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Libro PDF Natboy El vigilante de la naturaleza Fran Llano

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Greenpeace, The Nature Conservancy,
Earth Action, PNUMA, WWF (World
Wildlife Fund) por su entrega, valentía
y aportación al cuidado de nuestro hogar
el planeta y también la dedico a cada
persona que con su trabajo pone un
granito de arena en esta misión y a todos
aquellos luchadores de mi país
República Dominicana que aportan para
la preservación de nuestro medio
ambiente.
Agradecimientos
Un agradecimiento especial a mi hijo
Gerard Llano por su entrega y trabajo
en la realización de esta obra desde el
principio hasta el final, también a mi
hija Ana Llano a mi esposa Ana
Mercedes y a toda mi familia.
Capitulo 1
El Arrepentimiento
La fundación de investigación ecológica
y vida Silvestre (FIECOVISI) tiene su
oficina principal en la ciudad de San
Francisco estado de California de los
Estados Unidos de América cuenta con
sucursales en el norte, centro y sur del
estado, en el norte tiene oficinas y
colaboración en el condado de Siskiyou,
Modoc, Trinity , sierra nevada, en el
valle Owens como también en la región
de los Ángeles, la fundación había
sostenido reuniones un año antes con el
señor Robert Gwiness fabricante de
artículos de pieles de animales, correas,
carteras, sombreros, guantes, etc; con el
fin de persuadirlo de que desistiera de
seguir realizando esta actividad la cual
hacía daño irreversible a la flora y a la
fauna pero el señor Gwiness se había
negado a dejar su actividad industrial.
La fábrica está situada entre los
condados de Trinity y el condado
Shasta, aunque también posee
propiedades en los bosques de Klamath-
Siskiyou y en los bosques del centro de
California.
El señor Gwiness envió una
comunicación a la fundación en el mes
de diciembre, solicitando una reunión
con la directiva de la fundación, con el
fin de realizarle una propuesta.
La directora ejecutiva de la fundación la
doctora en ecología Miriam Kuperts
informó en una reunión especial a los
demás ejecutivos sobre la solicitud que
había realizado el importante industrial
Gwiness poniéndose de acuerdo en
recibirle el 17 de Febrero del año 2012.
Llegado el plazo el señor Gwiness se
comunicó con la fundación de que
estaría presente en las oficinas más o
menos a las dos de la tarde.
Miriam llamó a su secretaria Devora
Arlins para darles las instrucciones de
organizar el salón de conferencias y
avisarles a los demás sobre la hora del
encuentro que tenían programado.
El señor Robert Gwiness llega al
parqueo de la fundación, se siente
cansado, el viaje ha sido largo y
tedioso; está cayendo una espesa
llovizna, apaga el motor de su vehículo
mira por la ventanilla y hace un gesto
con la boca soplando los labios, suspiró
profundamente recostándose unos
instantes en el espaldar del asiento,
fijando la mirada en el techo del
vehículo, se enderezó, tomó su sombrero
de vaquero color negro, que estaba a su
lado sobre el viejo maletín que siempre
carga; abrió la puerta saliendo del
vehículo, se acomodó el sombrero
encaminándose a la entrada del edificio
con pasos agigantados pero firmes,
subió los dos escalones que le separan
de la entrada, empujó hacia adentro la
puerta de cristal avanzando unos pasos
miró de un lado para otro buscando la
recepción viendo al fondo una joven
rubia muy hermosa sentada detrás de un
mostrador de caoba bien lustrado,
Robert quitándose el sombrero se
dirigió hacia el la joven saludándola
afectuosamente.
—Buenos días preciosa. ―Buenos días
señor. —Contestó ella con una sonrisa.
―¿En qué puedo ayudarle? —preguntó
ella amablemente—. —tengo una
reunión esta tarde con la directiva de la
fundación. —ohh! ¿Usted es el señor
Gwiness?—. —Sí, así es —respondió
él. La joven salió del mostrador, se le
acercó y tendiéndole la mano lo saludó,
—Mucho gusto en conocerlo señor
Gwiness, ―El gusto es mío ―Contestó
el mientras le agarraba la mano a la
joven haciendo una leve reverencia.
―sígame. Dirigiéndose a la puerta del
ascensor que estaba a unos pasos en el
centro del salón, a pesar de las
condiciones climáticas del día en el
salón había varias personas realizando
diferentes diligencias en las oficinas del
primer nivel del edificio.
—Mucha actividad en esta tarde a pesar
de las condiciones del día —Expresó el
señor Gwiness mientras el ascensor
subía hasta el tercer piso. —Sí, así es,
son personas que buscan información
sobre varios aspectos —respondió la
joven. El ascensor se detuvo, se abrió la
puerta y ambos salieron al pasillo, al
fondo se encuentra una amplia puerta de
caoba, se dirigieron hacia ella, la joven
tocó suavemente, respondiéndole
Devora la secretaria —Adelante está
abierto. La joven empujó la puerta
entrando a la estancia seguida por
Gwiness.
Cuando entraron la joven, rubia presentó
al señor Robert Gwiness a Devora
Arlins ―Venga, sígame que ya lo están
esperando en el salón —dijo Devora. Al
llegar al salón los presentes se pusieron
de pie al verlos. —¡Hola señor
Gwiness, cuanto tiempo desde que
fuimos aquella vez —Dijo Miriam
Kuperts dándole un abrazo, ¿Cómo has
estado desde entonces?, —Muy bien a
pesar de todo ―contestó él con buen
ánimo y sonriente. Los demás lo
saludaron con un apretón de mano
dándole la bienvenida. ―Siéntase como
en casa ―le dijo Alan Gehuy con
firmeza. ―Gracias, gracias —Contestó
el señor Gwiness amablemente mientras
los demás tomaban su lugar en la mesa.
Estaban presente la doctora Miriam
Kuperts directora ejecutiva, el doctor
Frank Maynet abogado encargado de los
asuntos legales, Cristina Coopert
encargada del departamento de
contabilidad, Joan Kutey biólogo,
director del departamento de suelo y
vida silvestre y Alan Gehuy biólogo
marino encargado de asuntos acuíferos.
El amplio salón está bien amueblado
para su objetivo, en el centro una amplia
mesa con espacio para quince personas,
del techo cuelgan tres lámparas de
cristal con varias bombillas que
iluminan toda la estancia, a la izquierda
del salón un ventanal cubiertas por
grandes cortinas color lila claro
siguiendo dos mesas pequeñas, en una
hay un jarrón con flores naturales y en la
otra el aparato telefónico, al lado
derecho un librero de gran tamaño y una
vitrina con utensilios de artículos para
oficinas.
―Todos los presentes conocemos al
señor Robert Gwiness, él también nos
conoce, pero si ustedes quieren pueden
presentarse cada uno para iniciar éste
encuentro ―expresó Miriam. Frank
Maynet tomó la iniciativa seguido por
los demás. Todos estaban impacientes
por saber de qué se trataba la propuesta
del señor Gwiness. Miriam fijó sus
grandes ojos azules de mirada intensa y
penetrante en Gwiness, se inclinó un
poco poniendo los antebrazos sobre la
mesa y entrelazando las mano

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