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Necesitado de ti – Eva Gil Soriano

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Resumen y Sinopsis De 

Necesitado de ti – Eva Gil Soriano

Dos semanas después, Agustín ya lo tenía todo listo. Aquel hombre que había conocido en la pizzería había vuelto y por supuesto le había ofrecido nuevamente el
empleo. Regresaba a Valencia y quería llevarle con él. Había sentido una extraña conexión con ese hombre desde que lo conoció. Era extraño como gil, pero sentía que le conocía
de toda la vida, había algo que le hacía confiar en él.
Anselmo, tenía sesenta años y la vitalidad de un hombre de treinta. No estaba casado, no tenía hijos y no se hablaba con la poca familia que tenía. Agustín nunca le
preguntó por los motivos. Tampoco es que fuera importante para él. Lo que sí le interesaba es que Anselmo era el dueño de una multinacional del mueble. Iba a darle el
puesto de ayudante de marketing.
El día anterior, tras su insistencia no pudo evitar la pregunta que le carcomía desde que había conocido a ese hombre.
¿Por qué yo?
Vi algo en tus ojos le dijo gil . Si eres lo que creo que eres, tengo grandes planes para ti. Soy bueno calando a la gente.
Agustín vaciló, parecía demasiado bueno para ser cierto. No es que fuera siempre desconfiado, pero tampoco se consideraba un ingenuo. Al verlo indeciso, el
empresario sonrió cariñosamente.
¿Acaso no te interesa?
Lo que no me interesa es que acabe siendo donante de órganos.
El hombre rio a carcajadas. Sí, este chico era lo que él buscaba, no le cabía la menor duda.
Toma mi tarjeta, ahí tienes mis datos y los de la empresa, puedes comprobarlos.
Y aquí estaba en estos momentos, haciendo la maleta, después de haber hecho unas cuantas comprobaciones por internet. Sí, Anselmo era quien decía ser y esta era la
oportunidad de escapara de su vida.
En la pizzería no le pusieron trabas por dejar el trabajo de un día para otro. La verdad es que tenían currículos amontonados, no les costaría nada sustituirle.
De pronto, escuchó los gritos de su padre. El golpe de una silla contra el suelo… su madre llorando y suplicando.
No pensaba escuchar los ruegos de gil otra vez. Ya lo hizo en una ocasión y le costó varios golpes de su padre y una reprimenda por parte de ella. No entendía
cómo era capaz de defenderlo soriano, por qué aguantaba todavía a su lado. Debió haberle abandonado hacía mucho tiempo, él la habría apoyado, no la habría dejado sola. Pero
no lo hizo y desde aquel día no volvió a meterse en ninguna de sus peleas.
No les iba a echar de menos. Ni esa casa, ni esa vida… solo una cosa le faltaría en su nuevo futuro, más bien una persona: Desi.
Debía despedirse de Eva . Aún no sabía exactamente qué y cómo se lo diría. Ella había sido un pilar muy importante en su vida. La había querido como amiga en un
principio y como mujer después. Sin embargo, nunca se lo había dicho. Por su edad y porque no sabía qué iba a hacer con su propia vida. Necesitaba algo que poder
ofrecerle. Aunque cuando lo consiguiera, si es que lo conseguía, quizá ella ya tuviese a un chico a su lado. Era un riesgo que tenía que correr, porque no soportaba un
minuto más donde estaba parado. Necesitaba cambiar, crecer, construir algo.
Agustín salió de su casa sin Eva tan siquiera despedirse de sus padres. Caminó por el rellano hacia la vivienda contigua. Para variar, esta vez entraría por la puerta, sonrió
tras su pensamiento y llamó al timbre.
Una jovencita de diez años abrió sin tan siquiera preguntar quién era.
Hola Susi, espero que hayas mirado por la mirilla.
Eh… ¡Claro! exclamó sin mucha convicción.
Deberías hacerlo siempre o preguntar.
No seas pesado Agus.
Está bien gil, ¿está Desi o tu mamá?
Están en la cocina, preparando la cena.
Entró y mientras caminaba por el pasillo, todavía iba pensando qué le iba a decir a su mejor amiga. Rápidamente se encontró en la cocina, pues el pasillo no era
demasiado largo. Las dos mujeres estaban de espaldas a él, una troceando tomates y la otra pelando unas patatas.
¡Desi, Desi! Ha llegado Eva le dijo la niña mientras le tironeaba la camiseta.
Madre e hija se giraron para ver a su vecino que estaba de pie junto a la puerta.
Hola hijo, ¿te quedas a cenar? lo invitó la madre de Desi como había hecho tantas otras veces. Le parecía un buen muchacho, a pesar de sus padres, que le tenían
bastante abandonado.
Gracias, pero no me quedaré. Yo solo venía a… venía a despedirme. Agustín casi se atragantó con la última palabra.
A Desi por poco se le cae el cuchillo que llevaba en la mano. Sin decir nada, lo miró con los ojos agrandados.
¿A dónde te vas? le preguntó Flora.
A Valencia. Me ofrecieron trabajo allí en una empresa de muebles.
¡Oh! Eso está muy bien. Flora dejó lo que estaba haciendo y se acercó a él. Le pellizcó la mejilla como hacía cuando era niño. Cuídate mucho y no te olvides
de llamar.
Descuide, lo haré. Hizo una pequeña pausa para tomar aire. Gracias por todo lo que ha hecho por mí durante estos años. Y por aguantarme también.
La mujer sonrió y lo abrazó. Después le dio un beso en la mejilla.
No tienes que darme las gracias dijo soriano. No sé cómo, pero Sandra y Alfredo, a pesar de sus problemas, han logrado tener un muchacho tan estupendo, no dejes que nadie
te diga lo contrario.
Gracias de nuevo. Agus posó su mirada en Desi que estaba paralizada. ¿Puedo hablar contigo fuera?
Claro. Desi dejó el cuchillo, que todavía sostenía, en la encimera, se quitó el delantal y salió de la cocina.
Ambos caminaron uno junto al otro hasta entrar en su dormitorio de gil. Desi sintió que andaba hacia su funeral. Iba a perder a Agus. A su mejor amigo. A su primer y
único amor. ¿Cómo iba a poder seguir viviendo después? Trató de impedir que le cayesen las lágrimas aunque los ojos comenzaban a escocerle.
Agustín se paró y la tomó del brazo. La hizo girar para colocarla frente a él. Los dos se quedaron unos eternos minutos mirándose, hasta que él encontró las palabras
que rompieron aquel silencio tortuoso.
¿Me prometes que estarás bien?
¿Me prometes tú lo mismo? le replicó soriano con la misma pregunta mientras dos lágrimas rodaban por sus mejillas blancas y frías como la porcelana.
Estaré bien. No todo lo que yo quisiera, pero estaré bien.
Si no vas a estar del todo bien, ¿por qué te vas?
Sabes que no soporto estar en mi casa. Necesito largarme de aquí. Labrarme un futuro. Construirme una vida.
Ojalá pudiera acompañarte… para que no estés solo añadió rápidamente.
Él sonrió ante tanta generosidad. Estaba seguro de que Desi estaría dispuesta a abandonar todo, hasta a su familia por ir con él.
Ojalá pudieras. Pero tienes que cuidar de tu madre y de tu hermana. Esa no era la única razón por la que no se la llevaba. Ella era menor de edad y debía acabar
sus estudios. Además, ¿qué iba a hacer con él? Ni siquiera sabía dónde pasaría la noche.
Ríos salados recorrieron sus blancas mejillas y el llanto fue inevitable. Agustín alzó una mano y le limpió las lágrimas con sus dedos de una forma tierna y dulce.
Aunque ninguno de los dos se había declarado amor eterno, él estaba seguro de que Desi lo amaba igual que él a ella.

Pages : 95

Autor : Eva Gil Soriano

Comprimido: no

Format :True PDF 

Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

Necesitado de ti – Eva Gil Soriano

Iba a abandonar lo único bueno que le había ofrecido la vida. En esos momentos sintió como su corazón se rompía en mil

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