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Libro PDF Estallido Z La cura Mundo Zombie 2 Jonas Cobos

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Jane Clayface descendió los
escalones del autobús sosteniendo la
escopeta en su mano derecha. La calle
donde habían parado parecía estar libre
de zombies. No obstante, decidió no
fiarse. Sabía que las manadas eran
capaces de acorralar a sus presas en
cuestión de segundos. Mientras tanto, a
las orillas del lugar se encontraba el
edificio de los laboratorios Green
Pharma Labs, lugar que en un pasado se
irguió como un templo que rendía culto
al “orgullo humano”, y del que hoy no
quedaba nada.
Jane sabía que los únicos
humanos sobrevivientes a la Plaga Z
eran los seis que permanecían en el
interior del autobús, seis a los que logró
“rescatar” gracias a la cura creada por
Ellis y completada por Vlad Draco, su
padre. Cura que además había sido
posible gracias al sacrificio de Ricardo
Rey, el verdadero sobreviviente de la
Plaga Z. Quién hubiera dicho que todos
esos promotores del antídoto serían
exterminados por una misma persona: el
portador de la máscara antigás.
Jane, a diario, recapitulaba el
terrible momento en que ese individuo,
junto a su manada de zombies, asaltó el
laboratorio donde ella y su padre
desarrollaban una versión más eficiente
de la cura. Por desgracia, esta aún tenía
un proceso que seguía siendo lento y
necesariamente debía ser inyectado en el
infectado. Con ese procedimiento nunca
lograrían curar a todos los seres
humanos. Y se corría el riesgo de que,
tarde o temprano, alguna de las manadas
de zombies acabara por atraparlos y
ponerle fin a dicha esperanza.
A su derecha, en la oscuridad de
un callejón, se oyó el ruido de los pasos
vacilantes de un zombie. No dudó ni un
instante; inmediatamente tiró hacia atrás
del cargador y se encaró al ser
putrefacto. Jane le disparó una sola vez,
directo a la cabeza, que al instante
estalló como una calabaza.
Dos segundos más tarde
comprendió la fatalidad de aquel acto.
Varios gruñidos sonaron a su alrededor.
Gruñidos guturales que aumentaban cada
segundo que pasaba. Su reacción
instintiva fue enfrentarse a ellos tirando
del cargador de nuevo.
—¡Jane, tenemos que irnos, son
demasiados! —gritó Mike desde el
volante del vehículo— ¡Sube ahora
mismo!
A regañadientes, Jane retrocedió
sobre sus pasos sin quitar la vista de los
zombies que iban surgiendo del callejón.
Decenas de ellos venían acercándose en
grupos, cada vez más rápidamente. Su
espalda de pronto chocó con la fría
forma del autobús. Al darse la vuelta,
las puertas ya habían sido abiertas;
logró entrar de inmediato y con un
chasquido las puertas se volvieron a
cerrar tras ella.
Absolutamente perturbado, Mike
pisó a fondo el acelerador llevándose
por delante a tres zombies que se
interpusieron en su camino, salpicando
el parabrisas con un reguero de líquido
negro.
Si no lograban encontrar un
laboratorio que no estuviera bajo el
bloqueo de las manadas de zombies,
nada de lo que estaban haciendo
importaría. Los oscuros y vacíos
edificios de la Quinta Avenida, mientras
tanto, no dejaban de desfilar frente a sus
ojos. Una vez más se dejaba llevar por
el recuerdo de su padre, Vladimir
Draco, el primero de su especie y el
único capaz de sacrificarse por el bien
de ambas especies, llegando incluso a
renunciar y a convertirse de nuevo en
humano. Jane se vio arrebatada por la
imperiosa necesidad de llorar. El
descontrol, de pronto, se apoderó de
ella. Recordaba el sonido de la manada
asaltando el laboratorio de PharmaCare,
en donde su padre y los doce
recuperados se habían refugiado. Era un
sonido que regresaba con frecuencia,
acompañado de un arrollador
sentimiento de culpa.
—¡Jane, tienes que controlarte!
Si sigues llorando de ese modo vas a
consumir tus reservas de sangre y no
puedo suministrarte más hasta dentro de
unos días. Tienes que asumir de una vez
que no había otra solución, y que de no
haber seguido el plan de tu padre ahora
mismo estaríamos todos zombificados.
La reprimenda de Mike le sirvió
de ancla para atajar el lloriqueo. De
inmediato, extendió su temblorosa mano
y limpió el rastro rojizo de las lágrimas
que resbalaban por sus mejillas.
***
Mike tendió la bolsa de sangre a
Jane. Al principio ésta la rechazó
estoicamente, mas ante la insistencia de
su compañero la vampiresa acabó
cediendo. Mike le respondió sonriendo,
al tiempo que se colocaba una bola de
algodón en el antebrazo, a fin de que
bloquease el fluir de la sangre por la
punción.—
Así me gusta, que seas buena
chica —dijo irónico. Jane le respondió
con una mirada fulminante. En teoría,
Mike con sus casi cincuenta años, era un
jovencito en relación con la edad real de
ella.
Jane relajó su semblante,
estirando sus finos labios para esbozar
una sonrisa y sorber del tubo de la bolsa
de sangre.—
¿Ha habido algún avance?
Mike negó con la cabeza.
—En realidad estamos dando
palos de ciego. Ninguno de nosotros es
biólogo o genetista, y algunos de los
pasos son realmente delicados.
—Lo sé, pero las notas de Ellis
son muy detalladas.
—Y gracias a ellas hemos
curado a doce humanos; pero de ahí a
desarrollar una cura universal y rápida,
existe un gran abismo de conocimiento
que ignoramos —señaló Mike—. Jane,
tienes que aceptar que nunca podremos
salvar a la humanidad con una cura que
hay que inyectársela a los zombies uno a
uno. Eso es una tarea imposible.
El ruido de golpes provenientes
del piso superior los alarmó. Durante
unos segundos permanecieron en
silencio. El ruido se repitió aunque con
menos intensidad. Mike tomó la
escopeta de cañones recortados y se la
pasó a Jane, a la vez que tomaba otra
para él. Moviéndose sigilosamente,
cruzaron el apartamento que habían
convertido en un refugio provisional.
Mike iba a la cabeza, pero Jane lo
obligó a dejarla pasar. Su condición de
Nocturna “no convertida” le confería
unas condiciones físicas que superaban
incluso a los Nocturnos restantes.
Las posibilidades de que se
tratara de un ataque sorpresa de alguna
manada de zombies quedó descartada ya
que el ruido provenía de la planta
superior del bloque de apartamentos. Si
bien los zombies, al agruparse en
manadas, eran capaces de desarrollar
cierta inteligencia colectiva como la de
las hormigas o las abejas, llegando
incluso a ser capaces de planear
emboscadas, en otros aspectos eran muy
torpes. Jane y Mike habían bloqueado la
entrada al edificio desde la calle, por
tanto, el único acceso era desde el
tejado. Así que un ataque colectivo
quedaba descartado llevándolos a una
sola posibilidad. Tenía que tratarse de
un vampiro.
Ascendieron por la escalera
sumida en la penumbra. El ruido era más
fuerte a medida que se aproximaban a la
fuente del mismo. A Mike le recordó los
espasmos agonizantes de un perro con el
que se cruzó en una de sus incursiones
en busca de provisiones. No pudo
soportar verlo morir de hambre.
Entristecido, el hombre le ahorró el
sufrimiento al pobre animal. En otras
condiciones se lo hubiese llevado
consigo, mas la situación del grupo de
“curados” era cada vez más precaria y
los alimentos estaban escaseando cada
vez más. Sin gente en las fábricas, ya
nadie producía nuevos alimentos y sin
electricidad la comida terminaba por
estropearse.
Al cruzar el umbral hallaron un
cuerpo esquelético, presa de
convulsiones. Tenía la piel tan arrugada
que parecía un papel a punto de partirse.
Jane no fue capaz de reconocer de quién
se trataba, pero no le quedó ninguna
duda de que se trataba de un Nocturno
agonizante.
—Jane… por fin te encuentro…
viene a por nosotros… siempre fuimos
su objetivo —farfulló el desconocido
entre convulsiones.
Sin detenerse a pensar, Jane sacó
el puñal de su cinto de armas y se cortó
la palma de la mano ofreciendo de
inmediato su sangre al desconocido.
—¡Jane, no lo hagas! ¡Apenas
tienes sangre para sostenerte a ti misma!
¡Estás poniendo en riesgo tu vida! —le
recriminó Mike.
—¡Deja de preocuparte! ¡Ya
deberías saber que soy más fuerte de lo
que crees! —replicó Jane poniendo su
sangrante herida en los labios del
agonizante vampiro quien, al instante, se
aferró a ella como una sanguijuela.
***
—No podemos permitirnos ese
lujo —gritó Mike completamente
alterado—. Estás poniendo en riesgo la
misión.
Jane negó con la cabeza,
pensativa. A pesar de su empatía hacia
e l Nocturno, Mike estaba en lo cierto.
De pronto se alejó de él con una idea en
mente, no deseaba compartir la decisión
que acababa de tomar. Así que
abandonó el cuarto sin decir ni una
palabra. Entró en la habitación que
habían asignado al recién llegado. Este
permanecía tumbado en la cama. A
pesar de que ya presentaba un aspecto
más saludable, aún no estaba
completamente repuesto. A fin de
cuentas, había estado al borde de la
muerte por inanición.
—Hola, Dante. —Saludó al
vampiro, quien en respuesta se esforzó
por esbozar una breve sonrisa—
Tenemos que hablar.
El interpelado no se mostró
sorprendido. En realidad había esperado
ese momento desde su llegada la noche
anterior.—
Jane, hay cosas que
desconoces, es importante… —un
repentino ataque de tos le interrumpió.
—Tómatelo con calma. Lo
primero es encontrar el modo de que
recuperes tus fuerzas —Jane se sentó en
el borde de la cama y tomó las manos
del vampiro entre las suyas.
Con los párpados pesándole,
Dante alzó la vista buscando los ojos de
su amiga. En realidad no fue necesario
que ella dijera nada, el Nocturno sabía
perfectamente cuál era el problema.
—No hay suficiente sangre para
dos vampiros… —Dante sonrió
intentando ocultar su aprensión.
Jane no desvió la mirada. De
haberlo hecho habría sido una falta de
consideración hacia él.
—Así es, y aunque existe una
solución… es arriesgado debido a tu
salud…
—¿Cuál es? Sea lo que sea será
mejor que morir de sed —argumentó
Dante tratando de restarle importancia.
—Ellis desarrolló una cura para
el Virus Z. Esta se basa en el uso de las
células madre humanas… pero, también
encontró el modo de convertir a los
Nocturnos de nuevo en humanos.
Dante no supo si le estaba
tomando el pelo. Al cabo de unos
segundos, tuvo la certeza de la
veracidad de las palabras de Jane y un
sentimiento de agobio le sobrevino de
golpe.
—En tu condición de vampiro
nunca te

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