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Mientras dure (Sea Breeze 3) – Abbi Glines

Mientras dure (Sea Breeze 3) – Abbi Glines

Descripción

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Mientras dure (Sea Breeze 3) – Abbi Glines

  —Gracias por acercarme —dije, cogiendo la mochila de lona con la ropa necesaria para todo el verano.
—Lo he hecho por Low —me recuerda Marcus por segunda vez. Mi mejor amiga era una chica, una chica increíble. Marcus, su prometido,
era un idiota elitista con el cual debía lidiar; tenía que hacerlo si quería mantener a Low en mi vida. Todo lo que importaba era que él entendiera
que Low era una princesa. Mientras tuviera eso en mente y la tratara como tal, podía aguantar a ese idiota.
—Nunca lo he dudado —respondí sonriendo, mientras me echaba la mochila al hombro. Ignorando a Marcus, observé la gran finca de color
blanco y marrón frente a mí. Estaba rodeada de kilómetros de pasto verde y un montón de vacas: mi purgatorio durante el verano. Cerré la puerta
mirando a Marcus de nuevo. Sabía que estaba listo para volver a Sea Breeze, donde Low lo esperaba. Nadie quería estar atrapado en aquel maldito
pueblo de vacas.
—Cage. Espera —dijo, antes de que cerrara completamente la puerta de la camioneta. Lentamente, la abrí de nuevo y arqueé una ceja
intrigado. ¿Qué más podría querer Marcus de mí? Apenas me había hablado durante la hora de viaje.
—No la cagues, ¿de acuerdo? Mantente sobrio. No conduzcas hasta que recuperes tu carnet e intenta no cabrear al hermano de tu
entrenador. Tu futuro depende de este verano y estás preocupando a Low. No quiero que se preocupe por ti. Piensa en alguien más que en ti
mismo para variar. —Genial, acababa de recibir un sermón parental de Marcus. Qué dulce.
—Sé qué pasará si la cago, Marcus. Gracias por recordármelo. —Dejé que el sarcasmo se deslizara en mi voz.
Frunció el ceño e hizo amago de decir algo más, pero solo sacudió la cabeza y puso en marcha la camioneta. La conversación había
terminado. Bien. Así aprendería a meterse en sus propios asuntos.
Cerré la puerta y dirigí mi atención de nuevo a la casa, mientras los neumáticos pisaban la entrada de grava. Sería mejor que fuera a
conocer a mi guardián durante el resto del verano y empezar esta fiesta. Simplemente tenía que hacer feliz a este tipo. Me haría cargo de sus
animales y haría trabajo manual durante dos meses y medio para que mi entrenador no me echara del equipo de béisbol. Me libraría de la prisión
bajo fianza por conducir bajo los efectos del alcohol y luego sería perdonado, así mi beca de béisbol permanecería intacta. Solo tenía tres
problemas con este plan:
No había chicas.
Odiaba el trabajo manual.
No había chicas.
A parte de eso, no estaba tan mal. Tendría los domingos libres; intentaría encontrar chicas sexys con pequeños bikinis. Llegué a la puerta
principal de la casa. El porche era increíblemente agradable. No me interesaban las fincas, pero este lugar no era tan malo. Seguro que las
habitaciones tendrían un buen tamaño.
—Tú debes de ser el chico al que Wilson ha contratado para el verano. —Un chico con un par de vaqueros desteñidos y unas botas
gastadas subió los escalones del porche. Sonreía como si de verdad estuviera feliz de verme. Debía de ser el hijo del tipo. Seguramente movería
heno y mierda de vaca todo el verano en vez de él. Seguro que por eso le caía bien.
—Sí —respondí—, Cage York. El Entrenador Mack me envía.
El chico sonrió y asintió, metiendo ambas manos en sus bolsillos delanteros. Todo lo que necesitaba era un maldito trozo de paja colgando
de su boca para parecer el típico estereotipo de vaquero.
—Ah, cierto. Algo escuché. Condujiste borracho. Tío, eso apesta. Especialmente porque Wilson es un maldito negrero. Mi hermano y yo
trabajamos varios veranos para él durante la secundaria. Te juro que jamás beberás y conducirás de nuevo.
Supongo que no era el hijo del viejo después de todo. Asintiendo, llamé a la puerta.
—Wilson no ha vuelto aún del corral. Volverá en una hora más o menos. —Extendió su mano—. Soy Jeremy Beasley, por cierto. Creo que
nos veremos mucho durante el verano, ya que soy vecino. Y bien, allí está Eva. —Se detuvo y sus ojos fueron de mí hacia la puerta. Comencé a
preguntarle quién era Eva, pero paré al ver el cielo abierto justo bajo el marco de la puerta.
Cabello largo y castaño rizado recogido sobre un hombro desnudo. Los ojos azules más claros que había visto en mi vida, enmarcados por
largas pestañas negras y labios carnosos, completaban la perfecta obra de arte de su rostro. Mi mirada lentamente viajó al sur para admirar la suave
piel bronceada apenas cubierta por la parte superior de un bikini y un par de pantalones cortos que colgaban de su estrecha cadera. Luego las
piernas. Piernas kilométricas que llegaban a dos pequeños pies, descalzos, con las uñas rojas, que terminaban el malditamente perfecto y ridículo
paquete frente a mí. Mierda. Tal vez debería venir al campo más a menudo. No sabía que criaban chicas así aquí.
—¿Eva, aún no estás lista? Creí que íbamos a la sesión de las seis y media —dijo Jeremy detrás de mí. Ah, demonios. Seguro que no. ¿Esta
diosa salía con este chico? Levanté la mirada de vuelta hacia su rostro para encontrar sus ojos azules mirándome directamente. De verdad, eran los
ojos más azules que había visto nunca.
—¿Quién eres? —El frío tono de su voz me confundió.
—Tranquila. Sé buena, Eva. Es el chico que ayudará a tu padre este verano. —En sus ojos destelló algo que se parecía al disgusto. ¿En
serio? He visto esa mirada en los ojos de algunas chicas, pero nunca antes de haberlas usado y luego tirado. Interesante.
—Eres el borracho —afirmó.
No era una pregunta. Así que no respondí. En vez de eso, le dirigí una sonrisa que sabía que afectaba a las bragas de cualquier mujer y di
un paso hacia ella.
—Tengo muchos nombres, nena —respondí finalmente.
Sus cejas se arquearon, enderezó su postura y me lanzó la mirada más fría que había visto nunca. ¿Qué pasaba con esa chica?
—Estoy segura de que es así. Déjame adivinar, Herpes, Perdedor, Idiota y Borracho, solo por mencionar algunos —dijo, saliendo por la
puerta y cerrándola de golpe detrás de ella. Volvió su mirada hacia Jeremy, quien podría jurar que se estaba riendo.—No puedo ir a ver la película,
Jer. Necesito que me acompañes a ver a la Sra. Mabel y me ayudes a arreglar su pozo de nuevo. Necesita que esté perfecto.
—¿De nuevo?
—Sí, de nuevo. Necesita uno nuevo.
Eva me rodeó, agarró el brazo de Jeremy y tiró de él en dirección a los escalones. Al parecer, acababan de rechazarme.
—¿Tu padre aún no ha llamado a sus hijos? Deberían mover sus traseros hasta aquí y ayudar a su madre —dijo Jeremy mientras se alejaban
sin ni siquiera mirarme.
¿Qué demonios? ¿Quién se va y deja a un chico de pie en su porche sin decir ni una sola palabra? Era absolutamente hermosa, pero estaba
loca.
—Hey, ¿simplemente entro? —grité.
Eva se detuvo y se dio la vuelta con la misma expresión de disgusto en su rostro que antes.
—¿A la casa? Um, no —respondió, negando con la cabeza como si yo estuviera loco. Levantó la mano y señaló el granero rojo ubicado
detrás de la casa—. Tu habitación está sobre el granero. Tiene una cama y una ducha.
Bueno, ¿no era aquello jodidamente fantástico…?
EVA
Odiaba a los tipos como Cage. La vida era solo diversión para ellos. No me cabía duda de que las mujeres de todas las edades babeaban a
sus pies. Estaba vivo y riéndose de todo como si fuera un juego.
—Baja las garras, cariño. Ya has sido suficientemente clara. No se acercará a ti de nuevo. —Jeremy extendió la mano y apretó mi pierna
gentilmente, luego encendió la radio.
—Es un idiota —dije con los dientes apretados.
Jeremy soltó una risa y se movió en su asiento. Sabía que estaba decidiendo cómo comportarme. La única persona que me había conocido
tan bien, o más que Jeremy, era Josh, su hermano gemelo y mi prometido. Crecimos juntos. Jeremy siempre había sido el raro, pero Josh y yo
hicimos lo que pudimos para incluirlo en nuestras salidas siempre que fuera posible.
Cuando Josh fue asesinado por una bomba al norte de Bagdad hacía dieciocho meses, la única persona que soportaba tener cerca había
sido Jeremy. Su madre me dijo que era porque Jeremy podía entender mi dolor. De alguna forma, los dos perdimos a nuestra otra mitad.
—¿Y cómo deduces eso de la breve conversación que tuvimos con él? A mí me pareció un buen tipo. —Jeremy siempre era optimista.
Siempre veía lo mejor de la gente. Dependía de mí mantener a la gente apartada para que no se aprovecharan de su espíritu confiado. Josh ya no
estaba aquí para hacerlo.
—Está aquí porque estuvo bebiendo y conduciendo, Jer. Eso no es exactamente una pequeña ofensa. Pudo haber chocado contra una
familia. Pudo haber matado al hijo de alguien. Es un perdedor egoísta. —Sin embargo, era demasiado atractivo para ser real; iba a tener que
superar ese hecho. Ese bonito rostro no iba a atraparme.
—Eva, mucha gente bebe y conduce. Probablemente iba a conducir una distancia corta desde el bar hasta su casa. Dudo que estuviera
yendo por carretera. Probablemente solo tomó un par de cervezas.
Dulce Jeremy. Bendito tu corazón, no tienes ni idea de cuán depravadas son algunas personas. Era algo que me encantaba de él. Sabía
que Cage York estaba borracho como una cuba cuando lo detuvieron. Escuché al tío Mack hablar sobre lo mujeriego que era y que lo único que
se tomaba en serio era el béisbol.
—Créeme, Jer, ese chico es un problema.
Jeremy no respondió. Se inclinó sobre su codo y abrió la ventana para dejar que la cálida brisa lo refrescara. El interior de la camioneta de mi
padre era muy caliente en aquella época del año, pero era el único vehículo que yo conducía. Mi vehículo seguía en el garaje sin tocar. No me
atrevía a conducirlo ni tampoco a deshacerme de él. El bonito Jeep plateado que papá me había comprado no había sido conducido desde que
recibí la llamada de la madre de Josh diciéndome que había sido asesinado. Josh se había declarado en ese Jeep frente a Hollows Grove. Luego
había subido el volumen de la música en el radio y salimos a bailar bajo las estrellas. No había querido ni acercarme desde que se marchó. En su
lugar, conducía la camioneta de la granja. Era más fácil.
—¿Eva? —preguntó Jeremy, interrumpiendo mis recuerdos. Al parecer, siempre sabía cuándo necesitaba a alguien que detuviera mis
recuerdos.
—¿Sí?
—Sabes que te quiero, ¿verdad?
Tensa, agarré el volante con fuerza. Cuando Jeremy empezaba con algo así, nunca me gustaba lo que decía a continuación. La última vez
que me preguntó eso, lo siguiente que dijo fue que debería conducir mi Jeep de nuevo porque Josh así lo habría querido.
—No, Jer —respondí.
—Es hora de quitarse el anillo, Eva.
Me dolían las manos de lo fuerte que tenía agarrado el volante desgastado. El anillo de oro se enterraba en mi piel, recordándome que
estaba allí.
Nunca me lo había quitado y nunca lo haría.
—Jeremy, no.
Dejó escapar un suspiro pesado y negó con la cabeza. Esperé pacientemente a que dijera algo más y agradecí que estuviéramos entrando
en los terrenos de la Sra. Mabel. Salté del camión antes de que se detuviera, dispuesta a alejarme de él antes de que pudiera decir nada más. El
anillo de compromiso que Josh había puesto en mi dedo no podía quitármelo. Sería como si lo estuviera olvidando. Como si estuviera superándolo o
dejándolo atrás. Nunca lo dejaría atrás.
Capítulo 2
CAGE
Aquello no podía ser mi habitación. Era del tamaño del armario del dormitorio de mi apartamento. Dejé caer la bolsa de lona en una de las
camas que se encontraba apiñada en el diminuto espacio. Al otro lado había una pequeña mesita de noche con apenas espacio para encajar entre
el lado de la cama y la pared. En el otro extremo había una ducha. El suelo de hormigón tenía un desagüe en la esquina más alejada y una
pequeña alcachofa salía de la pared. Una sencilla barra y una cortina azul marino eran la única barrera entre la ducha y la cama. Sabía con certeza
que si tardaba demasiado en ducharme, mojaría la cama. Mi teléfono empezó a sonar en mi bolsillo. Lo saqué y vi el nombre de Low destellando en
la pantalla.
—Hola, nena —respondí, recostándome y hundiéndome en la cama. Sorprendentemente, el colchón no era incómodo.
—Así pues, ¿cómo va todo? ¿Son agradables? —Solo escuchar la voz de Low me hizo sentir mejor; menos solo.
—Solo he conocido a la hija del hombre y al vecino de al lado.
—Oh, ¿entonces el granjero tiene una hija? —El tono de burla en su voz me dio risa. Sí, el granjero tenía una hija, pero no era lo que ella
pensaba.—
Sí, tiene una hija, la cual me odió al instante. Una locura, lo sé, y ahora que lo pienso, creía que era imposible que una mujer me odiara
antes de acostarme con ella y haber olvidado su nombre por la mañana.
—¿Te odia? Eso es… raro. —Su voz se apagó, como si reflexionara.
El sonido fuerte de la puerta del establo abriéndose llamó mi atención.
—Low, me tengo que ir, nena. Creo que el viejo está aquí.
—Vale, pórtate bien.
—Siempre —le contesté, antes de colgar y meterme el teléfono en el bolsillo.
—¿Hola? —gritó una voz profunda y fuerte.
Salí del pequeño cuarto de escobas en el que me habían metido y me dirigí hacia la voz. Al doblar la esquina, me detuve en seco. El tipo
era enorme. Por lo menos dos metros de estatura y ciento treinta kilos de puro músculo. El sombrero de paja de vaquero sobre la espalda dejaba
a la vista que era calvo.
—¿Eres Cage York? —preguntó. Su expresión seria me recordó mucho al entrenador, pero hasta ahí iban las similitudes. Él no era como
este gigante.
—Sí —le respondí, los ojos del hombre se estrecharon y dio un paso hacia mí. Me tomó todo mi autocontrol no mandarlo al infierno.
—¿Muchacho, tu padre nunca te dijo que es grosero no respetar a tus mayores? Espero que cualquier chico de tu edad me responda con
un «Sí, señor». ¿Entendido?
¿En serio? ¿En qué demonios estaba pensando el entrenador? Esto no iba a funcionar.
—Cuando te haga una pregunta espero una respuesta —gruñó el gigante.
Bien. Le daría la jodida respuesta.
—No.
Su ceño se profundizó y el enfado brilló en sus ojos. Había mucho en juego por este maldito trabajo, pero no era alguien que manejara
toda esta mierda.
—No, ¿qué? —preguntó, arrastrando las palabras lentamente.
—No, mi padre no me enseñó nada a excepción de que sus jodidos puños eran más grandes que los de mi madre y a cómo abandonar a su
familia —le contesté, con la burla grabada en mi voz.
La mueca de enfado en su rostro no cambió. No esperaba que cambiara, pero tampoco esperaba contarle a aquel hombre mis problemas
personales nada más verle, simplemente habían salido. Mi familia era algo de lo que solo había hablado con Low y fue cuando éramos más
pequeños y aún me afectaba.
Lo vi levantar la mano y frotarse la barba de la mandíbula, sin quitarme los ojos de encima. Estaba preparado para que aquella reunión
acabara con él diciéndome qué era lo que tenía que hacer.
—Mack quiere ayudarte. Confío en su juicio, pero escúchame y hazlo bien. Te sacaré a patadas de mi propiedad si consumes alguna droga
o conduces un vehículo estando borracho. Eso fue una estupidez, chico. Mucho más que eso. Y lo más importante, mantente alejado de mi
pequeña. Queda fuera de tus límites. ¿Lo has entendido?
Considerando que Eva me odió nada más conocerme, no tenía nada de qué preocuparse. Por otra parte, ninguna chica valía el que
arruinara mi futuro. No cuando existían tantas otras mujeres dispuestas y disponibles en el mundo que yo podía disfrutar.
—Entendido. No quiero perder mi beca —le respondí con honestidad.
Con un movimiento de cabeza me extendió su enorme mano.
—En ese caso, soy Wilson Brooks. Ahora, pongamos tu trasero a trabajar.
EVA
—Ese chico no tuvo padre. Esos son los chicos de los que tienes que mantenerte alejada —dijo mi padre a modo de saludo nada más abrir
la puerta con tela metálica mientras se dirigía a la cocina. Puse los ojos en blanco mientras rebozaba las pechugas de pollo que iba a freír para cenar
—. Lo digo en serio, Eva. No se ha criado como tú y es un arrogante sin respeto por la autoridad. Me saca de quicio. —Papá puso su sombrero
sobre la mesa y se acercó a llenar un vaso de té helado.
—No me impresionó. Deja de sermonearme. No voy detrás de ningún hombre. —Nunca volvería a tener una cita. Tenía a Jeremy y hasta
que conociera a una chica y se enamorara, tendría un compañero con el que hacer cosas. La familiar punzada en mi pecho me recordó que yo la
alejé de mi vida. Odiaba que él dejara todo a un lado para cuidar de mí. Siempre tan preocupado. Sabía a ciencia cierta que Chelsea Jacobson lo
amaba. En serio necesitaba hacer algo para acercarlo a ella.
—Mmm —murmuró papá cuando se sentó en el extremo de la mesa de la cocina—. Sé que no buscas un chico, Eva, pero, cariño, eres una
mujer. Un día tendrás que volver a abrir tu corazón.
—Papá, por favor. Solo quiero freír este pollo, hacer tu tarta de arándanos favorita y disfrutar de la cena. No hablemos de otra cosa. ¿De
acuerdo?
Con un profundo suspiro, asintió. Cogió su sombrero y se lo colocó de nuevo en la cabeza.
—Es en momentos como este en los que creo que cometí un error al no casarme otra vez. Puede que te haya hecho falta una madre
después de todo. Porque ahora mismo no sé qué hacer para solucionar esto, pequeña.
Puse el último pedazo de pollo en el plato y me lavé las manos bajo el grifo. Luego dediqué más tiempo del necesario enjabonándome
antes de girarme hacia él.
—Tú fuiste suficiente. Eres suficiente. No vuelvas a decir eso. Soy feliz así como están las cosas. No necesito a nadie para ocupar el lugar
de Josh en mi vida. No quiero que nadie lo haga. ¿Vale?
Mi padre acortó la distancia entre nosotros y me dio un fuerte abrazo antes de girarse y salir de la cocina por la misma puerta por la que
había entrado. Sabía que mi desinterés en salir con otros chicos y seguir adelante le molestaba, pero no podía. No lo haría. Josh era mi futuro.
Ahora ya no estaba.
La puerta se abrió de nuevo a mis espaldas. No esperaba que Jeremy viniera a cenar, pero había hecho suficiente por si acaso.
No era Jeremy. Era él.
Cage levantó las manos como si quisiera decir que iba en son de paz. La sonrisa arrogante de antes había desaparecido. Tampoco me
miraba como si quisiera comerme, al contrario, parecía desinteresado.
—Solo necesito un vaso de agua. Tu padre me ha mandado aquí y me ha dicho que te lo pida, pero puedo ver que estás ocupada, así
que, si me señalas los vasos lo haré yo mismo.
¿Era el mismo chico de antes? Me obligué a no continuar mirándolo boquiabierta y me giré dispuesta a sacar un vaso del armario. Se lo di.
—Siempre hay una jarra de agua con hielo en la nevera. Tenemos agua de manantial, por lo que sabe mejor cuando está realmente fría.
Asintió.
—Gracias.
Me giré y comprobé la temperatura del aceite.
El sonido que hizo Cage al beberse el agua trajo imágenes a mi cabeza de cómo los músculos de su garganta se moverían con cada trago.
Cerré los ojos con fuerza intentando parar mi imaginación. Escuché cómo abría la nevera y se servía un poco más. De nuevo, se la bebió de un
trago. El silencio en la cocina solo intensificaba el sonido que producía al bebérsela.
—Así está mejor. Estaba jo… di… muy sediento. Gracias por el vaso y el agua. —Cage suspiró y se acercó al fregadero—. ¿Quieres que lo
lave o es algo que preferirías hacer?
—Eh, yo puedo hacerlo —balbuceé, aún desconcertada por su comportamiento.
—Gracias. Pero no me importa lavarlo.
—No, en serio, puedo hacerlo. Lo enjuagaré y lo meteré en el lavavajillas de todos modos —divagué.
La puerta de la cocina se abrió de nuevo y agradecí por la interrupción, hasta que vi a Becca Lynn con su pelo rubio rizado y su eterna
sonrisa. Normalmente disfrutaba con las interrupciones joviales de Becca en mi vida, pero no ahora. No cuando Cage estaba allí. Parecía tonta
cuando estaba ante chicos atractivos y Cage York era muchísimo más que atractivo.
Sus grandes ojos marrones lo observaron lentamente. Me aclaré la garganta intentando llamar su atención, pero no era consciente de que
había alguien más en la habitación. Su ajustada camiseta sin mangas y los pantalones cortos junto con las botas de vaquera, eran el vestuario de
verano de Becca. Era todo lo que llevaba y le quedaba bien. Aparté la vista de ella para mirar a Cage y vi, de nuevo, su sonrisa lobuna, mientras la
miraba como ella a él. No podía decir que Becca Lynn fuera mi mejor amiga porque Josh siempre fue mi mejor amigo. Sin embargo, era la amiga
más cercana que había llegado a tener. Así como Josh y Jeremy crecieron a la derecha de mi casa, ella se crió en la granja que está a la izquierda.
Por lo que cuando necesitaba un socio en el crimen, que no fuera un hombre, esa era Becca. Ella y Jeremy tuvieron algo durante nuestro
segundo año en la secundaria. Tenía la certeza de que había perdido la virginidad con él. Pero duró poco. Jeremy la dejó sin ninguna explicación y

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ella lloró sobre mi hombro un par de días antes de cambiarlo por Benji Fitz.
—No me dijiste que tenías compañía, Eva —murmuró Becca, girando uno de sus largos mechones rubios alrededor de un dedo mientras le
batía las pestañas a Cage. Dios mío, era ridículo.
—No tengo compañía, Becca —respondí, con la esperanza de llamar su atención, pero no funcionó—. Este es el ayudante de verano de
papá. Trabaja con nuestras vacas, pues condujo borracho y tiene que cumplir unos meses de servicio. —Tal vez eso borraría la mirada de adoración
que tenía. No fue así.
—Oh, ¿entonces estarás aquí todo el verano? —preguntó, todavía sonriéndole a Cage como si fuera una maldita estrella de rock.
—Eso parece —le respondió en un tono divertido. Genial, incluso el prostituto junto a mí pensaba que yo hacía el ridículo.
—Bueno, cuando no estés trabajando y te aburras, podría hacerte compañía…
—Becca Lynn. —Levanté la voz para que dejara de ofrecerse a venir a calentarle la maldita cama en el granero.
Finalmente, sus ojos se movieron de Cage a mí. El brillo en ellos me dijo que sabía exactamente cómo sonaba y que no le importaba en lo
más mínimo.
—Gracias. Estoy seguro de que necesitaré a alguien que me muestre qué hacer para entretenerme cuando termine la jornada de trabajo.
No puedo pensar en nadie mejor para que me lleve y me explique lo que se hace aquí, en el campo. —Su acento sexy simplemente me
molestaba. También me puso la piel de gallina e hizo que mi corazón se acelerara.
Los ojos de Becca Lynn volvieron a Cage, comiéndoselo vivo.
—Eso parece un buen plan —susurró, acortando la distancia entre ellos y tendiéndole la mano perfectamente cuidada. Estaba segura de
que tenía las uñas pintadas de rosa fuerte, a juego con las de los pies—. Soy Becca Lynn Blevins.
Cage terminó de acercarse y le cogió la mano. ¿Se había estremecido?
—Cage York; y es un placer, Becca.
—Oh —jadeó ella, con la cabeza echada hacia atrás al tiempo que se lo comía con los ojos. Si la besaba en mi cocina, les tiraba la tarta.
—Tengo que volver al trabajo. Ya te avisaré para que vengas a entretenerme muy pronto, Becca Lynn —dijo Cage en un susurro, luego la
rodeó y se dirigió hacia la puerta sin mirar atrás.
Un segundo después de que la puerta se cerrara tras él, sacó una silla y se sentó con un ruido sordo.
—¡Oh-Dios-Mío! —chilló—. Te juro que creo que acaba de hacer papilla mis malditas bragas.
Encogiéndome ante la imagen mental, negué con la cabeza e hice un ruido de arcadas.
—Ya solo esperaba que no te acostaras sobre la mesa y le abrieras las piernas justo aquí. Lo cierto es que necesitas controlarte, Becca. Has
parecido una completa y absoluta zorra.
Dejó escapar un fuerte suspiro.
—¡Oh, a quién le importa! Era el más increíblemente delicioso espécimen masculino en el que haya puesto mis ojos. Quiero casarme con él,
tener a sus bebés, bañarlo, vestirlo y diablos, Eva, solo quiero tocar su cuerpo durante todo el día. Podría hacerlo el resto de mi vida y nunca
cansarme.
Antes de que pudiera pensar en una respuesta que esperaba pudiera darle algo de sentido común, la puerta se abrió de nuevo y Jeremy
entró.

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Su presencia me alivió. Solo el rostro familiar que se parecía tanto al de su hermano me ayudaba a recordar que lo tuve todo una vez. Los
ojos de Jeremy se posaron en Becca, sentada en la mesa

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