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Libro PDF Nena, tampoco eres para tanto Patricio García

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—Uff, que pereza me da ahora ponerme a rellenar toda la mierda esta. Pero bueno, no queda más remedio. A ver… nombre… Bárbara Walls Martínez.
sexo… menos del que me gustaría…ah bueno hay que elegir, pues femenino claro.
edad… prefiero no ponerla pero es obligatorio…31 años y yo creo que bien llevados.
dirección… calle Alfonsina Storni, 33, ah, no, que lo cambiaron por culpa de ese partido que decía que alguien que se suicidó era un mal ejemplo para los niños y
quedaba mal ponerle ese nombre a una calle, tantos años con la misma dirección y ahora la cambian así de repente, calle Esperanza Aguirre, 33, a ver que más…
ciudad… provincia… nombre de usuario… chicasexy31… está cogido… brujita31… cogido también… cupcake31… gatita31… honeymoon31… joder también
cogido… a ver este no puede estar cogido… barbarawalls31… joder también, a ver si tengo un clon por ahí… barbarawalls_31, bien ese no está.
Ahora la contraseña… cupcake99… justo los que me comería ahora, con lo ricos que están y lo bonitos que son. Bueno a ver ya parece que he terminado de
registrarme. Cuanta pesadez. Y encima el número de la tarjeta.
Bárbara acababa de registrarse en una de las páginas web más conocidas, Hamafon.com, una tienda en la que podía encontrar prácticamente todo a precios muy
económicos. Quería buscar un portátil para escribir la novela que fue moldeando en su mente y esbozando en una libreta comprada en el chino cercano a casa de sus
padres durante su estancia veraniega en Benidorm, y aunque disponía de ordenador de escritorio, teniendo un portátil podía llevárselo al sitio que quisiera, como a su
jardín mientras tomaba té verde antioxidante, en el parque mientras le echaba algo a las palomas o migas de pan a los patos del estanque, o si hacia algún viaje en tren
para superar el largo trayecto.
Su libro titulado “Huyendo del miedo” en el que relataba la desagradable y traumática experiencia de ser blanco de la ira de un asesino perturbado, se publicó con
mucho éxito y eso le dio ánimos para continuar escribiendo. Lo escribió en poco más de un mes, con vistas a la playa y con las palabras surgiendo prácticamente solas
con cada pulsación de las teclas. No obstante eran sus propias vivencias. Recordaba lo mucho que se emocionó a los pocos días de publicarse cuando lo vio en la
sección de literatura del hipermercado al que solía acudir, y como una mujer de mediana edad cargada con una esterilla de aerobic color violeta y una bolsa de cinco kilos
de patatas compraba su libro.
Todo sucedió muy rápido, quizá demasiado. El director de una prestigiosa editorial llamada Libros para gente moderna resultó ser vecino de playa de sus padres, y
al comentarle que la niña pretendía ser escritora no dudó en apoyarla en la publicación. Aquello que para muchos escritores cuesta horrores a ella le sucedió sin apenas
pretenderlo, por lo que el gusanillo de una segunda novela le llamaba.
Las excelentes descripciones del producto, los comentarios de otros usuarios y su buen precio hizo que se decidiera por un portátil de color rosa, un vinilo con varios
cupcakes dibujados para tapar el logo ese tan feo de una manzana mordida, un ratón (también rosa por supuesto, para que fueran a juego) y un maletín de neopreno
para transporte, con tiernas y graciosas fotos de cachorros. Además aprovechó y se compró una tostadora, una cafetera, un exprimidor y una sandwichera, puesto que
en esa web se vendían gran variedad de artículos. Su cerdita Betty ya le estaba frotando su hocico en la pierna pidiendo su ración de paseo matinal.
—Venga pesada, que ya voy a sacarte a pasear, no insistas, espera que desayune y me vista.
Llevaba un pijama de Hello Kitty, pero esta vez era uno diferente pues el otro estaba en la lavadora. Básicamente era el mismo que tenía pero de color lila, del mismo
puesto del mercado donde compró el anterior, y además adquirió para el invierno un monísimo pijama rosa de felpa con una foto de la barbie, que estaba de oferta. Para
desayunar tomó su ración de leche desnatada y cereales light, ahora con menos calorías y más sabor.
El verano ya se encontraba en su recta final, al igual que su excedencia, y al día siguiente tenía que reincorporarse a la esclavitud del trabajo. Si con su recién
descubierta vocación de escritora tenía éxito suficiente hasta se planteaba dejarlo todo para dedicarse exclusivamente a ello. A pesar de que ser bibliotecaria era un
trabajo maravilloso, le dedicaba muchas horas y vivir atrapada en la rutina diaria de coche, usuarios, obligaciones y madrugones no estimulaba lo suficiente su
inspiración, esa que es tan necesaria para los escritores.
Estaba saboreando las mieles de un moderado éxito con su novela y le estaban gustando demasiado. Al editarse durante el verano no hizo ninguna presentación oficial
del libro, pero su equipo editorial le tenía reservada una sorpresa mayúscula para darse a conocer… una presentación a lo grande en uno de los programas más
conocidos de la televisión, Noches de Vino y Rosas, y entrevistada por su presentadora, la gran Elena Formán. En realidad fue fácil conseguirlo pues era la misma
editorial que hacia la publicación de la revista mensual SuperEF, en la que la propia Elena era imagen principal y salía en todas las portadas. Bárbara estaba muy
nerviosa, pues había visto el programa alguna vez y sólo trataba sobre temas del famoseo, y que ella recordara nunca había visto que se presentara un libro allí, así que
sería la primera en hacerlo. Le comentaron que sería una entrevista breve pero muy amable, pues Elena era una mujer fantástica y la trataría muy bien, pero
desgraciadamente la televisión no está hecha para la literatura pues los chismorreos, peleas, insultos y hablar mal de los demás tiene mucha más audiencia que un libro, y
en su equipo editorial pensaron que así podría darse a conocer en un nicho de mercado que no lee habitualmente. Betty insistía otra vez en su paseo, así que Bárbara se
puso las mallas cortas, la camiseta de tirantes y las zapatillas y cogió la correa para pasear a su querida mascota, que se dirigía deprisa hacia la puerta.
Al salir Bárbara respiraba profundamente. Hacía un día estupendo y no había ningún asesino suelto por los alrededores que le estropeara el día intentando matarla.
En ese momento no había ninguno.
2
Desde la biblioteca en la que trabajaba Bárbara se estaba preparando la fiesta del Quinto Aniversario. Ya habían transcurrido casi cinco años desde que el entonces
presidente de la comunidad cortó la cinta de terciopelo que daba acceso a las instalaciones, rodeado de prensa y fotógrafos y luciendo una enorme sonrisa. Se estaba
intentado cuadrar su agenda para que asistiera a tan insigne hecho pero esta vez tenía un par de juicios pendientes por corrupción, acusado de llevarse comisiones por la
venta millonaria de unos terrenos que pertenecían a sus suegros, y por una demanda de acoso sexual por parte de una peluquera. Úrsula y otras compañeras se
encargaban de los preparativos. Ahora que ambas eran vecinas su relación mejoró bastante, pero Úrsula continuaba siendo pretenciosa y creída hasta límites
insospechados. Su relación con el sobrino del vecino asesinado marchaba viento en popa a toda vela, como les gustaba decir a ambos:
—Baldomero y yo estamos muy felices juntos, ambos somos atractivos, nos mantenemos en forma gracias al gimnasio, gozamos de buena posición económica y
follamos como conejos a todas horas, en cualquier lugar que nos apetezca, pero solamente entre nosotros pues somos una pareja monógama y estable.
Para la fiesta se estaba preparando una exposición de uno de los más influyentes y modernos artistas de la zona, Leandro Ferrer, cuyas obras se habían expuesto en
museos de ciudades tan conocidas como Milán, Vancouver, Lyon, Cardiff, Toulouse, Orlando, Oklahoma, Madrid, Lisboa, Atenas, Montreal, Tokyo o Huesca. En su
obra destacaba el compromiso social con el reciclaje, la ambivalencia del ser humano o la reflexión del mundo actual en plena confrontación con las tradiciones
ancestrales. Fue realmente complicado conseguir que un artista con tan apretada agenda encontrara tiempo para colaborar en el acto, pero el dinero que la consejería
destinaba al evento había que gastarlo en algo cultural y ese artista venía recomendado por el consejero de cultura, turismo y deportes, de hecho era primo de su mujer,
así que se hacía necesario contratarle.
La primera ocupación de Bárbara cuando regresara sería ayudar a Úrsula en las actividades, pues estaba cansada de la ineptitud de sus compañeras y en especial de la
de Esmeralda. Le cogió manía desde el principio y ni siquiera la desconexión vacacional de ambas mejoró su relación. Mientras paseaba a Betty, Bárbara se encontró con
Úrsula en plena sesión de running, y tuvo el detalle de tomarse un tiempo para hablar:
—Estoy deseando que vuelvas, estamos preparando los actos del aniversario y necesito alguien un poco competente para ayudarme —le dijo Úrsula después de
tomar un trago de su bebida isotónica.
—¿No va bien la preparación? —preguntó Bárbara algo desconcertada.
—Sí, pero parece que apenas tienen interés en organizarlo. Ya no es solo que vayamos a tener a Leandro, también estoy preparando algunas sorpresas más y parece
que les importa una mierda a los compañeros. Al menos Martín si me ayuda en lo que puede.
—¿Cómo está Martín? Hace tiempo que no sé nada de él. Alguna vez me manda un mensaje pero yo paso de responderle para no darle esperanzas.
—Está bien, y para tu información te diré que te echa de menos. Me pregunta por ti a menudo y solo le digo que estás bien, que ser una escritora en ciernes te sienta
estupendamente. Tenemos que organizarte una presentación de la novela en la biblioteca, y deberás dejar ejemplares por supuesto.
—Ya lo haré después de la entrevista en televisión. ¿Sabes si está con alguien?
—Creo que no. Tampoco le he preguntado la verdad, pero si pregunta por ti quizá no. Fíjate que yo creo que hacíais buena pareja los dos. Ahora, con lo que te
sucedió, has podido comprobar que nunca se puede aspirar a más de lo que se es. Eres una chica del montón y debes aspirar a chicos del montón, no a musculitos ni a
tíos buenos, debes quedarte en la zona intermedia. Y en esa zona está Martín. Te lo digo por tu bien, de amiga a amiga, porque te aprecio.
—Gracias. Pero ¿no deberías estar trabajando?
—Me he tomado el día libre, al ser la responsable puedo hacerlo cuando quiera. Mañana cuando regreses pasa a mi despacho y ya te explico. Te he enviado al email
el cartel y el programa del aniversario para que le eches un vistazo. Voy a seguir que me quedan quince minutos para completar la sesión. Me ha mandado un mensaje
Baldomero y dice que está deseando hacer el amor sobre la mesa del comedor. Hasta mañana.
Bárbara pensaba que a veces Úrsula era demasiado explicita y no necesitaba dar tantas explicaciones. Mencionar a Martín le hizo acordarse de él (obviamente) y
pensó que quizá debería volver a tener un acercamiento pero sin nada serio, solo volver a ser amigos. El pobre la verdad es que se había interesado por ella
preguntándole que cómo se encontraba, deseándole buenos días, diciéndole que le deseaba mucha suerte con su novela, pero ella nunca le respondía. No le dijo nada
durante todo el verano desde el día en que él le pidió volver a estar juntos pero ella le rechazó debido a que prefería estar sola una temporada. Y el pobre Martín ya
desistió en su empeño y dejó de mandarle mensajes con tanta asiduidad, salvo alguno esporádico. Pero esa temporada ya tendría que ir acabando y la vuelta a la
biblioteca significaba una nueva etapa en su vida.
3
De regreso a casa vio a su vecina Exuperancia colgando la ropa en el jardín y quiso acercarse a saludarla y preguntarle por Lucas, ensayando la mejor de sus sonrisas
—Hola vecina, ¿qué tal estás? —preguntó Bárbara.
—Hola, pues ya ves colgando la ropa, que anoche volvió ya mi Lucas de viaje y si vieras la ropa que me ha traído, toda sucia y llena de sudor, por dios y por la
virgen.
—¿Qué tal le han ido las vacaciones?
—Ni idea, ya me lo dirá hoy. Anoche cuando llegó me dijo que se acostaba que estaba muy cansado, me dejó las maletas en el comedor y se fue a dormir. Me he
despertado temprano, la he lavado y quiero aprovechar que hace buen día para que se seque pronto.
Ver los calcetines, camisetas y calzoncillos de Lucas mojados y tendidos sobre las cuerdas le creó un incómodo sentimiento de vergüenza a Bárbara, sentía que estaba
descubriendo demasiado de su intimidad, pero él se había reído varias veces de su pijama de Hello Kitty y ahora tenía la posibilidad de ver algo con lo que pudiera
defenderse de ataques futuros. Esperaba ver ropa interior de Superman, o de Flash, o con algún color atrevido, pero no descubrió nada humillante en su ropa interior, era
todo muy de hombre normal:
—Me alegro que haya vuelto sano y salvo.
—Si quieres le digo que se acerque a verte cuando se despierte, que has preguntado por él —dijo Exuperancia ejerciendo de madre.
—No hace falta, ya coincidiremos por aquí.
—Por cierto, quiero comentarte una cosa, este sábado llega el nuevo párroco. Si quieres puedes venirte a conocerlo. Desde que se jubiló Don Octavio estuvo viniendo
un cura pero hablaba muy raro, era extranjero y no se le entendía mucho. No sé si era rumano o ruso, pero tenía acento de por allí. Este nuevo parece que llega para
quedarse.
—Si yo no voy a la iglesia mujer, pero gracias por la invitación.
—Comentan que es un chico joven y muy atractivo, por eso hay expectación por conocerle. Vente y lo ves. Además he quedado después de la misa de las 10 con una
amiga para almorzar algo y me ha comentado que quiere conocerte. Le he hablado muy bien de ti y ha comprado tu novela. Le gustaría que se la dedicaras. Dice que
vendrá con unas amigas.
—Bueno, la acompañaré al almuerzo, pero no a la ceremonia. Hasta luego.
Oír a Exuperancia hablar en esos términos de un cura era cuando menos extraño. Quién iba a misa lo hacía por ser creyente y como fuera el cura era algo accesorio.
Conocía a Don Octavio por ser un usuario habitual de la biblioteca, no por ser sacerdote. Prefería libros religiosos y alguna novela clásica, todo muy cristiano, aunque
una vez le sorprendió entre las estanterías ojeando Lolita de Nabokov.
Mientras abría la puerta de casa su móvil empezó a sonar…loca por un beso tuyo, loca por chocarme con tus labios, loca por besarlos y acariciarlos por bailarte
desnuda al son de los siete amores y que sepas de una vez que pa gustos los colores…loca, de Malena Gracia, una canción que la animaba mucho y le transmitía
felicidad. Ya llevaba mucho tiempo con el Duro de Pelar de Rebeca y necesitaba un cambio de melodía, antesala del cambio que empezaba a producirse en su vida. Era
su amiga María Olvidada del Señor, que ya desde hace tiempo se quedó simplemente en Olvidada para nombrarla más fácilmente:
—Hola guapa, ¿cómo estás? ¿Cómo va la reforma?
—Genial, está prácticamente acabada. Te llamo para desearte suerte mañana cuando empieces y que si quieres nos vemos un rato, que apenas hemos hablado durante
el verano. No sé cómo te has cogido el viernes para regresar al trabajo en vez de hacerlo un lunes.
Después de la experiencia televisiva de Olvidada, su cafetería Cupcake Paradise Café se situó en el top ten de cafeterías de la zona, realizado por el prestigioso
videoblog de La Yoli y la Vane, concretamente en el número 4. Pero el local pedía a gritos una reforma y los días veraniegos eran los mejores para realizarla. Ya tenía
calculado que el contrato de la chica que tenía, la sobrina de su Manolo, terminaría en verano y la mandaría al paro otra vez, pero con intención de contratarla de nuevo
en septiembre para evitar pagarle las vacaciones e invertir ese dinero en la reforma.
—Pues para que no fuera muy brusco el comienzo nena, para habituarme poco a poco. Y sí, reconozco que he estado algo ausente, pero sentía que tenía que escribir
mi historia y desconectar un poco de las cosas. Y ya estoy pensando en una nueva historia para proseguir mi carrera literaria.
—Me alegro. A ver si te vienes a presentar tú novela a mi local, que me haría mucha ilusión.
—Si depende de la editorial, pero tú mira el programa del sábado de Noches de Vino y Rosas, que te vas a llevar una sorpresa.
—¿Van a dar por fin el bote de 10000 euros a quién acierte el número de operaciones de estética que se ha hecho la presentadora?
—Mejor que eso, me van a entrevistar, como parte de la promoción de mi libro, me va a entrevistar Elena Formán tía, no me lo puedo creer.
—Enhorabuena, pero será la primera vez que hablen de un libro ahí. Es todo un logro.
—Lo sé, por eso tengo una gran responsabilidad. Tengo que dar ejemplo de que la buena literatura tiene un hueco en televisión.
—Bueno, tengo que colgar ya que Manolo quiere que le prepare potaje de acelgas para comer y me faltan las acelgas, tengo que ir al mercado a comprarlas. Quedamos
mañana a las once en la puerta de mi cafetería, y te la enseño para que me des el visto bueno. Tengo pensado inaugurarla pronto. Un beso guapa.
—Otro para ti guapa.
Bárbara se sintió algo desplazada. Olvidada tenía un hombre en su vida, Úrsula también, y hasta Exuperancia se puede decir que tenía uno aunque fuera su hijo.
Quería que su soltería acabara pronto pero no quería recaer en el error que fue Martín. O es que quizá no lo fue pero ella aspiraba a más.
4
Cuando todavía se encontraba durmiendo la siesta, Bárbara oyó aporrear la puerta con insistencia. Pero estaba desnuda y no podía abrir así a nadie. Y además…
¿quién coño era capaz de estropearle su momento siesta con lo bien que se encontraba? Se asomó por la mirilla y vio que era Lucas, que venía con algo en las manos.
Seguramente sería otro de los bizcochos de su madre hecho solo con el maquiavélico plan de hacerla engordar.
—Voy Lucas, espera que me vista.
—¿Llevas ese pijama que me gusta tanto de la Hello Kitty? —preguntó Lucas desde el otro lado de la puerta.
—No, no, estoy desnuda, y no quiero que me veas desnuda.
—Ah, bueno, no te preocupes, veo cosas desagradables a menudo, el verte desnuda no me asustaría.
—Habló Míster Universo.
—Mi madre me ha dicho que te traiga un trozo de bizcocho de plátano y piña, que le ha salido muy bueno. Y me ha dicho que has preguntado esta mañana por mí.
¿Por qué?
—Joder, ¿no puedo preguntar por ti? Quería saber si habías vuelto ya de tus vacaciones.
—¿Me has echado de menos? Eso es raro. Cualquiera diría que te he salvado la vida.
Bárbara se puso lo primero que tenía a mano, un vestido playero de color verde comprado antes de volver de Benidorm que le tapaba lo justo para no escandalizar a
los vecinos impertinentes. Cuando abrió la puerta y vio a Lucas cara a cara lo notó cambiado, más moreno, con el pelo más corto, un amago de barba y con algún kilo
ganado. Se sentía cohibida para intentar darle un par de besos y además sabía que él no era besucón.
—Tu madre quiere que engorde, dile que no quieres traerme esos dulces tan ricos que hace.
—Te lo he traído porque voy a dar una vuelta y me pillas de paso, no por otra cosa.
—Que considerado que eres. Bueno, ¿qué tal tus vacaciones en Ibiza? Tus amigotes y tú seguro que habéis estado de la playa al restaurante, del restaurante a la
playa, y luego de discoteca en discoteca.
—Por supuesto, ¿es qué acaso se puede hacer otra cosa en Ibiza?
—Y seguro que has ligado con alguna golfilla alemana o inglesa.
—Y si lo hubiera hecho, ¿qué pasa?
—No, nada.
—Pues siento decirte que no lo he hecho. ¿Y tú? Benidorm está lleno de guiris borrachos.
—No he tenido tiempo de conocer a ningún madurito interesante, ni jovencito tampoco. He estado ocupada escribiendo mi novela y no he pensado en nada más.
—Y yo investigando delitos. Incluso estando en el hotel me dio tiempo a resolver el robo de unas joyas que eran propiedad de una duquesa italiana. Su asistente fue
quién las robó, compinchada con uno de los miembros del personal del hotel. Pero he sacado tiempo y ganas para traerte un recuerdo de allí.
—¿Un vestido ibicenco de esos blancos con puntillas? ¿Algún bolso hippie de colorines? Me encantan, dime que es algo de eso.
—Caliente, caliente, es algo que solo se puede encontrar en Ibiza.
—¿Qué es? Dímelo.
—Cierra los ojos.
Bárbara abrió las palmas de las manos y Lucas dejo algo sobre ellas.
—Esto es el bizcocho de tu madre, capullo.
—Encima del bizcocho, algo pequeño. Sujétalo con una mano y palpa por encima a ver si adivinas que es.
—Es…es… ¿Un muñeco? ¿Qué mierda es esto?
—No me digas que no te gusta…es un llavero con un pequeño delfín azul que pone Ibiza en colorines. ¿Ves? Un recuerdo de Ibiza, es muy de tu estilo. ¿He
acertado?
—Es un detalle. Gracias —dijo únicamente por ser complaciente con él, no porque en verdad le gustara.
—Sabía que te gustaría –dijo él con una sonrisa maliciosa.
—Gustar no es la palabra exacta, pero sí. Repito que gracias por el regalo, lo usaré para las llaves de casa. Joder, no he ido a Ibiza todavía y me encantaría ir, al menos
podrías haberme traído algo más representativo de la isla y más caro, o al menos que una de las joyas de esa duquesa. Esto lo encuentro en los chinos.
—Claro, ¿de dónde te crees que lo he sacado? A ver si te crees que puedo estar comprando cosas a todo el mundo. De hecho solo le he traído algo a mi madre y a ti.
Aquello es demasiado caro y más en temporada alta.
—¿Y a tu madre que le has traído?
—Un collar de perlas, una sobrasada y una butifarra.
—¿Ves? A tu madre varias cosas y a mí un simple souvenir fabricado en serie. Con lo guapa

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