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Libro PDF Ada – Annette J. Creendwood

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misión muy importante: proteger y
liderar al más grande de los clanes de
licántropos conocidos, incluso con su
vida si fuese necesario. La muerte será
su mayor aliada y enemiga que la
acompañará hasta el tramo final. Lejos
de todo peligro que acecha a su clan,
reina un peligro mayor para su corazón,
un amor prohibido. Un amor imposible
que podría llevarla a la perdición. ¿Será
capaz de resistírsele o renunciará a todo
su mundo por él?
1.
El despertador comenzó a sonar.
Jaelle, tendida boca abajo en su cama,
estiró la mano y tiró el despertador al
suelo pero el sonido no cesaba. Abrió
un ojo, lo volvió a cerrar y luego abrió
los dos para buscar el despertador.
Lo recogió del suelo y lo apagó para
luego colocarlo de nuevo en su sitio: la
mesilla de noche. Se destapó y se
levantó. Bostezando, salió de habitación
para dirigirse a la cocina donde ya
estaba su madre preparando el
desayuno.
-Buenos días, mamá- dijo Jaelle
pasándose los dedos por su espesa
melena roja como el mismísimo fuego.
Su madre se giró con un plato repleto de
tortitas con sirope de chocolate.
-¡Muchas felicidades, Jaelle!
-Oh mamá, te has molestado demasiado
con las tortitas.
-Todo es poco para mi hija que cumple
veinte años. Además, te esperan unos
regalos en el salón.
Jaelle sonrió y se comió las tortitas.
Luego fue al salón donde había varios
regalos que la joven abrió con ilusión.
Tras abrirlos, fue a ducharse y estrenó
unos pantalones y una blusa que acababa
de abrir. Cuando se estaba haciendo la
coleta tocaron el timbre de la casa.
La chica salió corriendo y le dijo a su
madre que ella abría. Cuando la abrió se
encontró con su mejor amigo,
Christopher, con un regalo en sus manos.
-¡Felicidades, Jaelle!- dijo el chico
sonriendo.
La joven sonrió y le dio un abrazo.
Ambos entraron y él le dio el regalo.
Jaelle lo abrió y vio un peluche con unos
pendientes dentro de una cajita.
-Oh, muchas gracias, son preciosos y el
peluche me encanta.
-Me alegro de que te guste porque ya se
me acaban las ideas sobre qué regalarte.
-No seas exagerado porque me conoces
muy bien, nos hemos criado juntos…-
dijo ella entre risas- vendrás luego a
comer tarta ¿no?
-Por supuesto y si es de chocolate estaré
aquí el primero pero ahora debo irme
que llego tarde al curro.
-Suerte la tuya que tienes un trabajo.
-Encontrarás uno pronto, de eso estoy
seguro, nadie se puede resistir cuando
pones tu carita de pena.
Jaelle sonrió levemente y ambos se
dirigieron a la puerta donde se
despidieron.
Por la tarde, Jaelle se dirigía a su casa
con el pastel en sus manos cuando de
repente oyó una voz.
“Jaelle…”
La chica se giró y miró a su alrededor
pero no vio que nadie la mirara en señal
de que se dirigían a ella. Extrañada se
giró, se encogió de hombros y siguió
andando.
“Jaelle…”
Volvió a detenerse para mirar. Pero no
había nadie conocido.
“Ven al bosque…”
Jaelle frunció el ceño. ¿Al bosque?
Debía de estar volviéndose loca.
Haciendo caso omiso de la voz llegó a
su casa y dejó el pastel sobre la mesa de
la cocina.
“Jaelle, ven al bosque…”
-¡Agg!- gritó a la nada, aquella voz la
estaba poniendo nerviosa.
La madre entró en ese momento.
-¿Sucede algo, Jaelle?
La joven que estaba de espaldas, se giró
bruscamente y estuvo a punto de caer
pero se agarró a la silla que tenía a su
lado y logró mantener el equilibrio.
-¿Qué decías?
-Veinte años ya y sigues siendo igual de
torpe aunque yo creo que más.
Jaelle sonrió y se encogió de hombros.
-Por lo menos he llegado con la tarta en
buen estado.
-Menos mal que es así porque si no, no
podrías soplar las velas. Llévala a la
mesa del comedor que tu padre ya anda
desesperado por comer algunos de los
dulces que he preparado.
-Pues no perdamos tiempo.
Fueron al comedor y luego sonó el
timbre, la madre de la joven abrió y
entró Christopher que había traído unos
dulces que había comprado y se dirigió
al comedor donde se sentó al lado de su
amiga.
Tras comer algunos pastelillos caseros,
llegó la hora de soplar las velas. Jaelle
y sus padres tenían por costumbre que
ella soplara las velas a la hora exacta en
la que nació. El momento exacto en el
que el sol se ponía.
Encendieron las velas y cantaron el
cumpleaños feliz mientras el ardiente
sol desaparecía poco a poco. Cuando
terminaron de cantar, Jaelle pidió un
deseo y sopló las velas. El sol ya se
había puesto.
De repente, Jaelle sintió un fuerte dolor
en el pecho como si hubiese recibido un
fuerte golpe. Christopher que estaba a su
lado, se levantó y la agarró ya que
parecía a punto de caerse.
-¿Qué te pasa, Jaelle?
-No lo sé… me duele el pecho y me
estoy mareando.
Los padres también se acercaron
preocupados. La madre le tocó la frente
y rápidamente la apartó.
-¡Dios mío! ¡Está ardiendo!
-¿Cómo es posible que no nos hayamos
dado cuenta hasta ahora?- preguntó el
padre de la joven.
-Mamá… papá… Chris…- dijo la chica
entre jadeos, comenzaba a faltarle el
aire.
-Llévala a la habitación, Christopher, yo
llamaré a un amigo de la familia que es
médico- dijo el padre de la chica y
rápidamente salió del comedor.
Jaelle sintió más dolor y se dobló
gimiendo.
-Tranquila, mi niña, te vas a poner bienle
dijo su madre.
Gimiendo de nuevo miró a su madre y
luego a su amigo, entonces, sin poder
soportar más el dolor, perdió el
conocimiento.
-¡Jaelle!- exclamó Christopher
tomándola entre sus brazos.
-¡Llévala a su habitación! Voy a ver si
mi marido contactó con su amigo- dijo
la madre de la joven con cara de
preocupación.
El joven asintió y se fue a la habitación
con el cuerpo de su amiga entre sus
brazos. La madre de Jaelle se dirigió a
la cocina donde estaba su marido
apoyado en la encimera de la cocina.
-Me dijiste que no le pasaría nada, que
ella no era la joven de la leyenda- dijo
él- que al renunciar a lo que somos
nuestros hijos no pasarían por esto.
-No pensé que fuera ella, Arthur- dijo la
mujer.
-Vamos, Libby, la descripción de la
joven de la leyenda es la misma que la
de Jaelle, no me lo niegues ¡y ahora está
sufriendo! Su organismo está sufriendo
la Transformación.
-¡Se le pasará! ¿Te crees que no he
pasado por eso? ¿Acaso olvidas cómo
lo pasé o incluso cómo lo pasaste tú?
-No me lo recuerdes- dijo Arthur
llevándose las manos a las sienes-, hace
muchos años que he dejado eso, igual
que tú.
Libby se abrazó a su esposo apoyando la
cabeza en el hombro de él.
-No quería que Jaelle pasara por eso, ni
siquiera le hemos explicado lo que
fuimos y en lo que se está convirtiendo.
-Lo importante ahora es sacar a
Christopher de aquí para atenderla- dijo
Arthur.
Libby asintió y se apartó de él para
luego ir a la habitación de su hija.
Dentro, encontró al chico sentado al
lado de su amiga, bastante preocupado.
-¿Ha recuperado la conciencia?
-No- dijo Christopher- está hirviendo en
fiebre.
-Bueno, el médico ya viene en caminomintió
la mujer-. Debes ir a casa, estás
un poco alterado y pareces cansado. Si
sucede algo, yo te aviso.
-Pero… no quiero separarme de ella y
menos estando así.
-Vamos, Christopher, estando aquí no
vas a conseguir que se mejore, yo te
llamo cuando sepamos algo.
El joven miró a la mujer y luego se
levantó resignado, se despidió de Libby.
Una vez estuvo con su hija a solas, se
acercó a la cama y posó su mano en la
frente de su hija, la cual temblaba y su
piel ardía. Entonces oyó que la joven
hablaba en sus delirios:
-No, al bosque no…
Libby miró a su hija con el ceño
fruncido y luego susurró:
-Mamá…
La madre de Jaelle se concentró para
llamar a su madre, quién contestó al
instante.
“Al fin te comunicas conmigo”
“¡Te has comunicado con ella!”
“Claro que sí, debía explicarle su
destino”
“¡Sin mi permiso! Te dije que esperaras
a que se lo explicáramos su padre y yo”
“¿Cuándo? ¿Cuándo su cuerpo se
transformase definitivamente y se asuste
de sí misma?”
Jaelle movía la cabeza de un lado a otro
hablando en sus delirios.
“¿Qué hago ahora, mamá? Esto no es
cómo me pasó a mí, es mucho peor”
-Me duele, me duele todo…
“Prepara la infusión, se le pasará, ah y
también ponle paños de agua fría en la
frente, pronto aparecerá la marca”
“De acuerdo”
Libby se levantó para ir a la cocina y
con la ayuda de Arthur prepararon la
infusión que calmaría los dolores y el
sufrimiento de su hija.
Jaelle se retorcía de d

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