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Libro PDF Emerger Trilogía Sumergida 2 J. M. Kyle

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Tiritaba entre sus brazos con un matiz
perplejo en su expresión.
Un destello en sus ojos. Estos se
posaban con absoluta admiración en su
rostro. Ella no podía dejar de pasear los
dedos entumecidos por las rasposas
mejillas, por el contorno de aquella
mandíbula perfilada hasta detenerse en
sus labios. Para April, era como una
reafirmación que aquella maravillosa
visión era real y no una imagen generada
por su mente al haber perdido la
conciencia cuando la poderosa masa de
agua del río la revolcó con una furia
impresionante.
« Me ahogué… tiene que ser eso y
tal vez éste es el último recuerdo de lo
que más quería tener en la vida»
Pero esa mirada…esos ojos que la
absorbían derritieron su ser desde el
mismo núcleo, tenía que ser él. Vió
aquellas facciones que reflejaban tanto
amor como total asombro por partes
iguales. Bastiaan la estrechó más contra
su cuerpo en un intento de
proporcionarle un poco de su calor,
aunque al hacerlo no pudo evitar pensar
que era algo bastante inútil pues él
mismo estaba totalmente empapado.
Pero no era sólo querer darle calidez a
ese cuerpo que pensó no iba a volver a
tener junto al suyo. En ese momento
despertó en él una feroz oleada de
sentimientos. Posesión. Deseo. Amor.
Agradecimiento. Le había sido
devuelta…su mujer estaba ahí con él y
no iba a perderla nunca más.
Sus piernas lucharon contra la
corriente para acortar la distancia entre
ellos y la ribera del río. Era una
preciada carga que no le generaba
mayor trabajo en sostener. El aire a su
alrededor se fué llenando de las breves
risillas nerviosas de April que lo
llenaron de un júbilo más allá de lo
descriptible.
«Aún me parece estar soñando»
Verla emerger de entre las
cristalinas aguas tan sólo unos escasos
momentos atrás iba a ser desde ahora y
para siempre uno de sus recuerdos más
preciados. A pesar del fuerte sol
irradiando sobre sus cabezas, el frío se
extendía imparable por todo el cuerpo
de Bastiaan. Un violento
estremecimiento lo sacudió sin previo
aviso. Su pecho se ensanchó
emocionado al escuchar las carcajadas
de diversión que ese simple acto
involuntario provocó en April.
Escucharla reír era algo demasiado
increíble y grato. El dulce sonido viajó
a través de él alojándose muy dentro.
Eso era la felicidad, ya había aceptado
que no volvería a sentirla otra vez. Con
suavidad la puso sobre sus pies
descalzos en la húmeda arena de la
orilla, ahora podía contemplarla mejor…
ojos pardos y brillantes, hermosa piel de
alabastro, sus cabellos eran una cascada
de finas hebras cobrizas que escurrían
agua a lo largo de su espalda. Inspiró
con fuerza percibiendo una renovada
energía recorrer sus venas. Era tanto lo
que quería decir que sintió como una a
una las palabras se agolpaban formando
un nudo en su garganta. De todas ellas
una sola logró escaparse de entre sus
labios abarcando todo eso que deseaba
expresar, lo que significaba April para
él.
— Dóro…— gruñó levantándola de
nuevo del suelo. Los brazos se asían con
fuerza alrededor de su cintura. Detectó
un gesto de incomprensión en su
semblante pero aún así la sonrisa
permanecía dibujada en sus labios. Era
una palabra que pertenecía a un idioma
muy antiguo que apenas si algunos
esthienses recordaban que alguna vez
existió.
Los brazos femeninos se enrollaron
alrededor de su cuello y se acercó lo
suficiente a su oído para acariciarlo con
su aliento.
— ¿Qué significa?— preguntó
usando una sinuosa entonación que
estaba seguro, usó para descontrolar aún
más la miríada de sensaciones que lo
estaban enloqueciendo en ese momento.
— Mi obsequio…el presente más
grandioso e invaluable, mi dóro…—
cubrió aquellas palabras con todo el
amor que nunca había dejado de sentir
por ella. Un nuevo escalofrío lo asaltó
para arrancarlo de sus ensoñaciones.
Aún permanecían junto al río con el frío
colándose hasta los huesos.
— Será mejor irnos, mi jornada no
ha terminado y tengo que encontrar algo
para que puedas quitarte esa túnica toda
mojada—. Buscarle abrigo se convirtió
en su principal objetivo en ese momento.
La puso en el suelo con facilidad y tomó
su mano, pequeña y trémula entre la
suya. Sujetó la primera montura que
estaba cerca de ellos para luego
encaminarse directamente hacia las
cuadras. Sin mencionar sus latidos
acelerados retumbando en los oídos,
avanzaban en grato silencio, ya tendrían
mucho tiempo para hablar.
April escrutaba el entorno con ojos
de fascinación…ajena al par de ojos que
no podían despegarse de ella,
fascinados también. Sí, ahora tenían
todo el tiempo del mundo para ellos. El
amanecer no volvería a ser su
enemigo…ya no más.
Capítulo 1
Reconoció de inmediato el rostro
de Attis cuando giraron por la arboleda
que separaba lo que pensó sin lugar a
dudas debía de ser la casona principal
de los grandes establos. Al parecer él
también la recordaba a pesar de todo el
tiempo que había pasado. Vio como en
un nanosegundo el rostro sereno del
joven se transformó en una máscara de
completa estupefacción. Tanto así que
dejó a medias lo que hacía y empezó a
boquear como un pez fuera del agua.
De hito en hito observaba a
Bastiaan y a esa mujer de pies a cabeza,
por completo empapados mientras se
acercaban a la estructura de oscura
madera donde él estaba poniendo hierba
fresca a los caballos.
« ¿Pero cómo demonios…? Ni
siquiera pudo terminar la pregunta que
él mismo se hizo en la cabeza. Mantenía
muy fresco el recuerdo de cuando la
conoció. Estaba exquisita, toda mojada y
sin compañía a la vista junto al hogar,
con la luz de las flamas danzando sobre
las curvas de su cuerpo « ¡dioses…cómo
la había deseado! » Pero de pronto,
también recordó cómo había querido
retorcerle poco después su delgado
cuello entrometido.
Si no hubiera sido por esa… no
habría terminado preso junto con Filip.
Su mano subió hasta la nariz y se la frotó
con aire ausente. Tampoco había
olvidado el puño de Bastiaan
hundiéndose furioso contra su cara. Para
terminar de empeorarlo todo, resultó que
ella era la mujer de su amigo. Una
extraña mujer que desaparecía cada
mañana al romper el alba para regresar
a quien sabe qué mundo siniestro y
desconocido. No, era definitivo, no le
agradaba esa tal April.
« April… ¿Qué clase de nombre era
ese de todas formas?»
Muy entretenida al ver aquel par de
orbes a punto de salirse de sus cuencas
en una expresión de abierta sorpresa,
April tuvo que batallar con una
inminente carcajada que estaba tomando
forma desde la boca de su estómago y
amenazaba con estallar en la cara de
aquel sujeto.
— ¿Pero cómo…?— balbuceaba
incoherente mirando a uno y a otro con
total desconcierto.
— Al parecer…éstas aguas
conceden aquello que más anhelas—
respondió su amigo con una sonrisilla
bailando en su boca. Attis sintió cómo
se le revolvía la tripa al notar las
miradas enternecidas que se lanzaban el
uno al otro. Las manos de ambos se
entrelazaban con firmeza como si
temieran separarse— aún faltan otras
tres monturas, ya voy por ellas, sólo iré
a buscar algo de ropas para April— así,
sin dar mayores explicaciones se alejó
con celeridad sin soltar ni por un
instante a su mujer, dejando a Attis ahí
de pie con expresión de frustrada
curiosidad. Lo último que vió, fue como
April volteó la cabeza para curvar la
boca y sonreírle con un atisbo de burla
en el rostro, alargó la mano y la agitó en
gesto de despedida.
« ¡ Maldita mujer!»
Avanzaban todavía tomados de las
manos. Varios hombres y mujeres en los
alrededores realizaban distintas tareas,
pero se interrumpían al momento para
verlos pasar. Al hombre por supuesto ya
lo conocían, pero se preguntaban quien
sería la extraña y hermosa mujer
destilando agua que lo acompañaba,
nunca antes la habían visto. Bas

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