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Libro PDF Difícil de explicar Anette Crenwood

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veinticuatro años y ya estaba comprometida para casarse con su novio Michael, un rubio pecoso y bastante silencioso que en ese momento llevaba del brazo como si
fuera un bolso.
– No te había visto en toda la semana, ¿Qué paso?
– Es el trabajo…- Respondió escuetamente, con la clara intención de marcharse lo antes posible.
Una escrutiñadora mirada la recorrió de arriba abajo, entonces la pelirroja frunció el ceño reprobatoriamente de una manera que no agrado para nada a Elizabeth.
– Es verdad, se te nota- Le dijo sin darse cuenta de que eso tal vez pudiera ser hiriente, luego una idea pareció cruzar su mente y el semblante se le ilumino de forma
encantadora.- Tienes que relajarte, ven con nosotros, estamos yendo al “Blue moon” para el cumpleaños de un viejo amigo de Mickey y estoy segurísima de que te
divertirás un mundo.
– Es en serio?- Pregunto perpleja, lamentando cada vez más el no haber fingido sordera en un principio.
– ¿Como que si voy en serio? Si es eso justo lo que te hace falta, una buena noche de tragos con amigos…
– ¿Quién mas va a estar que yo conozca?- Le interrumpió, tratando de encontrar una pronta brecha en los planes de su amiga.
– Fanny.- Respondió rápidamente Valeria, con determinación.- También van a estar David y Casidy, y Freddie, él también.
Tenía que intentarlo. Sabía que no tenía muchas posibilidades de negarse, aun si ningún otro conocido suyo fuera a estar presente, simplemente porque a Valeria
nadie le decía nunca que no.
– Sabes, Vale, esta noche no me siento muy comunicativa, mírame, estoy hecha jirones…- Dijo como último recurso, apelando al evidente cansancio que debía estar
grabado en su rostro y a las manchas en su ya no tan blanco uniforme.
– Excusas, excusas, excusas es todo lo que oigo de ti.- Respondió Valeria sin inmutarse. El hombre, todavía cogido del brazo de la pelirroja, se miraba los pies con
aburrimiento, probablemente deseando irse de una vez por todas.
Vaya amiga, pensó para sus adentros, incapaz de arrojarle un rotundo “NO” a su adorable rostro de muñeca, y menos cuando habían sido cercanas por ya hacia
tanto tiempo que ni podía recordarlo. Francamente, tal vez venía siendo hora de hacerle caso y salir de nuevo, desde que se había convertido en enfermera no hacía más
que trabajar como loca, reuniendo hasta el último centavo para poder comprarse un coche, dejando todo lo demás a un lado. Quizá debería de abrirse un poco al mundo,
al fin y al cabo, una copa o dos no podrían hacerle ningún mal.
– Está bien.- Dijo al fin, lamentándolo de inmediato.- Iré con ustedes, pero primero debo ir a casa a cambiarme.
– Desde luego.- Concedió la chica, dando saltitos sin soltar ni por un segundo a su chico.- Vístete como si fueras a verte con alguien que te importe.- Agrego con un
guiño.
– Hare lo mejor que pueda pero no prometo nada.- Dijo, tratando de cambiar su animo a modo “salida con amigas”.-Nos vemos en media hora.
Se dio la vuelta y reanudo su camino de regreso a casa, tratando de pensar en si tan siquiera tendría algo limpio que ponerse para la ocasión, y no demasiado segura
de poder conseguir levantarse a sí misma el ánimo antes de llegar a la fiesta.
Calvert valley era un pueblo norteño que, como su nombre lo indicaba, se hallaba en el fondo de un valle, rodeado completamente por montañas. El lugar no era en
ningún aspecto grande, pero tenía su encanto, en especial en los meses del larguísimo invierno, cuando las calles quedaban parcialmente cubiertas por una esponjosa
capa de nieve y las personas aprovechaban para vestir sus casas con adornos y luces fantásticos que iluminaban hasta el más recóndito lugar. Aunque el centro podía
llegar a ser muy bullicioso y atareado, en especial a horas pico, los suburbios eran todo lo contrario; compuestos mayormente por casas de ladrillos de dos pisos y
pequeños bungalós, resultaban un buen lugar para vivir. Ella vivía en una de esas casas de dos plantas, la compartía con su padre Gerald y sus dos hermanas, Lisa y
Caroline.
Al llegar encontró que ellas estaban haciendo su propia fiesta privada en la parte superior, aprovechando que Gerald había salido por el fin de semana. Normalmente
su llegada al hogar habría significado el fin absoluto de lo que fuera que estuviesen haciendo, eso ligado de quejas y suplicas raramente escuchadas, pero esta vez esa
situación de hecho le convenía, así que decidió darse un baño rápido, ponerse lo primero que encontrara y largarse lo antes posible para no tener que escuchar
incomodas preguntas de ese par de adolescentes jocosas.
Una vez en el baño Se dio una mirada en el espejo de cuerpo entero que tenía detrás de la puerta y lo que vio no le agrado para nada: el cabello dorado oscuro se
notaba algo pajizo ya que no acostumbraba a peinarse durante sus turnos, el maquillaje había desaparecido por completo así que sus mejillas lucían pálidas, y para mas
colmo sus usualmente brillantes ojos color azul cielo se veían opacos y cansados.
– Valeria tenía razón…- Dijo en un susurro, alejándose de su imagen y metiéndose en la ducha caliente.
Media hora exacta después se encontraba ante las puertas dobles del bar- restaurant “Blue moon”, que era bastante grande en tamaño y ostentaba unas largas
ventanas panorámicas de lado y lado, que permitía a los comensales disfrutar de una atmosfera abierta y fresca. Un logo de gran tamaño que colgaba sobre la puerta
decía “Lo atendemos bien así que pague el precio”, a los dueños del bar les había parecido gracioso, pero a ella siempre le sonó repelente. Al entrar en el cálido edificio
su atención fue captada de inmediato por un bullicioso grupo a su izquierda que estaban ocupando una gran mesa, unas diez o doce personas que parecían no tener
ningún inconveniente en armar un escándalo así no estuvieran en sus casas, y esos eran, en parte, sus amigos.
– “Le pagamos bien así que cálensela”- Susurro Elizabeth para sus adentros. Puso la mejor sonrisa que puedo encontrar y se acercó a donde estaban todos.
La mesa, que era de madera y cuadrada, ocupaba gran parte del lado izquierdo del local, había ante ella unas catorce sillas, aunque luego de un reconocimiento más
detallado, ella puedo ver que solo eran once personas, doce si se incluía a sí misma. El cumpleañero estaba sentado en el centro, de espaldas a la pared, su nombre era
Derric o algo así, no lo conocía muy bien; a su lado estaba el prometido de Valeria, quien parecía ahora de mejor humor, y sin soltarle el brazo estaba la propia Valeria
con un gran vaso de alguna bebida espirituosa en la otra mano. También estaba Fanny, una mujer muy rubia y curvilínea que poseía una cálida sonrisa, era medico de la
clínica privada y se había hecho muy amiga de Elizabeth en la universidad del estado; frente a ella estaba Freddie, amigo de la secundaria, quien fue el único que se
levantó de la mesa para darle la bienvenida. Los demás le eran por completo desconocidos, al parecer las dos sillas restantes pertenecían a David y Casidy, quienes no
estaban presentes aún.
– Liz, viniste. – Le dijo Freddie, apartándole la silla diligentemente, ella se lo agradeció con una sonrisa y un pequeño beso en la mejilla antes de sentarse.- Creí que
Vale estaba mintiendo cuando nos dijo que te había echado el lazo en su camino a la ¿fiesta?- Se dio la vuelta para mirar a los presentes con una expresión algo cómica
en el rostro- No estoy muy seguro, pero temo que tal vez sea solo una celebración privada e intima.
– Eso es porque apenas nos han traído el vodka.- Opino alegremente Fanny, a ella no se le notaba el cansancio en el rostro, lucia perfecta, Elizabeth se pregunto
cómo era eso posible.
– Estamos tratando de ser decentes para que no nos encarcelen…- Bromeo una chica muy delgada, de cabello corto y blanco platino surrealista, mientras señalaba
con el rostro hacia la esquina opuesta, donde se encontraba la barra del bar.
Una risita general se extendió por la mesa y Elizabeth se dio la vuelta para mirar, casi distraídamente y su rostro se quedo de piedra cuando le vio. Ahí sentado, con
una cerveza en la mano, estaba el jefe de la policía en ropa de civil: jeans gris niebla, una franela roja oscura y una camisa color gris claro sin abotonar. Se veía como
cualquiera de ellos en ese aspecto, excepto por las obvias diferencias, el cabello castaño oscuro, la piel de color canela, el físico fuerte y listo para la acción… Su corazón
pareció detenerse y un nudo se cerró en su garganta ante esas contemplaciones.
– ¿Desde cuándo es un delito tener una pequeña fiesta?- Pregunto Valeria, tal vez un poco demasiado alto, tomándose la broma en serio. El sheriff volvió el rostro
hacia ellos con curiosidad y Elizabeth apartó la mirada de un salto.
– ¿Pasa algo?- Pregunto Freddie, notando su reacción, pero ella se limito a negar con la cabeza, incapaz de pronunciar palabra.
– Esta molesta porque no le han traído nada de beber.- Dijo Fanny, levantándose enseguida para llamar al mesero. Elizabeth respiro profundamente antes de volver
su rostro discretamente de nuevo hacia a la barra, él estaba mirando a otro lado, en dirección a la puerta, siguió su mirada y entonces el alma se le fue a los pies, una
chica…
La mujer era probablemente de su misma región, lucia el cabello negro hasta la mitad de la espalda, tenía la piel muy bronceada y los rasgos sutiles pero bien
definidos; usaba un vestido blanco ajustado al cuerpo que le llegaba a media pierna y sandalias rojo carmín. Una expresión de sonoro deleite se escucho detrás de
Elizabeth, varios de los hombres en su mesa la habían visto también y no tenían ningún inconveniente en demostrarlo.
– Una como ella puede venir a arrestarme cuando quiera…- Dijo Derric en voz bastante alta, pero la chica no se dio por aludida, solo se limito a ir hasta donde le
esperaba el jefe de policía, quien se había puesto de pie para recibirla con un buen abrazo.
Elizabeth aparto la mirada, dolida, sin poder aceptarlo del todo: una mujer. Claro que si, los hombres como él jamás estaban solos, y ella justamente estaba ahí en el
momento exacto para presenciarlo. Se removió incomoda en la silla, completamente desolada, ¿Cómo había sido tan ilusa? ¿Es que acaso en algún resquicio de su mente
existía la esperanza de estar con él? Por supuesto, en su alma ella había estado albergando la idea de que cuando lo conociera en persona una chispa volaría entre los dos
y que todos sus miedos quedarían rápidamente descartados, que tontería.
– Escuché que se mudo a Colorado springs.- Dijo Freddie, sin dejar de mirar a la recién llegada.
– Hey, tal vez viva cerca de tu casa, ¿no crees, Liz?- Dijo Fanny, como cayendo en cuenta.
– Cierto- Saltó Valeria, entusiasmada, Elizabeth no se dio por aludida.- Tal vez puedas averiguar quién es ella y nos traes después todo el cuento.
– Yo sé quién es él- Interrumpió la chica del cabello corto platino, llamando la atención de todos- Se llama John Kennedy, y viene de uno de esos lugares sureños en
donde hace calor y el invierno no dura ocho meses.
– ¿Cómo lo sabes?- Pregunto Fanny, terminándose su bebida hasta la última gota.
– Le lleve un pie de bienvenida…- Respondió la chica con un guiño atrevido, y todas las mujeres en la mesa rieron con complicidad, todas menos una.
– ¿Cómo es él?- Pregunto Valeria, en el borde de la silla, siempre atenta al cotilleo.
– Es muy amable, su voz es tan sensual, tienes que escucharlo, hasta cuando dice “buenos días” te hace sudar…
– ¿Podríamos por favor volver esta conversación a donde nos interesa?- Pregunto Freddie, algo intimidado.- La chica que esta con el policía ¿alguien sabe quién es?
– Es Freya.- Dijo una voz ronca detrás de Elizabeth, la sorpresa le hizo dar un respingo, era David, quien estaba llegando junto con Casidy al fin.- Una oficial de
policía muy guapa, diría yo.- Casidy, quien era su novia desde la secundaria, le dio un codazo por atreverse a decir algo como eso en su presencia; él la miro
consternado, pero no dijo nada.
– ¿Es policía?- Pregunto Elizabeth, con voz apagada, hundiéndose aun más en su silla.
– Claro, es lo único que sabemos.-Dijo Derric, luego volteo a mirar fijamente a David.- Dinos mas…
– Vino junto con el nuevo sheriff y otro tipo que también es oficial pero no me moleste en averiguar quién es. Sangre nueva para nuestras fuerzas, dijeron.
– ¿Qué tienen de malo los nuestros?- Pregunto un hombre de rostro regordete al otro lado de Derric, con tono tal vez un poco ofendido.
-Nada, supongo, solo quieren probar tácticas nuevas…- Opino Fanny, pero Valeria le interrumpió.
– O tal vez nadie quiere ser policía en el valle más aburrido de la faz de la tierra así que tienen que traer gente de otros lados que no sepa ese detalle.
Elizabeth volvía a hacer oídos sordos a la conversación, su mente y su corazón siguieron rebotando en lo mismo, John Kennedy y Freya, policías de Calvert valley
y algo más. No sintió que pudiera seguir soportando un minuto más de ese cotilleo sin sentido, así que se levanto torpemente de la mesa haciendo mucho ruido sin
quererlo.
– ¿A dónde vas?- Pregunto Valeria, desconcertada, Elizabeth ni la miro.
– Debo irme, mi padre ha salido de la ciudad hasta el domingo y es mi deber mantener un ojo sobre mis desquiciadas hermanas.- Contestó recogiendo su bolso de la
mesa con brusquedad.
– Acabas de llegar.- Añadió Freddie, mirándola sin comprender, pero ella ya estaba camino a la puerta de salida.
– Nos estamos hablando.- Dijo a modo de despedida, y salió disparada del lugar como hacia menos de dos horas lo hiciera por las puertas del hospital general.
Echó un último vistazo a la barra y pudo ver como la chica-Freya- estaba tomando un trago de pie, recostada del hombro del jefe, quien ahora tenía un nombre, John
Kennedy, y ambos reían felizmente de algún chiste o broma, mientras ella salía del lugar como alma llevada por el diablo, tropezando sin querer con una pareja que venía
llegando, y los enrojecidos ojos llenos de amargas lágrimas.
Caminó a paso rápido calle abajo alejándose del Blue moon con la mente en blanco, se sentía entumecida por dentro, como si la calle estuviera demasiado fría aunque
era una cálida noche de principios de julio y hacía tiempo que el invierno había terminado. Cruzo los brazos frente a su pecho sin percibir que en realidad los escalofríos
venían desde dentro y acelero el paso, la imagen de ellos dos en el bar insistía en colarse en su mente aún cuando ella trataba de apartarla, sabía que lamentaría esa salida
desde el primer momento en que escuchó a Valeria dirigirse hacia ella al final de la calle Halley.
John Kennedy. Cuantas veces paso su tiempo libre del almuerzo, distraída en las cavilaciones al respecto de ese hombre, de donde vendría, donde estaría viviendo,
como había llegado a ser el jefe de policías en un lugar que jamás había pisado antes y, sobre todas esas cosas, cuál era su nombre. Ahora lo sabía, pero la información
había llegado en mal momento, justo con la revelación de otra mujer, una con la cual no estaba contando. Una solitaria lágrima surcó su mejilla izquierda pero ella no le
prestó atención, solo continuó su camino. Al llegar a casa, se fue directo a su habitación haciendo caso omiso del escándalo que sus hermanas tenían arriba.
Una vez cerrada la puerta, se quitó de un tirón el vestido gris claro que había estado usando, arrojó las sandalias de tacón fuera de su vista, se metió en la cama y se
arropó con las sabanas hasta el cuello, para tratar de mitigar un poco el fuerte frio que sentía en su interior. Estaba dándole demasiada importancia a ese asunto, ese
hombre no era suyo en un principio, ni siquiera sabía su nombre hasta esa noche, jamás había escuchado su voz o cruzado una sola palabra con él, pero aun así le dolía y
mucho. Comenzó a darle vueltas a lo que había sucedido, podría decirse que de hecho era algo bueno que eso pasara ya que así podría finalmente dejar esa obsesión
irracional con él. ¿Acaso podría hacerlo? No se sentía muy segura, pero estaba por averiguarlo, no le quedaba de otra.

Capítulo 2
Estaba mirando por la ventana de la estación, sumergido en sus pensamientos, vaya que ya habían pasado tres semanas desde que se hiciera sheriff en el pequeño
valle de Calvert y las cosas estaban saliendo realmente muy bien, tal vez demasiado a decir verdad. No estaba acostumbrado a que todo le saliera tan fácilmente, sin
grandes problemas que resolver, pero aún así estaba siempre alerta ¿y por qué no admitirlo? Tenía un buen equipo a su disposición y el gobierno no se olvidaba de ellos,
pero Dios sabe que las cosas pueden cambiar en cualquier momento, y él se aseguraría de estar preparado cuando ese día llegase.
Fue hasta su escritorio, ignorando el pequeño barullo que se escuchaba a su alrededor y se sentó, levanto una mano y la paso distraídamente por el lacio cabello,
mientras trataba de dilucidar qué podía hacer para sacudirse un poco el aburrimiento acumulado de tres semanas tranquilas y sin muchas cosas para hacer. Freya entró
en su campo de visión, con lo que parecía ser un uniforme reglamentario al menos dos tallas menos de lo que sería remotamente correcto, levantó la mirada y ella le
dedico una pequeña sonrisa; los verdes ojos de la chica brillaron de esa forma en que él tan bien conocía.
– ¿Sabes que tengo la autoridad para mandarte de regreso a casa, sin paga, por venir aquí vestida como una estríper?- Le pregunto él, con una sonrisa cómplice en el
rostro, ella lo ignoró.
– ¿Qué tienes en mente para esta noche?
– Lo mismo de todas las noches, niña mía, hacer ejercicios, comer bien y leer un buen libro.- Respondió con naturalidad, Freya se rio con ganas.
– ¿Así se le llama ahora a sentarse durante tres horas como un saco de papas frente al televisor?
– Tal vez…- Respondió él con la mirada evasiva, sin quitar de su rostro la expresión de complacencia. Freya apartó una pequeña pila de papeles del escritorio antes
de sentarse en el borde con toda la confianza del mundo, John la miró con reproche, pero no le dijo nada.
– Extraño los caballos… -Dijo ella, dejando a un lado las bromas por un momento, él se limito a asentir con la cabeza, la mirada perdida en las borrosas imágenes que
se colaban por la ventana de su despacho.- Cuándo me marche de casa pensé que sería más fácil, ¿sabes? Ya estaba algo harta de la rutina y me sentía deseosa de
comenzar de nuevo aquí en el norte, pero ahora que nos hemos asentado, no puedo dejar de pensar…
Un silencio se extendió entre los dos, solo roto por el eterno barullo que flotaba sobre ellos, los demás policías no parecían tener ningún problema, estaban felices
con las cosas como eran.
– Somos un par de extraños aquí, Freya.- Dijo John al fin con un tono melancólico en la voz.
– Es la verdad.-Convino ella. Volteando la mirada pudo ver a Joseph, el otro oficial que había venido con ella desde Racersville, quien estaba conversando
animadamente con Francis, la recepcionista y ambos parecían estar bien juntos.- Él se adapta de maravillas…
– ¿Qué te puedo decir? Siempre fuimos unos críos inadaptados.-Le dijo con una sonrisa tranquila, tratando de cambiar nuevamente los ánimos, no le gustaba verla
triste; ella le devolvió el gesto.
– Y mira como terminamos. Ahora, que me dices si vamos esta noche a un buen bar y nos tomamos unos tragos, ¿eh?
– ¿Mañana es sábado?- Pregunto John, mirando el calendario que tenía en el escritorio, Freya puso los ojos en blanco, algo exasperada.
– ¡Claro que es sábado! Eres un despistado, John, te lo digo en serio.
– Déjame tranquilo un segundo, mujer ¿quieres?
– Entonces dime que si y ya, es hora de que nos divirtamos un poco en este pueblo. ¡Hey, Joecito! -Exclamó ella, volteando el rostro para que Joseph la escuchara.-
¿Quieres salir con nosotros esta noche?
– ¿A dónde vamos?- Pregunto el hombre mientras se acercaba a ellos: era casi tan alto como el propio John, de cabello negro corto, piel canela y de unos cuarenta
años. – ¿Si Freya puede yo también?- Preguntó pasando una mano sobre el borde del escritorio, John lo miró con la misma expresión molesta que antes había usado con
la chica.
– No te pases, hermano.- Le dijo sin sonreír, Joseph pareció captar el mensaje así que solo se limito a mirar a Freya con las manos en los bolsillos.
– Iremos al bar que te dije anoche, el que está cerca de donde nos estamos quedando. ¿Quieres ir?- Dijo ella animadamente.
– Claro, ¿puede venir Francis con nosotros?- Pregunto el hombre con un pequeño destello en los ojos. Tanto John como Freya se miraron con cierto asombro, era
increíble como algunas personas tenían tanta facilidad para adaptarse.
– Que venga.- Le respondió ella alegremente, luego volvió a mirar a John.- Y supongo que Paul también vendrá ¿no?
– Si, lo llamare a ver si quiere venir con nosotros.- Fue su respuesta, ella lo miro arqueando una ceja.- Vale, él también tiene una vida, ¿yo que sé si tiene algo que
hacer esa noche?
– No he dicho nada.- Le dijo ella, levantándose de la mesa y yéndose con una sonrisa picara grabada en el rostro.
John entró en el Blue moon con paso firme, dio una rápida mirada alrededor pero ninguno de sus conocidos estaba allí, así que se s

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