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La brecha – Los dos soles 1 – Ingrid Natera

La brecha - Los dos soles 1 – Ingrid Natera

La brecha – Los dos soles 1 – Ingrid Natera

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Resumen y Sinopsis De 

decepción. Los ojos llenos de dolor, los pómulos sobresalían huesudos, los labios delineados y carnosos estaban quebradizos, pálidos, su piel se había oscurecido aún
más. Lucía encorvado, con el vientre hundido y el pecho desinflado, en el cual brillaba el pectoral honorífico. En sus flacos brazos colgaban los brazaletes que lo
distinguían como al Gran Comatec, el Señor de Halayahac. Himma no se atrevió, no quiso decir una palabra más. Se puso de pie e hizo una inclinación reverente ante
él y se alejó perdiéndose en las sombras.
Hicomatec conocía muy bien a Himma. Sabía que era respetada como la Receptora de vida y era la única, en todo el reino, que se atrevía a desobedecer sus
órdenes melaganariamente. Cuando nació la tercera hija le ordenó eliminarla, al igual que a las tres siguientes. Pero sus seis hijas crecieron todas corriendo a su
alrededor, como sus princesas, todas hermosas e inteligentes dignas de ser sus hijas. Sin embargo, jamás reprochó a Himma por desobedecer sus órdenes. Más bien,
agradecía en lo más profundo de que fuera así, porque después de todo, amaba a sus hijas más que a nada en el mundo. Pero este séptimo nacimiento le produjo un
disgusto muy grande, tocando de un modo grave, las fibras de su orgullo. Un dolor que lo sembraba en el desamparo. Sumado a la muerte de su esposa, la contrariedad
de no haber tenido un varón, le hacía sentir el rey más miserable de todo aquel mundo conocido, puesto que marcaba el final de una dinastía que obligatoriamente, a su
desaparición física, debía pasar a manos de su hermano y de sus herederos en lo adelante. Lleno de desesperanza miró al hechicero.
Y tú… ¡Eres un embustero!… ¡Dijiste que nacería el sucesor!…
Las runas eran muy claras… tartamudeaba el hechicero Nunca se equivocan. No sé qué pasó… a menos que…
¿Qué? Hicomatec lo miró contrariado.
Que ese sucesor haya nacido en otro lugar…
¿Quieres decir de otra familia?
Podría ser, dentro de tu línea de sangre…
Hayac… dijiste que nacería de mi propia sangre y sería quien perpetuaría mi linaje precediendo a mi pueblo… Mentiste.
No mentí. Puedo asegurarlo… puedo leer las runas de nuevo decía, convencido de que había dicho la verdad . Sabes muy bien que éstas nunca se equivocan.
Pero pude interpretarlas mal… admitió. Quizás si me diera la oportunidad…
No confío en ti… me fallaste y sabes que ese error te costará la vida inmunda.
No puedes deshacerte de mí, Hicomatec le recordó. Yo soy la luz de Halayahac.
Mi pueblo podrá sobrevivir sin ti levantó el brazo dando la orden a los guardias que vigilaban la entrada del Jardín Ceremonial.
Los guardias intentaron arrastrarlo fuera de la presencia del rey, pero hechicero, en un esfuerzo por librarse, se desvaneció en un humo oscuro ante los ojos de
todos. Los guardias se arrodillaron tocando con la frente la tierra y Hicomatec, aunque estaba acostumbrado a las extrañas maneras de Hayac, se sorprendió, pero sólo
dio órdenes a los guardias de encontrarlo. Los lamentos de los halayahacianos, empezaron a escucharse y lúgubres redobles invadieron el aire. El rey entendió que
Himma había comunicado la desagradable noticia. Cuando se hubieron alejado los guardias y se sintió finalmente solo, dio unos pasos hacía el dolmen de la esquina que
apuntaba hacia Levante. Pasó su mano por aquella fría y tosca roca gris y se arrodilló a su lado. Necesitaba meditar, necesitaba orientación. Sabía que sin la llegada del
sucesor ya nada sería igual para él. Había contado con el apoyo y el respeto de todo Halayahac. Su pueblo había aceptado y asimilado el nacimiento de seis hijas, pero
ahora todos estaban seguros de que al fin nacería el ansiado varón. De lo contrario, automáticamente todo su poderío pasaría a manos de la línea de sangre de su
hermano, quien había muerto de extraña manera, el día en que se anunció el nacimiento de su quinta hija, dejando al sobrino Gestav como el primero en la línea de
sucesión, luego de que el hermano mayor de éste también hubo desaparecido. Sentía que le había fallado a su pueblo y no sabía cómo enmendarlo. “¡Cómo Hayac me
ha engañado, cómo me hizo vivir de ilusión!”pensaba “¡Cómo pudo equivocarse! Según las runas, hoy nacería el gran sucesor. La luna lo presagiaba y todos los
indicios apuntaban a la consumación de las predicciones”. Escuchó el ruidillo de pasos a sus espaldas. Supuso que eran los soldados y continuó en meditación, inclinado
sobre un costado del dolmen. Pero una mano fría y pesada se posó sobre su hombro y lo hizo voltear bruscamente.
¡Perdón si le sorprendí, Gran Hicomatec!… te saludo… tío.
Frente a él, un joven de su estatura, de porte altivo. Ataviado con vestiduras blancas, según la tradición pero con la espada de mix ceñida al cinto en posición de
alerta. Las llamas tenues iluminaron un atractivo rostro melancólico y unos ojos vidriosos que guardaban viejas desesperanzas.
¡Gestav! Creí que estabas en Baja Halayahac.
No me iba a perder el nacimiento de tu hijo… el gran sucesor.
Me imagino que ya sabrás las noticias… expresó el rey, al tiempo que se ponía de pie apoyándose en el frío dolmen y estarás complacido.
Tío… sabes que tu dolor es el mío.
De eso no tendría dudas, si no fueras tú el más beneficiado…
No hables así, tío… ofendes mi dignidad cruzó los brazos sobre el pecho y miró a su alrededor en penumbras. La pira central con llamas que se
extinguían y, al final del sendero se adivinaba la sombra de uno de los guardianes. ¿Dónde está Hayac? Creí que estaba contigo…
Hayac… pronunció Hicomatec con una voz pesada, profunda y giró para mirar hacia el sendero es un embustero. Se ha ido.
Quizás no sea un embustero, tío observó el cielo buscando la luna. Tal vez dijo la verdad.
¡Gestav! el rey miró aquellos ojos brillosos ¿De qué hablas? ¿Acaso estás contradiciéndome?
No, tío, jamás pretendí contradecirte… pero ¿qué tal si el anunciado nacimiento no era en Halayahac sucedería? El sucesor pudo nacer en cualquier otro
lugar, tal vez… de otra mujer…
¿De otra mujer? se preguntó el rey pensativo. Intentó recordar.
Quizás tuviste alguna relación… a escondidas comentó el joven algo avergonzado.

Pages : 92

Tamaño de kindle ebook : 1,96 MB

Autor De La  novela : Ingrid Natera

kindle  Comprimido: no

kindle Format : True PDF 

Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

La brecha - Los dos soles 1 – Ingrid Natera
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