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Hermanos del cielo – S. Blanco

Hermanos del cielo – S. Blanco

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Resumen y Sinopsis De 

Hermanos del cielo – S. Blanco

Pero Miguel no se atrevió a mirar a Padre, solo se arrodilló ante su presencia en los jardines. Aquella fuerza llena de Amor que le embargaba y le controlaba.
Pero no era una hipnosis, ni un control forzado, sino que era libre elección. Le estaba dando a elegir, le estaba dando un nombre en realidad.
Aquella libertad que Dios le entregaba a los Arcángeles era plena, y decidiría el poder de la primera guerra en el cielo, en realidad una guerra entre hermanos, entre la
propia familia. Pero también el amor que Padre les entregaba era perfecto, pero lleno de pruebas constantes. Para Miguel toda su existencia lo fue.
Miguel ¿es que no me has oído? Tú “quien como Dios”…álzate ahora ante tu padre que te necesita.
Pero Miguel permaneció mirando el suelo, tocando la hierba verde, y sintiendo su calor.
Hijo la voz de Padre le dio otra oportunidad, pero el Arcángel no contestó.
Cerró los ojos una vez más, y sólo sintió su propia energía. Aquella prueba primera, en el mismo día de su nacimiento…le atribulaba.
Padredijo Miguelyo no soy “Quien como Dios”, tú me diste otro nombre, yo no soy como tú Padre y jamás osaría serlo.
Quis Ut Deus? el Altísimo entonces dejó que su Espíritu Santa cayera sobre Miguel, quien vio como la Sombra de Padre tras él crecía, y como el cielo se oscurecía,
para abrazarle y recibirle. Lo que sintió entonces Miguel fue la unción de su propia identidad.
Soñó más que vio. Sintió más de que recordó, y amó.
Sintió como miles de brazos y cuerpos le abrazaban, como era amado, o como sería amado, temido y obedecido, como mano derecha de Padre.
Vio a sus futuros hermanos, junto a él, sonriendo, a todos los Arcángeles, masculinos y femeninos, de largos cabellos, y largas alas blancas como la nieve alrededor,
pero cuando Miguel, debilitado por la Gracia, en aquella especie de sueño, cansado en aquel su primer día, alargó la mano para tocarles, estos desaparecieron. Una mano
le tocó la cabeza, era cálida. Después una segunda vez, la misma mano le tocó su pecho, y le hizo sentirse seguro. Era la mano de Padre. Miguel ahora Estaba acostado
en su casa…era extraño…a su alrededor, un vaso de agua le esperaba en su mesita de noche, sobre el dorado suelo, levantó su cabeza, pero apenas pudo de lo mareado
que se sentía, en aquella extraña comunión. Pero un tercer sacudón le hizo sentir como no estaba en su casa realmente.
Dos veces fue alzado y una tercera ungido.
Miguella mano se posó sobre su cabeza, y algo le cegó. Como aquel que mira detenidamente el sol alumbrando en el cielo, sintió como algo caliente salió de su
pecho y subió hasta su cabeza, alrededor de la cual una extraña capucha le envolvió del frío que comenzó a sentir en cada una de sus extremidades.
Miguel había sido presentado, ungido, como el primer Arcángel de Padre. Sintió como su imagen, su piel, su ropa se revestía más aún. Su cinturón de guerra
apareció, sus dos vainas de cuero oscuro en su espalda.
Sintió como los astros, como el universo sobre la bóveda celeste quedó expuesto, como el cielo no era más que un velo tupido ante el que miles de galaxias, de
estrellas, de lugares lejanos y divinos se concentraban para mirarle. Vio la atención sobre él de cada una de las esferas celestes, e incluso sintió la corriente fría de lagua
de la tierra debajo. Tocó el cielo al abrir los ojos, en una visión que le hizo gritar de miedo y de alegría, y descendió luego a la tierra, y sintió la fuerza de las manzanas y
las altas hierbas de prados aún no creados, mientras cayó ante las puertas de Padre, trasportado por su propio peso, gimiendo en un grito terrible por la caída, cuando la
luz le soltó. Se lanzó entonces en picado, y llegó al suelo, apenas sentía las alas, solo sus fuertes piernas aguantaron su peso, que sin embargo era ligero al posarse,
pareciera mucho más pesado arriba.
Un grito ahogado le siguió, mientras luego el silencio y la doble voz de Padre hablaron en oráculo.
Miguel se arrodilló delante de la Casa de Padre, y abrió sus brazos.
Sin saberlo, sus grandes alas abarcaron entonces ambas puertas, ante las que Padre se encontraba. Las sacudió, nervioso, no sabiendo todavía coordinar sus
miembros, asustado por el repiqueteo de sus plumas contra la puerta blanca. Dentro…
El secreto, la Gloria.
Miguel miró hacia atrás, y vio los reflejos, las piedras verdes esmeraldas entremezcladas con sus plumas blancas.
Frente a él, dos espadas en tierra, y una lanza cruzándolas, le esperaban, para armarle. Parado, nervioso, esperó y esperó durante horas, sin saber el qué. Tal vez
¿que vinieran todos sus hermanos a verle, aquellos a los que había sentido, pero que aún no existían?
Miguel se sentó entre las almenas, dejando las armas atrás, durante un tiempo.
Esto sería lo que lo distinguiría de sus hermanos y hermanas arcángeles, el silencio, la meditación, de todo cuanto era, de la palabra de Dios.
Miguel, el Incorruptible, el Filósofo. Miguel, el guerrero. ¿Cómo le verían sus hermanos? pensó durante un momento, excitado y feliz de saber que no estaría solo en

Pages : 103

Tamaño de kindle ebook : 838 kb 

Autor De La  novela : S. Blanco

kindle ebooks Comprimido: no

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Idioma :Español-España 

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Hermanos del cielo – S. Blanco

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