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Libro PDF Destino millonario Anette Crenwood

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Victoria aprovecho que Don Emilio saco a bailar a Rebeca para acudir a la cita imprevista con Vladimir. Lo vio de inmediato en cuanto entro a lobby; Vladimir la
tomo del brazo y la condujo a una salita privada que estaba junto al salón donde se estaba festejando su cumpleaños.
Sin invitarla a sentarse, Vladimir la abordo de inmediato y sin preámbulos.
-¿Así que tenias tu as bajo la manga, no Victoria? Me quito el sombrero ante ti, eres la zorra mas lista que haya tenido la desdicha de conocer; si que tu jugada ha
sido maestra, has conseguido la fortuna de mi padre y sin necesidad de estar atada a un viejo decrepito que no te pueda cumplir en la cama. Por fin se que el hijo que
esperas no es de el y hasta se que lo quiere y lo espera aunque no sea suyo-.
Victoria ahora si que no entendía nada de nada; para ella, que Vladimir estaba bebido o drogado, solo así entendía que dijera tantas incongruencias y palabras
ofensivas en su contra. Por primera vez en su vida estaba sintiendo miedo hacia una persona; los ojos de Vladimir la miraban con odio asesino y sus manos la estrujaban
de los brazos y la sacudían al mismo tiempo.
-¿No piensas decir nada? ¡Tal vez quieras ufanarte del triunfo! Tu, una mujercita pelada y sin clase me ha vencido. Seguro que cada paso que has dado en tu vida ha
sido siempre firme y ascendente, hacia la Victoria ¡Que bien te cuadra tu nombre! ¡¡Victoria!!. Vladimir seguía sujetándola con fuerza y con la mirada vidriosa y
obscura.
-Yo no entiendo de que me hablas Vladimir- Victoria se atrevió a habar a reserva de encolerizarlo mas, pero necesitaba saber.
-¡¡No tiene caso que mientas!! Mi padre personalmente me confeso que cambio el testamento dejándote la mitad de su fortuna y sus bienes y que ni si quiera
tendrás que esperar a su muerte para disfrutarla; te la entregara cuando nazca el mocoso- Vladimir, inflexible, gritaba su frustración y zarandeaba bruscamente el cuerpo
de Victoria.
-¡Te juro que no se de que me hablas! ¡Yo no sabia nada!- Victoria desesperada, se sujetaba con fuerza de la solapa de su smoking, sentía que le fallaban las fuerzas
y que le empezaba a faltar el aire.
-¡Mientes de nuevo! ¿Sabes que es lo que me enfurece más? Que casi te creí la ultima vez que hablamos ¡Cómo te habrás reído de mi esa noche! ¡Te odio y te
desprecio con toda mi alma!
Victoria estaba pálida como la muerte y su rostro reflejaba un gran dolor.
-Quiero que ahora mismo te largues de aquí, solo te invite para advertirte que hare que te arrepientas toda tu maldita vida de haberte burlado de mi; tu y toda tu
descendencia desearan no haber nacido nunca- Dicho lo ultimo, Vladimir la libero bruscamente, provocando que la joven se tambaleara hacia la salida.
Justo a medio camino, Victoria pego un grito sujetándose fuertemente el vientre, cayendo al piso como si estuviera muerta.
-¡Victoria! ¡Amiga! ¡Por favor, alguien llame a una ambulancia! ¡Por favor, una ambulancia!- Rebeca se encontraba junto al cuerpo inmóvil de Victoria, llorando
desesperada, sin atreverse tan si quiera a tocarla.
Vladimir, aun dudando de que no fuera solo actuación para zafarse del problema, se acerco a Victoria; al mismo tiempo se fue acercando un grupo de invitados que
alcanzaron a escuchar los gritos de Rebeca pidiendo ayuda.
-¡No te atrevas a tocarla! ¿No te parece que ya has hecho suficiente? ¿Ya te has enterado, verdad? ¿Y por eso estas furioso? Bien me dijo Victoria que la rechazarías
y al bebe también y pensar que todavía te justifica. ¿Acaso no te conmueve que el bebe también sea…?-.
-Hazte a un lado ahora mismo Rebeca, yo mismo llevare a Victoria a un hospital. Exasperado Vladimir interrumpió a la “Pesada” como el la llamaba, para cargar en
brazos a Victoria y llevarla velozmente a su auto.
-Te dije que no…-.
-Cállate de una vez y avísale a mi padre para que nos alcance en el hospital- Sin perder mas tiempo Vladimir voló en el auto para que atendieran cuanto antes a
Victoria.
-Familiares de la Señora Márquez- .
Rebeca, Don Emilio y Vladimir al unísono se pusieron de pie y se acercaron al medico que los solicitaba.
-Doctor ¿Como se encuentra Victoria?- Rebeca desesperada fue la primera en preguntar.
-Permítanme presentarme, yo soy el Doctor Fernández y soy el médico que atiende a la Señora Márquez; ella se encuentra muy delicada de salud, hasta ahora no
hemos podido controlarle la presión, cosa que en su estado es muy peligroso; las próximas horas serán decisivas para ella y para su bebe-.
-¿Que quiere decir exactamente eso Doctor Fernández?- Ahora era Don Emilio quien preguntaba.
-Desgraciadamente quiere decir que de no estabilizarse su presión sanguínea, ella y el bebe pueden morir.
-¡Pero Doctor, habrá algo que hacer…!- Rebeca sentía que le habían robado el aliento y el entendimiento.
-Si, rezar- El doctor guardo silencio hasta que considero que habían terminado de digerir la información antes de continuar –En este momento la señora Márquez esta
sedada, pero si quieren verla un rato, lo pueden hacer uno a la vez. Ahora si me disculpan, debo continuar con mi trabajo, cualquier duda que tengan, seguiré aquí toda la
noche.
-Gracias doctor- Don Emilio, con la cara desencajada miro a Rebeca –Ve tu primero hija, yo iré después.
-Gracias Don Emilio-.
-Vladimir ¿Cómo es que Victoria estaba contigo?-.
-Yo le pedí que habláramos-.
-¿A cerca de que?- Don Emilio empezaba a sospechar cual había sido el tema de su hijo.
-De su herencia-.
-¡Por Dios hijo! Ella aun no sabia de mi decisión ¿Por qué lo hiciste? ¿Qué pretendías ganar con eso?- Don Emilio ni si quiera estaba molesto por la acción de su
hijo, lo que sentía era una gran decepción y tristeza de ver en lo que se estaba convirtiendo.
-Quería desenmascararla, que tu vieras la verdadera clase de persona que es- Vladimir seguía en lo dicho y el hecho de que Victoria estuviera como estaba, no
cambiaba la situación. ¿Que le pasaba a su padre? ¿Acaso la tercera edad lo estaba volviendo ciego y tonto?
-Hace meses te advertí que la vida te cobraría tu egoísmo y parece que ya ha empezado a hacerlo; te estas convirtiendo en un hombre cínico y sin corazón, estas
perdiendo tu alma hijo y ni Dios Padre te podrá ayudar. Victoria es una joven de alma desinteresada y buena; entiendo que tú no seas capaz de distinguirlo, pero debiste
de respetar mi decisión y no meterte. Solo has logrado poner en riego la vida de dos personas inocentes que han traído a mi triste vida, compañía, consuelo y fe y
además, la familia que tú no me has querido dar.

CAPITULO TREITAINUEVE
Rebeca, sentada junto a Victoria, lloraba inconsolable; le partía el corazón verla conectada por donde quiera y con una palidez de muerte ¿Por qué pasaban estas
cosas? Su amiga era una persona noble y buena que a nadie hacia daño, que hasta ahora empezaba a disfrutar de una vida decente y sin apuros.
-¡¡Diosssss!! ¿Por qué quieres esto para Victoria? ¡Por favor no permitas que mueran ella y su hijo! ¡Te lo suplico Dios!- Rebeca lloraba con la cabeza apoyada en
la mano de su amiga.
Así encontró Don Emilio a Rebeca, doblada de pena y dolor por su amiga enferma.
-Ven hija, vayamos a tomar algo para enfrentar la larga noche y después podemos ir a la capilla a orar por Victoria y mi nieto- Don Emilio sacaba fuerzas de
flaqueza para consolar a la joven, cuando el mismo lo que quería era echarse a llorar como cuando era niño.
Vladimir sabia que tenia poco tiempo, tenía la necesidad imperiosa de ver a Victoria y aprovecharía la ausencia de su padre y Rebeca para hacerlo. Cuando entro en
la habitación sintió la misma impresión que sufrieran todos al mirarla, era impactante ver a aquella chica tan joven y llena de vida unida a tubos y mangueras luchando
por su vida. Vladimir estaba consiente de que el era el responsable directo del estado de gravidez en que se encontraba la chica; había manipulado al destino para
enfrentarla fuertemente sin detenerse a pensar que era un ser mas débil que él y además, en estado de gestación; también lo torturaba la idea de que la sedujo y poseyó
cuando vio la oportunidad, por que así lo quiso. Tenia razón su padre, ni el mismo se reconocía.
-Victoria, jamás quise que las cosas llegaran a este punto, no olvido que te amenace con que pagarías muy caro el haberme burlado, pero juro que nunca con tu vida y
la de tu hijo. Deseo de corazón que te mejores pronto y que disfrutes de tu Destino Millonario.
Dos días siguieron sin mejora alguna en la salud de Victoria, Don Emilio y Rebeca se turnaban para acompañarla y estar atentos a algún cambio, por lo que los
médicos llegaron a la conclusión de plantear una propuesta a la familia adoptiva de Victoria; así que los reunieron.
-¿Qué pasa Doctor Fernández, acaso Victoria ha empeorado?- Don Emilio preguntaba con la angustia pintada en el rostro.
-No, dentro de su gravedad se encuentra estable, por eso hemos decidido solicitar la autorización de ustedes para practicarle una cesárea y salvar la vida del
producto-.
-Victoria esta por cumplir treintaiseis semanas de embarazo, lo que indica que el bebe se encuentra en un periodo mas seguro para su nacimiento, esto ofrece mas
posibilidades de salvar su vida que si permanece en el vientre de su madre- En esta ocasión hablo el Gineco-obstetra hecho venir desde Inglaterra por Don Emilio, para
apoyar en el caso. El Doctor Johnson era reconocido por sus atinadas decisiones.
-¿Y que pasara con Victoria Doctor?- Rebeca preguntaba ansiosa.
-El riesgo es inminente para la madre porque la presión se puede disparar de nuevo; puede llegar el momento que sea la vida del bebe por la de ella. Estoy consiente
que es una terrible decisión, pero por lo menos hay mas posibilidades de salvar la vida de uno de los dos- De nuevo el Doctor Johnson explicaba la difícil situación.
-Por supuesto, tómense el tiempo necesario y háganos saber lo que han decidido-.
Don Emilio y Rebeca automáticamente se abrazaron fuertemente, tratando de infundirse animo. Tenían prácticamente en sus manos la vida de Victoria y su hijo.
Después de analizar con cuidado la situación, ambos decidieron autorizar la cesárea, sabían que Victoria hubiera deseado eso.
Los médicos programaron la operación para esa misma noche, no querían dejar pasar más tiempo.
Rebeca decidió avisar a Marcos y sus amigos y Don Emilio hizo lo mismo con Vladimir.
Y empezó la tortura de la espera; en la sala aguardaban Don Emilio, Rebeca, Marcos, Carlos y el resto del grupo de los viernes, y deambulando por los pasillos se
encontraba Vladimir, taciturno y malhumorado.
Dos horas después salió una enfermera informando que había nacido un sano y bello barón que estaría en la incubadora hasta que completara su tiempo de gestación.
No les dijeron nada de Victoria, la enfermera no estaba autorizada a informar; debían esperar al médico encargado.
La angustia por saber de Victoria no les dejaba disfrutar la gran noticia del nacimiento de Emilito; media hora más tarde, el Doctor Johnson apareció en la sala de
espera. Todos rodearon al médico con los rostros ansiosos, hasta Vladimir que se había mantenido a distancia, se acerco a ellos.
-Victoria aguanto la operación, pero esta muy grave, desgraciadamente no creo que pase la noche ¡Lo siento mucho!-.
-¡¡Noooo!! ¡Doctor por favor sálvela! Victoria tiene que conocer a su hijo, criarlo y verlo crecer, ella se lo merece Doctor ¡No deje que muera!-
Rebeca estaba sujeta de la bata del doctor suplicando a llanto partido; poco a poco se fue deslizando hasta quedar de rodillas en el piso, abatida de dolor.
-Ven hija, acompáñame, vayamos a conocer a tu ahijado y a mi nieto, el, que todavía es un angelito recién bajado del cielo, intercederá con los ángeles para que
cuiden a su madre; debemos tener fe que ella se repondrá y regresara con nosotros sana y salva.
Ahí estaba Emilito, en cueros y llorando a todo pulmón dentro de la incubadora.
-¡Mira Emilio, que hermoso bebe…!-.
-¡Si que es bello mi Emilito! Y diría que bastante grande ¿No te parece? -.
Madrina y abuelo desbordados de emoción, se encontraban pegados al ventanal del cunero, admirando y chiqueando al nuevo y más joven integrante de la familia.

CAPITULO CUARENTA
-¡Grave, pero estable! ¡Grave, pero estable!, no saben decir otra cosa los médicos Emilio; ya han pasado dos días y Victoria no mejora- Rebeca tenía ojeras sobre
ojeras, estaba empeñada en permanecer en el hospital hasta que su amiga despertara.
-Querida, en el estado de agotamiento que te encuentras no entiendes que la estabilidad en la salud de Victoria ya es un avance positivo hacia su recuperación; por
favor Rebeca, hazme caso y ve a descansar esta noche, te prometo que te avisare inmediatamente si algo llegara a ocurrir. Además mañana nos entregaran a Emilito
¿Como piensas cuidarlo así como estas?-.
-Tienes razón, solo déjame quedarme a cargarlo un rato ¿Recuerdas que hoy lo sacaran de la incubadora y nos lo prestaran?-.
-¡Claro que si! ¿Por qué crees que quiero que te vayas? No lo quería compartir contigo- Una risa suave vibro en la garganta del abuelo orgulloso.
Madrina y abuelo impacientes observaban por la ventana, el proceso de acicalamiento del recién nacido para ser presentado a la familia.
-¡Ahí viene ya la enfermera! Emilio, yo debo cargarlo primero por que soy como la segunda madre- No había terminado aun la frase, cuando Rebeca soltó un gemido
y gruesas lagrimas inundaron su rostro.
-No te aflijas querida, se lo que quieres decir y tienes razón, a ti te toca cargarlo primero- Don Emilio, con su brazo apoyado en los hombros de la afligida joven, veía
como se acercaban con el peleado bebe.
-¿Sabe como sostener a un recién nacido?- La enfermera solicita preguntaba, lista para instruirlos.
-Si, prácticamente yo crie a mi hermano menor-.
Rebeca tomo al bebe en brazos maravillada por la perfección de la criatura; tenia una abundante cabellera castaña, piel blanca y de sus ojos no podían hablar porque
estaba profundamente dormido.
-¡Guauuu! ¡Qué lindo eres ahijado! Y bastante grande y rechoncho para ser bebe prematuro…- Rebeca estaba ensañada tallando el rostro de Emilito, tratando de
retirarle lo que ella pensaba era una basurita.
-Déjalo Rebeca, es un lunar…- Don Emilio detuvo con su mano el movimiento de la chica.
La chica valientemente levanto su rostro para mirar al hombre que acababa de descubrir la verdad.
-¡Emilio, no llores por favor, que me vas hacer llorar a mi!- Rebeca le estaba tendiendo a su nieto para que lo pudiera estrechar entre sus brazos.
-¿Es mi nieto de verdad, no es cierto?- Don Emilio apenas podía hablar de la impresión.
-Si, es hijo de Vladimir, sangre de tu sangre Emilio- Rebeca adivino la siguiente pregunta de Don Emilio antes de que se la planteara -No, él no lo sabe, ni tampoco
debe enterarse.
-¿Cómo es posible que no lo sepa Rebeca? No lo puedo entender- Don Emilio no podía separar sus ojos de la carita del pequeño, era el vivo retrato de su hijo a su
edad; el recordaba el día de su nacimiento como si fuera ayer, el día mas feliz de su vida, hasta el día de hoy en que el nacimiento de su nieto se colocaba en primer lugar.
-Es una larga historia, pero no me corresponde a mí contártela, te aseguro que Victoria lo hará en cuanto llegue el momento apropiado; pero eso será después de
asesinarme por decirte la verdad.
-Una verdad que no se podrá ocultar por mucho tiempo querida, Emilito es idéntico a su padre- Don Emilio no ocultaba su felicidad y orgullo; su sueño dorado
llegado como regalo del cielo, por segunda ocasión, otro día de diciembre, treintaiseis años después.
-Este pequeño necesita alimentarse; a partir de mañana lo tendrán indefinidamente, solo les recuerdo no olviden asistir a la platica de orientación para atender al
recién nacido- La enfermera llego para llevarse al bebe, tomándolo de brazos del abuelo, que aún se encontraba pasmado por las maravillosas novedades.
-Rebeca ¿O sea que mi hijo no sabe ni debe saber nada del bebe? ¿No te parece que el tiene derecho a…?
-Emilio ¡Por favor! No me preguntes, ni digas nada de esto hasta que hablen Victoria y tú; si por desgracia no llegaran a hacerlo, será tu derecho lo que decidas
después- A duras penas Rebeca pudo terminar de hablar, un gran nudo le cerro la garganta y un nuevo llanto se la libero.
-¡Amigo, que mal te veo! ¿Piensas volverte un alcohólico? Tienes que enfrentar las consecuencias de tus actos como un hombre de verdad; de nada sirve que te
recluyas en tu casa asesinándote día con día, nada cambiara la realidad. Debería servirte de consuelo que el bebe haya nacido ya y este fuera de peligro; según me entere
temprano, hoy lo dan de alta en el hospital.
-¿Cómo esta Victoria?- Vladimir apenas podía hablar, parecía un indigente, con las ropas sucias y arrugadas, la barba crecida y el cabello revuelto. El departamento
parecía una cloaca, obscura y maloliente a whisky y tabaco.
-Sigue grave pero estable-.
-Ya no quiero oír mas ese estúpido diagnostico- Vladimir se había puesto de pie, solo para caer como saco encima de Hugo, que aprovechando la ocasión, lo cargo a
duras penas al baño y lo metió en la ducha para bajarle la borrachera.
-Compadre, aunque sea a fuerzas, tú te portaras como un machito y me acompañaras al hospital a ver a Victoria y a conocer a su hijo- Justo cuando termino de
hablar, Hugo abrió el grifo de la regadera y se enfrento a la furia de su enorme amigo.
Hugo no tuvo corazón para despertar a Vladimir, que después del baño y una abundante comida, se quedo dormido como un lirón.
-¡Vladimir, Vladimir…! ¡Si quiera hubieras escuchado mi consejo…! ¡Pero no! ¿Por qué habría de hacerlo el ca

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