gestiones o algo y que volverás enseguida.
—Pero no puedo dejarlos solos ahora…
—No estarán solos, estarán con papá y mamá. Piensa que no puedes contárselo en estas condiciones. No quieres asustarlos, ¿verdad? Tienes que darte un tiempo a ti
misma antes de poder explicarles la situación. ¿A que no quieres que vean a su madre llorando y hecha una mierda?
—No, no, quiero que me vean bien… Bueno, más o menos bien.
—Pues claro, cielo. No te preocupes, hablaré con papá y mamá, ellos lo entenderán y se harán cargo de los peques. Tú te vienes a Madrid, vamos a ver a un buen
abogado y lo ponemos todo en marcha.
—No sé, Olivia… Yo no puedo pagar eso. Hablaré con alguien del pueblo y…
—¡Ni hablar! —La joven se enfurece—. Al abogado te invito yo… A ver si encima el imbécil de Paco te va a ganar el juicio porque no tengas una buena defensa. Tú
no te mereces esto. Así que te vienes a Madrid, vamos al abogado y, de paso, me ayudas a encontrar local, que estoy hasta las narices de ver cuartuchos asquerosos y
necesito que me ayudes. No se hable más.
—Vale, vale… Si me necesitas para el local… Snifff… —Raquel se sorbe los mocos y suena como un aspirador industrial—. Llamo a papá y a mamá y miro lo del
billete del bus.
—No, tranquila, ya les llamo yo y se lo cuento todo… Así adelantamos. Tú haz la maleta. Pero antes que nada, tómate una tila triple y lávate la cara, anda, que no
quiero que ni Paco ni nadie te vea destrozada… ¿Raquel? Raquel, ¿me oyes?
—Sí, sí, perdona, sister, pero estoy alucinada contigo… ¿Qué haría yo sin ti?
—Pues seguramente ahora mismo estarías prendiéndole fuego al pueblo entero, que te conozco.
—No descarto quemar algún contenedor de camino.
Cuando Olivia va a recoger a su hermana a la Estación Sur de Autobuses de Madrid, lo que se encuentra al bajar del coche le encoge el estómago. Raquel, su Raquel
explosiva y radiante, la bruta que puede con todo, que la defendía a pedradas cuando era pequeña y que sería capaz de parar una bala poniendo la mano, se ha
convertido en una persona hundida, que camina con la espalda doblada y arrastrando los pies.
Al verse se funden en un abrazo largo y fuerte, tanto que se les olvida todo lo que les rodea. ¡Menuda ironía que, en apenas un mes de diferencia, sea a Olivia a quien
le toque consolar un corazón roto! Raquel es su hermana mayor y siempre ha sido sólida como una roca: se casó muy joven y decidida, tuvo a los niños, trabajó, levantó
una casa de la nada… Raquel siempre ha podido con todo y ahora no puede ni con su alma.
Al llegar a casa Olivia le hace un gesto con la cabeza a Raquel, señalándole el otro lado del rellano, donde vive Paulo.
—Sin noticias, como le pedí.
—Tenemos que hablar de todo esto…
—Sí, sí, pero primero te divorcias, sister, que lo tuyo tiene mucha miga.
Abren una botella de vino y Olivia contempla, estupefacta, cómo su hermana se la bebe casi entera. Si lo llega a saber, le hubiera dado una pajita y así se ahorraría
tener que fregar la copa…
—¿Sabesh qué? —A Raquel le patinan las sílabas.
—¿Qué, sister?
—Que enshima la otra era más fea que mandar a la abuela a por drogash…
Olivia no puede reprimir una carcajada y Raquel, aunque al principio se extraña, se une a ella.
—No te preocupes. Al imbécil de Paco…
—¡Mi ex! ¡A eshe llámale «mi ex»! ¡No se mereshe ni tener nombre!
—Pues eso, al imbécil de tu ex se le va a caer el pelo, porque lo he consultado con el abogado y si podemos demostrar que durante tres años te ha estado engañando
con otra tendrá que pagar una buena pensión para los niños. Además, todos los gastos de los peques tendrán que ir por lo menos a medias, a no ser que…
Olivia se vuelve hacia su hermana y se da cuenta de que se ha quedado totalmente dormida en el sofá, con la boca abierta y la cara apoyada en el respaldo. Le quita
con suavidad la copa de la mano y la acompaña a la cama.
A continuación se va al baño a ponerse el pijama sin hacer ruido, y mientras se desmaquilla escucha cerrarse la puerta de Paulo. «Ya ha llegado», se dice, y por un
segundo siente alivio al saber que él está ahí. Pero enseguida se arrepiente de haber sentido eso. No tiene que alegrarse por nada que tenga que ver con él, no se lo
merece.
Se pone una pequeña cantidad del exfoliante Not Santas en la mano, se masajea el rostro y después de aclarárselo con agua tibia se aplica una crema de café que está
en fase de pruebas y que querían poner a la venta con vistas a la campaña de Navidad. «Me gusta —piensa—: huele a café pero también a vainilla, como les pedimos.»
Al meterse en la cama se acurruca de lado junto a su hermana y la abraza para dormirse, como cuando eran pequeñas. Solo que ahora llevan

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13 Comments

  1. hola chicos llevo dias sin poder descatar ningun libro igual no se hacerlo me podeis decir como tengo que hacerlo muchisimas gracias.

  2. Hace mas de media hora que intemto bajarlo y no puedo. Dice que esta detectando el enlace pero no lo hace. Lo actualice muchísimas veces y nada. Alguna solución?

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