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Hombre Celta – Lexy Timms

Hombre Celta – Lexy Timms

Sinopsis De 

Libro Hombre Celta – Lexy Timms

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Habían pasado dos semanas.
Dos semanas cuestionándose a sí mismo todos los días. No tuvo elección en el asunto. Había tenido que regresar a Dinamarca. Una vez que las cosas se hubiesen
enderezado, podría volver. Volvería a esa pequeña finca en medio de Britania para buscar a su mujer.
Con cuánta desesperación deseaba creer en esa mentira.
La idea de que ella estuviese con otra persona lo dejaba sin aire y colmado de una furia ciega. ¿Cómo había llegado a involucrarse tanto con ella? Golpeó su mano con
el puño. ¿En qué estaba pensando? ¿En que serían capaces de vivir juntos en una finca como la de su padre y nadie diría una sola palabra?
Sus sueños triviales lo habían llevado a arruinar la vida de ella. Si ella estaba esperando un hijo suyo, ¿cuál era la posibilidad de que cualquier otro hombre la
convirtiera en una mujer honesta? Gruñó ante el pensamiento y siguió hacia adelante. Miró a su derecha y asintió a John, su amigo más cercano en esta guerra además de
su primo.

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Marcus.
La furia hervía en sus venas. La muerte no sería justa para pagar por esa pérdida.
¿Cómo diablos habían llegado tan lejos las cosas? Su propia familia complotada para robar el trono, y lo deseaban con tanto ímpetu que habían tomado la vida de su
hermano, Nathaniel. Asesinado.
—Conozco esa mirada, Erik. —John siguió con la mirada hacia adelante; sabía que era mejor que mirar a Erik a los ojos.
—¿La que dice que odio el hecho de que sigamos caminando? —Erik miró a John a los ojos.
—La cascada se encuentra solo a un día de distancia. Hablo de la mirada que dice que desearías que las cosas fueran diferentes.
Erik presionó los labios formando una línea tensa, antes de admitir finalmente.
—Lo sé, pero esta vida aún tiene que complacer mis deseos y demandas.
—¿Y qué te gustaría que fuese diferente? Eres venerado y el Rey de Dinamarca, el país más grandioso del mundo.
—Sin embargo, mi familia vuelve a sufrir otra pérdida. —Erik estiró los hombros—. Necesito matar algo pronto o es posible que me vuelva loco.
—Estoy seguro de que pronto tendremos la oportunidad. La muerte parece estar empecinada en seguirte –a nosotros– no importa a donde vayamos. —John se
corrigió rápidamente; conociendo a Erik, se lo tomaría a modo personal.
—Eso es porque la traemos con nosotros. Como un presagio de oscuridad. Además, matar y tomar… no estoy seguro de si conocemos otro camino. —Erik suspiró
y se alejó del grupo. Se detuvo junto a un pozo de agua, mientras los cinco o seis hombres que lo acompañaban reían y hablaban entre sí. Sólo un pequeño puñado de
hombres se habían unido a él en la batalla contra los escoceses. Aquellos pocos fieles que conocían la verdad acerca de su muerte. Impactar a todos en el campo de
batalla era la sacudida que todos necesitaban para perder el valor y la batalla; aunque el verdadero deseo de Erik era tener un puñado de hombres junto a él.
John había llevado a los hombres al límite de la ciudad el día que Erik había cabalgado para encontrarse con Linzi. Les había indicado que esperasen allí. Él necesitaba
privacidad y su confianza era prácticamente inexistente. Nadie podía saber acerca de ella. Saber que se encontraba segura, y protegida, en las tierras de su padre, era una
de las pocas cosas que le permitían sentir paz mental.
Las lágrimas en los ojos de ella casi lo habían destrozado. Había estado tan cerca de dejarla venir con él, de tomar a esa fiera pelirroja y colocarla sobre el caballo
frente a él. Pero sus noticias lo habían cambiado todo… terminando por condenarlo.
Él podía con todo lo que le sucedía a sí mismo, pero si ella se encontraba a su lado, estaría más propenso a poner toda la atención al cuidado de ella. La tendría bajo
resguardo en todo momento y, las cosas habrían salido bien, pero su confesión acerca de estar esperando un hijo… ¿Creía él que ella sabía de lo que estaba hablando?
Erik sacudió la cabeza; intentó alejar los pensamientos antes de que le quitaran por completo su convicción. Su madre lo necesitaba. Su país demandaba su atención.
Por más que estuviese desesperado por escaparse de todo, no podía. El último deseo de su padre había sido el instrumento que lo clavaría a la estaca. Lucharía por sus
tierras, por la sangre derramada por su familia para la corona de Dinamarca durante años.
No tenía manera de sobrevivir a la pérdida de su pequeño. Ese sería su fin. Apenas habían estado juntos. Era muy poco probable que estuviese esperando un hijo.
No eran más que mentiras de la bruja. Se inclinó para colocar la soga en la cima del pozo. Esa cosa vieja le recordaba al que se encontraba en la propiedad de Linzi; al
lago justo debajo del pozo de agua.
La noche que habían disfrutado lavándose entre sí, había sido más que perfecta. Nunca había permitido que una mujer se ocupase de él. Sólo tenían permitido tener
sexo y, rara vez lo hacía. Linzi había desarmado sus barreras, permitiéndole soñar otra vez.
Ahora estaba sola sin él, en medio de una guerra que él mismo había comenzado. Tomó el cubo de agua al alcanzar la superficie, y deslizó una mano dentro del agua
fría para beberla. ¿Cuánto lo odiaría ella? La escena en la cual él la había dejado marcaría sus recuerdos para siempre.
Ella no había guardado silencio. Sus emociones se acumularon, estallando de manera violenta mientras golpeaba su rostro y su pecho. Nunca antes se había sentido
tan cerca del llanto en toda su vida. Era para mejor; sin embargo, había dejado una parte de su alma, y todo su corazón, con una joven de ojos de gacela en el corazón de
Escocia.
—Oye, ¿vas a compartir eso o sacarás tu carta de realeza? —rio John al palmear el hombro de Erik.
Erik dio un paso hacia atrás, sosteniendo el cubo para su amigo.
—Nah… nunca seré de la realeza más que por la sangre.
John rio.
—Todavía intento superar la conmoción de saber que estás vivo. Sé que ya pasaron un par de semanas, pero los hombres no dejan de hablar de ello. ¿Cómo
sobreviviste y qué diablos sucedió?
—La avaricia de Marcus, sucedió. —Erik apretó los dientes antes de añadir—. Una mujer me salvó la vida. —Pasó las manos por su cabello, rascando con suavidad
y luego con más fuerza.
—Espero que hayas sacado ventaja de su bondad —dijo John con una sonrisa irónica en los labios.
—¿Tienes una navaja de hoja pequeña?
—Sí. Déjame buscar mi bolso. ¿Crees tener piojos?
—No lo sé, pero siento picazón en la cabeza y no estoy dispuesto a asumir riesgos.
—¿Dónde diablos está tu navaja? ¿La que te dieron tus padres?
—Está en mi bolso. Necesita ser afilada. —Erik desvió la mirada hacia sus hombres. La navaja contenía demasiados recuerdos, tanto buenos y malos. La dejaba
dentro de su bolso, para evitar sentir la memoria de las manos o de la mirada de ella. De su suspirar. Era mejor así. No necesitaba otro recordatorio de sus manos en este
momento; de ella salvando su vida y de él arruinando la de ella.
—Tu madre se sentirá muy decepcionada si pierdes tus hermosos mechones. Hace muchos años que no tenemos un rey calvo.
—Sí, porque todos murieron antes de llegar a la edad adulta. —Erik tomo el cubo de vuelta y llamó a los otros, entregándoselo a uno de los otros hombres al seguir a
John.—
Apúrate. No me da confianza permanecer aquí durante demasiado tiempo. —John retiró la mano de su bolso y le entregó la navaja a Erik.

Hombre Celta – Lexy Timms

Estoy esperando una buena pelea. Necesito sacar a flote la agresión que siento. Asumo que mi primo ya habrá logrado llegar a Dinamarca. El sólo hecho de
pensarlo me revuelve el estómago.
—Lo dudo. Tenía un desastre que limpiar el día que nos fuimos

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