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Libro PDF Las fantasías de Sensueye Helen A. Campbell

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Me encanta tener el sexo de un hombre en mi boca, me fascina saber darle el mayor placer, saber volverle loco, lamer su sexo con esmero mientras yo me vuelvo aún más
loca, y lo hago muy lentamente para alargar la excitación; y que sienta como mi lengua recoge mi saliva y la sitúa en el glande para luego, con su punta, presionarla
mientras mis labios absorben el líquido, y luego bajar hasta los testículos para beber de nuevo…
Me excita pensar que te haré la mejor felación de tu vida, para que me recuerdes así, escondida entre mi melena andaluza, dominando tu verga…, mi esclava…
Mi esclava…, sumisa a mí, a mis necesidades. Me encanta dominar la situación, es la ventaja de ser una puta loca; tener la seguridad de que te va a encantar…, no se
trata de tener experiencia, se trata de estar segura, de hacerte disfrutar y disfrutar contigo, de sentir lo mismo, de ver tu pene crecer y protegerlo, cuidarlo, mimarlo…,
hacerlo feliz…
Tener la seguridad de poseer lo más importante para un hombre, aquello que le hace comportarse como un buen dragón, aquello que le convierte en un animal y le hace
olvidar quién es; que le hace quedarse en blanco por un momento y concentrarse sólo en mi boca. Tu sexo totalmente húmedo, opuesto a tu boca, seca tras mi primer
lametazo. Chuparé hasta que tu respiración se acelere contra la pared del corazón: haré que tu excitación llegue al clímax y se convierta en el manantial caliente que se
esparcirá por mi boca y me tragaré tu esencia…
Mi lengua se pierde entre tus testículos acercándose al principio de tu ano…, jadeas…, con la palma los levanto y los muerdo sólo con los labios porque ya he
escondido mis dientes de vampira.
Giro mi cabeza para que tengas visibilidad y tus alas se abran para empezar a volar.
Aparto mi cabello que acaricia tu muslo derecho como una pluma. Te miro y veo tus ojos fundidos con mis labios. Mis dedos bajan en círculos hasta el final de tu pene,
aprieto la mano y dejo al descubierto parte de tu miembro y tu glande resplandeciente. Saco mi lengua, muy despacio, como una víbora que primero observa a su presa
antes de atacar. Acerco la punta de la lengua justo donde acaba tu piel y empieza la cabeza del deseo. Sin separarla de tu piel dibujo tu circunferencia y la deslizo muy
despacio haciendo una espiral…, subiendo en círculos hasta llegar al prepucio que se abre para respirar al presionarlo con la lengua. Abro la mano para observar el largo
recorrido que te llevará a conocer el éxtasis; la deslizo suavemente y te acaricio los testículos.
Giro de nuevo la cabeza, mi lengua gira conmigo sin separarse de tu piel, mis labios se acercan y besan suavemente la punta de tu falo. Bajo los labios por todo tu sexo,
con la boca entreabierta, los dientes escondidos y la lengua entre ellos. Empiezo a masturbarte con ellos, deslizando tu piel de arriba abajo, pruebo tu sabor, me excita
poseerte, ver como va creciendo en segundos, como se estira creando la perfección, como se estimula con el tacto de mi saliva, como se convierte en una puta loca como
yo.
Aumento la velocidad y cada vez camino más deprisa por el trayecto de tu falo. Juego con las manos, los labios y la lengua para provocarte, para alargar el placer
ansiado. Abro tus piernas, sitúo mis manos bajo tu culo y lo atraigo hacia mí. Tu miembro al moverse choca contra mi cara y empiezas a gemir. Saco toda la lengua y
lamo tu pene desde abajo, con la boca abierta, sin rozarte con los labios, lengüetazos suaves como si me estuviera comiendo un helado que no quiero que se derrita.
Lametones ardientes y cálidos, desde el principio del tronco hasta el glande, desde el glande hasta el principio, de arriba abajo hasta limpiarlo y pringarlo de mi olor,
hasta llegar a la punta. Pongo la cabeza recta, cierro los ojos, abro los labios, pego la lengua y me la introduzco poco a poco, absorbiendo tu deseo, deslizando mis labios
hasta que tu pene llegue al fondo de mi garganta y la deje allí, encerrada y castigada por ser mala, por haber estado con otras mujeres y no conmigo, secuestrada hasta
que seas consciente de que ahora es mía; apretar mis labios, cerrar la boca para presionar tu carne, para que creas que se te corta la respiración, para que tu cuerpo
tiemble, tu boca se seque y tus manos ya no sientan las esposas.
Mis manos se pierden entre tus nalgas presionando tu ano mientras mis labios aflojan y empiezan a subir dejándote un segundo de pausa, para que controles tu
respiración, escalando por tu pene, lamiéndolo con mi lengua hasta abrir mis ojos y ver de nuevo tu glande, rosado, con la piel totalmente estirada, a punto de explotar
debido al calor que te consume. Eso me excita, abro de nuevo los labios y te lamo otra vez, encajando tu pene perfectamente en el escondite de mi boca, perdiéndose al
chocar contra mis mejillas, apartando mi mano derecha de tu culo para acariciarte los testículos, apretarlos, subirlos y volver de nuevo al miembro para que mis dedos y
mis labios te masturben.
Tu cuerpo empieza a tener convulsiones de gozo, tus ojos me fotografían y retienen en la memoria mis gruesos labios devorando tu pene, imagen que luego te
acompañará en tus masturbaciones. Tus jadeos superan el sonido del tocadiscos, tu cuerpo inconscientemente se acerca al mío, empujando con tus pies mis muslos,
abriendo mis piernas y rozando con tus dedos mi entrepierna que está realmente húmeda, mojada del flujo que quiero compartir contigo, totalmente excitada por devorar
tu verga.
Mi lengua lame de nuevo todo tu miembro, succiona deleitándose, bañándote en un mar de sensaciones excitantes, poniéndotela tan dura, tan erecta, tan mojada que mi
mano se desliza con mucha facilidad cubriendo y mostrando de nuevo tu glande para que yo lo esconda en mi boca, subo y bajo la cabeza, rápidamente, bajo y subo otra
vez con la mano, chupando sin freno, tus gemidos acompañan mi forma de saborearte, sintiendo las ganas que tienes de explotar dentro de mí.
Aprieto mi mano, cierro el puño, agarrándotela con un poco de fuerza pero lo bastante suave para que la piel corra entre mis dedos. Deslizo mis labios hasta llegar al
glande, la dejo quieta y allí mi lengua succiona la punta de tu sexo…, empiezas a exclamar, a gritar… Me giro de nuevo para que puedas observarme, abro muy despacio
los labios, saco la lengua y con ella empiezo allí donde respira, el lugar por donde eyaculas, allí donde más te excita…, deslizo la palma de mi mano por el tronco, cada
vez más deprisa, moviéndola, encajando tu glande en mi lengua para que descanse, almohada que se vuelve loca y se mueve con la misma rapidez que la mano, bailando
con perfecta precisión, más deprisa, más deprisa…, al mismo tiempo que aumentan tus latidos, las palpitaciones de tu cuerpo, tus gemidos y el calor de tu aliento…
Abres tus piernas, tu pie entre las mías presionando mi vagina, tu perfecto miembro al que he vuelto loco y he convertido en una puta que hace lo que yo quiero…, tu
pene que me dice que no puede más, que va a explotar de una sobredosis de excitación…, que tiembla…, mi boca que se abre cuando menos te lo esperas, mis labios que
se deslizan otra vez por tu miembro, tu glande que entra en mi garganta, mi mano que te aprieta los testículos situándose al principio del tronco y con un fuerte
movimiento sube todo el pellejo hasta también meterlo en mi cueva…
Gritas como nunca y eyaculas allí, donde te tengo secuestrado, llenando el fondo de mi garganta de tu semen caliente, de tu áspera esencia que sale por la comisura de
mis labios, dejándolos empapados de tu sabor, pintándolos de color…
Tus ojos no se cierran, están totalmente abiertos, mirándome, observando cada movimiento. Me incorporo, acerco mis pechos a tu cara y te quito las esposas.
En cuanto tus manos se sienten tan liberadas como tu mente, te pones de pie, me levantas, acercando muy despacio tus labios a los míos. Sacas la lengua y me limpias
los restos con paciencia…, eso me excita…, me lames toda la cara, acercas tus manos a mis nalgas y empiezas a besarme, abriendo la boca, enredando tu lengua con la
mía, bebiendo de mi saliva para recuperarte de tu sed…, suavemente, muy despacio…, besos que me encienden más mientras tu mano desabrocha el primer corchete de
mi sexi corsé…
Desabrochas uno detrás de otro, de abajo arriba, liberando mis pulmones, dejando a mi piel respirar.
Tus labios están tan cerca de los míos que luchamos por conseguir el poco aire que hay entre nosotros.
Cada vez que la yema de tu dedo roza mi espalda, mi piel se eriza, mi boca se seca y mis pulmones se expanden para recoger el aire que respiras y así aumentar mis
pechos, que sobresalen del corsé, dejándolos totalmente redondos; perfecto escote para la tentación de esconder tu gran pene dentro de él.
Los minutos que tardas en desabrochar el corpiño se me hacen eternos. Por fin llegas al último corchete que se libera rápidamente; mi espalda se ensancha, mis pechos
se agrandan, mis costillas respiran y mi piel se engancha a tus manos cuando empiezan a deslizarse desde mi sol hasta mi nuca. Allí las detienes, me agarras el cuello, lo
estiras como una bailarina, acercas tus labios y me besas lentamente.
Me hundo en tu lengua y no soy consciente de que giras mi cuerpo y me tumbas en el sofá. Teniéndome tendida, te acercas, deslizas un tirante seguido del otro y
apartas el corsé.
Te quedas de pie, observando mi torso desnudo, mi cabello ondulado y largo que tapa uno de mis pezones, mi otro pecho que al fin está libre, mis costillas que respiran,
mi vientre plano y el comienzo de mi tanga con sabor a champán.
Acercas tu mano para apartarme el cabello y dejar al descubierto mi seno. Al rozar tus dedos con mi piel siento un pequeño escalofrío de placer.
Sigues dibujando mi cuerpo con tu mirada hasta llegar a la cintura, abrir mis piernas, situar tu cuerpo entre ellas y empezar a acariciarme todo el torso.
Me masajeas el cuello, el busto, los brazos, la cintura, el pubis. Introduces las manos en el interior del tanga y tiras de él hacia abajo, muy poco a poco. Me vuelvo loca
y la humedad de mi vagina se desprende del encaje…
Siempre me ha resultado realmente excitante que me quiten la ropa interior, así, lentamente, sintiendo el roce de cada tira bajando por mis muslos, saltando las rodillas y
despidiéndose en los tobillos.
Colocas la palma de tu mano derecha en mi vagina para recoger mi flujo; yo estiro la espalda por tu sofá, alargando el pubis y acercando mi cuerpo al tuyo.
Mi fogosidad te ayuda a que con mucha facilidad pierdas un dedo dentro de mí, enviándolo al fondo, moviéndolo en círculos mientras yo me estremezco de placer y
gimo bajo tu atenta mirada.
Me muevo con los ojos cerrados y me sorprendo al sentir tu lengua lamiendo mi clítoris.
Jadeo…, ¡joder!, por fin un dragón que sabe lanzar su llama. Acaricias mis labios vaginales tan despacio que aumenta el calor, lo haces sólo con la punta, como si tu
boca no existiera, sólo lengüetazos, muy despacio, probando mi sabor hasta que mi olor se te inyecte como una droga y te enganches a él, probando poco a poco hasta
que constates que nunca habías saboreado nada igual a mi pequeña vagina, con sus labios asimétricos, totalmente depilada…, mi flujo que se mezcla con tu saliva y
huele a placer, a una excitación que empieza a ser descontrolada por mi parte y un deseo entendible por la tuya.
Tu dedo dentro de mi vagina se mueve lentamente rozando las paredes y luego entra bruscamente hasta el fondo. Tu lengua lame todo mi pubis, baja por el centro y se
detiene en el clítoris. Allí baila con él, lo moja, lo mueve dándole vueltas hasta que sale como una flor escondida, abriendo sus pétalos ante tus ojos, hinchándose de
deseo, pidiéndote a gritos que te quedes para siempre, pues nadie me había hecho estremecer así, hundiendo mi cuerpo en tu desordenado sofá, hundiéndome en el vacío
del sexo, gritando por el calor desconocido que recorre mi cuerpo, volviéndome una puta loca.
Mi mente se descontrola cuando acercas tus labios y recoges con ellos toda la saliva esparcida por mis labios, cuando sacas el dedo y abres la boca para absorber mi
supuración, secar mi sudor y comerte cada milímetro de mi sexo, con una mano ya postrada apretando mi pecho y la otra jugando a no encontrar tu lengua y alcanzar mi
clítoris, el principio de mi vagina o de mi ano.
Apoyo los pies, doblo las rodillas, abro las piernas, arqueo la espalda, subo las nalgas hasta que tu cara se funde con mi entrepierna, cierro los puños y me agarro a tu
pelo, echo la cabeza hacia atrás, cierro los ojos y me preparo para tener un gran orgasmo…
Introduces la lengua dentro de mi cueva, tu dedo que presiona mi ano, mi cuerpo convulsiona, tiembla de placer, mi mente libre de pecado, llena de tentaciones y deseos
porque no quiero que acabe este vuelo, porque quiero que seas el piloto de todos mis viajes, que exploremos juntos nuestros cuerpos, que lleguemos a ser adictos al
sexo, que te introduzcas en mí, que me penetres, que me conviertas en tu amante, en tu mujer y en la puta de tus sueños.
Grito que no pares cuando ya mi sexo y tu lengua se han convertido en el mismo ser, cuando tu saliva se introduce por todos los pliegues y tu sed se calma bebiendo de
él, cuando me introduces dos dedos, llegas al fondo de mi cavidad y los dejas allí, quietos y en silencio, presionando hasta llegar a mi esencia, con tu lengua que no para
de hablar a mi clítoris…, habla muy deprisa, tan deprisa que me pierdo, que no la entiendo, que me vuelve loca, que hace que golpee con los puños los cojines de tu
sofá, que hace que estire el cuerpo, intentando alargar el placer que no quiero que aterrice…
Llego al éxtasis mientras mi cuerpo tiembla como nunca, mi vientre se queda vacío, tus dedos se inundan con la lluvia de mi flujo, el silencio se rompe con el calor, la
música se para al observar nuestros cuerpos; el de un dragón escondido entre la maravillosa pradera de una princesa, y la de una puta loca, tumbada, poderosa, rica en
erotismo, orgullosa de tenerte en mi propia secta…, la de mi cuerpo… disfrutando de la calma y el descanso que necesita mi mente para volver a la realidad; abrir los
ojos, verte sonreír y ver tu pene totalmente erecto esperándome…
Tu miembro…, acabo de llegar al clímax y estoy excitada de nuevo…, me siento encima de ti, con las piernas rodeando tu cintura, ahogando tu pene contra tu vientre y
moviéndome con clase, con sensualidad, haciendo que mis senos se muevan como plumas y mis labios devoren tu boca, el lóbulo de tu oreja, tu moreno cuello que huele
a miel…, tu boca…, tus manos…, que se pierden desde mi nuca hasta mis nalgas y me aprietan el trasero, lo suben y lo acercan a tus testículos…
Hacía tanto tiempo que no estaba tan excitada…, el saber que estaré horas entre tus brazos, el saber que esta noche cenaré otra vez tu falo, que me lo comeré aún con
más ganas, que haré de esta noche el mayor recuerdo sexual de tu vida, que haré que te entren ganas de llamarme en cuanto me vaya de tu piso, que te enganches a mí y
yo a ti, como dos drogadictos sexuales que tienen mono el uno del otro…
Pufff…, como estoy… tan tan excitada…, con la vagina de nuevo totalmente mojada, elevando las nalgas cojo con la mano tu miembro y lo introduzco dentro de mí
consciente de que por una vez no quiero protección porque me he vuelto loca y quiero sentirla, quiero sentir tu piel fundirse con mi interior, sentir como tu glande me
llega al fondo y escarba en él…, tu pene, que me penetra de golpe, en posición recta, clavándose con vigor, provocando al compás gemidos, jadeos…, gritos
compartidos…, los tuyos que aumentan cuando empiezo a moverme rápidamente, a salir de ti hasta el glande y volver a sentarme en tus piernas, volver a subir hasta
deslizar toda tu piel y volver a sentirme y chocar mis nalgas con tus muslos…, gemidos que aumentan cuando te cabalgo con fuerza y saco mi lengua para rozarla con la
tuya…, jadeos que aumentan cuando coloco una de tus manos en mis pechos para que los aprietes y acercas tu boca para comérmelos y morderlos…, gemidos, jadeos y
gritos…, sexo, sexo, sexo…, tu forma de penetrarme, tu deseo descontrolado y ese calor que siento con tu sexo dentro hasta que veo tu cara disparatada, me aparto y
eyaculas en mi pubis mientras yo lo hago con tu mano en mi clítoris…
III
Déjame
El agua cae sobre mis cabellos, aplastando mi corta melena contra mi piel, como si los mechones quisieran enredarse en mi cuello y ahogarme. Intento respirar con la
cabeza agachada, los ojos cerrados que lloran lágrimas de un agua que no sale de mis ojos, mi boca medio abierta para poder respirar, mis manos apoyadas contra la
pared de esta ducha acristalada y transparente, un cristal ya opaco con el vapor que he creado al estar minutos sin moverme pensando en ti, pensando que un día más
no cumpliste tu palabra, que esa prometida llamada en la que ansiaba escuchar tu voz no llegaba…, un cristal que oculta mi cuerpo tímido y asustado que no entiende
por qué no me quieres así, desnuda…, totalmente desnuda, de la única forma que he querido entregarte mi cuerpo…, triste por pensar que esta semana sólo tendré las
caricias de las gotas que ahora se deslizan por mi piel y que nunca tendré las de tus labios…
No lo puedo soportar, no me puedo soportar, no aguanto este deseo, saber que estás a kilómetros de mí, que no hay mar que nos separe, que si quieres puedo verte,
puedo abrazarte, puedo sonreírte, puedo hablarte, puedo escucharte, puedo acariciarte, sentirte, besarte, lamerte, susurrarte, comerte…, puedo hacerte volar…
Pero tú no quieres volar conmigo, constantemente me rechazas, aunque lo desees, aunque sueñes con ello… tienes miedo…
Cómo decirte que sólo quiero una noche, en la que no hablemos de ese miedo, en la que solamente disfrutemos de nuestros cuerpos, del momento en el que nos
encontramos en aquella isla que siempre vivirá dentro de mí, una noche en la que no hablemos del pasado ni del futuro, una noche en la que nos olvidemos de que
tenemos una vida, que creamos que estamos muertos y que es la única noche que tenemos para compartir.
No lo puedo evitar, te deseo tanto…, este extraño sentimiento que nunca antes había estado en mí. La primera vez que pierdo el control y eres tú el que juegas conmigo
en vez de ser al revés, la primera vez que un hombre me dice que no podría pasar una noche más conmigo porque se volvería loco y luego tendría miedo de volver a su
rutinaria vida…, y yo quiero romper esa rutina, sólo una noche, aquí en mi ciudad, en mi Madrid, y luego verte ir y por fin, después de un mes, sonreír porque al fin
volé a tu lado…, y no temas, pantera, no temas…, no volverás a sufrir, sólo recordarás que una noche de tu vida la pasaste enredado entre las sábanas de una
conocida…
Sólo soy eso, una conocida…, así que no tengas miedo, confía en mí…, déjame que me acerque a ti, que te recoja en esa estación, que te sonría al verte, que te dé un gran
abrazo…, déjame olerte, hundirme por un solo instante en tu piel para mantener ese recuerdo que deseo que cambie durante las siguientes horas…, déjame llevarte en mi
coche hasta un hotel, dejar tu maleta y llevarte a un buen bar a tomarnos unas cervezas y perdernos por las viejas calles de esta ciudad…, déjame que haga bromas
contigo, que me ría contigo, déjame que juegue mientras me pierdo por tu sonrisa…
No tengas miedo, es la hora de acompañarte al hotel…, déjame ser el aire, quedarme de pie delante de ti, esperar que me digas que quieres que suba, que quieres pasar la
noche a mi lado…, o déjame que te bese para no oír más explicaciones, para no oír más reproches…, déjame que hunda mi lengua en la tuya, que acaricie tus labios con
su punta, déjame que te cierre los párpados con mis manos, que esconda mi mano entre tus cabellos y respondas a mis besos…, déjame besarte por última vez…
No tengas miedo, es la hora de subir ajenos a todo en ese ascensor, empotrarnos contra el espejo y besarnos con tanto deseo que mis labios se deslizan desde tus labios
hasta tus lóbulos, mi lengua lame todo tu cuello y mis piernas se enredan en las tuyas. Susurras mi nombre y yo te tapo la boca introduciendo mis dedos en ella…, no
quiero oírte, no quiero que olvides que sólo estás volando, no quiero que pienses, no quiero que te arrepientas…, quiero que te dejes llevar, que sea tu sexo el que
piense, que cada vez aprietes más mi cuerpo contra ese cristal…, déjame que te haga sentir vivo…
No tengas miedo, nadie se enterará de que hemos parado el ascensor, que me has dado la vuelta y ahora mi cara está contra el frío cristal. Tus manos me sujetan la
cintura, suben por debajo de mi camiseta y tocan mis pechos…, los acaricias, bajas mi escote y me sacas los pezones…, los contemplas a través del espejo, redondos,
duros, pequeños, erectos…, los tocas suavemente, acercas tu pelvis y siento tu pene creciendo sobre mi trasero. Me besas el cuello, te vuelves loco, tus manos
empiezan a acariciarme por todo el torso, dejándome sin camiseta y sin sujetador, contemplando mis pechos, observando mis marcadas costillas que se agitan, mi
cintura nerviosa y mi piel erizada…, un segundo, tal vez muchos…
Déjame que me dé la vuelta, que te quite la camiseta, que observe tu pecho, que chupe tus pezones…, déjame que baje con mi lengua saltando tu ombligo, que doble las
rodillas y me ponga a tus pies…, déjame que te desabroche los pantalones y palpe tu enorme falo, que los deslice por tus piernas y pueda lamer lo que más me
enloquece…
Déjame mirarte de nuevo desde abajo, mirarte a esos ojos que sé que me desean, bajarte la ropa interior y mirar de nuevo tu miembro… Acariciarlo con mis manos, jugar
con él, acercarme a olerte, besarte suavemente, subir tus testículos, abrir mis labios, sonreír con mis carnosos labios e introducirme tu pene muy lentamente, sabiendo
que es la última vez que lo tendré dentro de mí, saborearlo, lamerlo de arriba abajo, acariciarlo con mi lengua, perderlo entre mis dedos mientras lo noto en el fondo de mi
garganta y lo saco para mirarlo de nuevo…, déjame hacerte otra vez la mejor felación de tu vida…, déjame…
No tengas miedo, no quiero que esta noche acabe como la anterior, confía en mí. Ponte de pie, bésame con una ansiedad que nunca antes hayas sentido, siéntete libre,
haz conmigo lo que quieras…, esta noche, cariño, es sólo nuestra, es nuestra noche, una única e inolvidable noche… Bájame de mis tacones, desliza mi falda, aparta mi
tanga y penétrame con fuerza, súbeme a tu cintura, agárrate a mi espalda, acaricia mi sol y baila conmigo… Quiero sentir tu sexo dentro de mí, sentir como me empuja,
como me eleva a límites insospechados, como me hace volar…
Déjame apoyarme en tus hombros y moverme sobre ti, salir hasta la punta de tu pene y volver a entrar, quedarme quieta y mirarte a los ojos para quedarme ahí para
siempre, para quedarme a soñar…
Deja que tus jadeos y gritos se mezclen con los míos, deja que los dos tengamos uno de los mayores orgasmos de nue

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