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!Me voy a La Habana! – Varias autoras

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Resumen y Sinopsis De 


!Me voy a La Habana! – Varias autoras

Nada más salir del hotel cogí un coco taxi y le dije que me llevase a dar un paseo por la ciudad.
Montar en él era toda una odisea. Era un triciclo a motor con una carcasa esférica abierta por la parte frontal de color amarillo.
Rápidamente me di cuenta de que el chico que lo conducía me estaba tirando los trastos, pronto empezaba a sentir la leyenda del país y bromeé diciéndole que eso se lo
decía a todas, hizo como que se enfadaba, pero terminamos riéndonos.
El taxista pasó por todas las avenidas principales mientras me hacía un rápido recorrido y me explicaba lo más interesante de cada una de ellas. En la calle se podía
sentir el ruido de esa isla con un montón de personas y grupos cantando y bailando por cada lugar por el que pasábamos.
Cuando el calor me hizo sentir desfallecer, le pedí al taxista que parara. Me bajé del taxi y, sin prestar atención a donde estaba, entré en el primer local que vi, dispuesta
a tomarme este y saciar mi sed.
Al entrar en la barra de un chico guapísimo, mulato pero no muy oscuro de piel, me recibió con una bonita sonrisa y me senté en la barra a tomar el mojito. Pronto
entablamos conversación, era un chico muy interesante y atractivo.
Charlamos un rato, la verdad que en ese momento estaba tranquilo el bar, me contó que vivía solo con su mamá en una casa cercana.
Yo me estaba derritiendo de escucharlo, creo que había sido el primer flechazo que había tenido desde hacía mucho tiempo. Madre mía, y yo que venía dispuesta a
demostrar que ningún cubano podría conmigo.
Estuve cerca de una hora allí charlando con él y quedé en volver al día siguiente.
Estuve paseando por todo el malecón, charlando con un grupo de cubanos, saqué una botella de ron que había comprado con unos vasitos de plástico y les invite a unos
tragos. Ellos estaban cantando una preciosa canción y luego descubrí que era de un cantante cubano que se llamaba Polo Montañez y que había en cuba fallecido tras un
accidente de tráfico hacía varios años, dejando un gran legado de su música, muy importante.
Avanzada la noche, me despedí de ellos y paré a un taxi para que me llevara de vuelta al hotel, a descansar de ese largo día.
El hotel estaba todo enmoquetado y olía a antigüedad en la zona de la cama, pero era un espectáculo para los ojos poder contemplar lo que estaba considerado de interés
mundial.
Caí en redondo en la cama, estaba frita y no tardé en dormirme.
Por la mañana me puse un traje fresquito y unas sandalias muy monas, me había cogido una buena cola y me dispuse a investigar la ciudad.
Nada más salir del hotel, me encendí un cigarrillo. Había tres chicos que estaban de vacaciones ahí y empezaron a charlar conmigo, eran de Málaga, así que conectamos
en seguida. Les hizo mucha gracia a ellos que hiciese ese viaje sola, me dijeron varias veces que era muy valiente.
Ellos llevaban un día más que yo en la ciudad de una vez, me propusieron que me fuera con ellos a pasar el día por La Habana, cosa que acepté porque me apetecía mucho estar
acompañada, al menos el primer día que iba a estar de loca por la ciudad investigando aquel modo de vida, al que me tendría que acostumbrar los próximos dos meses.
Para ser una ciudad sin muchos recursos la gente reflejaba una sonrisa constante en sus caras.
Cogimos dos Coco taxis y nos dirigimos para la Plaza Vieja, a la Cervecería.
Cuando llegamos a la famosa Plaza Vieja, me quedé paralizada en el centro de esta. Sabía que era uno de los lugares más bonitos de la ciudad, pero jamás pensé que
pudiera contemplar esa combinación de colores llamativos y esa variedad de edificios tan diferentes.
No me extrañaba que fuera el mayor destino turístico de toda la ciudad.
Eso sin contar que el lugar me sonaba.
Seré idiota, pensé, ¿cómo pude estar aquí y no haberme dado ni cuenta? El calor y el mulato me afectaron, pensé mientras meneaba la cabeza.
La plaza estaba llena de gente, algunos paseando, otro tomando fotos del lugar o haciéndose selfies, otros sentados tranquilamente en alguna de las decenas de terrazas
que había allí.
Uno de los chicos me tocó el hombro para llamar mi atención.
– Vamos, Elba, esos mojitos nos esperan –dijo Miguel.
Le sonreí, la verdad era que me caían muy bien, siempre me había encantado el carácter andaluz.
Pero algo había llamado mi atención y yo, cabezota como yo misma, tenía que ir a verlo. Ya tendría tiempo de probar esos mojitos.
– Perdonadme, chicos, pero quiero ir allí.
Señalé hacia el edificio Gómez Vila, sabía cuál era porque había pasado las últimas semanas estudiando la ciudad en la que iba a pasar los siguientes dos meses.
En él se encontraba la famosa Cámara Oscura, desde donde se podía ver una imagen perfecta de toda la ciudad.
Y yo no iba a perdérmela.
– Venga, Elba, después subimos, te lo prometo –dijo Jesús, otro de los chicos.
Dudé por un momento, la verdad que eran muy majos y yo tenía ganas de disfrutar, pero esteme decía que tenía que acercare hasta ese lugar.
No era una persona supersticiosa y sí un poco loca, estaba sola, en La Habana, así que algo loca e impulsiva era.
Pero no sabía por qué ese sitio era como una obsesión.
Desde que había leído sobre él, la curiosidad era enorme. Y ahora que estaba cerca, no iba a dejar de verlo.
– ¿Dónde vais a estar? –pregunté.
– En La Cervecería, es aquella de ahí –señaló Ángel.
– Voy, lo veo y ahora os busco –dije convencida.
Los tres me miraron como si no me creyeran y a mí me dieron ganas de reír a carcajadas. Eran tres chicos de unos veintidós o veintitrés años, amigos de toda la vida, que
por fin habían conseguido tener dinero para hacer el viaje de sus sueños.
Y claro, tenía que ser Cuba.
Meneé la cabeza, los hombres siempre pensando en lo mismo.
– Os lo prometo.
Hice la cruz en la parte del corazón mientras los años juraba que no tardaría.
– Vale, pero no nos abandones –dijo Ángel.
Los tres eran guapísimos, pero Ángel tenía este especial. Una sonrisa picarona que te daba a entender que, si jugabas con él, te acabarías quemando y se notaba que era
el más maduro de los tres. Los otros dos se veían más críos, más infantiles.
Pero yo había venido a divertirme, no a complicarme con ningún hombre.
Les dije adiós con la mano y me fui.
Capítulo 2
No sabía cuánto tiempo llevaba mirando aquella imagen de la ciudad, era preciosa. Yo no podía dejar de mirarla. Era como si algo me hiciera tener que estar allí, como si
esperara algo.
Suspiré.
Menudas tonterías piensas, Elba, dije en voz baja.
Fui a darme la vuelta para salir de allí e ir a tomarme uno de esos famosos mojitos que tan famosos eran en la ciudad cuando escuché:
– Me encanta volver a verte.
Esa voz me sonaba y el pelo de mi cuerpo de erizó.
– Iker –lo saludé mientras levantaba la vista y lo miraba.
– Veo que en el en un año recuerdas mi nombre.
Su sonrisa decía que no esperaría menos de mí.
Sonreí tontamente y me di de hostias mentalmente por parecer tan idiota. Ya lo conocía, ya había hablado con él, por eso no entendía la reacción de mi cuerpo en ese
momento.
Iba guapísimo, eso sí, con unos pantalones vaqueros piratas, unas sandalias y una camisa blanca que resaltaba el moreno de su piel.
Me quedé atontada mirando esos ojos color miel.
Vale, la primera vez que lo vi ya había tenido problemas de “enamoramiento a la vista”, pero esto ya era peligroso.
¿A qué venían esos nervios que me habían entrado como si nada?
– ¿Nerviosa, Elba? –preguntó, retándome.
Levanté la barbilla, desafiante y le respondí:
– ¿Por qué tendría que estarlo? -lo miré desafiante, aunque en el fondo estaba temblorosa.
El muy canalla se echó a reír mientras yo sólo quería huir de ese bonito lugar.
– Dijiste que ibas a venir a verme -me dijo en un tono muy seductor.
– Ya, pero conocí a unos chicos aquí, en el hotel, y me invitaron a pasear por la Habana.
– Entonces quieres decir que te parecieron más interesante que yo, ¿verdad, Elba?
– Para nada, Iker, prometo que la próxima vez, si me permites que haya una próxima, apareceré.
– Vale, mañana tengo el día libre. ¿Te apetece que te lleve a ver un lugar increíble y donde podamos comer cochinillo?

Pages : 72

Autor : Varias autoras

Comprimido: no

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Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

 !Me voy a La Habana! – Varias autoras

– Me parece genial la idea, ¿dónde podemos quedar?
– Me dijiste que estabas hospedada en el Hotel Nacional, así que te recojo allí a las doce.
– Perfecto, estaré en la puerta.
Se despidió de mí con un bonito beso en la mejilla y un guiño de ojos que jamás podría olvidar.
Antes de entrar a ver a los chicos a la Cervecería, me senté un momento en un banco y me encendí

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