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Libro PDF Porno para mujeres Erika Lust

Porno para mujeres - Erika Lust

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primera vista, ni mucho menos. Evidentemente, había algo en las imágenes que me excitaba, pero
también muchas cosas que me molestaban. No me sentía representada en esas películas: ni mi estilo
de vida, ni mis valores, ni mi sexualidad aparecían por ninguna parte.
En esos filmes no estaba retratado el placer femenino, y la mujer sólo aparecía para complacer a
los hombres. Las situaciones sexuales que planteaban me parecían ridículas, todas basadas en
fantasías masculinas machistas: la chica entra en la habitación y descubre a su chico con su mejor
amiga y, en vez de enfadarse, ¡decide que lo mejor es unirse a la fiesta!
Además, para mi generación, que creció con la MTV de fondo, es inaceptable la calidad
audiovisual que nos plantea el cine adulto: decorados cutres, estilismo y maquillaje horribles, música
que no aporta nada, actuaciones ridículas y doblajes aún peores, fotografía amateur… en general, un
producto audiovisual muy pobre.
Por otra parte, los estereotipos de personajes que los hombres de la industria del cine adulto nos
han obligado a soportar durante los últimos veinte años son ofensivos para una mujer moderna: estoy
harta de lolitas cachondas, adolescentes guarrillas, canguros siempre dispuestas, mujeres
desesperadas, enfermeras calientes, prostitutas ninfómanas y heroínas tragasemen. Puede que estas
mujeres sean el ideal sexual femenino para los tíos, pero a mí no me inspiran.
Por otro lado, en este tipo de películas los hombres son casi siempre mafiosos, proxenetas,
traficantes de drogas o armas, multimillonarios, o máquinas de sexo megamusculados y superdotados.
Puede que estos hombres sean el «héroe sexual» de los tíos, sin embargo, a mí no me ponen.
Pese a lo crítica que soy, como veis, con el género, reconozco que aunque no me gustaba lo que
veía, algo dentro de mí me empujó a investigar. Descubrí que muchas intelectuales feministas no se
limitaban simplemente a odiar el porno, sino que lo analizaban como un fenómeno cultural
contemporáneo. Linda Williams y sus libros Hard Core y Porn Studies me inspiraron, y tras su lectura
decidí convertirme en productora y directora. Llegué a la conclusión de que un porno diferente era
posible, y que las mujeres teníamos mucho que aportar a este género, hasta entonces territorio
exclusivo de los hombres.
Somos muchas las mujeres a las que nos gustaría ver buen cine explícito pero que, después de
varios intentos, hemos quedado decepcionadas. Sin embargo, las que hemos seguido buscando a
contracorriente nos hemos convertido en lo que yo denomino «masturbadoras informadas», mujeres
que saben lo que buscan y lo que no quieren ver. En este libro quiero guiaros por este complejo
universo del cine adulto. Veremos cómo atrevernos con este controvertido género y cómo acercarnos a
él sin perder nuestra óptica crítica femenina. Podemos y debemos disfrutar sin sentirnos ofendidas.

Eliza
¡Yo alucino con lo horrible que es la música de las películas X! Muchas veces las veo sin volumen
y pongo mi propia banda sonora. Además, intentan contar historias ridículas que duran dos horas, y no
hay quien aguante. Lo peor es cuando se ponen en plan remakes: Gladiador X, Mission Possible, Los
Sexangels de Charlie… En vez de ponerte cachonda te mueres de la risa.
Violet Blue (www.tinynibbles.com)
Sobre todo el porno debe ser divertido, excitante y masturbable. Y también creo que puede ser
bastante liberador. Prepárate para desafiar a las puritanas antiporno y las personas antisexo,
conviértete en una consumidora inteligente e informada, aprovéchate de los efectos positivos que el
porno puede tener en tu vida sexual. Si quieres aportar algo en este debate, debes romper mitos como
el que afirma que el porno siempre es degradante para la mujer, ahuyentar a los fantasmas como el
porno como causante de violaciones y abusos a menores, y mentiras como el peligro de que todos nos
convirtamos en pornoadictos.
Angelica
¿Por qué en las películas X los tíos son cachas garrulos o gorditos o mayorcitos? ¡Y siempre se
tiran a tías buenas! Eso no está basado en la vida real. Y puestos a mentir, ¿por qué no podemos ver a
mujeres normalitas ligando con tíos buenos, o chicos más jóvenes que ellas? El machismo se respira
claramente en el casting de cualquier película X.
Candida Royalle (www.candidaroyalle.com)
La mayoría del porno tiene valores negativos, no presenta el punto de vista de la mujer y no
muestra lo que a las mujeres nos excita. Mientras tanto, las mujeres se están volviendo cada vez más
curiosas y cada vez se permiten más explorar su sexualidad. Está naciendo un nuevo mercado y tiene
mucho potencial.
Karina
Muchas amigas me critican porque siempre digo que me encantan las rubias neumáticas del porno
americano: esas tías altas, exuberantes, con uñas de tigresas… no sé por qué pero me excitan. Será
porque no hay mujeres como ellas a mi alrededor, o porque son como caricaturas eróticas. Un buen
ejemplo era Jenna Jameson antes de su anorexia. Pero lo que no me gusta es que las visten y maquillan
como prostitutas. A mi me gustaría verlas en jeans y con una camiseta, con zapatillas Converse en vez
de con tacones de quince centímetros.
Tristan Taormino (www.puckerup.com)
El porno siempre ha sido y será un gran tabú para las mujeres. Ni siquiera sé si alguna vez acabará
el debate sobre el porno entre las mujeres. Lo malo es que muchas mujeres, y muchas feministas,
opinan sin base alguna. No han visto mi porno, ni el de Candida Royalle o el de Belladonna. No ven
que el porno no es una cosa monolítica, donde todo está mal.
Ana
Quiero argumentos reales, personajes creíbles, gente normal con la que me pueda sentir
identificada. En la mayoría de películas, los tíos son mafiosos, traficantes, multimillonarios, alcaides
de prisiones… machitos dominantes que tratan a las tías como objetos de placer. ¡No me va nada!
Quiero ver hombres reales, como mis amigos, y que traten a las mujeres como a sus iguales: con
respeto y amor.
Rebeca
El porno es como un hombre salido pero machista y conservador. Él te pide que le montes un show
lésbico con otra mujer, pero como le digas que se deje tocar por otro hombre se escandaliza como si le
estuvieras pidiendo que matara a alguien.
Erika Lust (www.erikalust.com)
Pertenezco a una generación que no ha encontrado una representación de su sexualidad moderna y
plural en la pornografía machista tradicional. Las mujeres debemos tomar medidas inmediatamente y
empezar a cambiar la visión que los hombres han impuesto del sexo a través del cine X. De lo
contrario, las nuevas generaciones sólo tendrán acceso a su visión, más bien pobre, de la sexualidad.
Capítulo 1:
EL PORNO
DE LOS HOMBRES
Los clichés de los directores y productores de la industría: las mujeres no vamos a la
cama con zapatos de tacón. La decoración, la música, la ropa y los actores son
horribles: ¡Socorro!

Queridos hombres productores y directores de cine porno, ya ha llegado el momento de reconocer
lo que todos sabemos. Durante décadas habéis tenido el monopolio de definir lo que es el porno, de
hacer cine explícito construido a partir de vuestras ideas, deseos y fantasías. Las películas X que hoy
invaden el mundo representan solamente vuestra sexualidad.
Pero ha llegado el momento de dejarnos entrar y participar en vuestro mundo privado y secreto.
Como ya pasó, por ejemplo, en la política, las mujeres queremos acceso a vuestro coto privado, y en
cuanto lleguemos queremos cambiar cosas, porque ¡no estamos contentas! ¡No estamos satisfechas!
Cuando decidí empezar a hacer cine erótico y explícito especial para mujeres, los hombres de la
industria me acusaron de ser antigua y retrógrada. Me dijisteis que hacer películas para mujeres era
discriminatorio, y que las que vosotros, hombres, hacíais ya estaban dirigidas a todo el mundo.
Eso no es cierto. Vuestros filmes son masculinos. Lo que ocurre es que lo masculino es el estándar
universal en este mundo donde vivimos, por eso no entendéis que hace falta otra perspectiva.
Consideráis vuestro deseo y vuestro placer como el general para todos los seres humanos de este
planeta.
Es como cuando en las escuelas convocan una reunión «de padres» donde en verdad sólo hay
madres, o cuando para denominar al ser humano decimos «el hombre».
Cuando nuevas directoras que están surgiendo en todo el mundo y yo misma decimos que hacemos
películas para mujeres no es para excluir a los hombres de la audiencia, sino para comunicar que están
pensadas en primer lugar para un público femenino, que se centran en el placer y el deseo femeninos.
Esto evidencia que vuestras películas no están destinadas primordialmente a nosotras.
Pero en vez de protestar temerosos ante nuestra incursión en vuestro mundo, echad un vistazo a
nuestras películas. Quizás verlas os ayude a entender nuestra visión. Quizás os gusten, igual que a
muchas de nosotras nos gustan las películas masculinas. A mí a veces me gusta hojear revistas como
Playboy o GQ y ver tías buenas, artículos sobre el último coche deportivo o consejos para ligar mejor
en el bar. Y también hay muchos hombres a quienes les gusta hojear Vogue, Elle o Marie Claire.
Hacer películas para mujeres no es un paso atrás, sino un importante paso adelante para llegar un
día al punto donde no haga falta poner en evidencia que una película es para mujeres, porque habrá un
50% de las películas X pensadas, dirigidas y producidas por y para nosotras.
Lo bueno sería que la elección fuera libre y pudiésemos ver películas femeninas o masculinas,
igual que hoy podemos comprar en el quiosco revistas masculinas o femeninas, independientemente
de si eres un hombre, una mujer, un gay, una lesbiana o un/a transexual. Hoy sólo tenemos acceso a
vuestro porno monocolor y monogénero.
El último libro de una de mis autoras españolas favoritas, Lucía Etxebarría, es una recopilación de
relatos eróticos hechos por mujeres que se titula Lo que los hombres no saben. El sexo contado por las
mujeres.
En un magnífico ensayo que prologa el libro, la autora afirma: «No por casualidad, en las películas
sexuales comerciales destinadas al público masculino (el porno, para entendernos) a la mujer se la
muestra casi siempre como un objeto, como una víctima, y si bien la cámara se recrea morosamente
en la eyaculación masculina, casi nunca le dedica la misma atención al placer femenino». Y añade:
«Las películas X, en general, están producidas y dirigidas por hombres y destinadas a un público
masculino, por lo cual se centran en unos códigos muy particulares: cosificación y humillación de las
mujeres, centralizando siempre la importancia en el placer masculino y no en el placer femenino».
Lucía tiene razón; yo llegué a la misma reflexión que ella hace un tiempo. Antes de pensar en
montar Lust Films, trabajé durante un tiempo en producción audiovisual, tanto publicidad como cine,
incluido cine X. Estuve trabajando para una gran distribuidora y productora que quería iniciar una
nueva línea para mujeres, o al menos eso decían. Sin embargo, tuvieron la brillante idea de darle la
responsabilidad de la línea ¡a un hombre! Evidentemente, el proyecto fracasó. Ése fue mi primer
contacto con la industria del porno, y enseguida me di cuenta de que era un mundo dominado por
hombres bastante poco profesionales, y que había muchísimo que decir y aportar por gente moderna y
joven, sobre todo por nosotras.
Y no se trata sólo de que la industria del porno esté en manos de hombres. ¡Sino, miremos qué
hombres son! No son precisamente modernos, feministas, intelectuales y cultos. Salvo excepciones,
que evidentemente las hay, la mayoría son tíos bastante simples. ¡Y son todos muy parecidos! A
medida que fui conociendo hombres de la industria del cine adulto, entendí porqué las películas porno
son todas tan parecidas entre ellas. Entre los productores y directores no hay diversidad racial,
sociocultural, de género, intelectual… La gran mayoría son HOMBRES, son BLANCOS de mediana
edad, son HETEROS, y las mujeres les gustan rubias, tetonas, tontas y muy dispuestas. Es lógico que,
si el grupo es tan homogéneo, sus productos lo sean también.
Os puedo asegurar que yo he visto guiones de películas porno de más de una hora que no llegan a
ocupar tres folios. Para una escena porno estándar pueden llegar a escribir como mucho siete palabras:
«RUBIA folla con MORENO en la COCINA». Después se pueden variar las palabras destacadas para
componer las diferentes escenas.
Para la industria porno tradicional, estilismo y localizaciones significa hacer una película porno de
romanos, ambientarla en una nave espacial, rodar en una mansión en la Costa Azul o en las
Seychelles. Así es como ellos ven la diferenciación entre una producción y la siguiente. Para mí, todo
eso son aburridas fantasías masculinas, o incluso a veces excusas de los productores o directores para
viajar. Nosotras podemos rodar en un loft, o simplemente en una cama; no buscamos impresionar con
coches lujosos o motos acuáticas, sino con el trabajo de los actores, el guión, el ritmo de la historia, la
calidad del sexo…
Creo que el nuevo cine hecho por y para mujeres trata sobre intimidad y relaciones; el de ellos,
sobre enculadas y eyaculaciones.
Hasta ahora, los hombres han tenido el monopolio de la definición del concepto de pornografía. Y
eso es así desde que se inició esta industria. Ahora considero que es mi turno y el de otras mujeres de
redefinir lo que el porno puede y tiene que ser para nosotras.

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