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Hessa: Un amor entre leyendas – Kayla Leiz

Hessa: Un amor entre leyendas – Kayla Leiz

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Resumen y Sinopsis De 

Hessa: Un amor entre leyendas – Kayla Leiz

Una gran novela
Explanada del Palacio de Carlos V, 12:57 h.
––No se conoce el motivo exacto por el que la Alhambra, esta majestuosa ciudadela mandada levantar por Muhammad I al-Ahmar, no tiene un diseño semejante
al de otras construcciones. Su forma, vista desde el cielo, recuerda a un navío con su proa ––señaló a un lado–– donde nos encontramos con la Alcazaba; una eslora con
más de setecientos metros y una manga que supera los doscientos metros en algunos puntos.
»A pesar de los años, y les recuerdo que hablamos en torno a 1231-1272, cuando tuvo un mayor florecimiento y era conocida en muchas ciudades como un
palacio encantado lleno de historias y leyendas; la Alhambra sigue en pie deleitándonos a todos y ofreciendo una mirada a un pasado que Granada no olvida. Y sus
visitantes tampoco.
Detuvo su caminar y se dio la vuelta. Contempló al grupo de turistas que había guiado por las estancias de la Alhambra explicando historia y leyendas, a veces
mezclando ambas.
Esa vez, su grupo no era demasiado numeroso, apenas una veintena de hombres y mujeres que habían escogido el paquete completo para visitar esa “fortaleza
roja”, como se había referido a ella al iniciar la visita haciéndoles partícipes del extraño nombre para llamar a la Alhambra, debido a su construcción.
Consultó su reloj y suspiró algo preocupada. Se había excedido unos minutos en su visita pero confiaba que, con ello, el autobús que debía llevarlos de nuevo al
punto de inicio, hubiera llegado. Cosa que no era así. Tendría que hablar de nuevo con Izan para que pusiera firmes a los conductores y evitar que los clientes tuvieran
que esperar.
––¿Tienen alguna pregunta más antes de abandonar este enclave mágico?
Varias manos se alzaron y sonrió. Siempre había avidez por conocer más sobre una de las Maravillas del Mundo de la que era difícil encontrar expertos que la
conocieran. Ni siquiera los funcionarios que trabajaban en ella lo hacían al cien por cien como para mostrarla como la agencia en la que trabajaba.
––¿Sí? ––Su mirada se fijó en un hombre corpulento, de unos cuarenta años, bastante atractivo. Tenía el pelo negro muy corto y una barba desprolija que le
daba un aire sensual.
––El camino por el que hemos entrado, ¿también formaba parte de la Alhambra?
Su sonrisa se ensanchó. No había querido comentar nada cuando se bajaron del autobús y accedieron por la Puerta de las Granadas a un impresionante bosque
que, según decían muchos, cambiaba a quien lo atravesara.
––Pues no, aunque el bosque parece fundirse con el conjunto arquitectónico, fue creado mucho después, en la época de Carlos V que plantó las alamedas que
han visto. Más tarde, el Duque de Wellington añadió olmos, plátanos, castaños de indias y algunos otros árboles. Toda esta arboleda te conduce al corazón de este lugar.
Pero en sus inicios, la Alhambra era una fortaleza, los caminos de entrada y salida debían estar despejados porque, de no ser así, sólo hubieran servido para emboscadas
o problemas de visibilidad en su defensa.
––¿Qué podía haber antes? ––volvió a preguntar.
––¿Se refiere a cuando se construyó la Alhambra?
El hombre asintió.
––Se desconoce a ciencia cierta, pero sí se le otorga algún tipo de uso a las puertas de acceso. Seguramente varios soldados se ocuparían de custodiarlas para
evitar que entraran indeseables pero, también, porque el espacio entre las puertas y la ciudadela se utilizaría como asentamiento del pueblo, una forma de protegerse y
no estar en primera línea de fuego. Aunque son conjeturas solamente.
Algunos afirmaron y murmuraron ante la explicación dada. Justo en el momento en que otra persona iba a formular una nueva pregunta, el claxon profundo y
grave de un vehículo hizo que se volviera para ver llegar al autobús contratado.
––Lo lamento, la visita ha concluido y espero que les haya gustado. Si quieren repetir la experiencia, ya saben dónde encontrarnos y, cualquier cosa que
necesiten, no tienen más que avisarnos. Tienen nuestros datos en sus billetes y documentación. ––Se sabía de memoria esa parte pero dependía de ello para que
acudieran más clientes––. Y si familiares, amigos o compañeros quieren disfrutar, no duden en hablarles de nosotros. Gracias por confiar en TUPUG. Tengan un buen
día.
TUPUG. Estaba segura que más de uno se quedaba extrañado de tal nombre. Eso quien no conocía que, detrás de esas siglas, se encontraba la frase: “Turistas
Unidos Por Un Guía”, una invención de su mejor amigo. Y todo un éxito en Granada.
No ofrecían lo mismo que otras agencias de turismo sino que iban más allá. Con ellos sólo trabajaban los profesionales y, gracias a sus contactos, tenían acceso a
zonas limitadas u organizaban visitas privadas a distintos puntos de la ciudad granaína.
Cuando estaba a punto de subir el hombre que había hecho la pregunta del bosque, se detuvo ofreciéndole un papel. Lo cogió y se fijó que tenía anotado un
número de teléfono. ¡Estaba ligando! Levantó la mirada para verle sonriente y le guiñara antes de perderse por el pasillo que daba acceso a los asientos del vehículo.
Las puertas finalmente se cerraron y el autobús arrancó para llevar a los turistas al centro de la ciudad.
––¿Sólo uno esta vez? ––inquirió una voz por detrás.
––¿Y tú qué haces aquí? ––preguntó a su vez.
––Terminé pronto y decidí acercarme. Así te recogía y nos íbamos pronto a la empresa, ¿no te parece, socia?
Ella bufó. Todavía no se hacía a la idea de ser socia de la agencia de turismo que, hacía dos años y medio, había surgido de una conversación, estando ambos
medio borrachos ––de ahí el insólito nombrecito––.
––Podía haberme ido en el autobús y coger otro para Armilla.
––Ya. ¿Y por qué no lo has hecho?
Ambos comenzaron a caminar hacia la Cuesta del Realejo, lugar donde estaba segura que había aparcado su coche.
––Porque nunca lo hago y lo sabes ––respondió con una sonrisa fascinante que lo dejó sin palabras.
Izan era de los pocos hombres que conservaba entre sus amistades, no sólo porque era su socio en TUPUG, sino porque había alcanzado su corazón y hecho un
hueco en él.
Tenía treinta y ocho años y el pelo rizado y dorado oscuro. Se lo dejaba lo suficientemente largo como para llamar la atención de las féminas y lo conseguía. Si a
eso se le sumaba la piel morena durante todo el año, un cuerpo bien dotado y ejercitado, y unos ojos color miel, cualquiera babeaba por él.
––Vamos, Hessa. A lo mejor es “el elegido”… ––puso una voz de ultratumba que hizo que se riera ofreciéndole una sonrisa franca y sincera––. Eres una mujer
que… ––se detuvo, pero la mirada que le echó, de arriba abajo, le dejo claro lo que él siempre le decía: que no estaba nada mal––, cualquiera querría tener a su lado.
––Ya. Pero yo no quiero a cualquiera ––desechó ella.
Pasaron por el Hotel Alhambra Palace fijándose en un grupo de turistas asiáticos y se miraron entre sí. Tenían un convenio con el hotel para realizar visitas
turísticas pero nunca estaba de más abordar a los propios clientes para despertar curiosidad.
––Oiga, ¿y son verdad todas esas leyendas sobre la Alhambra? ––preguntó Izan reduciendo la marcha al caminar. Ya se había metido en su papel de cliente de
TUPUG y ella, como llevaba el uniforme con el logo de la empresa, le tocaba seguir su rol de guía.
––Muchas puede que no, pero la auténtica magia de la Alhambra estriba en desvelarlas. Por eso en TUPUG ofrecemos a nuestros clientes la oportunidad de
conocer más a fondo el monumento y que puedan ver cómo se relacionan esas leyendas con salas, jardines y otros espacios que conforman la fortaleza.

Pages : 148

Autor : Kayla Leiz

Comprimido: no

Format :True PDF 

Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

Hessa: Un amor entre leyendas – Kayla Leiz
––¿Y lo de los muertos? ¿Es verdad?
Hessa se detuvo y frunció el ceño girándose hacia Izan, también parado. ¿A qué muertos se refería?

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