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Más q. un amor de verano – M. N. Mera

Más q. un amor de verano – M. N. Mera

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Resumen y Sinopsis De 

Más q. un amor de verano – M. N. Mera

Libros de la novela
Te apoyan. A mí me hubiera gustado que nos dijéramos las cosas de una forma más clara y fuéramos de esas familias que salen en las películas americanas que se
abrazan y se dan besos a todas horas. Pero ¡qué amor se le va a hacer!, no éramos de esos y ya no podíamos cambiarlo. El único de la familia que era un poco más cariñoso,
aparte de mí, era mi padre. Cuando éramos pequeños nos peleábamos para que se tumbara un rato en nuestra cama a charlar con nosotros o para que nos eligiera para ir
al jardín con él a ver las estrellas. Al final, acabábamos leyendo todos los libros , pero molaba lo de estar un rato a solas con tu padre sin compartirlo con ninguno de tus hermanos.
Él no tenía ningún favorito, o si lo tenía, todavía no sabíamos quién era. Pero a mi madre se le veía el plumero; sin lugar a dudas su preferido era Álec.
A mí sin embargo no me cuesta tanto expresar mis sentimientos, y menos con mi pequeña familia, con mi hijo Alberto, de seis años y María, de ocho. Quiero
que sean capaces de expresarse con facilidad y que se comuniquen con las personas que quieren, aunque los niños pequeños no suelen complicarse demasiado, dicen lo
que piensan con facilidad. El problema suele venir después, cuando crecen.
En cuanto a David, no es mal padre, pero tampoco es el mejor amor , ni mucho menos; es bastante mejorable. Además, en cierta forma, estoy agradecida de que siga
ocupándose de ellos. Después de todo, aunque sea incompresible para mí, hay padres que al separarse de sus parejas se olvidan de que tienen hijos. El hecho de que
María y Alberto se fueran sin problemas con su padre el fin de semana que les tocaba, hacía que me quedara bastante tranquila, significaba que su padre no lo estaría
haciendo tan mal.
Lo mas irónico dela historia era que el amor, a pesar de ser la persona mas normal del mundo, me a tocado una hija fuera de lo normal. Tan fuera de lo normal, que solo
la familia más cercana conocía su secreto.
Llamada pérdida de Leti.
Me despedí rápidamente de mis padres y en el verano me metí en el coche.
Por suerte, Leti no paró de hablar hasta que llegamos a nuestro destino. Realmente no la estaba escuchando, pero me gustaba la sensación de que me contaran
cosas y no tener que pensar en nada. Me estaba hablando sobre alguien de su trabajo que le hacía la vida imposible. ¿Por qué nos empeñábamos en encontrar enemigos
en todas partes? ¿No sería mas fácil hacer al revés? Yo no era nada rencorosa, ni siquiera sentía rencor hacia David. Aunque tampoco es que fuera una santa. Cuando me
enteré de que llevaba un tiempo poniéndome los cuernos, me dieron ganas de pegarle un par de puñetazos, pero no le deseaba nada malo, ni que le fuera mal en la vida.
En realidad, si no estaba enamorado de mí, no merecía la pena que los libros sintiera nada por él, ni bueno ni malo. Teníamos una relación bastante cordial que no muchos
divorciados tenían, aunque seguramente yo tenía que ver en eso. Los niños eran lo más importante y no quería que sufrieran, y creo que lo estaba consiguiendo.
¿La fiesta es en esta súper-casa? pregunté asombrada al llegar a una gran puerta de hierro con un vigilante en la entrada.
Sí, nos han invitado esas amigas mías que trabajan en una productora de cine.
Ah repuse sin mucho interés.
Estoy segura de que habrá tíos buenos.
Sí, necesitas un tío bueno, Leti.
Lo decía por ti, yo estoy pensando en hacerme lesbiana.
No pude evitar reírme.
¡Estás fatal, Leti! Pero si los tíos te vuelven loca.
Ya, pero como nunca encuentro a ninguno que me dure más de un mes, pues a lo mejor pruebo suerte en otro terreno.
Estaba como una auténtica cabra, pero me encantaba su sentido del humor. A juzgar por el ambiente que nos rodeaba, en esa fiesta solo iba a encontrar gente
esnob y de mucho dinero, justo el ambiente que necesitaba para encontrar a alguien con quien liarme esa noche y no volver a verle jamás. ¿Pero qué estaba diciendo? Esa
idea era una locura, en el fondo no me veía capaz de hacer algo así, y menos cuando llevaba siglos sin acostarme con nadie. Ni siquiera sabía si me acordaría de hacer el
amor, bueno en ese hipotético caso no tendría que hacer eso, tan solo tendría que echar un polvo ala historia , como dicen los tíos. Sería sin sentimiento, frío y mecánico. Solo
de pensarlo me estaba dando asco. Necesitaba tomar una copa inmediatamente.
En la puerta nos encontramos con las magníficas amigas de Leti, las que “nos habían salvado la vida” por traernos a esa fiesta tan chic. Las saludé sin mucho
interés, aunque como era muy educada les di las gracias por su invitación. Después de eso fui directa a mi primer objetivo; ponerme una copa de vino, o dos mejor que
una. Había camareros por todas partes con bandejas llenas de bebida. Me acerqué a uno y le robé dos copas de vino tinto. Tenía una pinta estupenda, de esos que deben
costar una fortuna. En efecto, estaba sencillamente delicioso.
Es un buen Vega-Sicilia, ¿no te parece? oí una voz desconocida a mis espaldas.
¿Hablaba conmigo aquel hombre? Pues parecía que sí. Era un hombre entrado en años con el pelo casi gris, pero no por ello dejaba de ser atractivo y muy
elegante. Aunque no tenía ni idea de esas cosas, estaba segura de que el traje que llevaba era carísimo.
Está delicioso, sí repuse dando otro sorbo a mi copa.
Además eres una mujer muy lista, dos copas a la vez dijo riéndose.
Sonreí tímidamente. ¡Menuda vergüenza!
John Malcom me tendió la mano. ¿Malcom? Ni idea de quién podía ser, pero definitivamente no era español.
Patricia Ferrer le respondí, tendiéndole la mano después de deshacerme de una de las copas.
Ferrer…, como los bombones.
Sí, casi.
¿Sabes?, me recuerdas a una actriz famosa. ¿Cómo se llama?, esta morena guapísima…
¿Estaba intentando ligar conmigo? Pues si era así, parecía que mi nuevo letrero funcionaba, aunque debía de ser un poco defectuoso porque, ya que iba a echar mi
primer polvo en un año y medio, prefería un hombre mucho más joven.
¡Sandra Bullock! exclamó de repente.
Pues muchas gracias por el piropo dije bebiéndome una de las dos copas de golpe, iba a necesitarla.
Ah, estás aquí era una de las amigas de Leti y se debía referir obviamente a Mr. Malcom, ya que dudaba que estuviera buscándome a mí.
Hola Cintia, estaba hablando con Sandra.
¿Sandra? ¡Si se llama Patricia! exclamó un tanto despectiva.
Lo sé, pero es que me recuerda a Sandra Bullock.
Si tú lo dices contestó Cintia poco convencida; ya estaba bien de que hablaran de mí cuando estaba delante… es una amiga de una amiga mía y me he
tomado la libertad de invitarlas a tu fiesta.
Vaya, vaya, resultaba que ligado ni más ni menos que con el propietario de aquella mansión. Después de todo no lo estaba haciendo tan mal, habia
apuntado bastante alto. Aunque pensándolo mejor, me daba exactamente igual el dinero. Prefería un jovencito guapo y musculoso sin dinero y, sin ser consciente de
ello, escaneé el jardín intentando descubrir si había alguien con esas características, pero para mi desgracia, no vi a nadie.
Me parece fantástico, Cintia, puedes invitar siempre a tus amigas si son tan guapas como Sandra.
¡Y dale con Sandra!
Aproveché que una mujer vino a reclamar al Sr. Millonario para escabullirme al jardín. ¿Dónde estaría Leticia? Durante un rato me dediqué a beber y a buscar
comida. ¡Tenía un hambre! Tanto dinero y me costaba encontrar a los camareros que llevaban comida y, cuando conseguía encontrar a uno de ellos, el bocado era tan
mínimo que apenas me dejaba saciada. ¡Esa gente tan forrada no tenía ni idea de comer! Cómo se notaba que no tenían una madre del norte. Por lo menos el vino era
realmente exquisito.
¿Dónde te as metido? Era Leti, materializándose de la nada.
¿Dónde te habías metido tú?
Llevo horas buscándote.
¿Horas? ¡Pero qué exagerada eres! No tengo la culpa de que me hayas traído a una fiesta en una casa con un jardín kilométrico donde te puedes perder con
facilidad.
¿Qué te pasa, Pat? Has bebido demasiado, ¿no?
Sí, soy culpable.
¡Qué raro! Si nunca sueles beber tanto.
Estoy intentando poner algo en práctica.
¿El qué?
Luego te lo cuento. Ahora voy a dar una vuelta a ver si veo a algún tío bueno de esos que me aseguraste que habría.
Yo he visto unos cuantos, te lo aseguro.
Luego te confirmo si era cierto le contesté al mismo tiempo que me alejaba de la muchedumbre.
La verdad es que el vino me estaba sentando de maravilla, hacía tiempo que no me sentía tan bien; además, había ligado, no importaba que el hombre tuviera
veinte años más que yo, lo importante era que me ha subido la moral.
Sin saber cómo, me encontré delante de un pequeño estanque, por no decir pequeño lago, que había en el centro del jardín. ¡Aquel jardín era inmenso! Lo de que
te pudieras perder no era una broma, ya me había perdido. Aunque fuera de noche podías distinguir, en parte gracias a las pequeñas luces solares que había por todas
partes, especies de árboles muy variadas; magnolios, árboles del amor, castaños, plátanos de sombra, parecía que estuvieran todas las especies posibles.
Precioso, ¿verdad? dijo una voz profunda y masculina.
Me giré para descubrir a un hombre muy atractivo que me miraba (a mí, no en lugar a equívocos, puesto que estábamos completamente solos). ¡Por fin
dado con un hombre en condiciones!
¿El qué? pregunté un tanto despistada.
El jardín, el estanque.
Sí.
Te he traído una copa de vino.
Oh, gracias repuse sorprendida.
Te he estado observando y he visto que tenemos algo en común.
¿Ah sí?
¿Tienes dos hijos? ¿Estás divorciado? ¿Tu mujer te ha dejado por otro?
Sí, ninguno de los dos conocemos a casi nadie en esta fiesta.
Tuve que reírme.
Sí, se me nota mucho, ¿verdad?
Sí, pero solo los que son de la misma clase se reconocen. Nadie más lo habrá notado, puedes estar tranquila. Soy Marcos.
No era extranjero, sino hubiera dicho su apellido.
Yo Patricia dije y, en esos momentos, me alegré de nuestra costumbre española de dar dos besos, ya que al acercarme más a él, aprecié que era mucho más
atractivo de lo que había pensado y además desprendía un aroma maravilloso.
Lo estudié con disimulo, pelo castaño con los ojos del mismo color y unas facciones muy bonitas. Y de tipo, mmmm, no estaba nada mal. Alto, de espaldas
anchas. Definitivamente esa noche estaba siendo la primera interesante desde hacía una eternidad.
Patricia, ¿te puedo preguntar qué se te ha perdido en esta fiesta?
Eso mismo me pregunto yo, quizá solo he venido a emborracharme contesté mirando a la lejanía.
¿Sí? Pues, si me lo permites, te acompañaré.
Asentí. Te lo permito, claro que sí.
Espérame aquí, ahora vuelvo dijo y desapareció entre los árboles.
A los pocos segundos estaba de vuelta con dos cosas imprescindibles: una botella de vino y una bandeja con comida. ¿De dónde la habría sacado?
¿Lo has robado? pregunté riéndome.
No, pero tengo mis contactos.
Prefiero no saberlo, pero gracias, era justo lo que necesitaba dije cogiendo unos canapés de salmón ahumado.
Lo sé.
Le miré extrañada.
Como te he dicho, te he estado observando, y sé que tenías hambre.
Oh, Dios mío, ¿había sido testigo de mi persecución de bandejas de comida?
¡Qué vergüenza!
No te avergüences, me gustan las mujeres que comen, no me gustan las que se alimentan del aire.
Gracias dije y acto seguido le quité de la mano la botella de vino. Sabiendo que me enfrentaba a un hombre increíblemente atractivo, lo iba a necesitar.
¿Nos sentamos? preguntó señalando un banco verde oscuro de hierro.
Buena idea.
Me pregunto por qué querrá emborracharse una mujer tan guapa como tú.
¿Guapa? Mmm, eso me gustaba. Hacía tiempo que no me decían esas cosas.
Mejor no preguntes y gracias por el segundo piropo.
¿Segundo?
Sí, te gustan las mujeres que comen.
Ah.
Dios santo, tenía una sonrisa de esas que te dejan sin aliento.
Ahora me toca a mí ¿Y qué se te ha perdido a ti en esta fiesta? le pregunté.
He venido para conocerte.
Me reí.
He venido con un amigo confesó.
Yo también y, aunque creo que ella piensa que me hace un favor, me temo que esta es la última vez que me dejo engañar.
Bueno, una vez que te alejas de la fiesta, no se está tan mal.
No, tienes razón, aquí se está muy bien.
¿Y esa amiga tuya es amiga del dueño de la casa?
No, en realidad no. La amiga de mi amiga parece que sí, pero vamos, que no sé ni qué se celebra en esta fiesta y en realidad no sé ni qué hago aquí.
A pesar de no conocer a nadie, el dueño de la casa se ha quedado prendado de ti.
Verdaderamente me había estado observando, pero ¿por qué a mí? ¿Sería mi nuevo cartel que estaba funcionando?
¿Eres espía o algo así? le dije bromeando.
Se rio de nuevo.
Más o menos. ¿Un poco más de vino?
Sí, por favor.
Veo que aprecias el buen vino.
Sí, me encanta. No suelo beber mucho, pero hoy…
Te vas a emborrachar terminó la frase por mí.
Bueno, creo que ya lo he conseguido. He perdido la cuenta de las copas que llevo.
No tienes pinta de emborracharte muy a menudo.
Ah ¿hay gente con pinta de emborracharse y gente que no?
Sí, aunque no te lo creas, es así. Y creo que ya no te voy a llenar más la copa.
¿Por qué?
Porque creo que ya estás bastante borracha.
¿Y? ¿No habías dicho que me acompañarías?
Bueno, he dicho que te acompañaría, no que te emborracharía yo mismo. No quiero sentirme culpable más tarde.
No sé por qué te ibas a sentir culpable cuando ni nos conocemos.
Bueno, eso lo podemos solucionar.
No sé a qué te refieres dije haciéndome la interesante.
Me refiero a que…, podemos conocernos.
Ambos nos giramos al oír unos pasos. ¡Era el Sr. Millonario con una mujer muy atractiva! De hecho parecía una modelo.
Ah, Sandra. Aquí estas. Veo que estás bien acompañada. John Malcom dijo ofreciéndole la mano a Marcos.
Marcos Sotomayor, un placer.
Os invito a una fiesta privada dijo Mr. Malcom.
Pero si ya estamos en una fiesta privada contesté algo confundida.
No, me refiero a una más privada todavía. Venid conmigo añadió dirigiéndose todavía más lejos de la casa.
¿A dónde íbamos? ¿Es que había más sorpresas en aquel jardín?
Seguimos andando por un camino de baldosas durante unos minutos hasta que llegamos a una casita preciosa de madera junto a una piscina. Debía estar tan
borracha que tenía visiones, porque también veía un jacuzzi.
Ya hemos llegado. ¿Una copa de mi champán preferido? Observé la botella que tenía delante, nada más y nada menos que Cristal; no debía sorprenderme, al
fin y al cabo estaba en la fiesta de un millonario.
No sabía cómo iba a acabar esa noche, pero me había prometido a mí misma que haría algo diferente, que iba a romper con la rutina, de modo que decidí dejarme
llevar. Miré a Marcos, estaba igual de sorprendido que yo, pero no dejaba de mirarme y de sonreírme y me gustaba cómo lo hacía. Además, no aparté la mirada como
habría hecho en cualquier otra ocasión, sino que me perdí en aquellos ojos castaños. Quizá era el vino que me hacía sentir muy segura de mi misma, o quizá era él, pero
por primera vez en mucho tiempo, me sentía sexy y atractiva.

+2. De vez en cuando hay que desconectar.
Por fin las clases habían acabado y todo había ido bastante bien, pero estaba agotada de tanto esfuerzo. Había sido un año complicado y me merecía un
descanso, necesitaba desconectar de todo y esperaba conseguirlo, puesto que al día siguiente me iba a la playa con mis amigos. El plan había sido totalmente
improvisado y, aunque las cosas imprevistas no me gustaban demasiado, tenía muchas ganas de irme de vacaciones con ellos. El destino no me apetecía especialmente,
nos íbamos a casa de los padres de Rodrigo a Oliva, una playa de la costa de Valencia. Yo estaba más acostumbrada al clima del norte, mi madre era vasca y siempre
habíamos veraneado en Zarauz. Por eso el calor no era algo que persiguiera, sino todo lo contrario, pero era el plan más económico para unos estudiantes como
nosotros. El único inconveniente era que, por primera vez, venía un intruso, un desconocido, un primo italiano de Rodrigo.
¡Menudo rollo ir con alguien que no fuera de la pandilla! No iba a entender ninguna de nuestras bromas habituales y además, si era extranjero, seguramente ni las
entendería. Había intentado convencer a Rodri para que no le llevara con nosotros, pero había sido en vano. Incluso me pidió que me portara bien y que no fuera borde
con él. ¡Ni que fuera una bruja!
Reconocía que a veces podía tener mal genio. Mi padre siempre ha dicho que el baile para mí es una necesidad puesto que es lo único que consigue suavizar mi
carácter, decía que si no hacía algo con mi cuerpo para desahogarme, no habría quien me aguantara. A lo mejor tenía razón. Fue mi madre la que me apuntó a clase de
danza cuando era muy pequeña, supongo que lo hizo porque desde que empecé a andar, lo siguiente que hice fue bailar. Lo hacía a todas horas, siempre que estábamos
comiendo o cenando me levantaba para bailar o hacer alguna pirueta en la pared, y para eso no me hacía falta ni música. Mis padres no entendían de dónde había sacado
ese talento, pero siempre me apoyaron para que hiciera lo que me gustaba, aunque estaba segura de que les gustaba porque durante el tiempo que estuviera bailando o
haciendo estiramientos estaba de buen humor. Y es que bailar siempre me ha puesto de buen humor. Por esa razón había elegido Danza y Artes escénicas como carrera
universitaria.
Desde hacía un año mi hermana Pat se había venido a vivir con nosotros, cuando el cabrón de David la dejó por otra. Después de lo de Gabriel no me ha
interesado ningún chico, ni falta que hacía, no tenía tiempo para esos rollos, tan solo tenía tiempo para mí misma, mi carrera era muy absorbente. Algunas mañanas
tocaba clases teóricas y por las tarde, lo que más me gustaba del mundo, clases prácticas. El único inconveniente eran las horas a las que volvía a casa, nunca antes de las
nueve de la noche, y dos días a la semana incluso a las diez y media. Pero aquello días eran mis preferidos puesto que era cuando entrenaba con mi equipo de
competición.
Sonó mi móvil. Era un WhatsApp de Lorena, pero no era del chat donde estábamos todos, sino que era uno personal. ¿Qué querría decirme?
Clara, me ha dicho Laura que el primo de Rodrigo está buenísimo.
¿Me escribía solo para eso?
¿Y? Me da igual.
¡Que borde eres, Clara, de verdad!
Ya sabes que paso de los tíos.
Mejor, así me ocupo yo de él.
Todo tuyo.
Te tomo la palabra. Mañana nos vemos.
A domani! Tienes que empezar a practicar italiano si quieres ligar

Pages : 113

Autor : M. N. Mera

Comprimido: no

Format :True PDF 

Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

Más q. un amor de verano – M. N. Mera

porque durante el tiempo que estuviera bailando o
haciendo estiramientos estaba de buen humor. Y es que bailar siempre me ha puesto de buen humor. Por esa razón había elegido Danza y Artes escénicas como carrera
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