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Libro PDF Sólo tú Por siempre tú 2 Moruena Estringana

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Observo impotente cómo mi mejor amiga casi pierde al hombre de su vida por
no ser capaz de darse cuenta de lo que ella vale. Ver cómo las palabras mal
intencionadas de sus padres le hacen creer que no está a la altura, que vale mucho
menos de lo que vale en realidad. Y viendo su historia, me doy cuenta de que yo
no soy mucho mejor que ella.
Veo en ella un espejo donde me miro y no me gusta el reflejo que proyecto. Su historia me hace
despertar, darme cuenta de que llevo más de dos años dejando que mi ex, al que un día decidí dejar
atrás, siguiera condicionando mi vida.
Dejé que sus comentarios mal intencionados, que yo creía que eran dichos por amor, me
escondieran y me anularan como persona, llevándose con ellos lo que yo era, no siendo más de un
reflejo de lo que él quería que fuera y me hacía creer que era yo por decisión propia. Romper con él
no consiguió que esto dejara de ser así, una parte de mi seguía sin despertar, sin decir basta.
Llevo años sin escuchar a mis padres, sin dejar que nadie me ayude, sin reconocer que en vez de
vivir, me he dejado llevar, porque es más fácil esconderse que volver a fracasar. Que aceptar que me
dejé manipular. Porque es más fácil no tener que volver a salir lastimada. Porque cada palabra que él
me dijo fue el golpe que aún no ha cicatrizado. Y lo peor es que creía que lo tenía superado, que sin
su presencia era yo misma. Y no supe ver hasta ahora que en verdad seguía escondiéndome y dejando
que sus influencias siguieran afectándome. Que sus palabras me hicieron más daño de lo que yo
estaba dispuesta a admitir. Lo más triste es que no era consciente de ello, que de verdad creía que él
tenía razón y que yo me merecía lo que me decía.
Ver cómo Britt se autodestruye por su inseguridad, y que nada de lo que ella piensa es real, que
ella es maravillosa siendo quien es y que Donnovan la ama con locura y no es capaz de aceptar
porque piensa que no vale lo suficiente, me hace ser consciente del camino por el que estoy llevando
mi vida. Y que si no pongo remedio, no me daré cuenta de lo bueno que pasa por mi lado. Que esta en
la que me he convertido no soy yo, solo soy la persona que él quiso crear. Y que si sigo así, estaré
dando importancia a una persona que nunca mereció lo mucho que lo quise.
¡Ya está bien! ¡Ya basta de esconderse!
Es hora de que empiece a vivir, y a descubrir qué queda de la que fui y de la que soy ahora. Es
hora de que deje de ser Abigail, o Abi, como él me llamaba, para ser la persona que siempre fui.
Abby la soñadora. La amante de los libros y alguien que nunca se escondía porque era feliz siendo
como era; aunque nadie me entendiera, yo era feliz.
Ya está bien de dejar que un desgraciado domine mis pasos. Ahora yo decido qué pasos quiero
dar. Y empezaré aceptando la oferta de trabajo de mis padres. Necesito empezar mi camino lejos de la
persona que me está empezando a gustar, porque cuando regrese, quiero mirarlo a los ojos sin
esconderme.
Abby McClain ha vuelto. Ahora queda ver qué queda de ella…
Capítulo 1
Killiam
Sostengo al pequeño Dylan, hijo de Britt y Donnovan, entre mis brazos. Es tan pequeño que temo
que se me caiga. Es perfecto y no me extraña que Donnovan no pare de presumir de hijo.
Se remueve entre mis brazos y miro a Britt a la que toda esta situación le hace gracia, para que
me ayude por si el pequeño se me cae de los brazos.
—Te queda bien. —Me dice con una sonrisilla.
—No estoy pensando ahora mismo en ser padre. Tengo otras cosas en la cabeza.
Le devuelvo al pequeño. Solo tiene unos días. Britt tiene mejor cara y se nota que poco a poco se
hace a su nueva vida. Y que ha dejado atrás sus inseguridades. Cada día que pasa se quiere más a sí
misma. El engordar para el embarazo y darse cuenta de que pese a eso Donnovan seguía bebiendo los
vientos por ella, le hizo darse cuenta de que, cuando se ama de verdad, el corazón no entiende de
aspectos físicos. Me hubiera gustado estar más a su lado en este proceso, pero la empresa me absorbe
más de lo que esperaba. Eso y mi tío que, aunque asegura que todo es mío, no deja de meter las
narices donde no le llaman y a veces no sé qué hacer con él. Siento que sigo siendo su vicepresidente
y que no soy yo quien toma las decisiones tras tantos meses, estoy cansado. Eso sí, cuando algo sale
mal es culpa mía.
Me gusta mi trabajo, disfruto con él, pero siempre pensé que cuando heredara la empresa todo
sería diferente. Tenía otras cosas en la cabeza, proyectos que ahora mismo veo imposible que se
lleven a cabo.
—¿Has conseguido quien me sustituya? De momento no podré ocuparme de mi trabajo…
—Ya te dije que deberías haberte cogido la baja antes y no a pocos días de dar a luz.
—Ya, pero trabajar hacía que me distrajera. Y he pensado una solución para que no se note
mucho que me he ido. Aunque pienso volver pronto, porque espero que hagas una sala para niños y
pueda tener a mi hijo en el trabajo.
—¿Es una sugerencia o una orden? —le pregunto sabiendo que lo haré de todos modos.
—Orden. —Me saca la lengua.
Tengo muchas trabajadoras que tienen que ir de un lado a otro para cuidar a sus pequeños, y
tener a sus hijos en una guardería dentro de la empresa que los cuide mientras ellas trabajan es una
solución de la que salimos ganando todos. Un trabajador contento rinde más. El problema es mi
querido tío, el que considera que es un gasto innecesario. Además de que es un poco machista y
piensa que si la mujer decide trabajar, es su problema dónde deje los hijos. No discutir con él cada
vez me cuesta más, porque yo creo que la mujer tiene el mismo derecho a trabajar y a ocuparse de
los hijos. Espero que pronto lleguemos a un acuerdo. Algo ridículo cuando supuestamente soy el
dueño… en fin.
—¿Qué solución has pensando?
—Pues que Mónica ocupe mi puesto, es muy buena y en este tiempo ha aprendido mucho de mi
forma de trabajo y sé que lo hará muy bien. Además sé de alguien que puede sustituir a Mónica.
—¿Quién?
—Abigail. Me comentó ayer que sus padres ya no la necesitaban tanto. Que ya han encontrado
quien se haga cargo de su tienda aquí y ella conoce la empresa, sabes que se fue porque sus padres la
requerían…
—Lo sé.
Pienso en Abigail, hace siete meses que no la veo. Dejó su puesto porque sus padres habían
decidido abrir una tienda de telas, que es a lo que se dedican, en la ciudad. Y la querían a ella como
encargada para ponerlo todo en orden. No vino a decirme a la cara que se iba, mandó una carta y le
respondí diciendo que cuando quisiera regresar tenía las puertas abiertas. No sé por qué dejé esa
puerta abierta, o sí. Abigail siempre me ha intrigado. Aunque en el fondo crea que le asusto, que me
ve como un jefe huraño o como alguien mucho mayor que ella. No sé qué es. Pero tiene algo que me
ha hecho siempre querer saber por qué se esconde. Qué empaña su bella mirada azulada. Algo que
por supuesto nunca me dirá, porque cada vez que le hablo, se hace más y más pequeña y me hace
sentir un ogro. Por eso a veces la evitaba, porque no sabía cómo actuar a su lado. Y me intrigaba
cuando la veía hablando con Britt o defendiéndola sacando una personalidad que yo apenas había
atisbado. Abigail es muy compleja, aparte de hermosa. Ni las anchas ropas que lleva, o su poco gusto
a la hora de peinarse, hacen que deje de parecer bella. Tiene una cara de facciones dulces y cuando
está relajada se le escapa una sonrisa sincera que trasmite mucha luz. En este tiempo he preguntado a
Britt por ella, para saber si todo le iba bien. Britt siempre me ha dicho que todo perfecto y no he
querido indagar más por si piensa cosas que no son. No siento más que curiosidad ante una persona
que a las claras oculta algo y que se nota que alguien le ha hecho daño. Como le pasó a Britt.
—Es la mejor opción. Puedes llamarla y decírselo.
—¿Y por qué no me llama ella? Ella fue la que se fue, no muerdo. Aunque ella crea que sí.
—Es tímida. Pero no le caes mal. —Britt aparta la mirada.
—Ya, a su lado me siento un ogro… seguro que la llamo y la asusto.
—No seas exagerado, Abby en este tiempo ha cambiado. Mucho, la verdad.
—Me cuesta creerlo.
—Mi ejemplo ha servido para algo, ella vio lo que yo me hacía creyendo a mis padres y…
bueno, decidió decir basta.
—Me alegra saber que tu historia ha servido para que la gente deje de menospreciarte.
—Sí, yo también. Cada persona es maravillosa simplemente por ser quien es, no por quien cree
que debe ser; y yo ya no lo olvido. —El pequeño Dylan se pone a llorar—. Ya tiene hambre. Voy a
darle de comer, y tú deberías ir a la tienda de Abby y decirle que quieres que trabaje para ti. Quién
sabe, lo mismo no la reconoces.
—Dudo que no lo haga.
Britt sonríe como si supiera algo que yo ignoro, e intrigado me despido de ella para ir a la
tienda de Abby que, por supuesto, sé donde está; aunque en este tiempo nunca haya ido a verla.
Aparco mi coche cerca de la tienda de telas de Abigail. Por lo que sé, sus padres tienen una fábrica de
telas y aparte compran telas de todas las partes del mundo para sus clientes. Esto lo descubrí cuando
se fue y Britt me contó por qué tenía que irse. Entro en la tienda, es grande y tienen telas de todos los
tipos. Hay bastantes personas mirándolas y varios trabajadores los atienden. Me fijo en una rubia con
una coleta con el polo de la empresa azul algo ancho y pienso que es Abby, pero algo en su forma de
moverse me hacer descartarla. Cuando se gira compruebo que, efectivamente, no es ella. La sigo
buscando y no la encuentro, me apoyo en el mostrador y una joven se gira para atenderme. Agranda
los ojos como si le sorprendiera mi presencia.
—Buenas. Estoy buscando a Abigail McClain.
—La jefa. ¿Tenías cita?
—No…
—¿Killiam? —Escucho la voz de Abigail tras de mí, extrañada porque esté aquí, y me giro. Me
cuesta reconocer a la joven que tengo delante.
Hasta que llego a sus ojos y la reconozco en su bella mirada azulada. No tardo en darme cuenta
de que su ropa y el que ahora no luzca sus gafas de pasta, no son lo único que ha cambiado en ella,
pues por primera vez en todo el tiempo que la conozco, sus ojos me miran directamente, sin
esconderse.
Ese es el cambio que más resaltado encuentro, aunque todo lo demás es también digno de
mención. Su pelo rubio como el trigo parece más rubio que nunca, más brillante, más sedoso e invita
a perder tus dedos en él. Lo lleva suelto ondulado, una de sus hebras acaricia sus rojos labios, unos
labios que siempre fueron hermosos, pero que ahora parecen mucho más deseables y besables que
nunca. Tal vez porque por primera vez su sonrisa va dirigida a mí.
Su ropa ancha ha desparecido. Lleva un pantalón negro y una camisa blanca que resalta su
espectacular figura hasta hace meses escondida. Sabía que era hermosa, pero la Abigail que tengo
ante mí es mucho más de lo que imaginé y nada tiene que ver, como su espectacular cambio de
vestuario. Es su mirada: por primera vez mientras me observa, no me siento un ogro, ni demasiado
mayor a su lado. No siento que me tema… por primera vez siento que me mira de igual a igual, y
esto solo hace que me intrigue aún más la persona que tengo ante mí. Esta nueva Abigail.
—Pareces sorprendida al verme. No es tan raro que venga por aquí…
—En siete meses no lo has hecho —me dice con una sonrisa y un dulce sonrojo que acaricia sus
mejillas—, pero siempre hay una primera vez ¿no?
Sus ojos relucen como dos estrellas, grandes y azules bajo esas largas pestañas oscuras.
¿Dónde escondía tanta luz? ¿Quién fue la persona que trató de apagar tanta belleza?
—Sí, siempre hay una primera vez para todo.
—¿Y qué quieres, telas o…
—Hablar de trabajo. He venido como jefe…
—Ya me extrañaba que vinieras como amigo, porque claro no lo somos. —Sonríe con tristeza
hasta que aparta la mirada y le dice algo a la chica que no pierde detalle de lo que hablamos.
—Nadín, hazte cargo de todo. —Esta asiente y me sonríe sugerente.
Abigail se da cuenta y la mira de forma recriminatoria, como yo he mirado alguna vez a alguno
de mis trabajadores sacando ese carácter que ya vi antaño. Ese fuego que trataron de extinguir.
La sigo, intrigado como nunca, por el estrecho pasillo hasta que entra en un pequeño despacho y
me sostiene la puerta. No se sienta en la silla que hay tras la mesa, se apoya en la mesa y espera que
hable.—
Sabes que Britt por fin se ha pedido la baja. —Asiente con una sonrisa, pues sabe que lo digo
por lo cabezota que es nuestra amiga en común—. Y ha pensado que Mónica ocupe su puesto hasta
que regrese.
—Mónica sabrá hacerlo.
—Sí, no tengo dudas porque ha estado ayudando a Britt estos meses. Pero su puesto se queda
libre y es ahí donde entras tú.
—Quieres que ocupe su puesto. —Adivina y asiento.
—Britt me ha dicho que ya podías dejar esto y querías regresar.
—Es cierto. —Se gira y va tras la mesa para mirar unos papeles. Tiene la mesa llena de
documentos y parece la mía. Me fijo que en un lado hay varios libros a medio leer. Algunos son de
mi editorial.
Cojo uno de ellos que no tiene acabado, lo eligió mi tío, no es mi estilo pero él asegura que es
muy bueno.
—No lo has acabado. —Me mira y se sonroja mordiéndose el labio.
Mis ojos no pueden evitar seguir el movimiento de sus dientes mientras juegan con su labio de
manera involuntaria. Aparto la mirada aturdido.
—Sé sincera —le pido.
—No me gusta mucho… nada. Lo siento.
—No pasa nada, no se puede publicar a gusto a de todos.
—Eso es cierto. Siento si te…
—No me pidas perdón por decir lo que piensas. A mí tampoc

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