---------------

Libro PDF La respuesta del milenio Maria Gema Salvador

http://i.imgbox.com/XtPdXmF9.jpg

Descargar  Libro PDF La respuesta del milenio  Maria Gema Salvador


pasando es una locura, la gente está
desesperada, por culpa de una
interpretación de la Biblia se dice que el
mundo va a
acabarse dentro de tres días el 31 de
diciembre de 999. Nunca he visto cosa igual,
los
ricos regalan sus bienes por aquello de que
los ricos no entrarán en el reino de los
cielos y los pobres no los quieren.
No está bien dudar de la verdad y la Biblia
es la palabra de Dios, pero no dejo de
hacerme preguntas y mi cabeza es un
hervidero de ellas. Aquí en mi refugio creo
que
me estoy volviendo loco. Me enseñaron en el
convento a ser piadoso y obediente con la
regla, a ser humilde y no discutir a la Iglesia
de Dios. Sin embargo hay dudas en mi
corazón y ya no sé si iré al cielo.
De todos los hermanos de aquí solo hay uno
en quien puedo confiar, es el padre
Nicodemo, un sabio entre los sabios.
Centenario y ciego (apenas ve un resquicio
de luz)
confiesa a muchos de nosotros y nos
reconforta en estos días de oscuridad.
Dice que su espíritu está abatido por los
tremendos castigos que le esperan a la
humanidad y que cuando llegue el año mil
que sigue al año mil, el hombre habrá
avanzado tanto en sus inventos que se creerá
Dios y el amor entre los hermanos se
enfriará.
4
Los tres días han pasado y el fin del mundo
no ha ocurrido. Quizás tengamos que
esperar otros mil años para que esto ocurra,
pero el miedo persiste en los corazones.
Después de muchas generaciones, habrá
falsos profetas como en los tiempos de Enoc y
Noé y las ciudades darán cabida a multitud
de pecados y vicios para los hombres
superando a Sodoma y Gomorra.
5
El padre Nicodemo llegó a los ciento
veintidós años. Predijo muchas cosas que se
cumplieron después. Pero en su vida hizo
todo por agradar a Cristo. Murió santo como
santo había vivido y escribió multitud de
escritos verdaderamente asombrosos.
Lamentablemente muchos se perdieron
después en un gran incendio que se produjo
en
el siglo XIV. Los pocos manuscritos que
quedaron se consideraron perdidos hasta
que
un día un estudiante de teología en Roma los
encontró en una pequeña biblioteca de
París. Lo más curiosos es que nadie les
prestara atención y solo a base de paciencia
este hermano los estudiara y diera a conocer
para la posteridad a la orden.
Los relatos encontrados parecen simples
narraciones de terror y misterio, pero
encierran verdades ocultas.
6
Yaweh en ti pongo mi esperanza y confío en
tu palabra
7
Ya fue predicho hace siglos por el profeta
Daniel que el mundo en los postreros días
tendría un aumento del conocimiento como
en ninguna otra época.
8
Manuscrito hallado en la biblioteca nacional
de Paris
9
Tres Noches en la Abadía
10
Era una noche horrible, fría y oscura
como solo pueden ser las de invierno.
No había estrellas en el cielo y apenas
luz, pues la luna no había salido y
los caminos estaban solitarios. Acaba de
dar la campana de la medianoche
cuando llegué a la Abadía. La tormenta
era aterradora y los truenos y rayos
dibujaban grotescas figuras en la bóveda
celeste. No sabía ni cuando ni
porque había llegado hasta ahí. Estaba a
años luz de mi casa y muerta de
frío y hambre pues hacía dos días que no
comía apenas. Me habían dicho
que alguien me recogería en la pequeña
estación, pero nadie vino a
recogerme y acarreando mi baúl tuve
que andar a cuestas todo el camino.
No encontré a nadie que quisiera
llevarme y la noche se me echó encima.
No siquiera sabia si iba a topar con
alguna persona. Me parecía un lugar
aislado e inhóspito, pero no tenía otro
lugar a donde ir. Mi padre había
muerto y mi madrastra no me podía tener
con ella, así que me mandó a la
casa de un párroco para que le sirviera.
Solo que tardé mucho tiempo en
llegar y al ver aquel lugar se me cayó el
alma a los pies, pues seguramente
tenía que haberme equivocado, no había
ningún párroco allí con ese
nombre. Pero ya no podía volverme
atrás. Confiaba en la suerte y en mi
desespero. Miré bien el lugar, parecía
en ruinas y no se veía ni oía nada.
Armándome de valor llamé a la puerta
Yo era tan pequeña que tuve que
11
ponerme de puntillas para alcanzar la
aldaba. Solo oí el viento rugir y la
tormenta recrudecerse con mas fuerza y
violencia. Casi sin darme cuenta
me salió una figura recostada en el
marco de la puerta Era una mujer mayor
vestida de negro quien mirándome de
arriba abajo me preguntó que
deseaba
-Soy Minie Cahoon señora, hace unos
días mi madrastra escribió al
reverendo para contestar a su petición
de una sirvienta y aquí estoy
-Ya veo, y no creo que dures en el
puesto mucho tiempo jovencita,
ninguna ha durado más de dos días
¿Por qué señora?-le pregunte con esa
impaciencia de la juventud
-Porque no eran lo suficientemente
fuertes para soportarlo-contestó la vieja
riéndose, -pero entra, no te quedes ahí
afuera
Lo que vislumbré al pasar adentro me
hizo sentir un escalofrío, apenas se
veían muebles y los que se veían estaban
cubiertos de polvo. Las sombras
acechaban en el interior y la luz de las
velas era escasa e insuficiente para
poder vislumbrar lo que se ocultaba tras
las puertas. Casi no pude ver ni por
donde pasaba siguiendo a la vieja por
estrechos corredores oscuros y fríos.
Luego la mujer que me abrió la puerta
me preguntó si quería comer algo y
al responderle que si, me llevó a una
cocina labrada en piedra tan vieja y
antigua como su ama. La señora
Skefinton que era el nombre de la
anciana
dama, me dijo que era el ama de llaves y
que había servido al reverendo
durante más de cuarenta años. Tenía
tanta hambre que cuando me puso el
12
plato sobre la mesa lo devoré al
instante. Nada mas era una sopa con
queso
y algo de pan, un té y un poco de
mantequilla, pero para mi fue un manjar
exquisito
-¿Tenias hambre eh niña?- dijo el ama
de llaves mirándome fijamente
-Si, señora Skefinton, hacia dos días que
apenas comía. ¿Y el reverendo?
-Esta noche no vendrá, ha tenido que
salir, pero mañana le conocerás ya lo
creo y seguro que se alegrará de verte
-Eso espero señora Skefinton
-¡Oh si eso te lo puedo asegurar
jovencita!, pero ahora será mejor que te
acuestes porque mañana te tienes que
levantar muy pronto para atender al
reverendo y la casa
-Si, señora
-Voy a mostrarte tu habitación,
Subimos unas escaleras tan estrechas y
largas que creí no iba a llegar
nunca .la señora Skefinton me precedía
portando una bujía y las sombras
que hacían nuestros cuerpos, nos hacían
parecer gigantes. Se paró por fin
ante una puerta
-Esta será tu alcoba, como verás no es
gran cosa, pero bastará.
Había una cama de hierro, una
palangana y una silla, una única ventana
permitía que entrara la luz del exterior.
La ropa tenía que colgarla en un
armario muy pequeño que había en un
rincón.
13
-Te aconsejo que te duermas pronto
niña, porque mañana te levantarás
muy pronto, ya te avisaré
-Buenas noches señora Skefinton
_Buenas noches niña
Superando mi aturdimiento y en cuanto
se cerró la puerta, rápidamente
deshice mi baúl y puse la ropa en el
armario. Me desvestí después y me
puse mi camisón de lana. En aquel
cuarto no había chimenea y hacia un
frío horroroso. El lecho tenia tres
gruesas mantas y aun así tenia frío, por
lo
que puse encima mi capa de viaje y me
acosté enseguida apagando la vela
que había encima de la mesita de noche.
Ya estaba en la abadía, ahora
dependía de mí que me aceptaran en el
puesto. Aunque el viaje había sido
accidentado y nada agradable, por lo
menos la señora Skefinton me había
recibido bien. Debía dar gracias por
eso. Musité una oración antes de
quedarme dormida y pensé en el
reverendo Pattinson ¿cómo sería
viviendo
en aquel siniestro lugar? Pero los ojos
se me fueron cerrando y ya no pude
pensar en nada más.
No sabía que hora sería cuando me
desperté bruscamente en medio de la
noche. Noté el pulso agiotado y la boca
seca, señal de que podía haber
tenido pesadillas, intenté calmarme,
pero no lo logré y tuve que
incorporarme. La tormenta seguía
implacable, la poca luz que entraba por
la ventana ponía los pelos de punta.
Corriendo me puse la bata y las
zapatillas y casi tiritando abrí la puerta
de mi cuarto. Previsoramente había
14
cogido un cabo de vela. Anduve por el
pasillo atenta a cualquier ruido o
movimiento, si la señora Skefinton me
había dicho la verdad, en la casa
solamente estábamos esta noche ella y
yo. Lo primero que me dio la
impresión fue que no acaba nunca de
terminar el pasillo. Se alargaba y
alargaba y yo nunca encontraba la
escalera. Después me serené y pensé
que
todo era producto del nerviosismo; al fin
y al cabo yo no conocía la abadía
y era de noche. Me pareció entonces
escuchar voces que entonaban salmos
¿serian las de los monjes muertos hacia
ya muchos años?, pero solo era el
murmullo del viento Conseguí bajar al
fin a trompicones por la escalera y
llegar a la planta baja donde yo horas
antes había arribado con mi pequeño
baúl. Seguramente la señora Skefinton
dormía a aquellas horas y yo me
encontraba sola, pero me dio la
inquietante sensación de que allí abajo
había alguien. La figura de un gato negro
me salió al encuentro, parecía
llevar algo apresado entre sus fauces,
pero no llegué a verlo bien porque
salió disparado. Fui a parar hasta la
cocina que encontré exactamente igual
a como la había dejado durante la cena
que me sirvió el ama de llaves.
Silenciosa y fría estaba ante mí. Todo
estaba ordenado y parecía que nadie
la hubiera ocupado en siglos. Cogí un
poco de leche de una de las jarras
lecheras que había allí junto a la
fresquera, pero cuando fui a beberla
estaba ácida, la tiré con asco en el
fregadero Solo bebí un poco de agua que
me supo muy raro del trinchante y me
marché de allí. Quise ver la capilla,
pero estaba cerrada, así que desistí y al
pasar por la sacristía comprobé que
15
el cuarto del reverendo estaba vacío.
Aun no había llegado. Decidí entonces
que ya estaba bien por esa noche y sin
querer aventurarme mas, fui hasta la
escalera para ir a mi gabinete. Había
largas sombras proyectadas por la
débil luz de la luna, un relámpago se oyó
alo lejos y la casa entera pareció
retumbar. Me tapé los oídos y corriendo,
subí la escalera y atravesando el
pasillo fui a mi alcoba. Durante el
camino, la vela se me apagó a
consecuencia de alguna corriente de aire
y me quedé completamente a
oscuras. Sabía que no estaba muy lejos
de mi alcoba. Faltaban tan solo
unos pocos pasos cuando algo frío pasó
rozándome la cara. Me estremecí
de miedo y traté de gritar, pero el grito
no salió de mi boca y aguardé
incapaz de moverme. Luego aquello
pasó de largo y pude hacer acopio de
valor y llegar a mi destino y
encendiendo otra vela, cerrar la puerta
con el
cerrojo. Me metí en la cama
rápidamente y recé un rato tratando de
quedarme dormida. No podía dormir,
constantemente se me venia a la
cabeza, la sombra que había pasado por
mi lado y su tacto áspero y frío. No
era un animal, me parecía más bien un
ser humano, pero ¿Quién? Me
repetía constantemente ¿Se trataba
quizás del reverendo Pattinson que
había regresado? O, ¿De la señora
Skefinton que me había querido gastar
una broma? Nada de esto me parecía
menos lógico. Solo sabía que yo tenía
que dormir, porque al día siguiente seria
incapaz de levantarme y hacer
bien mi trabajo y eso era vital para mí.
Pero para cuando vino la señora
Skefinton a despertarme apenas había
dormido nada, me dolía la cabeza y
16
mis ojos estaban rojos e hinchados. Sus
repetidos golpes me sobresaltaron
y me di cuenta que había sobrevivido a
mi primera noche en la abadía. Tras
mirarme unos instantes, me preguntó
como había dormido
-Muy mal señora Skefinton, la tormenta
no me ha dejado descansar en
toda la noche
-Es una pena niña, pues hoy que viene el
reverendo, tendrías que tener tu
mejor aspecto, es vital

Web del Autor

Pagina Oficial

Si no sabes descargar mira este video tutorial

[sociallocker]
[popfly]

Descargar 

Leer en online
[/popfly] [/sociallocker]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
---------