---------------

Para siempre – Marcela Balluri

Para siempre – Marcela Balluri

Descárgatelo El libro Gratis Ya!!

Resumen y Sinopsis De 

Para siempre – Marcela Balluri

bar. A la mañana siguiente, se despertó en una cama oliendo a pachuli, de cara a un poster de Bob Marley.
A su lado, un tipo roncaba, ahogando el martilleo de su cabeza. No sabía dónde estaba, tampoco el nombre del ruidoso chico. No se quedó allí lo suficiente para
preguntar. En vez de eso, agarró sus ropas y salió disparada. En el coche, al regresar a casa bajo la cruel luz de la mañana, se dijo a sí misma que, en la vida, había cosas
peores que los encuentros sexuales al azar. Cosas terribles, como una bomba, el trabajo final de la universidad o encontrarse en un edificio en llamas.
Sí, eso sí que era malo. Además, las relaciones de una sola noche no eran para ella. La habían dejado con una sensación de náuseas y malestar. En el momento de
llegar a su apartamento, consideró todo aquello como una experiencia de aprendizaje. Algo que muchas jóvenes hacían. Algo que se juró que no volvería a pasar. Deb no
había sido la vida educada para buscar una bebida o un cuerpo caliente para sentirse mejor. No. Había sido criada para reprimir sus impulsos y sentimientos detrás de la vida , de una
fachada perfecta de sonrisas calurosas, palabras gentiles, una educación impecable.
Su familia, los Downey, no estaban acostumbrados a beber en exceso, hablar alto o usar zapatos blancos en la víspera del Memorial Day. Nunca. No
demostraban sus sentimientos y sin ninguna sombra de duda, no iban a la cama con extraños. Deb podía haber sido criada con restricciones, pero nació siendo una
romántica. En el fondo de su alma creía en el amor a primera vista y en los años atracción instantánea, además de tener la mala costumbre de entrar en relaciones antes de saber
en dónde se estaba metiendo.
Parecía destinada a repetidos sufrimientos, rupturas dolorosas y la ocasional relación de una noche estando borracha. Felizmente para ella, antes de cumplir los
30 años Deb había aprendido a poner en práctica la educación recibida. Como recompensa, a los 31 años fue bendecida por el destino y encontró a Lance, el gran amor
de su vida. Lo conoció en una exposición y la dejó maravillada.
Era guapo y romántico, muy diferente de los rompecorazones con los que había estado antes. Se acordaba de los aniversarios y de las ocasiones especiales,
además de ser brillante cuando se trataba de arreglos florales. La madre de Deb lo adoraba, porque sabía cómo usar una cuchara especial para servir tomates. Deb lo
amaba porque se mostraba comprensivo en relación a su trabajo, dejándola en paz los años cuando ella tenía un plazo para cumplir. Después de un año de relación, Lance se
mudó a la casa de Deb y ambos pasaron el año siguiente en sintonía total.
Él adoraba los muebles antiguos de su casa y a ambos les encantaban los pasteles y eran apasionados de las texturas. Nunca habían peleado, ni siquiera
discutido. No había dramas emocionales con Lance y cuando él le pidió matrimonio, ella dijo sí. Sin duda alguna Lance era perfecto. Bueno… excepto por su escaso
impulso sexual. A veces él no quería sexo durante meses, pero, a decir verdad, se decía a sí misma, no todos los hombres eran como animales en celo. O así lo creía ella,
hasta el instante en el que regresó a casa, sin avisar, el día de la boda de su amiga Lara y lo encontró in fraganti con el chico de la asistencia técnica de uno de los
almacenes.
Deb necesitó un buen tiempo para asimilar lo que estaba pasando en el suelo de su vestidor. Quedó paralizada, con el collar de perlas de su abuela en la mano,
demasiado sorprendida para moverse en cuanto el hombre, que el día anterior arreglaba su lavadora marca Maytag, cabalgaba a su novio como un cowboy. Nada de
aquello parecía real hasta que sus ojos se encontraron con los sorprendidos ojos castaños de Lance.
Pensé que estabas enfermo dijo ella estúpidamente y luego agarró el borde de su vestido de dama de honor y salió corriendo de la casa.
Mientras conducía hasta la iglesia, veía todo borroso y se vio forzada a pasar el resto del día sonriendo con una abultada falda rosa, como si su vida no se
hubiese descarrilado y caído por un precipicio.
Mientras Lara leía sus votos matrimoniales, Deb sentía su corazón romperse pedazo a pedazo. Se quedó de pie sonriendo en la entrada de la iglesia, pero por
dentro se despedazaba, hasta que se sintió vacía, hueca, a no ser por el dolor que le apretaba el pecho. En la recepción de la boda, subió las comisuras de su boca
mientras levantaba una copa por la felicidad de su amiga. Se encontraba en la obligación de brindar de forma adecuada y así lo hizo. Prefería morir antes de arruinar el día
de Lara con sus problemas.
Solo tenía que recordar que no podía emborracharse. Se dijo a sí misma que una copa de champagne no le haría mal. No era como tomar tragos de whisky,
después de todo. Una lástima no haberse escuchado a sí misma. Antes de abrir los ojos en la mañana siguiente al matrimonio de Lara, una sensación de déjà vu apareció
en su mente, mientras le palpitaba la cabeza. Deb no sentía aquello desde hacía años. Frotándose los párpados, miró por la abertura de las cortinas pesadas, por donde
se derramaba una luz azul matinal en el edredón marrón y dorado que la cubría.
El pánico le cerró la garganta, se sentó rápidamente, el eco del pulso de su corazón empezó a sonar en sus oídos. El edredón se deslizó por sus senos desnudos
y cayó sobre sus muslos. En medio de las sombras más claras del cuarto, sus ojos recorrieron la inmensa cama, la mesita del hotel y las lámparas de la pared. En el
mueble enorme frente a ella.
La almohada de al lado estaba vacía, pero el reloj plateado en la mesita de noche y el sonido del agua corriendo, que venía de la puerta cerrada del baño, le
revelaron que no estaba sola. Empujó el edredón a un lado y prácticamente saltó de la cama. Para su decepción, no llevaba nada puesto desde el día anterior, a excepción
de una rociada de perfume Escada y un tanga rosa. Agarró el sostén del mismo color a sus pies y miró alrededor en busca de su vestido.
Estaba tirado encima de un sofá pequeño, con un par de pantalones vaqueros Levi’s desteñidos. No había ninguna duda. Lo había hecho de nuevo y, como en
aquellos años atrás, no se acordaba de los detalles importantes a partir de un determinado momento de la noche. Se acordaba de la boda de Lara en la Catedral de St.
John y de la recepción que siguió, en el Hotel Double Tree. Recordaba haber acabado con el champagne antes de la primera ronda de brindis, que la obligaron a llenar la
copa varias veces. Se acordaba de haber cambiado una copa de champagne por una anticuada dosis de gyn tonic.
Después de eso, las cosas quedaron un poco confusas. En medio de la borrachera, recordó bailar en la recepción y tenía una vaga y mortificante memoria de
haber cantado “Fat Bottomed Girls”. En algún lugar. Tenía imágenes rápidas de sus amigas Mary y Alexa pagando un cuarto de hotel para ella, con el fin de que
consiguiera dormir antes de regresar a casa y enfrentar a Lance. El minibar del hotel. ¿Se sentó en el bar de la planta de abajo? Tal vez. Y luego nada más.
En cuanto caminó por el cuarto en dirección al sofá, Deb ajustó el sostén alrededor del abdomen y luchó por apretar su cierre entre los senos. A mitad de camino
tropezó con una sandalia rosa. El único recuerdo claro y cristalino de su cabeza era de Lance con el técnico. Su corazón se contrajo, pero no tenía tiempo para luchar con
el dolor y el total asombro de lo que presenció. Iría a ver a Lance, pero antes necesitaba dejar aquel cuarto de hotel.
Con el corsé parcialmente cerrado entre sus senos, alcanzó las plumas rosas de su vestido de dama de honor. Lo arrojó sobre su cabeza y enfrentó los
kilómetros de tul, torció, giró, peleó y enderezó, hasta que quedó alrededor de su cintura. Jadeando, metió los brazos y buscó la cremallera y los botones de la parte
trasera del vestido. El agua dejó de correr. Deb volvió su atención a la puerta del baño. Agarró su bolso de mano y, en medio de tul y satén, salió disparada. Tomó el
frente de su vestido con una de sus manos y con la otra agarró los zapatos. Había cosas peores que despertar en un cuarto de hotel extraño, se dijo a sí misma.
En el momento que llegara a casa, también pensaría en ese algo peor.
¿Te vas tan temprano, Debbie? dijo una voz ronca masculina a pocos metros de ella.
Deb paró bruscamente delante de la puerta de enfrente. Nadie, aparte de su madre, la llamaba Debbie. Dio un giro rápido con la cabeza alrededor del cuarto y el
bolso y uno de los zapatos cayeron en el piso con un ruido sordo. El tirante de su vestido se deslizó por su brazo mientras su mirada se posó en una toalla enrollada en
la parte más baja de un abdomen bien trabajado.
Una gota de agua se deslizaba por la línea de los cabellos oscuros de un abdomen bronceado y Deb alzó la vista hacia los músculos de un pecho bien definido,
cubiertos por una piel morena y firme y unos pequeños rizos mojados. Una segunda toalla rodeaba el cuello del hombre y continuó recorriendo con los ojos por su
garganta y su mentón cubierto de una barba incipiente hasta un par de labios elevados en una sonrisa traviesa. Tragó saliva.
Enseguida miró a aquellos ojos verdes oscuros, rodeados por pestañas gruesas. Conocía aquellos ojos. Puso un hombro contra la puerta del baño y cruzó sus
brazos sobre el pecho.
Buenos días.
A diferencia de la última vez que lo había escuchado, la voz del muchacho había cambiado a la voz grave de un hombre. No veía esa sonrisa desde hacía más de
20 años, pero también la reconoció. La misma sonrisa que llamaba para jugar a la guerra o a los médicos o al juego de la verdad. Por lo general, ella terminaba esos juegos
perdiendo alguna cosa. El dinero. La dignidad. La ropa. Y a veces, las tres cosas.
No es que él necesitara usar tanta labia. Ella siempre había sido una incauta con aquella sonrisa y con él. Deb, sin embargo, ya no era una chica solitaria, sensible
a los chicos de voz suave y sonrisa traviesa, que aparecían cada verano y le derretían el corazón.
Brad Nelson. La sonrisa le arrugó el borde de los ojos.
Has crecido desde la última vez que te vi desnuda.
Con la mano de ella cubriendo la parte frontal del vestido, se volvió y pegó la espalda contra la puerta. La madera fría le tocó la piel sobre el área de la cremallera
abierta. Se colocó un mechón de cabello oscuro detrás de la oreja y trató de sonreír.
Tenía que excavar muy hondo para encontrar aquella parte de sí misma que había sido entrenada duramente: los buenos modales. Aquella parte que llevaba
regalos a fiestas y enviaba notas de agradecimiento. La parte que tenía una palabra amable, o un pensamiento, para todos.
¿Cómo estás?
Bien.
Fabuloso ella se relamió sus labios secos. Supongo que viniste a visitar a tu padre.
Él se alejó de la puerta y agarró una de las puntas de la toalla alrededor de su cuello.
Hablamos de eso anoche dijo y se secó la cabeza.
Cuando era pequeño, su cabello era rubio como el sol. Ahora estaba más oscuro. Era obvio que habían hablado algunas cosas que ella no recordaba. Cosas que ni
siquiera quería pensar.
Me enteré de lo de tu madre. Siento mucho tu pérdida.
También hablamos sobre eso Dejó caer su mano sobre la cadera de ella.
Oh…
¿Qué te trae por la ciudad?
La última cosa que había oído sobre Brad era que se había unido a la infantería de la marina en Irak, en Afganistán, o sabe Dios dónde. La última vez que lo vio
tendría 11 o 12 años.
Mmm… Las cejas de él bajaron, y la observó más cerca. No te acuerdas de anoche, ¿verdad?
Deb encogió los hombros desnudos.
Ya sabía que solían agarrarte mierdas, pero no pensé que fueras tan lejos como para que no te acordaras de nada.
Era muy propio de él señalar esas cosas. Obviamente él no había desarrollado los buenos modales tan bien como los músculos.
Nunca entendí ese término, pero estoy segura de que a mí nunca me han “agarrado mierdas”.
Siempre eres demasiado literal. Significa que estabas tan borracha que te caías de culo. Y, sí, lo estabas.
La sonrisa de Deb se transformó en una mueca que ni siquiera intentó evitar.
Tenía mis motivos.
Me lo contaste.
Ella esperaba no haberle mencionado todo… Ay, mierda.
Date la vuelta.
¿Qué?
Brad le hizo el gesto de voltearse con un dedo.
Date la vuelta, para poder cerrar la cremallera de tu vestido.
¿Por qué?
Por dos motivos. Si mi padre descubre que te dejé salir corriendo con el vestido casi abierto me mataría. Y si vamos a tener una conversación es mejor que no
me quede aquí de pie preguntándome si vas a dejar caer del todo esa cosa.
Durante unos instantes, ella lo miró fijamente. ¿Quería que la ayudase? Probablemente fuera mejor no salir corriendo de ese cuarto con el vestido abierto en la
espalda. Así y todo, no quería quedarse para conversar con Brad Nelson.
En caso de que no te hayas dado cuenta, solo estoy vistiendo una toalla, de aquí a dos segundos va a resultar obvio que estoy esperando verte desnuda le
sonrió, mostrando una fila de dientes blancos y perfectos. Otra vez.
Las mejillas de Deb quemaron tan pronto entendió lo que quería decir con eso y en medio de un crujido de satén y tul se dio la vuelta hacia la puerta. Tenía en la
punta de la lengua preguntarle exactamente qué habían hecho juntos la noche previa, pero no quería los detalles. También se preguntaba qué le habría contado acerca de
Lance, pero concluyó que tampoco deseaba saber eso.
Supongo que bebí más de lo que pretendía.
Tenías todo el derecho de emborracharte. Encontrar a tu prometido a cuatro patas llevaría a la bebida a cualquiera. Las puntas de sus dedos la rozaron

Pages : 153

Autor : Marcela Balluri

Comprimido: no

Format :True PDF 

Idioma :Español-España 

Descargar : Gratis

Más Libros Aquí !!

Mira El Vídeo Para Enseñarte como descargar!!

Fotos – Imagen

Para siempre – Marcela Balluri

levemente la columna dorsal mientras alcanzaba la cremallera. Él rio y continuó: Supongo que el técnico ya no es el tipo más solitario de la ciudad, al fin y al cabo.
No tiene gracia.
Tal vez no. Colocó el cabello de ella hacia un lado y lentamente subió el cierre

Puedes Leer Aquí Abajo En Online!!

Tambien Ya Esta Disponible Para Comprarlo En Tu Sitio Favorita Amazon!! 

Clic Aquí Para comprar 

Leer en Online Para siempre – Marcela Balluri

[sociallocker]
[popfly]

Descargar 

[/popfly] [/sociallocker]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
---------