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Libro PDF 51 David Muñoz López

Ecos de amor - Mimi Romanz

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su mesa de trabajo. No había ningún papel sobre ella, solamente el teléfono. Se acercó a él y lo descolgó.
— Oficina de Anne Porter… — pero antes de poder acabar la persona que estaba al otro lado la interrumpió.
— ¡JODER! — gritó — Llevo cinco minutos esperando. ¿Donde demonios estaba?
— Señor yo no…
— A la mierda, — volvió a interrumpirle, y esta vez Alison no pudo evitar el sonrojarse. —me dijeron que esperara. ¡JODER! , no pensaba que tardaría tanto.
Les dije que era cuestión de vida o muerte. Seguramente habrán localizado la llamada. – Su voz se notaba muy agitada, aunque se podía oír su respiración.
— Está bien, ahora cálmese por favor…
— ¡Oiga!, escúcheme con atención. Algo gordo va ocurrir. Mire necesito verla, necesito su protección. Me están siguiendo, ¿sabe?… y esta gente siempre te
encuentra. Nos encontraremos frente al parque de Wood´s Stone, junto a la fuente, dentro de veinte minutos. Si ocurriera algo investigue esto: “Proyecto Lone “ . Lo
siento, no puedo decirle más.—Se produjo una pequeña pausa, y esta vez con una voz más tranquila le dijo— Srta. Anne… ayúdeme. – y en ese momento se cortó la
comunicación.
— Pero… ¡Oiga!
Pero ya era tarde. Había colgado el teléfono. Alison se quedó allí mirando fijamente a través de los cristales, con la mirada perdida. Durante unos segundos no
reaccionó pero después, poco a poco, fue volviendo en si. Pensaba en lo que aquel hombre le había dicho. No parecía tener mucho sentido. Aunque, por otro lado, la
llamada estaba dirigida a Anne, lo que en si mismo tenía una gran relevancia. ¿Era así como Anne obtenía sus primicias, con llamadas en mitad de la noche, de alguien que
se consideraba perseguido? De pronto tuvo una idea. ¿Porqué no comprobar antes la autenticidad de todo aquello antes de pasárselo a Anne? Estaba claro, era su
oportunidad.
Miró su reloj. Habían pasado dos minutos desde que colgara el teléfono. Cogió su bolso y se fue en dirección al parque de Wood´s stone.
4
El monitor mostraba una figura que iba desplazándose a través de una serie de tonos rojos, verdes y azules. Era un analizador térmico, otro de esos juguetes que
tanto gustaba a los militares, y la figura que se desplazaba en aquella amalgama de tonos colorados era ni más ni menos que Anne Porter, la reportera de moda en ese
Estado, y quizás en el resto del país. Las órdenes eran claras; eliminar la fuente y el contacto. Aunque fuera el mismísimo presidente, pensó el soldado encargado del
seguimiento.
— ! Señor! — alertó el vigía —, el objetivo se acerca al punto de encuentro. La tendremos a tiro en unos cinco segundos.
— No se apresure. — indicó una voz al otro lado de la línea. — Ahora sólo es cuestión de tiempo
Después de unos segundos de silencio el hombre volvió a hablar.
— Marque el cebo.
Un segundo hombre, parapetado en el interior de una furgoneta Ford de color negro, aparcada a unos cincuenta metros del punto de encuentro, procedió a apuntar
con una mirilla telescópica directamente a la cabeza del cebo. El fusil, uno de esos difícil de encontrar incluso en el mercado negro de armas, estaba perfectamente
acoplado a su cuerpo. Un rayo láser medía la distancia al objetivo con una desviación máxima de un micra.
— El cebo esta marcado.—informó el soldado
— Muy bien alfa uno, a partir de ahora quiero silencio absoluto.
El parque de Wood´s Stone se extendía desde la calle Madison hasta las orillas del río Hudson. Eran cinco kilómetros de árboles, senderos y de parques dentro
del parque. La zona más hermosa bordeaba el río por la que transitaban miles de personas durante todo el día, atravesándolo en busca de un trozo de “cielo” en mitad
de la enmarañada ciudad. Claro está que era también una zona conflictiva, pero aun seguía siendo uno de los lugares preferidos por muchos, y era durante el día cuando
el parque lucía todo su esplendor.
Parecía mentira, pensaba el soldado, que el lugar de juegos de su infancia se hubiera convertido, aunque solo fuera por esa noche, en el escenario de una ejecución
en toda regla. Mientras tanto podía divisar desde allí como un ferri remontaba el río. Un grupo de gaviotas parecían seguir a algunos barcos que atravesaban una y otra
vez aquellas aguas transportando todo tipo de mercancías.
Inesperadamente apareció una figura que se acercaba con cautela al objetivo marcado. El monitor mostraba a dos personas junto a una fuente, y tras ellos un
mirador que daba al río Hudson.
La misma voz de antes ordenó.
— ! Mátelos!
5
Alison llegó el parque Wood´s Stone con algo de retraso. Seguía estando nerviosa. La idea de encontrarse con un desconocido en una de las zonas más peligrosas
de la ciudad no le gustaba en absoluto. Pero era su gran oportunidad y debía aprovecharla. Y de hecho, lo estaba haciendo. A pesar de ello decidió ser prudente. Se dio
un margen de diez minutos antes de salir de allí lo más rápido que pudiera.
Desde el mirador podía observar el río Hudson. La luz de la luna iluminaba tenuemente sus orillas dotándole de una belleza inusual. Era una noche clara y fresca.
Alison volvió su mirada a la fuente que tenía frente a ella, y cayó en la idea de que quizás su contacto no la habría distinguido. Se dirigió a la fuente y una vez allí decidió
esperar. Miró su reloj y comprobó que ya pasaban diez minutos de la hora fijada. Aunque se sentía algo más calmada continuaba pendiente de cualquier movimiento
que se produjera a su alrededor.
Un hombre haciendo footing con su perro pasó en esos momentos junto a ella. El perro miró a Alison y le obsequió con uno de sus mejores ladridos. Detrás de
la fuente, a unos quince metros, un grupo de jóvenes no paraban de gritar después de cada trago de Whisky. Uno de ellos estaba ahora corriendo en dirección a unos
árboles tapándose la boca con una mano. Poco después el inconfundible sonido de una arcada provocó una extraña mueca en el rostro de Alison. No era un buen lugar
para estar sola, pensó. Su mirada se centró en una furgoneta negra aparcada a unos cincuenta metros de distancia. Era extraño que una furgoneta de ese tipo estuviera en
ese lugar a esas horas. Pero no le dio mayor importancia.
Durante unos momentos no reparó en un hombre que se había estado acercando poco a poco desde hacia ya algún tiempo. Vestía con una gabardina demasiado
grande para ser de su talla, seguramente robada pensó Alison, y una botella que colgaba penosamente de uno de sus bolsillos. Era un borracho. Uno de tantos que vivían
en el parque. Cuando pensó en reaccionar el hombre se encontraba a apenas unos pasos de ella, al tiempo que pudo ver como el borracho metía la mano en el interior de
uno de los bolsillos de la gabardina. Alison no tuvo tiempo ni siquiera de sentir miedo porque antes de pensar que el hombre podría sacar una pistola para robarla o
matarla, vio como del bolsillo sacaba una hoja doblada. El borracho se paró frente a Alison y le entregó la nota.
— Un hombre me ha dado veinte pavos para que le diera esto. —dijo limpiándose la boca con las manos.
Alison cogió la hoja y pudo distinguir con letras mayúsculas el imperioso mensaje:!PELIGRO! ¡SALGA CORRIENDO! ¡VAYASE! !AHORA!. Los ojos de
Alison no podían despegarse de aquella nota. Iba a decirle algo al borracho cuando se produjo un sonido grave. Una enorme mancha de sangre empañó la nota, y antes
de comprender lo que estaba ocurriendo se encontró tumbada en el suelo con el hombre encima suyo. Estaba muerto. Casi en el mismo instante, sin tiempo para poder
reaccionar, sintió como alguien la levantaba y la empujaba en dirección al mirador.
6
— !Señor ! Ese cabrón sabía que le esperábamos.
— A todas las unidades estamos en alerta roja. Repito. Estamos en ¡ALERTA ROJA! !LIMPIEN LA PUTA ZONA!.—gritó la voz.
Varios hombres surgieron de todas las partes imaginables del parque. El joven que acababa de vomitar ni siquiera tuvo tiempo de ver el rostro de su asesino. Sus
compañeros vieron como un grupo de encapuchados surgían del parque y comenzaban a dispararles. El espectáculo era dantesco. El hombre que estaba haciendo
footing cayó muerto junto a su perro
La operación no había tardado más de cinco segundos, y el objetivo principal todavía no había sido alcanzado.
7
— !Coja esto! — le estaba gritando el hombre.—Corra hacia el río y salte. !RAPIDO!
El hombre seguía tirando de ella. Estaban a pocos metros del mirador. Fue entonces cuando comenzaron a oírse más disparos. Alison oyó algunos gritos pero no
podía imaginarse lo que estaba ocurriendo tras ellos.
Las balas parecían seguir sus pasos pero ninguna llegaba a alcanzarles. Pequeños pedazos de cemento de la baranda del mirador comenzaron a saltar por los aires,
como si se tratara de pequeñas explosiones. Alison no había tenido tiempo de pensar en nada pero lo que estaba claro es que debían llegar a mirador y saltar si querían
salvar la vida.
Tenía la extraña sensación de que todo aquello no estaba ocurriendo en realidad, de que todo formaba parte de una pesadilla de la que tarde o temprano
despertaría. De la misma manera pensaba que había una misteriosa armonía entre ella y el hombre que tiraba de ella para salvarla la vida. Corrían juntos en una carrera
que no podían ganar. El tiempo parecía haberse detenido. Las balas impactaban cada vez más cerca, emitiendo un extraño sonido, como si protestaran al no alcanzar a
su objetivo. Fue entonces cuando una de esas balas emitió un sonido diferente. Justo en ese preciso instante el hombre que la acompañaba se soltó. Un grito de rabia, de
desesperación, surgió de su garganta. Alison sólo tuvo tiempo de girar la cabeza y ver como una bala le atravesaba una de las holguras del pantalón. Saltó al río, cuyo
curso se ceñía lo suficiente en aquel lado de la orilla. Cayó al agua. Luchó para mantenerse a flote al tiempo que no dejaba de pensar en aquel hombre, que le había
salvado la vida, y que ahora estaba muerto.
8
Anne llegó a su apartamento a las cinco de la mañana. Estaba algo mareada. Su aspecto se asemejaba más al de la Anne de sus años mozos que al de la respetable
reportera que era. La fiesta se había prolongado hasta las cuatro de la mañana en el apartamento de Brad, un colega del periódico. Después de cerrar la puerta se dirigió
al lavabo.
Antes de irse a dormir encendió el televisor. Fue seleccionando canales y justo cuando iba a apagarlo observó algo extraño. La puerta de la terraza estaba abierta y
una suave brisa penetraba por toda la casa. Anne no le dio mayor importancia y aprovechó para tomar un poco el aire.
Al entrar en la terraza alguien la agarró de los brazos y con excesiva brutalidad la tiró al suelo. Anne se golpeó la cabeza contra el suelo y quedó semiconsciente.
Sintió que le inyectaban algo en el brazo. Lo identificó al momento. No era la primera vez que por sus venas circulaba heroína. Todas las venas de su cuerpo se pusieron
rígidas y al poco rato su corazón sencillamente dejó de latir.
El asesino atravesó apresuradamente la habitación en el momento en que el televisor mostraba las imágenes de una Anne Porter que iba a ser entrevistada, lo que
provocó que se detuviera. Se la veía sonriente mientras respondía tanto a la preguntas de la reportera como a las felicitaciones de los que allí se habían reunido. El
rostro del asesino permanecía imperturbable. Parecía dispuesto a irse cuando la presentadora anunció que disponían de las últimas imágenes de la ganadora del Premio
Pulitzer justo en el momento en que se dirigía a su casa, después de salir del apartamento de un amigo suyo situado en un conocido barrio residencial.
Un leve escalofrío recorrió el cuerpo del asesino al comprobar que la grabación del reportaje había sido efectuada media hora antes, y que dicho apartamento
estaba situado al otro lado de la ciudad. Y eso complicaba mucho las cosas. El asesino tuvo la certeza de que la periodista no había podido estar en dos lugares al mismo
tiempo. Era imposible. Entonces comenzó a pensar que quizás se hubieran precipitado un poco. Con este pensamiento abandono el apartamento dejando la televisión
encendida. Posiblemente al día siguiente Anne Porter volvería a ser noticia, aunque esta vez más que nunca ella sería la noticia.
9
En el Hogar de la Cerveza se daban cita a primera hora de la mañana la mayoría de los reporteros del The New York Times . Eran las ocho de la mañana y un
pequeño grupo de periodistas estaban sentados alrededor de una mesa con aire apesadumbrado. Las botellas de cerveza y las tazas de café se amontonaban sobre la
mesa. El humo de los cigarros ayudaba a crear una atmósfera más propia de los años de la prohibición. Todos estaban en silencio y parecía que nadie quisiera romper
ese silencio.
— Vamos Kevin, tienes que reconocerlo Anne no era trigo limpio. – dijo uno de ellos.
— Si, joder. Ya lo se. Pero jamás pensé que acabara así.—dijo Kevin apurando hasta la última gota de su cerveza.
— Lo que pasa es que toda esta mierda no tiene sentido.—dijo un tercero.—No tiene ningún puto sentido.—volvió a decir golpeando la mesa.
Brad se dejó llevar por la ira. Se levantó bruscamente lanzando la silla al suelo y se precipitó por la puerta. Los otros dos hombres le siguieron. Kevin se dirigió
antes al camarero.
— Perdona por el espectáculo pero está atravesando un mal momento.
— No importa. —contestó el camarero.— ¿Quien es ella ?—preguntó con cierta perspicacia .
— Anne Porter. La encontraron muerta esta madrugada en su apartamento. Parece que fue por . . . sobredosis.
Esta vez el camarero no contestó nada. Antes de salir del bar Kevin creyó percibir un movimiento en los asientos del bar. Distinguió una figura femenina que le
resultaba algo familiar. Su mal aspecto parecía indicar que tampoco había sido una buena noche para ella. Después de unos segundos abandonó el Hogar de la Cerveza.
Unos minutos más tarde Alison abandonaba también el Hogar de la Cerveza. Aún no podía creerse lo que había ocurrido esa noche. No tenía ningún sentido. O
mejor dicho, si lo tenía. La noticia de la muerte de Anne la había sorprendido, pero pensándolo con cierta calma Alison empezaba a encajar las piezas incompletas de
aquel rompecabezas maquiavélico.
Su muerte podría deberse sencillamente a una confusión. Si aquella gente había interceptado la llamada del despacho de Anne bien pudiera ser que pensaran que la
persona del parque no era otra que la mismísima Anne Porter. Lo cual podría significar que su vida no corría peligro, por ahora. Pero , ¿cómo saber si la muerte de Anne
no fue realmente por sobredosis?. Quizás sólo fuera una coincidencia. Una cruel coincidencia. Estaba claro que Anne llevaba una vida muy movida por lo que descartó
esta idea. Por otra parte las palabras de aquel hombre tenían ahora más sentido que nunca. Sin duda el gobierno y el ejército estaban preparando algo. Sin embargo
mucha de la información que tenía en el sobre se había perdido en el mismo instante en que cayó al agua. La tinta se había corrido, y sólo se podían distinguir alguna
frase incompleta o algunas cifras sin ningún sentido para ella.
Alison se dirigió a su apartamento. Una vez dentro se dio un baño y al poco tiempo se tumbó en la cama. Estaba exhausta. Necesitaba descansar. Necesitaba
pensar detenidamente en todo lo que había ocurrido. Las imágenes se agolpaban en su mente pero sólo había una pregunta que no dejaba de hacerse. ¿Quién era aquel
hombre que la había salvado la vida?

Capítulo 2.-
La dirección
1
El día había amanecido totalmente encapotado por unas oscuras nubes que amenazaban tormenta. El cielo poseía una belleza tan turbadora que algunas palomas
parecían detenerse en mitad de su vuelo con el único propósito de observarlo. Una fría pero suave brisa anunciaba lo que podría ser el inicio de una tormenta. Las copas
de los árboles se mecían con suavidad mientras el viento atravesaba la maraña de ramas y hojas provocando un sonido tan dulce que evocaba en algunos, antiguos
episodios de sus vidas dotándolos de cierta nostalgia.
Las ramas de los árboles fueron sacudidas por un fuerte golpe de viento, lo que improvisó una vistosa lluvia de hojas. En su vuelo algunas realizaban extrañas
piruetas hasta que caían definitivamente al suelo. Allí muchas volvían a ser levantadas por el viento, sin embargo otras, no tan ligeras, apenas describían trayectoria
alguna en su caída al suelo. Un grupo de éstas quedaron atrapadas contra la base de una preciosa lápida de mármol blanco. Una mano las apartó al tiempo que
depositaba unas flores ante la tumba. Sobre las flores rezaba el siguiente epitafio: “En el amor de Dios encontrarás la paz deseada. “. Justo encima podía leerse:
ANNE PORTER
( 1967-1998 )
Los oficios por la muerte de Anne se habían celebrado dos días después de su muerte. A la misa habían asistido diferentes personalidades, compañeros de trabajo,
amigos de la niñez y, por supuesto, su familia. Poco después, y en la más estricta intimidad por deseos de su familia, se realizó el sepelio. Ahora, días más tarde, Alison
venía a darle su último adiós.
De pie frente a la tumba no podía divisar los límites del cementerio, pero si pudo distinguir a cierta distancia, semioculto por la maleza, el vallado que lo
circundaba. Las lápidas parecían respetar una cierta distancia entre ellas generando una extraña geometría bajo el cielo plomizo. También vio, un poco alejado, un
pequeño mausoleo presidido por una estatua que representaba a la virgen. Estaba de pie con la cabeza inclinada y las manos unidas en un gesto de profunda devoción.
Alison comenzó a sentirse intranquila. Sin darse cuenta había empezado a rezar. Sintió en su interior algo que desde hacia mucho tiempo no sentía. Se sintió de nuevo
incómoda y deseó salir de allí cuanto antes.
Se abrochó el abrigo y fue hasta el coche que estaba aparcado cerca de la entrada. Un trueno recorrió el cielo anunciando una lluvia inminente, por lo que apresuró
el paso hasta llegar al vehículo. Entró dentro al tiempo que las primeras gotas empezaban a caer sobre la luna. Encendió el motor y conectó el parabrisas. Unos segundos
después salía del cementerio sin saber muy bien a donde dirigirse.
En esos momentos pensó que lo mejor sería visitar a Paul, un ex novio y ex compañero de la universidad. Después de su relación con él apenas se habían visto
más que en un par de ocasiones. Pero, a pesar de ello, siempre sabía como le iban las cosas. También sabía, y esto es lo que la hizo decidirse, que podía confiar en él.
A decir verdad Alison no era una persona a la que le gustara pedir ayuda, pero tuvo que reconocer que tampoco aquella era una situación muy normal. Al fin y al
cabo, pensó, quizás esa fuera su única salida.
De esta manera decidió dirigirse al único lugar donde creía poder encontrarle. Volvió a coger la autopista y en unos minutos se encontró de nuevo inmersa en el
tráfico del centro de la ciudad. La lluvia caía con fuerza y Alison pensó que quizás aquel triste día ya no vería el sol. Y sintió ganas de llorar.
2
Paul subía las escaleras que llevaban a su piso. Había pasado toda la mañana editando unos reportajes. Necesitaba darse una ducha y comer algo antes de volver
al estudio. Al llegar al rellano se sorprendió al distinguir a una persona acurrucada delante de su puerta. Tenía la cabeza apoyada en las rodillas y parecía estar
durmiendo. Dedujo que llevaba ya algún tiempo en esa posición. Al principio no la distinguió pero conforme fue acercándose se dio cuenta de quien era. Recorrió los
pocos pasos que le separaban de ella y se sentó a su lado. Alison abrió los ojos en ese momento a la vez que preguntaba:
— ¿Quién . . . ? — apenas fue un murmullo.
— ¿Quién crees que soy preciosa ?
— !Paul! — dijo mirándole fijamente. – Necesito ayuda. – Y comenzó a llorar mientras ambos se abrazaban.
Estuvieron un rato allí sentados hasta que ella se calmó y entraron en el apartamento. Luego Paul llamó a su compañía para decir que no iría a trabajar con la
excusa de encontrarse indispuesto por culpa de una comida en mal estado. Después ambos tuvieron tiempo de asearse. Cuando Alison hubo acabado salió del baño y
descubrió a Paul preparando algo de comer. Entonces le obsequió con una sonrisa mientras entraba en una de las habitaciones.
El piso no era muy grande pero si suficiente para una persona. La entrada daba a un pequeño recibidor desde el que se divisaba un gran comedor con una moderna
cocina integrada. Además también contaba con dos habitaciones. Más tarde ambos charlaban animadamente sentados cada uno en un extremo del tresillo, hasta que por
fin Paúl decidió preguntarle.
— ¿Qué ocurre Alison? — preguntó con cierto tono paternalista. – Nunca te había visto en este estado. Créeme si te digo que estoy preocupado.
— Necesito tu ayuda, pero… – hizo una pausa. – Pero no se siquiera si podrás ayudarme.
— Sabes que te ayudaré en lo que pueda.
Alison comenzó a explicarle como la llamada que ella había contestado en el despacho de Anne había sido el desencadenante de todo. Quizás estaba pagando el
precio por robarle el reportaje, apuntó. También le explicó el posterior tiroteo en mitad de un parque público y como un desconocido le había salvado la vida.
— Me refugie en el Hogar de la Cerveza y a las pocas horas llegaron algunos compañeros del periódico. Estaban abatidos. Anne, mi jefa, había muerto. – dijo
mientras apuraba de un trago lo que le quedaba en la botella.—Ya se que fue por sobredosis Paul, pero lo que me impacto fue la extraordinaria coincidencia que se dio.
Me pareció algo más que eso. No se, pero imagina por un instante que esa gente hubiera intervenido la llamada y pensaran que yo era Anne.
— Quieres decir que decidieron ir a su casa pensando que había escapado.
— ¡Exacto!
— Pero hay algo que no cuadra Alison. – dijo intentando comprender aquella loca historia.— Si realmente ha sido un asesinato, no crees que antes de matarla se
hubieran asegurado de que era ella, digamos la contactada.
— En eso llevas razón. – se quedó pensativa por unos momentos, y por fin dijo. — Quizás tuvieran prisa.
— Es una posibilidad, pero me extraña. Ese tipo de gente no falla. —y comenzó a reírse. — Perdona Alison. ¡Joder! estoy hablando como el protagonista de
una película de espías.
— No pasa nada. – guardó silencio durante unos segundos. – En serio Paul, después del incidente en el parque volví a casa. Estaba agotada. Pero ese mismo día
comencé a darle vueltas a la misma idea. Pensé que su muerte no había sido fortuita y que tarde o temprano se darían cuenta de su error. Entonces investigarían, y eso
les llevaría a mí directamente.
— Alison debes tranquilizarte. Recuerda que estamos hablando de una situación hipotética. – recalcó Paul, quien ahora parecía más preocupado.
Se levantó y empezó a hablar mientras caminaba de arriba a abajo.
— ¡Bien! Imaginemos que toda esta historia es cierta. La muerte de Anne ha sido un asesinato, solo que se equivocaron de víctima. Estamos hablando de una
organización lo suficientemente importante como para hacer desaparecer de un parque público a varias personas, sin dejar un solo testigo. Y lo más importante, vamos
a suponer también que han deducido, no sabemos aun como, que eras tú y no Anne Porter la mujer que escapó en el parque. La pregunta es, ¿porqué sigues aun con
vida?. Saben donde trabajas, donde duermes y que amistades frecuentas. Dime, —dijo volviéndose a sentar junto a ella. — ¿porqué no estás muerta?
— Y si te dijera que he cambiado de piso y que no he vuelto a la redacción desde el día en que murió Anne. ¿Crees que a estas alturas siguen pensando que fue
Anne?. – hizo esta última pregunta con tanta ternura que Paul no pudo evitar el sentirse algo afectado.
Se quedó mirándola en silencio un tanto sorprendido. Toda la historia carecía de sentido, pero había algo que le hacía ponerse nervioso. Conocía desde hacia
mucho tiempo a Alison. Era una persona integra y poco dada a fantasear. No era normal que hubiese cambiado de piso y menos aun que hubiera dejado el trabajo. Algo
iba mal, eso estaba claro. Por fin se dijo : “¡Qué diablos!.”, y olvidando todas sus dudas decidió implicarse.
— Está bien Alison, está bien. – dijo – Me rindo.
— Lo sabía.
— Si partimos de la idea de que todo lo ocurrido es cierto, está claro que estás en peligro. ¿Tienes alguna idea de porqué?
— Tengo esto. – dijo poniendo encima del tresillo unos papeles acartonados a causa del agua. En la mayoría no podía distinguirse más que frases cortadas sin
sentido aparente —Esto es lo que me dio ese hombre antes de que le dispararan.
Apartaron todo lo que había entre ellos en el tresillo y lo dejaron sobre la mesilla que tenían en frente. Esparcieron todos los papeles y empezaron a estudiarlos.
Hacia ya unas horas que había dejado de llover pero el cielo seguía sin abrirse. Las nubes habían hecho de aquel día un continuo atardecer. Un viento frío hacía
presagiar una nueva tormenta.
— Parecen copias de las pantallas del ordenador, — indicó Paul – o sea lo que vulgarmente se conoce por pantallazos.
— ¿Qué debe significar C.D.N? —preguntó Alison.– Y después dice aprobado movimien…, lo demás no se puede leer. ¿Puede ser un organismo estatal?
— No lo sé Alison, es la primera vez que oigo ese nombre.
— Aquí habla de un proyecto. –Entonces Alison recordó.— Espera un momento. El hombre con el que hablé por teléfono me dijo algo de un proyecto. Creo
que era proyecto Lone o algo así.
— ¿Crees que el C.D.N pueda poseer una infraestructura parecida a la que tiene la C.I.A? — preguntó Paul.
— Seguramente. – Afirmó. — Esto es algo terrible. Esa gente actuaría con total impunidad.
— Eso sólo puede significar una cosa. – dijo Paul con cierto aire misterioso.
— ¿El qué ?
— Una organización de este tipo, con esa infraestructura y actuando con tal impunidad no puede ser desconocida por el gobierno.
— Luego queda descartado acudir a la policía o al F.B.I.
Hubo unos minutos de silencio en el que ambos permanecieron callados. Decidieron seguir hablando durante la cena. Quizás eso les diera tiempo de asimilar todo
y, si era necesario, tomar alguna decisión. Alison se encargó de prepararla mientras Paul salió a recoger su todoterreno que había pasado el fin de semana en el taller de
reparación. Poco después se encontraban los dos cenando cuando Alison habló.
— ¿Qué vamos a hacer? ¿Alguna idea?
— Lo único que me asusta, — comenzó a decir Paul. — es que tengamos que hacer algo al respecto.
— Pues es la única solución. Quiero llegar al fondo de todo esto. – afirmó Alison. – Alguien quiere matarme y aun no se porqué. La respuesta a todas nuestras
preguntas está en estos papeles. Sólo tenemos que encontrar a alguien que le encuentre sentido a esa información. A partir de ahí…, — hizo una pausa. —… ¿quién
sabe? Por lo menos sabremos que está pasando.
— De acuerdo. Por lo menos, — dijo repitiendo sus últimas palabras. – sabremos si todo esto tiene algún sentido o no es más que una nube de humo.
— Venga Paul se que estás pensando en algo. Cuando pones esa cara… – le sonrió dejando la frase sin acabar.
— Está bien. – dijo por fin.—Conozco a alguien que trabaja para el estado.
— ¿Es de confianza? — preguntó. – No quiero parecer una neurótica, pero debemos ser extremadamente prudentes.
— Supongo que si. – respondió. – Es mi padre.
— ¡QUÉ! , — exclamó sorprendida. – ¿Tu padre? Nunca me dijiste que tu padre fuera un agente del gobierno.
— Digamos que no es un agente activo. Lleva varios años trabajando en el edificio central del F.B.I. – matizó Paul. – Pero seguro que tiene más de un contacto.
Podríamos consultarle.
— ¡Vale! pero dile que tenga cuidado.
— No sabes de quien estás hablando.
— Está bien.— siguió diciendo Paul. —Mañana por la mañana iré a verle. Espero que podamos almorzar juntos.
Alison se levantó y acercándose a él le besó en la mejilla.
— Gracias Paul. Un millón de gracias. De verdad.
Había llovido durante un tiempo. El cielo aparecía ahora limpio y hasta se podían distinguir algunas estrellas, lo cual casi era un acontecimiento en esa parte de la
ciudad. Los árboles poco a poco se iban desprendiendo de sus últimas hojas que a su vez iban tapizando las calles con colores amarillentos y amarronados. El otoño se
hacia notar después de unas semanas de largo despertar.
3
El parque de Wood´s Stone había sido el lugar elegido por su padre para encontrarse con él. Lo cierto era que la central del F.B.I en la ciudad estaba a pocas
manzanas del parque. Paul le había enviado un fax con los documentos indicándole que era urgente. Su padre le había llamado a las pocas horas, lo cual le sorprendió.
Fue muy escueto. En el banco situado frente al oso de piedra, le había dicho. Y allí estaban ahora. En un banco de piedra frente a una escultura también de piedra que
representaba a un oso erguido atacando a su presa. Bajo la estatua un niño de unos seis años parecía divertirse intentando tocar su panza.
— ¡Muchacho! — gritó el padre de Paul. — ¿De donde demonios has sacado esto?— le inquirió con aquel tono paternalista que a Paul tanto le disgustaba.
Paul esperaba que toda aquella locura acabara allí mismo, antes siquiera de que empezara. Pero la preocupación de su padre era real y la expresión de su cara le
daba entender que estaban a punto de traspasar una frontera muy difícil de determinar. Sin embargo sintió que algo se revolvía en su interior. En ese mismo momento
fue consciente de que existía esa frontera, y de que quizás, acababa de traspasarla. Entonces volvió a experimentar esa sensación tan vieja y tan olvidada. Tan confusa
y tan amarga. Sintió miedo.
— Bueno, dime lo que has averiguado. – le exigió Paul algo impaciente. – Y no me digas que me he metido en un lío.
— Primero dime, ¿de donde has sacado esta información? — le preguntó su padre tensando un poco más la cuerda
Y Paul no supo distinguir al agente del gobierno de su propio padre. Guardó silencio durante unos segundos.
— ¿Me lo preguntas como agente del F.B.I?
— Por el amor de Dios hijo, soy tu padre. No te das cuenta…. – pero no llegó a acabar la frase porque Paul le interrumpió.
— Antes dime lo que has averiguado.
Pero la respuesta de su padre fue un tenso silencio. Un pulso innecesario.
Paul se levantó y comenzó a alejarse de allí.
— !ESTÁ BIEN! — le dijo gritando mientras se incorporaba del banco. — ¡PAUL!
Se detuvo y volvió sobre sus pasos. Al llegar al banco se sentó no sin antes echar un vistazo a su alrededor. Todo parecía normal y tranquilo en el parque.
— Está bien. – dijo Paul —Te escucho.
4
Alison estaba sentada a una distancia prudencial observándoles justo en el vértice donde el paseo que bordeaba el parque giraba en dirección al río Hudson. Al
principio Paul no había estado de acuerdo con que ella lo acompañara. Pero al final tuvo que ceder. Acordaron, eso si, que se mantendría a una cierta distancia y hasta
una señal para el caso de que algo no fuera bien, aunque esto último Paul lo consideró exagerado, seguramente con la esperanza de que todo no fuera más que una simple
pesadilla de la que despertarían los dos muy pronto.
Llevaban unos cinco minutos hablando desde que Paul se había vuelto a sentar. Fue siendo consciente poco a poco que ese era el parque donde intentaron
matarla. Podía ver desde allí como los árboles acompañaban al paseo hasta llegar al mirador, donde fue abatido su contacto. Las imágenes de aquella noche acudían ahora
a su mente rápidas. Fugaces. Sin darse cuenta su corazón se había acelerado. Tuvo la tentación de ir paseando hasta el punto exacto donde cayó. Pero desistió de
hacerlo.
Volvió a poner su atención en Paul y su padre. Paul estaba de cara a ella mientras su padre le daba la espalda. Muy por detrás de ellos, a cierta distancia, podía
divisar un kiosco fuera de los límites del parque. A pocos metros la avenida principal lo circundaba en esa parte.
Cerca de ellos algunos niños se divertían pegando patadas a las hojas allí donde estas se iban acumulando. Un viento racheado recogía de nuevo las hojas
desperdigadas para volverlas a llevar al “campo de juegos”. Se entretuvo mirando a la gente que paseaba por el parque. La mayoría iban bien abrigados alertados por las
últimas lluvias. Además las temperaturas también habían comenzado

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