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Libro PDF Asesinato En Una Playa De Londres – Dulce Xerach

 Asesinato En Una Playa De Londres - Dulce Xerach

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La madrugada que mataron al
empresario inglés John Becker yo estaba
bailando música latina y tomando
caipiriñas en un kiosco en la Playa de
las Teresitas, en Santa Cruz de Tenerife,
ajena a cualquier asunto policial, sin
batería en el móvil, feliz porque al día
siguiente, o sea hoy, era fiesta,
celebrando el cumpleaños de un
compañero de la oficina del Presidente
Adán Martín, de quien seguía siendo
escolta. Mientras, el que iba a ser
asesinado junto a su novia, la brasileña
Malena Donoso, paseaba al borde del
mar en el otro extremo de la isla, en el
sur, costumbre que, como descubrimos
durante la investigación posterior a su
asesinato, repetía cada noche, al igual
que pasean buscando el aire y la calidez
del mar todos los británicos que visitan
Tenerife. Fueron asesinados a sangre
fría. Unos crímenes aparentemente
inmotivados e intempestivos que
podrían llegar a tener importantes
consecuencias para el turismo, principal
industria de la isla.
Este caso de asesinato, al no
localizarme en el momento de
descubrirse los hechos, comenzó
llevándolo la brigada de homicidios de
la Comisaría de Adeje, al sur de la isla,
y cuando al final mi jefa logró
despertarme y sacarme a gritos de la
resaca en la que estaba metida, no
porque fuera costumbre sino porque hoy
no me tocaba trabajar, me pidió que
asumiera el pastel completo y liderara el
asunto, a la vista de la nacionalidad de
las víctimas: una brasileña de 25 años y
un famoso empresario inglés de 55.
Así recibí la primera noticia que de
habían sido asesinados en el beach- club
Las Rocas, frente al mar. Pido a mi jefa
quince minutos para reaccionar. Me
tomo el primer café del día, intentando
recuperarme de la noche de excesos,
frente a la ventana de mi apartamento de
la Avenida Marítima de Santa Cruz,
mirando las radiantes olas llegar a la
orilla y la actividad del puerto vibrar
como cada mañana. Los rayos del sol se
cuelan por mi pequeño salón blanco
lleno de libros y me deslumbra tanta
chispeante luminosidad.
Siempre me siento atraída por los
lugares en donde he vivido, por las
casas y los barrios. Me embarga una
tremenda alegría cada vez que noto en el
bolsillo la llave de mi apartamento; por
muy pequeño que sea, es, de todos
modos, mi casa, mía y de nadie más, y
tenía ahora aquí, como en otros
momentos de vitales en Bilbao o
Londres, mis libros, todo cuanto
necesitaba, o eso me parecía, para ser la
persona que quería ser.
La mañana es maravillosa a pesar de la
resaca, y de un tenue pero persistente
dolor de cabeza. Grandes barcos salen y
entran, un crucero que llega, y el ferry
que une Tenerife con Las Palmas se
mueven a la vez, girando, ambos, con
increíble agilidad, por la estrecha
bocana del puerto. Más a la izquierda,
los fulgurantes veleros blancos de los
principiantes de la escuela de vela de
Tenerife, se hacen también temprano a la
mar junto con algunas barcas pesqueras
del pequeño barrio de Valleseco,
milagrosamente vertical y anclado en la
montaña. Mas allá otros pescadores
tiran sus cañas desde los abandonados
espigones. Ajena a mi soñoliento
despertar, la vida marinera de la isla
está ya en todo su apogeo. Otro café, una
ducha de agua fría y estaré lista para
empezar un nuevo caso.
Me llamo María Anchieta y soy una
investigadora española de policía de 37
años, aunque nací y crecí en el País
Vasco, llevo unos años destinada en la
isla de Tenerife. El volumen de trabajo
policial depende siempre de mi jefa, la
comisaria Marina Tabares, y de los
delitos que vinculen a extranjeros o
varios países entre sí, que son en los que
me he ido especializando gracias a mi
facilidad para los idiomas y sobre todo
al dominio del inglés y el portugués,
pues mi padre y parte de la familia
viven en Brasil desde hace años.
Además soy abogada y doctora en
historia y eso me lleva a casos
complicados para los que la Policía
Nacional de España ha creado una
especie de grupo de élite al que recurren
cada vez que se nos necesita. Una
especie de agentes especiales a la
medida de los delitos globales que se
cometen hoy en día. Mi vida ha sido un
poco extraña en los últimos tiempos
porque mi trabajo estrictamente policial
ha estado combinado con la función de
escolta del presidente del gobierno
canario Adán Martín, cosa que comenzó
como una provisional sustitución de
cuatro meses y en la que ya llevo casi
tres años, lo que me ha permitido
introducirme en el difícil mundo de la
política, donde los crímenes no dejan
rastro de sangre sino otro tipo de rastros
más caóticos, e inescrutables en su
verdadera dimensión, casi siempre.
Total, que centrándome en el hoy, el sur
de Tenerife amaneció ensombrecido con
el asesinato de dos turistas en el Beach-
Club más sofisticado y exquisito de la
isla: Beach-club Las Rocas,
perteneciente al Hotel Jardín Tropical,
propiedad, del más poderoso,
cosmopolita e inteligente empresario
mediático de España, Jesús de Polanco.
Fue al activar el sistema de llenado
diario de la piscina de agua de mar que
tiene el beach-club cuando el primer
piscinero que llegó esta aciaga mañana,
una vez accionada la apertura del agua,
iniciado el procedimiento de costumbre
y mientras se dirigía a comprobar que la
piscina comenzaba a llenarse
correctamente, de repente se encontró
con dos cuerpos en el fondo de la
misma, completamente ensangrentados.
El agua del mar entraba rápidamente y
los cuerpos comenzaron a flotar
levemente. El hombre paró la
maquinaria lo antes posible pero la
superficie de la piscina estaba ya
cubierta del leve color rosa de la sangre
diluida. Llamó a su jefe inmediato en el
hotel y este a su vez a la Policía Local
de Adeje, que llamó, a su vez, a la
Policía Nacional. Cuando el caso llegó
a mis manos el escenario del crimen ya
había sido lo suficientemente pisoteado
por la brigada científica como para que
la piscina pudiera volver a usarse. El
juez que instruía el caso había levantado
los cadáveres tan temprano como había
sido posible y a toda velocidad, con la
excusa de que era una zona de gran
afluencia turística, creando muchos
problemas posteriores en la
investigación y dificultades añadidas
para encontrar pruebas sólidas. Aún así,
la piscina no volvió a abrirse al público
hasta la tarde. Vi los cuerpos en la
morgue horas después, cuando ya se
habían realizado las autopsias
preliminares. Cuando llegué al depósito
de cadáveres me condujeron hasta detrás
de una cortina, los difuntos yacían en
sendas mesas de acero cubiertos por
sábanas blancas hasta la barbilla. El
cadáver del hombre tenía la piel gris y
la nariz llena de capilares rotos que
indicaban un cierto gusto por el vino. La
difunta tenía la piel morena y suave y,
aún sin vida, era bellísima. Parecía estar
dormida y no muerta, como las princesas
de los cuentos de hadas, pero,
obviamente, no advertí el más mínimo
indicio de que a aún respirara. Leí el
informe provisional del forense que
estaba colgado al lado de uno de los
cadáveres:
“Causa de la muerte: a ambos les
atravesaron el corazón con un objeto
punzante. La muerte se produjo entre las
doce de la noche y las tres de la
madrugada del martes 31 de octubre de
2006. Él, identificado como John
Becker, había luchado, tenía 3 uñas rotas
y cortes en los brazos y las manos, y
probablemente tardó más en morir. Ella,
identificada como Malena Donoso no se
había resistido, probablemente no tuvo
tiempo pues habría recibido un primer
golpe único, frío y certero.
– Se llevaron el dinero que podían tener
en las carteras, y lo

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