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No quería enamorarme… Y apareciste tú – Virginia V. B.

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Resumen y Sinopsis De 

Me despierto sobresaltada y agitada. Miro el reloj que hay encima de la mesilla de noche, las cinco y media de la madrugada. No puede ser que otra vez haya soñado
con el tío de mantenimiento. Con esta ya son tres veces esta semana, me siento acalorada. Nunca antes había tenido sueños eróticos con nadie. Que sensación más
extraña…Voy a la cocina y me bebo un vaso de agua bien fría, eso ayudara a que la sangre recupere su temperatura habitual. Me acerco al gran ventanal que hay en la
cocina y me quedo mirando la ciudad que aun duerme. No sé si podré volver a dormirme, aun así regreso a la oscuridad de mi cuarto y vuelvo a meterme en la cama. Los
ojos verdes de ese tío vuelven a mi mente una y otra vez. Esa forma de mirarme ¡uff! Hace que se me pongan los pelos de punta. ¡Joder, no me gusta nada esta
sensación, juro que en la vida me había sentido tan atraída por nadie! ¿De dónde será? No tiene pinta de ser español, más bien de algún país de América Latina. ¡¡Dios,
es tan atractivo!! Esa piel morena, el pelo negro, ese cuerpazo… y que decir de esa mirada. Lleva poco tiempo en la urbanización pero a más de una nos tiene babeando
por él. Me he fijado como lo miran mis vecinas, las jóvenes, las no tan jóvenes, entre las que me incluyo y las bien maduritas. Intento cambiar el rumbo de mis
pensamientos porque si sigo por ese camino, volverán las palpitaciones y la agitación y lo que quiero es volver a dormirme, no ponerme como una moto. Es sábado y
no trabajo. Todo lo que tenía pensado hacer era dormir la mañana, y por culpa de mis hormonas que parece ser están disparadas ya no podrá ser.
Llevo viviendo en la urbanización Santa Margarita unos seis meses. Es una zona exclusiva y selecta de Marbella situada a muy pocos metros de la famosa Milla de
oro, donde se encuentran las tiendas más chic de la ciudad. Va desde el centro de Marbella hasta Puerto Banus. A mis treinta y ocho años tengo una casa en propiedad y
un trabajo que me permite vivir muy cómodamente. Soy cirujana plástica y trabajo en una clínica muy, muy privada donde caras muy conocidas de este país y del
extranjero vienen a hacerse algunos retoques. Por mis manos ha pasado mucha gente, y aunque no está bien que yo misma lo diga, soy muy buena en mi trabajo, por eso
estoy donde estoy. Lo sé, mi modestia deja mucho que desear, pero así soy yo. Estoy muy orgullosa de mí, todo va fenomenal, bueno casi todo. Hace tres meses rompí
con mi prometido. Cuando estábamos a punto de casarnos nos dimos cuenta de que no estábamos hechos el uno para el otro, eso y que Fer, mi ex, se había enamorado
perdidamente de su compañera de trabajo ocho años menor que yo y diez años menor que él. Osea, una perita en dulce. No es que yo este mal, para nada. Pero Fer, la
prefirió a ella y eso a mí me repateo la entrañas, me cabreé muchísimo, y claro por mi boca salieron sapos y culebras. Se fue de casa gritándome que era una amargada, y
que iba a estar sola el resto de mi vida, ¡¡JA!! ¡Y una mierda!!
Vuelvo a mirar la hora, las siete menos veinte. Está claro que Morfeo me ha abandonado por completo, y aquí tumbada no hago nada, solo ponerme de mal humor
con tanto pensamiento inútil. Así que me levanto, me pongo unas mallas negras, una camiseta de tirantes y me calzo las Nike fucsia que me regalo mi hermana en mi
último cumpleaños y salgo a correr. Una vez fuera de la urbanización enchufo el iPod. El nuevo tema de Marta Sánchez, “la que nunca se rinde”, me llena de energía
positiva y salgo disparada hacia el puerto. Por cierto, mi nombre es Alejandra, pero mis amigos me llaman Alex.
Cuando llego al puerto, mis pulmones y mis piernas me piden a gritos que aminore la marcha, hacía mucho tiempo que no salía a correr como una posesa. Lo
necesitaba, toda mi frustración ha quedado pegada al asfalto, y eso es bueno para mí, me noto mucho más ligera. Cuando llego a la zona de anclaje de los yates, me
detengo y recorro con la mirada la maravillosa vista que tengo ante mí. El sol saliendo en el horizonte y reflejándose en el mar. Es absolutamente precioso, sólo por esta
panorámica ha valido la pena la carrera. Me siento bien, respiro hondo varias veces y mi respiración se normaliza. Doy media vuelta y sintiéndome satisfecha vuelvo a
casa. En el trayecto a casa, recuerdo que las chicas y yo tenemos planes para esta noche. Iremos a cenar a “La Mar Del Medio”. Es un restaurante que está en el puerto,
su especialidad el pescado. Lo cocinan de todas las formas posibles. Solemos ir bastante a menudo, es un lugar precioso, decorado en madera en tonos blanco y azul.
Cuando estás dentro, tienes la sensación de estar dentro de un barco. ¡¡Es una pasada!! Después de la cena iremos a la inauguración de Bacana, es una sala de baile
latino. Por la zona en la que está supongo que bastante pijo, pero nosotras que nos apuntamos a un bombardeo no podemos faltar al evento. Mentalmente repaso mi
vestidor, me devano los sesos pensando que ponerme, como vuelvo a estar en el mercado, esta noche tengo que estar espectacular.
Estoy en el vestíbulo esperando el ascensor para subir a casa, cuando se abre la puerta de la oficina de mantenimiento. Sé por el cosquilleo que recorre mi espalda
que es él. Me giro lentamente y ahí está, con esos ojos verdes clavados en mí. Esboza una sonrisa y repasa mi cuerpo con la mirada. ¿De qué coño va este tío? La chula
que hay en mí se abre paso a trompicones entre la timidez y el atrevimiento, y por supuesto gana el atrevimiento, la timidez se queda escondida en algún lugar de mi
mente. Lo miro de pies a cabeza, cuando llego a la altura de sus ojos, estos parecen estar preguntándome: «¿Y bien? ¿Te gusta lo que ves?» Vuelvo a mirarlo de arriba
abajo con altivez y doy media vuelta para entrar en el ascensor. Pulso el botoncito de subir y mientras las puertas se cierran alcanzo a ver esa sonrisa burlona dibujada
en su cara.
Entro en el ático echando humo, no soporto que me miren como si estuviese en venta, es algo que me pone enferma, que típico de los hombres. Me meto en la ducha
y el agua caliente hace que me relaje al instante. No sé por qué me afecta tanto este tío, normalmente no suelo sentir este tipo de cosas. Tiene algo misterioso, creo que
es eso lo que me intriga, lo cual me hace sentir inquieta. Joder, menuda mañana llevo perdiendo el tiempo pensando en un tipo del que ni siquiera sé su nombre. Salgo de
la ducha y me unto el cuerpo de crema hidratante. Me desenredo el pelo mientras mi piel absorbe la crema y de repente suena el móvil, sin ponerme nada encima, salgo a
buscarlo a la habitación, está sobre de la cama. Miro la pantalla y reconozco el número de mi amiga Carla.
¿Dónde demonios te metes, Alex?
¡¡Vaya… buenos días para ti también Carla!!
Lo siento… ¡¡Buenos días!! Te he enviado un montón de wuas y como

Pages : 79

Tamaño de kindle ebook :  889 kb

Autor De La  novela : Virginia V. B.

kindle  Comprimido: no

kindle Format : True PDF 

Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

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