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Odio la vainilla – Merche Maldonado

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Resumen y Sinopsis De 

nueva residencia.
Se dirigieron, entre arrumacos y simbólicas peleas de enamorados, hacia una residencia que le había reservado Hiro. Quedaba muy cerca del domicilio del joven con la
pícara intención de tener a su amiga lo más cerca posible. Por supuesto, había procurado que fuese sólo de chicas.
Aconsejó a la recién llegada que se acostumbrara al idioma, dado que en Tahití, aparte de Tahitiano, se habla la lengua francesa y en Barcelona se utiliza tanto el
castellano como el catalán.
Si comparaba, el vocabulario Tahitiano sólo tiene trece letras, en cambio, el castellano tiene veintisiete letras. Todas sus vocales y consonantes suenan y se
pronuncian igual que el español con excepción de la H que suena y se pronuncia J y R, suena muy suave. A Hiro no le costó nada acostumbrarse a la forma particular
que tienen los catalanes de hablar, ya que desde pequeño alternaba las dos culturas. Lovely, en cambio, no había salido nunca de su aldea. No es que fuera un obstáculo
que no pudiera sortear con facilidad, porque la joven sabía varios idiomas y tenía nociones de castellano y de catalán. Siempre había contado con buenos profesores,
aunque no se desenvolvía del todo bien en la jerga de la calle.
El taxi los dejó frente a un conjunto universitario bastante agradable, rodeado con grandes jardines que separaban unos cuantos edificios idénticos de un central que
era más considerable, donde se encontraban las aulas.
Cuando entraron en uno de aquellos repetidos edificios, Lovely se sorprendió al fijarse en que sólo había mujeres deambulando por los pasillos o sentadas en unos
sillones frente a un mostrador y no pudo reprimir una risa. Conocía a Hiro a la perfección y sabía que no era casualidad que hubiese escogido ese lugar. Sabía que era un
poco celoso, al menos con todo lo que se refiere a ella. Ante tanta fémina se ensimismó por un breve segundo y se preguntó: ¿Se habrá buscado una novia catalana? Se lo
preguntaría cuando estuviera instalada y más tranquila. Todo había pasado demasiado deprisa y todavía no se había acostumbrado ni a la gente, ni al horario.
Mientras su amigo Hiro recogía la llave en la recepción, ella rellenaba como podía el registro de ingreso. Todo iba bien porque todos los impresos suelen ser bastante
parecidos hasta que se diera cuenta de que había un apartado que decía: Modo de pago.
La joven empezó a chocar el bolígrafo sobre la mesa de una forma compulsiva al darse cuenta de que ni llevaba euros ni tarjetas de crédito; en el lugar de donde
provenía nunca las necesitó. No había reparado en hacer el cambio de moneda en el aeropuerto. Miró a Hiro con terror.
No te preocupes. Yo me encargo de todo.
Hiro volvió a mirarla para tranquilizarla y le dedicó una sonrisa. Tan rápido como pudo, sacó de su cartera el dinero suficiente para pagar los dos meses convenidos
por el alojamiento, instalando en su cara un gesto de galán de cine. Lovely se sintió aliviada al darse cuenta de que no estaba sola. Tenía la ayuda de su gran amigo. ¿Qué
habría hecho si no hubiera tenido a su lado a Hiro? No quiso ni pensarlo y un escalofrío la invadió.
Se les había echado la noche encima y Lovely se notaba cansada. Decidió que era hora de despedirse y con un beso sonoro en la mejilla de su amigo quedaron en
verse al día siguiente.
No lo vio alejarse. Estaba tan nerviosa que se dirigió directamente hacia la entrada de aquella cueva infernal. Lovely no sabía lo que la esperaba dentro de aquellas
cuatro paredes.
Llamó a la puerta con timidez y nadie respondió. Decidió utilizar la llave y entró deprisa en su nuevo hogar antes de arrepentirse y salir corriendo en busca de su
amigo. Todo lo que le ocurriría a partir de ahora sería una aventura y estaba asustada.
La habitación era pequeña pero acogedora. Había luz suficiente para que se sintiera segura y rotó para inspeccionar todos los detalles. Había dos camas separadas
por una mesita de noche, engalanada con una lámpara graciosa de color morado, y dos armarios pequeños incrustados de puertas de espejo. Se juntaba todo con un
pequeño salón que ocupaba un sofá y un mueble con una televisión aparatosa encima. La primera impresión le gustó: «No está mal, un poco pequeña pero está limpia».
Pensaba que no había nadie dentro de la estancia y se asustó al ver que alguien salía del baño. «También incluye un cuarto de aseo en la habitación, menos mal», pensó
aliviada. Por un segundo había imaginado que tendría que compartir el cuarto de baño con varias mujeres. Sabía que todavía existen residencias donde las duchas están
situadas en los pasillos y hay que hacer turnos para lavarse o asearse.
La recibió una joven bastante agraciada, pero le impactó su imagen recién salida de la ducha y tapada con una toalla pequeña; sólo le alcanzaba desde la axila hasta la
ingle, dejando al descubierto una figura larga y esbelta. Nunca había visto a nadie con una tez igual de pálida. Pensó que en esa ciudad era normal la diversidad y habría
personas con diferentes tonos de piel, pero no se esperaba tanta transparencia cómo tenía su compañera de residencia; podía conocer la trayectoria de sus venas en todo
momento. En el lugar de donde Lovely provenía, su tez morena era lo más habitual y supuso que esa joven estaría pensando lo mismo de ella en ese momento; pero al
contrario. Parecía un espectro. Tenía la piel lechosa y una larga melena rubia que parecía canosa. Aquella joven la miraba con esos ojos de color azul cristalino con
recelo, como si una decepción le hubiera provisto de mal temperamento.
Pese a la cara amarga de su compañera se presentaron de forma cordial:
Hola, mi nombre es Lovely.
¿Puedes cerrar la puerta?, yo me llamo Laura.
La nueva compañera de Lovely se notaba de buena posición por las manos tan enjoyadas que llevaba. Todos sus dedos estaban ocupados. Incluso llevaba varios
anillos superpuestos y sobresalía una sortija central con un diamante que, según decía, era la envidia de muchas de sus compañeras. A Lovely le resultó embarazoso
mirar la pequeña joya, porque comparada con las que llevaba escondidas en su bolsa de viaje era una baratija muy sencilla. Pero no quiso entrar con mal pie en la
convivencia y decidió callarse.
Laura no paraba de hablar con cierta superioridad, intentando explicarle a la recién llegada lo excelente que era ella y la suerte que tenía. Al notar que no dejaba de
hablar, mientras se ocupaba de restregar generosamente la crema por todo el cuerpo sin ningún pudor, Lovely se sentó en el sillón porque no sabía de qué pie apoyarse.
Estaba cansada y sabía que las palabras de su nueva compañera no le causarían el más mínimo interés, sin embargo, decidió escuchar la vida ajena con la esperanza de
borrar la suya propia, aunque fuese hasta cerrar los ojos y sumergirse de nuevo en el mundo tortuoso de los sueños. Los sueños, esas traicioneras quimeras que tanto
gustan a los dioses y tan poco a los mortales.
Laura Aguilar se había prometido con un catalán adinerado que tenía una gran masía con viñedos cerca del Penedés. Su único propósito de vida empezaba y acababa
en estudiar educación infantil, con la finalidad de rodearse de bebés clavados a ella y a su prometido Rodrigo Mateo.
En cuanto Laura paró de hablar para respirar, Lovely bostezó y se acomodó

Pages : 69

Tamaño de kindle ebook : 1,02  MB

Autor De La  novela : Merche Maldonado

kindle  Comprimido: no

kindle Format : True PDF 

Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

Odio la vainilla – Merche Maldonado

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