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Libro PDF La conspiración de los ángeles Mysterium 2 Cristina Hermosa Navarro

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lguna vez has percibido el sonido del silencio? El silencio es algo que carece de sonido, te responderás. Pero déjame contarte cuán equivocado estás.
¿Nunca has sentido palpitar sus casi imperceptibles notas ondeando eléctrica y suavemente alrededor de tu cuerpo como cuál presencia invisible pero a la
misma vez sutilmente palpable? ¿Lo has sentido aletear como un inquieto pájaro sobre tus oídos?
Porque desde mi punto de vista, existen muchos tipos de silencios, pueden ser difíciles de discernir pero puedes apreciarlos si prestas la adecuada
atención hacia ellos. Es como cuando coges una pequeña concha de mar e intentas alejarte de cualquier molesto sonido que pueda perturbar tu percepción, de
forma que estás prestando atención hacia el sonido del objeto, la acercas suavemente a tu oído y escuchas atentamente esperando recibir alguna sutil nota.
Es un sonido tan silencioso que casi puede pasar por imaginario, por algo que muchos creen que es ficticio, ilusorio. Y aunque muchas veces te hayas preguntado si
es eso posible, recibir esa resonancia a través de una vacía cáscara, su sonido está ahí, existe, solo tienes que sentirlo, prestar la atención adecuada.
He conocido el incómodo silencio que se encuentra en unos labios sellados que no susurran una sola palabra ni dejan entrever ningún cálido suspiro.
He batallado junto al silencio que se encuentra en una noche vacía y solitaria donde la luna pasa por inexistente y las estrellas a lo lejos se estremecen brillantes y
silenciosamente debatiéndose en la inmensidad del Universo.
He tropezado con un silencio simple, aquel que sientes cuando todo sonido dormita en otros mundos paralelos.
Como ves, he conocido muchos tipos de silencios, se hicieron eco en mi interior y se fusionaron componiendo una canción que se instaló en mi corazón, y aquella
música de la que anteriormente no escuchaba su letra porque no prestaba la atención adecuada, recorrió los más recónditos rincones de mi interior impregnándome de su
esencia, desgranando sus notas lenta y suavemente en aquella oscuridad inusual, salpicándome cálidamente con sus misterios, embriagándome con ellos.
Ya sabes que la voz del silencioso mundo existe, que aletea como pájaro invisible cerca de ti, y para sumergirte en su canción solo tienes que prestar la atención
adecuada.
Pero existe otra clase de silencio para mí parecer el peor de todos los existentes: el silencio de un mundo que se rebela a la mismísima muerte y espera paciente su
castigo.

LIBRO UNO:
EVANGELINE.
D
INVEROSÍMIL.
esperté ante aquel súbito frío que padecía mi cuerpo.
Aun podía percibir la gélida corriente nocturna atravesando los cristales de la ventana de mi habitación. Ya no estábamos en
plena estación de verano y aunque de día todavía seguía haciendo días cálidos, la característica helada nocturna propia de la
época empezaba a hacer presencia en cada noche. Me desperecé como un silencioso y orgulloso gato. Sin todavía levantarme de
la cama miré a través de la ventana comprobando que la luz de sol todavía no penetraba en la estancia y por su posición,
parecía que aun tardaría en asomar completamente. Un par de horas, quizá. Y suspiré con una sonrisa en mis labios ante el
recuerdo de la noche.
¿Frío? Me pregunté de pronto mental y súbitamente ante aquel hecho que me pareció de lo más ilógico, pues mi temperatura corporal debería de ser precisamente
la contraria con respecto a mi compañía nocturna. Aun atolondrada debido al recién despertar y a las escasas horas de sueño, sin todavía poder abrir completa y
despejadamente los ojos y con la mente todavía adormecida, me preguntaba que habría ocurrido en el transcurso de la noche. Recordaba perfectamente que Amadeus
estaba conmigo en esa misma cama aunque las sábanas en su perfecta posición no daban a entender que alguien más hubiera estado en sus adentros, sino todo lo
contrario, como si en ellas no hubiera habido apenas movimiento. Comprobé la estancia en busca de algo que delatara su presencia de momentos atrás y al no encontrar
ningún indicio ni señal me pregunté si no habría sido nuevamente un sueño que parecía ser demasiado real. Y aquello me ofuscó, el hecho de no poder distinguir lo que
era real y lo que no. Y de pronto pensando de tal manera sentí que algo hizo clic y encajó como una pieza de puzle en mi interior haciendo que lo comprendiera todo,
fue entonces cuando lo tuve más claro que nunca: tenía que hablar con él y averiguar ciertas cosas que rondaban por mi mente sin encontrar respuesta. Lógica y sensata
al menos.
¿En qué momento finalizó lo real y me personé en el misterioso mundo de los sueños? ¿En qué ocasión hallé y abrí la puerta que siendo traspasada me conduciría a
la nigromancia de un mundo fantásticamente irreal? ¿En qué instante abandoné tanto lo real como lo irreal para navegar hacia un mundo donde sólo tu alma puede entrar
a viajar? ¿Realmente es eso posible o se trataba de una mala jugada de mi imaginación desbocada y aletargada tras su reciente despertar?
No era la primera vez que sucedía algo así dado que las primeras veces en las que se me apareció fue de ese modo, de una manera en la que parece ser un sueño que
realmente no es. Incluso antes de conocerle había padecido ese tipo de extraños y vívidos sueños. Pero a decir verdad, si no hubiera sido porque las cámaras me
mostraron una rotunda e innegable respuesta, habría creído que tan sólo era un simple sueño o imaginaciones mías. Me habría dejado guiar por la lógica, por el camino
más sencillo. No porque sea una persona realmente cerrada sino porque aquel tipo de cosas costaban mucho de asimilar sobre todo si sueles ser escéptico ante ciertos
temas. Ya evaporado el sueño que antes me atolondraba y con interrogantes varios rondando en mi cabeza, estaba segura de que no podría dormir un solo minuto más.
Dándolo por imposible, me levanté, me aseé, cepillé mi cabello y me vestí rápidamente, y con un objetivo marcado en mi mente salí de la habitación tan pronto como
pude hacerlo a pesar de ser consciente de lo temprano que era y sin importarme en absoluto aquel hecho. Necesitaba respuestas. Y las necesitaba en ese preciso
momento. Esta vez no podía dejarlo pasar como en muchas otras ocasiones anteriores había hecho con algunas cosas quizá menos importantes. Y esto sí era importante.
Ningún libro podría ayudarme, solo él podría hacerlo, solo él disponía de las respuestas que mi mente imploraba conocer. Él era el libro que necesitaba, en sus páginas
estaba la respuesta.
Deslicé mis pies silenciosamente, tan silenciosamente que parecía que volara a ras de suelo mecida por un invisible viento. Con paso cauteloso y casi mudo, me
dirigí hacia la puerta dispuesta a salir sin provocar un solo sonido que alertara a mi familia de mis intenciones. Pero parece ser que cuando más empeño pones en no
hacer ruido, contra tu voluntad más ruido consigues producir. Pues tras colocar la mano en el tirador de la puerta y tirar de él como a cámara lenta, al abrir, las bisagras
de la puerta de mi habitación cantaron chirriando molestamente, y con el objetivo de no repetir aquel desagradable sonido que destacaba en el silencio propio de la
noche, no me molesté en cerrarla. Seguí andando con la mayor cautela y sigilo posibles para atravesar el pasillo sin siquiera detenerme a encender ninguna luz para que
ésta no entrase por las rendijas de las puertas y penetrasen en la oscuridad absoluta de las habitaciones donde mi familia dormitaba, evitando así despertarles. De
cuclillas, aún no había llegado al tramo de escaleras andando en la oscuridad cuando escuché tras mis espaldas el sonido sibilante de otra puerta al abrirse y detuve mis
pasos evitando hacer ningún sonido que adivinase mi presencia y quedándome quieta sin pestañear siquiera. Contuve la respiración. La luz se encendió en el pasillo
delatando la posición que ocupaba mi figura. No fue realmente una sorpresa, pues no me extrañaba que alguien se hubiera percatado tras aquel molesto crujir de la
madera que tan perceptible había sido en el silencio total y opaco de la noche.
—¿Dónde vas a estas horas Evangeline? ¿Te encuentras bien? —me interceptó mi madre asustada y frotándose los ojos debido al sueño. No le faltaba razón, por
supuesto.
—Necesito comprobar algo antes de que empiece a volverme loca. Eso es todo, tranquila mamá, vuelve a acostarte y descansa por favor —le tranquilicé—.
Hablaremos más tarde y te lo contaré todo. Pero ahora necesito hacer un par de averiguaciones —le aclaré antes de seguir mi camino—. O más bien intentarlo.
—¿Crees que voy a poder descansar cuando veo que mi hija, preocupada por volverse loca, sale a estas tempranas horas de casa? —me preguntó un tanto
irónicamente —Todavía no ha amanecido, no podré conciliar nuevamente el sueño si no se al menos cual es el motivo que ha perturbado el tuyo, sin saber dónde vas o
qué te ocurre Evangeline, la preocupación me consumiría.
—No me voy lejos mamá, como mucho estaré por los alrededores de casa. Agradezco tu preocupación y comprendo tu posición como madre, pero quédate
tranquila, soy mayorcita para saber lo que hago —le dije sonriendo y de la manera más apaciguadora y quitando hierro al asunto con el fin de que pudiera estar
tranquila.
Escuché el sonido de otra puerta al abrirse y la cara de mi hermano apareció por el resquicio. Tras sus pasos, apareció el peludito de la familia, mirando a ambos
lados y en todas direcciones sin saber que ocurría. Mi hermano parecía no poder abrir los ojos ante el enorme sueño que padecía al igual que hacía escasos momentos me
ocurría a mí.
—He escuchado voces —dijo mientras nos miraba intermitentemente a cada una, aclarando así el motivo por el cual había salido—. ¿Ha ocurrido algo? ¿Qué hora
es? ¿Dónde vas tan pronto Evan? —me preguntó al percatarse de que iba vestida con ropa de calle y no con el pijama—. ¿Qué ha pasado? ¿Han llamado al timbre a
estas horas?
—Pareces una metralleta que en vez de disparar balas dispara preguntas —le respondí riendo ante la sarta de interrogantes que me disparó sin apenas pausa entre
cada uno de ellas—. Tranquilo pequeño, no ocurre nada, solo iba a comprobar algo.
Sonrió maliciosamente ante mi afirmación y mi madre tampoco pudo evitar reír ante aquello.
—¿No ha vuelto a ocurrir nada extraño, verdad? —preguntó esta vez preocupado y deslizando el cuello, como si intentase escuchar algo anormal que proviniera de
otro lugar de la casa.
—No tranquilo, simplemente necesito respuestas Athan, respuestas que no puedo encontrar en vosotros ni en otro lugar —le expliqué.
—¡Pero podríamos intentarlo Evan! —exclamó animadamente sin perder aquella sonrisa que le caracterizaba—. ¿Por qué no nos lo cuentas e intentamos ayudarte
y en caso de no poder, recurres a otros sujetos? ¿Qué me dices? —dijo guiñándome un ojo pícaramente y frotándose las manos enérgicamente.
—Creo que tu hermano tiene razón cariño, muéstranos tu problema e intentaremos darte respuestas y en caso de no poder: nuestras perspectivas y como último
recurso acudes a otra persona. Es demasiado pronto para preguntar a nadie.
—Está bien —suspiré—. Os espero abajo con las mentes más despejadas y hablamos del tema, para mí es algo serio —dije con voz cansina. Y por cierto —añadí
como si tal cosa—, para alguien que no duerme no es demasiado pronto —sonreí aclarando a quien me dirigía a “molestar”.
Cansina porque sé cuándo he perdido un diálogo o cualquier tipo de intentona, así que prefería acceder a que me ayudaran en ese momento a que mi cabeza
estallara con sus disparos de preguntas a tropel. Solo se preocupaban por mí y eso jamás podría reprochárselo. Bajé al piso inferior y preparé dos tazas de café para mi
madre y para mí, que no nos vendrían nada mal para combatir el frescor nocturno y a la vez despejarnos del sueño. Para mi hermano preparé un tazón de leche con
chocolate como al él le gustaba. Dispuse la mesa, me senté en una de las sillas y esperé a que se reunieran conmigo. Apenas habían pasado quince minutos cuando oí el
rumor de sus pasos aproximándose para poco después ver asomar sus cuerpos en la estancia. Se sentaron enfrente de mí, tomaron sus respectivas tazas e impacientes,
me imploraron para que empezara a hablar. Mi hermano golpeaba con los dedos la mesa en señal de impaciencia y mi madre me miraba de la manera más expectante y
preocupada. Nadie creería sobre lo que íbamos a conversar a aquellas horas como si aquello fuera lo más normal del mundo, como quién va al supermercado a comprar
leche. Pero agradecí inmensamente la predisposición de mi familia en cuanto a ayudarme a disipar mis dudas sin importarles siquiera la hora que era, pues todavía no
había asomado el sol tras el horizonte y cuando salieron a mi encuentro apenas podían abrir los ojos ante el efecto del sueño.
—¿Por qué vosotras dos tenéis café y yo leche? —preguntó Athan mientras miraba el interior de su taza con una mueca de disgusto y le daba un pequeño y
ruidoso sorbo.
—Porque el café te sienta como un tiro Athan y te pone como una moto, lo sabes. Cosa que no te hace ninguna falta y con lo que no tengo ningunas ganas de
verme —le sonreí.
—Vale, tienes razón —afirmó sonriendo pícaramente.
—Recuerdo como te pusiste la última vez que te empeñaste en beber café y té saliste con la tuya. A pesar de impedírtelo lo tomaste cuando me descuidé. No
desearía verme nuevamente con semejante bomba humana —dije entre risas perdiéndome entre aquel recuerdo. En ese momento me hizo gracia recordarlo, pero cuando
sucedió, admito que no tanto.
Mi madre también rió ante aquello.
—Voy a decir esto porque te conozco mejor que la palma de mis manos Athan, déjame narrar la historia enteramente y luego opinas y teorizas todo lo que quieras
como a ti tanto te gusta. ¿De acuerdo? —le pregunté a la vez que le guiñaba un ojo amistosamente, pues no deseaba sonar de manera implorante. Estaba preocupada y
mi tono sonada distante, por eso intenté modular el tono de mi voz con el fin de no sonar grosera o como si estuviera reprendiéndole cuando aquello no era mi intención.
—Prometido —me respondió de manera solemne—. Ni siquiera notarás que estoy presente en la conversación —pronunció mientras realizaba el gesto de sellar
sus labios con una cremallera invisible que después lanzó por los aires y me miró con los labios apretados, como si no pudiera abrirlos. Contuve las ganas de reír ante la
expresión de su cara, pero fue en vano. Siempre me hacía sonreír incluso en mis peores momentos. Tiene esa facilidad de hacerme sonreír, y a mí me encanta.
—Empieza hija, estamos expectantes ante tu problema —intervino mi madre sin poder evitar que el inicio de una pequeña sonrisa contenida se dibujara en sus
labios.—
Bien esto es lo que ocurre: por la noche cuando ya estaba acostada percibí un sonido y al abrir la luz comprobé que Amadeus estaba presente como ocurrió en
las primeras apariciones, a un lado de mi cama. Estuve hablando con él… pero al despertar antes de lo normal, percibí algo extraño, como si no todo lo que hubiera
vivido en la noche fuera real, como si parte de ello no hubiera ocurrido realmente ¿Comprendéis? —les pregunté para comprobar si seguían o advertían el rumbo de la
historia y recibí un asentimiento como respuesta—. Como cuando despiertas de un sueño que aunque ha sido demasiado real, eres consciente de que lo has soñado, no
hay duda.
Les narré todo lo ocurrido y mi perspectiva con todo lujo de detalles y sensaciones vividas mientras ellos me escuchaban más atentos que nunca.
—Esa sensación de que has soñado algo que era demasiado real, no se si me explico —proseguí al ver sus rostros pensativos. Estoy segura de que estuvo allí, pero
no en todo momento en tiempo real.
—Estás queriendo decir que sabes que hay parte de realidad pero a la vez dudas que algunos hechos hayan ocurrido realmente ¿Es así? —preguntó esta vez mi
madre algo confusa, pues el tema lo era aunque no lo pareciera.
—Veo que me has comprendido perfectamente mamá, hay situaciones que por ciertos motivos sé que han ocurrido y otras me resultan más impredecibles, como si
no estuviera segura del todo —le respondí—. No dudo que al principio estuviera allí presente en cuerpo, pero no luego tras dormirme.
Me giré y vi la cara de mi hermano contraída en una mueca de concentración.
—Dispara —le dije sonriendo a mi ensimismado hermano.
—¿Perdona? —me respondió como si mi pregunta le hubiera asombrado realmente.
—Sé que quieres decir algo, dilo antes de que las palabras contenidas hagan que te atragantes —le dije riendo.
Sonrió de nuevo ante aquello. A veces parecía que nuestras mentes estuvieran conectadas y supiéramos lo que cada uno va a decir y aquello nos hacía estallar en
sonoras carcajadas.
—Está bien —dijo mientras intentaba volver a estar serio—. En caso de ser como tú dices: ¿en qué momento lo real deja de serlo, en qué momento crees que ocurre
ese cambio de parecer? ¿en qué momento se atraviesa la delgada línea que separa ambos mundos? —me preguntó.
—Si es que eso es posible claro —musitó mi madre anticipándose a mi respuesta—. Pues solo podemos hacer meras suposiciones y conjeturas, como siempre —
concluyó abatida.
—Eso es precisamente lo que me disponía a averiguar porque no puedo distinguir la línea que separa lo que viví de lo qué no, y es eso lo que más me frustra de
todo este asunto. Al igual que también me pregunto si es eso posible.
—Visto lo visto, ya no me sorprendería nada —murmuró esta vez mi hermano.
—Ya sabes cuál es la fuente más directa de la que puedes obtener información de primera mano… de primera mano —dijo mi madre recalcando y haciendo hincapié
en esas tres últimas palabras y dejando la respuesta en el aire.
—Solo tienes que preguntarle a tu fantasma, seguro que él tiene las respuestas a muchas de las preguntas que nos hacemos constantemente —dijo esta vez mi
hermano como si hubiera descubierto un planeta o continente nuevo.
—¿Y a dónde crees que me dirigía antes de que me acorralaseis en pleno pasillo deteniendo mis pasos? —le respondí sarcásticamente mientras alzaba las cejas—.
Ya os lo mencioné antes, para él nunca es demasiado pronto o tarde, simplemente un momento en el tiempo.
—¿Y cómo acude a tu llamada? ¿Le llamas por alguna especie de teléfono fantasma-humano y te recibe, como una especie de walkie talkie como esos que teníamos
cuando éramos pequeños y pasábamos el día jugando? —dijo de manera irónica mientras irrumpía en estruendosas carcajadas, aunque sabía que en el fondo se moría de
curiosidad por saberlo. Tras su risa y fallido intento de mostrar indiferencia, intentaba aunque no podía, contener o disimular su inminente curiosidad hacia aquel hecho.
Pequeño demonio… pensé en mis adentros aunque no pude evitar reírme ante sus ocurrencias. Un teléfono que pudiera comunicar a los humanos con los que ya
están muertos; lo que había que escuchar, por todos los dioses. Negué con la cabeza como si aquello pudiera desechar aquella idea tan irracional como absurda y
disparatada.
—¿Cómo has dicho? —preguntó mi madre saliendo de su atolondramiento.
—Un teléfono que pudiera comunicar a los habitantes de los dos mundos, los muertos y los no-muertos ¿Por qué? —le respondió Athan un tanto extrañado ante el
repentino interés de mi madre hacia aquello que no parecía ser más que una tontería, algo estúpido, improbable y sacado de una película de ciencia ficción.
—Nada… cosas mías —pronunció ella mientras volvió a quedarse sumida, meditando entre sus pensamientos.
La miré y el pesar me inundó por completo empañando mis ojos de lágrimas las cuales no permití dejar caer. Sé que daría lo imposible por volver a escuchar a mi
padre, por verle y tenerle enfrente una vez más o mínimamente escuchar de nuevo aquella voz que se perdía en el olvido del recuerdo.
—Iba a probar con algo más fácil como pronunciar su nombre, lla

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