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Libro PDF Bajo la lluvia Fernando A. Ferrari

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El despertador de mi teléfono móvil sonó aquella soleada, ventosa, pero radiante mañana reproduciendo la canción “Bring Me To Life” del grupo Evanescence.
Desperté con mucha modorra y permanecí unos minutos más en la cama observando los detalles del techo de mi habitación, con la mirada perdida y mi mente
vagando. Una vez estando más lucida, salí de mi lecho. Camine casi arrastrando los pies y mire por la ventana de mi alcoba. Hacia un día hermoso y cálido, los sauces
que estaban al otro lado del rió Mina Clavero parecían saludarme mientras bailaban al compas irregular del viento. Parecían invitarme a pasear por el bosque, por lo cual;
eso mismo fue lo que decidí hacer aquella mañana de sábado. Con una sonrisa cerré las ventanas de vidrio pero deje las cortinas abiertas para que la luz ingresara.
Siempre congenie mejor con los animales y las plantas que con las personas, casi de un modo literal…
Tome una ducha refrescante que me quito el sopor, y procedí a vestirme, me puse mis jeans azules que me regalo mi tía Sara para mi cumpleaños el pasado treinta
de junio y una remera blanca en la parte superior. Baje las escaleras y me dirigí a la cocina dando saltos, estaba alegre por alguna razón –cosa que ocurría muy raramente
en mi vida durante estos últimos tiempos–. Tome un cuenco de la alacena lo llene de leche y cereales, prepare algo de pan con manteca y dulce de leche, y procedí a
desayunar.
Mis hermanos aun dormían y mama estaría en la oficina hasta el mediodía como de costumbre los sábados. No tenia de que preocuparme ya que Franco y Luciana
eran lo bastante grades ya como para prepararse el desayuno y hacer el resto de las cosas del hogar solos mientras yo me ausentaba.
Termine el desayuno, lave rápidamente las cosas que había ensuciado y volví a mi alcoba, tome mi mochila e introduje en ella protector solar –imprescindible en
estos días–; una gorra; mi billetera y mis gafas de sol en degrade que tanto me gustaban. Baje nuevamente las escaleras para esta vez, atacar la alacena y el refrigerador
de la cocina, tome una botella con jugo, chocolates, empanadas y galletitas de avena y miel que tanto le gustaban a Pablo –mi amigo al cual visitaría en unos instantes y
trataría de convencer para que me acompañara.
Salí de casa y el señor Rodríguez estaba regando las rosas rojas de su patio delantero tal cual lo hacía cada mañana.
– ¡Hola Salma! –Exclamo y movió sus manos en gesto de saludo.
– Hola don Rodríguez –respondí con una sonrisa un tanto forzada y seguí mi camino.
Seguí marchando por la costanera hasta llegar al puente central, lo cruce y anduve unas cuatro cuadras mas hasta llegar a casa de Pablo. Cruce la puerta de madera
que me separaba de la entrada a su patio, una vez dentro camine por el delicado sendero de laja franqueado por margaritas y girasoles, y toque su puerta principal, me
atendió su mama con su simpática sonrisa de siempre.
– ¿Qué tal? Esta Pablo, ¿cierto? –le pregunté con miedo a que me dijera que no y tuviera que salir sola.
– ¡Si querida! Está en su habitación durmiendo, pero ve a despertarlo, ya es hora de que se levante –me dijo con un tono de picardía en su suave voz.
Siempre le caí bien a la madre de mi amigo. Era muy amable y amábamos bromear y burlarnos sanamente de Pablo.
– Okey –exclame casi riéndome.
Anduve por el pasillo hasta llegar a la última puerta, la de su cuarto, la abrí y entre corriendo, lanzándome encima de él mientras ya no aguantaba la risa por la
travesura que estaba cometiendo.
– ¡AAHH! ¿Qué pasa? –Grito exaltado.
Tenía el cabello todo despeinado, los ojos achinados y su remera color beige toda arrugada. Su cuarto olía a su perfume pero había algo de encierro en el, por lo que
era un tanto extraña la atmosfera.
– Vamos caminar por el bosque hasta el Paso de las Tropas –le dije emocionada.
– ¡Salma Speratti! ¡Cuando no, con tus bromas pesadas! –articulo con una voz mitad enojo y mitad alegría de verme.
– ¡Vamos dale, dale! –le replique pidiéndole con una voz casi de niña caprichosa.
– ¡Mira la hora que es, son las diez!, ¡Es infrahumano que me despiertes a esta hora un día sábado! –Dijo con voz bromista, ya con una chispa de mejor humor y de
sarcasmo.
Me reí.
–Te espero en la sala –le recite con una sonrisa picara y salí de su habitación para darle tiempo de alistarse para irnos.
Íbamos por un sendero que atraviesa una pradera hermosa de mi ciudad; los pájaros cantaban. Pudimos ver algunos zorros y liebres que parecían disfrutar del la
bella mañana tanto como nosotros. El sonido del río entre las piedras, sumado a la fresca brisa, hacían de la naturaleza el mejor de los psicólogos de la faz de la tierra…
cerré los ojos y respire profundo el puro aire de las hermosas montañas… Me embeleso el alma.
– ¿Salma? –Pregunto.
– Si –respondí con voz tenue y mirada suave y nostálgica, por mi gran estado de relajación.
Además estaba volando a mil kilómetros fuera de mí.
– ¿Que planes tienes ahora que ya te graduaste?.. Me refiero ¿qué vas a hacer de tu vida? –formulo con una corta risa al final de su frase.
La verdad no lo sé… lo único que sé es que necesito un cambio, no quiero quedarme estancada en esta pequeña ciudad turística, que a pesar de su gran belleza–
siempre valore la belleza natural de las cosas–, tu sabes a que me refiero… “pueblo chico infierno grande”, reza el refrán –le conteste y me eché a reír, pero con algo de
angustia en el fondo.
Ya estoy recibida y no tengo mucho para hacer, salvo buscar un empleo en mi área, por supuesto. Pero no se… no quiero vivir acá, quiero independizarme, pero a la
vez extrañaría a mi familia, necesito ser libre pero me da miedo volar…
¡Ayyyy! ¡Detesto estas malditas situaciones donde todo es tan antagónico!
Siempre hay que estar sacrificando algo para conseguir alguna otra cosa… el destino siempre nos obliga a perder algo y a sufrir un poco… ¡la vida es injusta y
complicada!.
Termine alterada y un tanto enojada con aquel discurso.
–Tal cual –Asintió Pablo, pero a la vez me miro con cara de sospechas sobre el estado de mi salud mental y luego se rió.
–Lo único que deseo con toda mi alma es algo que me libere y me dé más vida –respondí eufórica al mirar el cielo por entre las copas de los arboles–, es lo que siento
necesitar en este momento. Quiero algo por lo cual entusiasmarme, algo por lo cual despertar alegrada cada mañana sabiendo que todo lo que hare será en pos de mi
felicidad.
Con Pablo somos muy buenos a amigos, él es uno de los mejores, ¡el mejor diría yo! Es inteligente, lindo, atento, leal y sobre todo noble. En verdad lo quiero
mucho. Compartimos los mismos sueños, miedos, esperanzas, gustos, todo. Y debido a su condición sexual no tenia porque preocuparme de que intentara seducidme
todo el tiempo como lo haría algún otro pesado y heterosexual de su edad.
Me miro con sus brillantes ojos azules y menciono:
– Ya que yo también me gradué, tenía pensado hacer algún tipo de intercambio o programa de Work And Study en el extranjero, para perfeccionar mi inglés y de
paso, ver si puedo agregar experiencia internacional a mi currículum, relacionado con mi actual profesión, ingeniería en sistemas… –concluyó mientras comía una
empanada.
– ¡Suena bien! Suena muy bien –le respondí convencida.
– Me gustaría que el lunes me acompañes a Córdoba, para poder visitar algunas agencias de viajes e intercambios para evaluar las propuestas y ver qué onda…
–me explico.
– ¡Claro!
Ya se me había pasado un poco la alteración que me genero mi monologo.
De paso quería visitar el shopping para comprar algunos libros, un CD y unas zapatillas. Además, me había graduado y no estaba ejerciendo mi profesión,
ya que los tiempos están duros para encontrar un buen trabajo, así que por ende no tenía nada que hacer y podía acompañar a mi bello y buen amigo a la capital
provincial a hacer sus indagaciones sobre el viaje.
Llegamos a un hermoso claro que se abría entre los árboles y arbustos típicos de la zona. Los rayos del sol, mas el cálido viento; el cantar de los pájaros y toda la
gama de verdes hacían del lugar el paraíso mas envidiable que pudiera existir.
Mi amigo y yo teníamos la mirada y la mente quien sabe por dónde… volando…
Estas son las cosas por las que si daba gracias a la vida cada día y a cada momento que podía, la paz que me brinda la naturaleza es una cosa que no se compra con
nada, ni con oro, ni con plata… ni siquiera con Mastercrard, ¡con nada!
Cualquier pena, miedo, dolor, o algún otro sentimiento negativo era disuelto rápidamente por mi gran madre, hermana y amiga, la naturaleza. A veces solo bastaba
con caminar descalza, por las arenas que franquean el rio, pararme al lado de las aguas, cerrar los ojos y sentir… otras veces necesitaba alejarme de la ciudad, subiendo
las montañas para escuchar el sonido del viento ó la brisa.
Cabe reconocer también que solo los mitigaba por un momento, ya que había cosas que últimamente no tenían solución permanente: Mi alma no tenía la paz que yo
quería que tuviera y había un pequeño vació en mi corazón que no lograba descifrar de que se trataba. Quería encontrar mi lugar en el mundo… ¿tal vez?…
– ¡Galletas de miel! –Dijo Pablo con voz de niño alegre.
– Si, las traje para ti, sabía que te gustaban mucho –musite con una sonrisa dulce.
– ¡Gracias, te amo amiga! –Exclamo contento y se esbozo una sonrisa.
Este era otro aspecto en el que Pablo y yo nos parecíamos mucho –la comida nos llenaba el alma, –además de la barriga– prácticamente nos seducía.
Pasamos toda la tarde, tendidos en una roca a horillas del meandro del rió, tomando el cálido y tenue sol de septiembre; hablado intermitentemente de la vida;
comiendo los pocos alimentos que nos quedaban y bebiendo el jugo de naranja exprimido que había preparado la noche anterior.
La brisa se puso un tanto fresca y el sol empezaba a irse cada vez más al oeste, por lo cual Pablo me dijo:
– Será mejor que volvamos, no quiero ser la cena de ningún puma.
– ¡No seas exagerado Pablo! –le respondí.
Luego se hecho a reír…
Sabes bien que no llegan hasta tan abajo, están bien en lo alto de las montañas –le explique, y se rió a carcajadas.
– ¡Te estoy jodiendo, tonta! –exclamo.
Yo fruncí el ceño, mientras escondía mis ganas de reír y me levante para emprender el camino de regreso.
Una vez ya estando de vuelta en mi pintoresca ciudad, llegamos hasta mi casa, Pablo me acompaño porque ya estaba oscuro, no es una ciudad peligrosa pero mi
compañero es algo protector. Otra cualidad por la cual me agrada mucho, me cuida.
– ¡Ah Salma! Me olvidaba… –dijo mientras yo estaba a punto de entrar a casa–. Paso a buscarte el lunes a las catorce para ir a Córdoba ¿te parece? –Preguntó.
– Si, a esa hora esta perfecto, te veo luego, ¡cuídate! –Le conteste amablemente.
–Okey, nos vemos Sal, saludos a tu mama.
–Serán dados –articule y luego entre a casa.
Estaba solo mama, se encontraba viendo un DVD de una banda de jazz. Mi madre amaba el jazz, era su música favorita, junto con la música árabe –lo sé, es extraña
la mescla–, la cual ella me había enseñado a bailar desde muy niña…(ella junto con los DVD instructivos que compraba en la feria internacional de artesanías).
Hola ma –le dije.
– ¡Hija! ¿Cómo te fue en tu paseo con Pablo? –Me pregunto alegremente.
– Bien, bien, mama, como siempre la naturaleza es una de mis mejores amigas junto con Pau. ¡Ah y a propósito, el te mando saludos!
– Qué amable, dile que gracias y envíale mis saludos también.
– ¡Serán enviados señora! –Respondí con tono gracioso y por demás obediente–. Mama se rió.
Ella tiene una sonrisa muy bonita y alegre, que deja ver entre sus arrugas y su papel de madre/padre, la vitalidad de una toda adolescente colmada de energía, la cual
fue hace unos veintiún años atrás, aproximadamente.
– ¿Donde están Fran y Luci? –pregunté ya que no los había visto.
– En casa de los vecinos jugando X Box, llegan a la hora de cenar, o por lo menos eso espero –argumento mama.
– Bien –respondí.
Era un tanto sobre protectora con mis hermanos… y con todo ser querido.
Más tarde, luego de cenar y ducharme, eran como las doce y treinta de la noche comencé a tener algo de sueño, mucho sueño, mejor dicho. Me puse mi ropa de
cama, até mi largo y ondulado cabello en una trenza algo despareja y me tumbé sobre la cama.
Señales
“…La lluvia caía fuertemente en aquel lugar frió y ventoso mientras yo corría desesperadamente para salvar algo…”
“…Un trueno, un deseo, un castillo mas y mas lluvia, se avistaban unos altos acantilados a lo lejos…”
Lloraba de desesperación mientras corría intensamente para salvar mi vida que a su vez dependía de otra vida o de otra cosa, no estaba bien claro…
Las imágenes se volvieron confusas y todo se entrevero.
Desperté exaltada, también grogui y confusa, estaba lloviendo pero no sabía si seguía siendo un sueño o era la realidad. Me pellizque el brazo para ver si estaba
soñando, viva ò muerta, ò en la realidad, y al sentir dolor también me sentí algo estúpida por lo que estaba haciendo, me reí sola haciendo un gesto con mi cabeza. Baje
las escaleras estando un tanto nerviosa debido a la reciente pesadilla; abrí la nevera; tome algo de leche fría y volví a mi cuarto para intentar dormirme nuevamente.
Me levante alrededor de las diez de la mañana, ahora estaba lloviznando allí afuera, la temperatura era algo más baja. Por lo cual luego de tomar un baño caliente me
abrigue más que de costumbre y me dispuse a preparar el desayuno.
Ya era domingo así que mi mama me acompañaba.
– ¿No hay mas cereales de miel? –Inquirí al ver que no estaba en la alacena como de costumbre.
– Mmm, no hija, no hay mas, pero traje unos nuevo que vi en el supermercado y supuse que te iban a gustar, son esos que tienen el dibujo de un campo de tréboles
en una de las caras de la caja…
– Ah, está bien.
La caja era muy llamativa y bonita, pero lo más importante es que los cereales estaban exquisitos.
– Ma, mañana voy a ir con Pablo hasta Córdoba, me pidió que lo acompañara porque quería averiguar sobe algún programa de “Work and Study” o de “Work and
Travel”, no se… de paso también quiero aprovechar para comprarme un par de zapatillas, el nuevo CD de Sia y algún que otro libro interesante que de seguro voy a
encontrar.
– Bueno hija, pero tengan cuidado, porque Córdoba es una ciudad grande, además… ¿en qué van a ir?
Mi madre es una mujer tranquila, pero puede ser un tanto histérica cuando se trata de la seguridad de sus hijos.
– Vamos en la camioneta de Pablo mama –respondí blanqueando los ojos y adelantándome a la embarazosa sensación de recibir sus sermones.
– Bueno dile que vaya despacio, sobre todo en el tramo de las altas cumbres, el camino es muy sinuoso con curvas muy cerradas y el clima en las montañas se
parece al estado de ánimo de la gente hoy en día (está todo loco) –dijo con tono acelerado casi quedando sin respiración.
– Mama… por favor… –musité.
– ¡Y no se olviden de usar el cinturón de seguridad! –increpo.
– ¡Si mama… Si!, vamos a usar el cinturón, le voy a decir a mi amigo que vaya despacio; voy a tener cuidado con todo; invocare a los ángeles de la llama rosa ¡es
mas voy a contratar a alguien del ejercito para que me acompañe, si quieres!
– ¡Solo quiero que tengan cuidado¡
– Lo vamos a tener mamá, en serio, de verdad –mi cara estaba hecha una lapida de tanto que había oído todo ese palabrero de doña Lashib.
Luego del almuerzo me aliste para cuando Pau llegara a buscarme, me puse un jeans claro, sencillo, mis zapatillas negras y una polera finita del mismo color de
las zapatillas, y lleve una campera por las dudas. –En realidad mi madre insistió en que llevara una campera, ya que siempre que no le hacía caso me congelaba
hasta el alma por la falta de abrigo; así que por ende; por mi experiencia como hija; lleve el saco–. Solté mi largo cabello, un poco de delineador, rímel, perfume y estaba
lista. Por suerte tengo una piel bonita, así que el maquillaje no era algo estrictamente necesario.
Las catorce horas llegaron junto con Pablo en su flamante camioneta. Súper puntual mi amigo, pensé para mis adentros.
Salude a mama y a mis hermanos con un beso en la mejilla, ella me dijo:
– Te quiero, cuídate.
– Si mama, yo también te quiero.
Entre a la camioneta, salude a mi compañero con un beso en la mejilla también, mientras pensaba en lo apuesto que era. El tenía el pelo color negro azabache, piel
blanca, ojos azules, y un cuerpo bien formado y definido. Muchas veces en el pasado me tuve que recordar a mi misma que no le gustaban las mujeres y que no tenía
que cometer ninguna locura con el –empecé a reír para mis adentros al pensar todo eso.
Mientras íbamos camino a nuestro destino, le conté a Pablo todas las indicaciones y sermones que mama me había dado para nuestro viaje.
– Se puso un tanto insoportable –le comenté.
Pablo arqueo las cejas, y dijo que pensó que mama sabia que él era bien cauto y maduro para conducir.
– Ya conoces a mi mama, a veces no la soporto –respondí.
El pensó algo por unos instantes mientras mantenía la vista clavada en la ruta.
– Y bueno, peor es que no se preocupe por sus hijos –dijo Pablo.
– Si… tal cual –respondí y asentí con la cabeza luego de aceptar que mi amigo tenía razón.
El viaje continuó con un largo rato de silencio entre los dos… comenzó a llover de un modo suave, llovía con sol, por lo cual el paisaje tenía un matiz increíble. Iba
mirando el hermoso e incomparable paisaje accidentado de mis sierras por la ventanilla. Por un momento algo me recordó a algún lugar en el que parecía haber estado
alguna vez o nunca había estado, no lo sabía bien… era extraño tenia nostalgia de lo que no había vivido… algo como una imagen rápida, más bien un flash diría yo, que
vino a mi mente por un segundo. La imagen era como si yo estuviera en un lugar húmedo, muy verde, me sentía muy bien, excelente a pesar de la intensa llovizna y
estaba acompañada por alguien.
– ¿En qué piensas? –pregunto Pablo.
– Bueno… la verdad no sé si estaba soñando, volando, viva, muerta, dormida ó despierta –exclame.
Mi amigo se reía, pero volvió a preguntar.
– En serio, boba ¿qué te pasaba?… tenias cara de preocupada y de perdida.
– ¿Tan ridícula me veía? –pregunté y me puse a reír mientras imaginaba lo graciosas que pudieron haber sido mis facciones en ese momento, tan gracioso como los
emoticones que uno escribe en Facebook, algo así como la “o”, el punto en el medio y la “O” mayúscula del otro lado del mismo–. No lo sé… por un momento tuve la
sensación de estar realmente en otro lugar, muy húmedo, verde, y estaba acompañada. –respondí.
– A lo mejor es un presagio –dijo Pau con cara pensativa.
– ¿Un presagio? ¿De qué?
– Bueno, eso depende de cómo lo interpretes tú. Muchas veces el universo te manda señales para que vayas a encontrarte con tu destino, con el deseo que
realmente resuena en tu corazón.
Wow, pensé. Realmente tenía algo de sentido lo que mi mejor amigo decía, pero no lograba encontrarle un claro sentido. En cierta forma entendía sus palabras,
más bien, sabia de que se trataba pero no lograba poder explicarlo con claridad. ¿Presagio de qué?, ¿Acaso pronto

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